sábado, 27 de junio de 2009

De la superioridad ARRASTRADA a los empleados igualmente ARRASTRADOS



Director General del Cicpc
Comisario Marcos José Chávez

Definitivamente Hugo Chavez. Eres un ¡VENDEPATRIA MISERABLE! ¡Y serás juzgado por eso!


Albert Camus y el artista rebelde


Por: Alberto Rodríguez Barrera - Si en Le Mythe de Sisyphe Camus examina las implicaciones de "el absurdo" para el individuo, en L´Homme révolté (1951) trata con los efectos de la rebelión y el absurdo sobre la sociedad. En ambos ensayos comienza asumiendo que no hay valores trascendentales, y luego busca establecer –para una era sin fe- una manera de ir más allá del nihilismo. La rebelión en sí misma es la base de esta búsqueda de valores. L´Homme révolté afirma que el rebelde político prefiere morir que continuar como un esclavo. Porque elige luchar por la justicia en vez de por su vida, la acción del rebelde sugiere que un hombre puede valorar algo más allá de su propia existencia, algo que quiere compartir con otros hombres. La revuelta está basada en la creencia de una dignidad común humana. Desafortunadamente, esta creencia es frecuentemente destruida. De acuerdo con Camus, los mayores problemas políticos e intelectuales del mundo moderno se derivan de esta perversión del espíritu de la revuelta. Camus distingue entre rebelión y revolución. La rebelión es la pasión de los de abajo insurgiendo contra su opresor; busca una meta inmediata, como los insurgimientos de la antigüedad. La revolución es un producto de la mente moderna; es algo racional del terror para establecer una justicia futura. El revolucionario, a nombre de una meta futura, destruye los nexos comunes entre los hombres; la mentalidad revolucionaria se desarrolla de intentos de artistas, filósofos y pensadores políticos para contrarrestar el absurdo de la vida. En Camus la revuelta está limitada por una comprensión de que el mundo no es enteramente malo, y compara este límite con el sentido griego de la moderación; la rebelión griega estaba limitada porque los griegos no tenían un solo todopoderoso Dios contra el cual rebelarse. La revuelta moderna no está limitada por ningún amor al mundo, porque transformar al mundo es oponerse a su cruel Creador, a quien se le ataca pero no se le niega. El Dios cruel es el judaísmo del Viejo Testamento; Cristo fue un mediador que lo reconciliaría con el hombre y removería las causas de la rebelión con Su sufrimiento; pero la Iglesia no reconoció su papel total, y la Cristiandad se alió con el Dios de la venganza. La belleza de la naturaleza fue negada y la naturaleza se hizo el teatro para representar la historia del castigo y la salvación divinas. La rebelión metafísica moderna es inseparable de esta tradición cristiana. La crítica de Camus a la revuelta metafísica moderna comienza con un estudio del Marqués de Sade, tradicionalmente considerado el libertino que destruyó los remanentes de Cristo como redentor. Sade ve a la inocencia y la virtud castigadas, el crimen recompensado; prueba de la crueldad de Dios que justifica la crueldad del hombre; crueldad expresada en una desenfrenada sensualidad licenciosa y en una voluntad de poder; otras personas son reducidas a objetos, para ser disfrutados y destruidos. Pero la voluntad de destrucción nunca puede ser satisfecha. Sade quiere la aniquilación del mundo, aunque deba morir también. La obra de Sade ilustra, según Camus, que una revuelta ilimitada, que comienza proclamando la libertad absoluta, termina en "un deseo por el Apocalipsis" y en la destrucción del hombre. Camus ubica una tendencia similar en poetas y filósofos del siglo 19 que con revueltas metafísicas olvidan la tensión que surge porque sus deseos de rehacer el mundo está sujeto a límites impuestos por amor a cosas concretas individuales y la inhabilidad para cambiar la naturaleza de la realidad. El rebelde exige reconocimiento de sus derechos contra Dios, pero sabe que no puede ser Dios; el rebelde acepta que el mundo está limitado por la conciencia de su insatisfacció n, y nunca consiente que el mundo degenera hacia una banal conformidad. Los poetas Románticos son un ejemplo de revuelta contra el mal y la injusticia, contra el deseo de hacer el mal, pero no son suficientemente poderosos para derrotar a Dios; incapaces de "hacer" atienden al "parecer"; se vuelven "dandys", actuando su vida frente al espejo de la opinión pública, "juega a la vida porque es incapaz de vivirla." Otra etapa de la revuelta moderna está en Dostoyevski; Iván Karamazov niega que la ley moral exista en un mundo basado en la injusticia y la gracia arbitraria; la revuelta contra la injusticia de Iván sonsaca el principio de que "Todo está permitido", y se obliga a hacer el mal. Camus ve en esta actitud el comienzo de las revoluciones posteriores de matar a Dios y rehacer el mundo. En la letanía Les Chants de Maldoror, de Lautréamont, Camus ve una revuelta similar a la de los Románticos: "Se rebela contra la injusticia hecha a sí mismo y al hombre. Pero en el momento de lucidez cuando percibe al mismo tiempo la legitimidad de esta revuelta y en su impotencia, la furia de la negación se disemina hasta a aquello que quiere defender." Lautréamont quiere aniquilar al mundo y a su propia conciencia; su revuelta se vuelve un "no" absoluto. Camus ve en la obra posterior de Lautréamont, Les Poésies, un absoluto "si", una aceptación del mundo como es, un regreso a la conformidad banal tras el fracaso de la revuelta. Esto también es una traición a la tensión del verdadero rebelde. Camus muestra su deuda con el pensamiento de Nietzsche. Lo considera menos un profeta del nihilismo que un analista crítico de su tiempo. Nietzsche acepta la muerte de Dios como un hecho de este mundo, y trata de encontrar una manera para que el hombre viva en un mundo sin creencia: "El `¿Puede uno vivir como un rebelde?´,se hizo con él `¿Puede uno vivir creyendo en nada?´ Su respuesta está en lo afirmativo. Sí, si uno crea un sistema fuera de la fe, si uno acepta las consecuencias finales del nihilismo, y si, al emerger en el desierto y poner la confianza en lo que ha de venir, uno siente, con el mismo instinto primitivo, tanto dolor como alegría." Este instinto primitivo de dolor y alegría es la actitud dual del rebelde de Camus. En el desierto del nihilismo, Nietzsche, como Camus, rechaza todos los valores trascendentes, que son sólo maneras de esconder del hombre el mundo real. La ausencia de valores a priori no significa libertad desenfrenada, ya que –sin leyes- el hombre debe hacer su propio orden, debe crear su propia grandeza. Nietzsche encuentra esta grandeza en un "asentimiento absoluto, una completa y exaltada alianza con este mundo." La única divinidad es la Tierra.El joven Camus de Noces fue muy influenciado por el pensamiento de Nietzsche, y habiendo visto de qué maneras fue utilizado por los nazis como apologista para teorías racistas y violencia ilimitada, Camus se obligó a revisar a Nietzsche para ver si traicionaba el concepto de revuelta, que Camus esperaba utilizar como su propio método de ir más allá del nihilismo. Encontró que Nietzsche, en su absoluto asentimiento con lo que es, descuida el polo negativo de la revuelta, el momento de dolor. Acepta todo, hasta el sufrimiento, en un noble intento de alcanzar la felicidad interior. Esta aceptación, cuando divorciada de la fuerza de carácter de Nietzsche, se presta a la justificación de hacer que otros sufran. El concepto de Nietzsche de una evolución histórica hacia a algún futuro superhombre también justifica sacrificar el presente por el futuro; como la teoría marxista de la sociedad sin clases, puede ser utilizado para reemplazar el valor de "lo que es" por "lo que ha de venir." Ambas teorías ayudan a acomodar la deificación de la historia. En L´Homme révolté Camus analiza la rebelión política basado en movimientos de pensamiento en vez de causas materiales; no escribe historia política; busca mostrar la importancia de la ideología en la formación del curso de la historia. Si aceptamos que el fascismo y el comunismo se desarrollaron como lo hicieron por el pensamiento subyacente, en L´Homme révolté encontramos una interpretació n estimulante de los peligros inherentes en los intentos filosóficos por rehacer el mundo. De acuerdo con Camus, los líderes de las revoluciones modernas de principios, en vez de exigir derechos de igualdad, tratan de inyectar una nueva idea al curso de la historia. La primera revolución moderna fue la Revolución Francesa, cuyos líderes creían en la sustitución de la soberanía del pueblo por la soberanía divina del rey. Sonsacando del Contrato Social de Rousseau, la revolución francesa afirmó la sagrada soberanía de la Voluntad General, que era infalible e indivisible. Inauguraron un reino de ley formal, abstracto. Saint-Just, visto por Camus como heroico exponente de esta nueva ética, soñaba con un país ideal, unificado en su búsqueda de la virtud. Pero los hombres no son naturalmente virtuosos, y surgieron las facciones; llega el día en que la ideología entra en conflicto con la psicología; la regla de la ley se sacudió; Saint-Just, con continuada fe en sus principios, sacó la conclusión de que todos los que critican al Estado son traidores. Así se estableció el Terror; y con él comenzó la era moderna del Estado, como el supuesto repositorio de la justicia, reclamando el derecho a suprimir a los críticos por cualquier medio posible. Carentes de moralidad concreta, apareció la perversión hipócrita y la libertad se hizo "la libertad de privilegios consolidados por la policía; la familia, ensalzada por los periódicos conservadores, fue mantenida por condiciones sociales en las que los hombres y las mujeres eran enviados a las minas, atados a una cuerda comunal; la moralidad prosperó sobre la prostitución de las clases trabajadoras." ¿En qué valores puede el hombre confiar si la moralidad formal es vista como hipócrita? La respuesta del siglo 20, de acuerdo con Camus, es la incorporación de valor en el flujo de la historia. Los valores ya no son medios preexistentes de juzgar acciones y hacer elecciones, sino metas a ser realizadas en el futuro. A medida que los valores existentes perdían estatus, la naturaleza humana es negada. El hombre se vuelve sólo una aventura, creándose a sí mismo para una futura perfección. Pero para Camus, las revoluciones comienzan por negar las debilidades fundamentales de la naturaleza humana; los hombres, en su diversidad de necesidades y pasiones, se oponen a la interpretació n de quienes están en el poder; las revoluciones se hacen puritanas, buscan suprimir lo mejor y lo más débil, todas llevan a alguna forma de esclavitud, donde los hombres han de sentirse culpables en vez de divinos. Camus está fundamentalmente interesado en lo que considera una muy seria amenaza: el "terror racional" de los seguidores de Marx. Camus ve en Marx una figura admirable en lo que respecta a sus denuncias morales de la hipocresía bourgeois. Sin embargo, Marx combina el valioso método crítico con un mesianismo utópico, que era producto de la misma mentalidad cristiano-burguesa que buscaba combatir; mentalidad que Camus llama "Nórdica"; contrastándola con la visión del mundo "Mediterráneo" de los antiguos griegos. Nórdicos es la visión judaica de la historia: el mundo evoluciona de acuerdo a un patrón histórico único; el hombre debe resolver su salvación o maldición durante el curso de la historia. El mundo natural es sólo un escenario para su drama. Los griegos tenían una visión cíclica de la historia, y veían la naturaleza externa como un objeto de belleza con el cual el hombre debe sentirse en armonía. (Esta distinción entre el mundo "Nórdico" y "Mediterráneo" ayuda a Camus a definir su propia posición al final de L´Homme révolté; mientras Camus comparte las preocupaciones cristiana con la muerte y el sufrimiento, no alienta una visión escatológica del mundo.) Debido a su visión nórdico-judaica, Marx llega a una figura de sacrificio sufriente que puede salvar al mundo: el proletariado, que se hace más y más humillado y desgraciado hasta que la revolución lo redime en la culpabilidad de la sociedad. Quienes sostienen esta teoría aprueban lógicamente de medidas sociales que incrementen la miseria de las clases trabajadoras, que las acerquen más a su momento de sufrimiento y triunfo. La voluntad de Marx por sacrificar el presente por alguna dorada era del futuro es –para Camus- el más peligroso aspecto de su doctrina. Camus dice que las predicciones de Marx sobre el curso de la historia económica se han probado falsas para la tecnología del siglo 20. Pregunta Camus en 1952: ¿qué futuro hay en una sociedad sin clases; qué evidencias hay de que Rusia se mueva hacia la perfección? Camus observa que tal concepto tiene mejor significado en un universo religioso; pero en un mundo secular, tal "nuevo Edén" resulta en la degradación del hombre. Camus describe la negación de la naturaleza humana en un sistema totalitario; cualquier genio artístico o científico que no encaja en el movimiento preconcebido de la historia es negado. La historia misma debe ser reescrita si contradice el presente patrón de poder. La revolución se transforma, pervirtiendo la propia penetración moral de Marx, en un instrumento de mistificación; las clases trabajadoras son tan oprimidas como bajo la alianza burguesa-eclesiá stica del siglo 19. Se niegan las pasiones más bellas: ser-amor, respeto por la verdad… Debido a la falla esencial en su lógica, los revolucionarios modernos –al intentar crear una futura perfección- han creado un Infierno permanente. La crítica de Camus hacia el comunismo ruso de su tiempo es parcialmente balanceada por la denuncia de Occidente que persigue una política de producción por su propio bien, posponiendo la justicia, oprimiendo a favor de la máquina, perdiendo trabajo, creatividad, dignidad; pese a la mayor libertad, la evolución económica lleva a la negación de la grandeza total del hombre. En las páginas finales de L´Homme révolté Camus intenta encontrar una base válida para las alternativas morales en un mundo del absurdo, que no pueden ser de ética abstracta ni de adoración de la historia; se encuentran en la rebelión misma, cuyo movimiento inicial crea un sentido de comunidad entre los hombres: "Me rebelo, por lo tanto existimos", basado en la comprensión de que uno se rebela en nombre de alguna dignidad común a todos los hombres. La solidaridad que establece la rebelión está entre el principio histórico y la ética abstracta, porque se descubre en la naturaleza humana que trasciende circunstancias históricas particulares. Solidaridad implica comunicación entre los hombres; los diálogos no son posibles entre amos y esclavos; por lo tanto la esclavitud, o cualquier injusticia que esclaviza, mata el diálogo; de ahí que debe evitarse el asesinato. Sin embargo, debido a que el rechazo a la violencia significa consentimiento a la imperfección del hombre, el asesinato a veces es necesario, como acto excepcional, adonde el hombre puede ir sólo una vez; para demostrar su reconocimiento a la dignidad humana, el asesino debe estar dispuesto a morir. La rebelión, dice Camus, debe basarse en la aceptación de límites. La violencia debe ser limitada por el conocimiento del valor de la vida humana; el consentimiento al mundo existente debe limitarse por un rechazo a aceptar la injusticia. El rebelde tiene una medida entre decirle "si" o "no" al mundo. Para Camus la idea de medida tiene dos fuentes. La primera es el reconocimiento de la imperfectibilidad del hombre. Por contraste, todas las ideologías terminan apoyando sistemas basados en la culpa absoluta. Sólo reconociendo que los hombres no pueden ser convertidos en dioses, dice Camus, podemos crear condiciones en que los hombres sean totalmente humanos; si reconocemos que nuestro conocimiento es siempre relativo y limitado, rechazaremos las aspiraciones para proyectar el curso de la historia; similarmente, un reconocimiento de la irracionalidad del hombre, de las injustas pasiones del corazón humano, nos hará entender la necesidad de límites para un orden racional de la sociedad. La segunda fuente del concepto de medida de Camus es la actitud dual hacia el mundo, persistente en toda su obra. En Noces se describe como rebelión contra la muerte y consentimiento hacia el mundo. En Le Mythe de Sisyphe el héroe absurdo es constantemente conciente de su insatisfacció n, pero también del placer. El mundo siempre ofrece al hombre dos caras; es un lugar de exilio en que él es extranjero, en un reino en el que busca la felicidad. En L´Homme révolté la respuesta a este mundo es definida como "pensamiento mediterráneo"; un balance entre naturaleza e historia, entre el mundo al que el hombre consiente y sus intentos por cambiar ese mundo; aunque expresa una insatisfacció n romántica con el mundo que no está en el pensamiento griego, Camus quiere preservar la lucha que define el absurdo como una magnífica pelea entre el hombre y el mundo. Lo que hace Camus es una síntesis entre el ideal griego y el descontento nórdico. Mucho del poder emocional de Camus, en los ensayos como en la ficción, deriva de esta actitud dual. Camus dice que la acción política eficaz comienza con la realidad en vez de la ideología. La rebelión verdadera no buscará justicia absoluta ni libertad imposible; buscará aproximaciones de sus metas, y se asegurará que los medios hacia estas metas no entren en conflicto con la solidaridad humana. El rebelde, reconociendo la relatividad de su conocimiento, no sacrificará hombres vivos a algún ideal futuro. Debido a que es primordialmente un artista, Camus coloca gran importancia en la relación del arte y la rebelión. La revuelta es un proceso de creación, que no de destrucción, y el arte, como fuerza creativa, es parte de una verdadera revuelta. El artista, como el rebelde, une entre consentimiento y desesperación. Acepta y describe la realidad externa. Pero rehace el mundo en su obra, para darle las coherencia y perfección que no tiene. Para Camus la novela está históricamente conectada con la rebelión; llegó a la prominencia en los siglos 18 y 19, durante un tiempo de insurgimientos políticos. La novela traduce a un plano estético el mismo deseo de rehacer el mundo que motiva a las revoluciones. El novelista toma el flujo de la vida diaria como su tema, pero a través de su arte transforma el mundo real en un mejor mundo; mejor no quiere decir diferente sino más unificado. Los hombres sufren, en la vida, porque no pueden conocerse perfectamente a sí mismos o a otros; una vida toma forma completa sólo después de la muerte. Hasta nuestras más fuertes pasiones no tienen la permanencia que deseamos. La nostalgia del hombre por el conocimiento absoluto o el amor duradero es siempre confrontado por la cambiante e incoherente naturaleza de la realidad. En la novela esta nostalgia puede ser realizada: "Qué es, de hecho, una novela sino un universo en que la acción es dotada de forma, donde se pronuncian palabras finales, donde la gente se posee unas a otras completamente y donde la vida asume el aspecto de destino? El mundo de la novela es sólo una rectificación del mundo en que vivimos, en búsqueda de los deseos más profundos de hombre. Porque el mundo es indudablemente el mismo que conocemos. El sufrimiento, la ilusión, el amor, son los mismos. Los héroes hablan nuestro lenguaje, tienen nuestras debilidades y nuestras fuerzas… Pero ellos, al menos, persiguen sus destinos hasta el amargo final." Camus dice que la novela debe estar a medio camino entre el formalismo y el realismo. Con esto quiere decir que el novelista debería esforzarse por una forma rigurosamente controlada que debe considerar todo el reino de la experiencia humana como su materia. No debe reducir al hombre a sus gestos externos, ni negar la importancia del cuerpo. No debe descuidar la belleza de la naturaleza o la tragedia de la historia humana. El novelista contemporáneo, para darle expresión artística a las fuerzas vitales de su época, debería moverse más allá de las pasiones individuales hacia los problemas que plantean las revoluciones metafísicas y políticas. Aquí Camus sigue la tradición de Dostoyevski y Malraux; se preocupa no con individuos en relación con una sociedad normal, sino con aquellas situaciones extremas en que el hombre es confrontado con angustias metafísicas o con los terrores de la acción política violenta. Como cree que la forma y el estilo de la novela muestran la protesta del artista contra el mundo existente, mientras más grande el clasicismo y el control, más efectiva será la protesta. Camus alaba a los novelistas clásicos franceses por su esfuerzo "para darle a los gritos de pasión el orden de un lenguaje puro." Una clásica restricción del lenguaje y del tema es una manera para que el artista domine su propia emoción y la confusión del mundo externo. El artista clásico tiene una experiencia básica a comunicar y se limita a sí mismo a las variaciones de este tema. "Ser clásico es repetirse a uno mismo." En L´Homme révolté Camus toca el tema de la forma artística a través de la escultura. El escultor generaliza desde lo particular, idealiza lo imperfecto, y le da estabilidad al flujo de la vida. Similarmente el novelista crea personajes que surgen más allá de su individualidad para hacerse tipos universales. Estos personajes son "lo suficientemente similares para nosotros que podemos reconocerlos, pero llevados por sobre nosotros, agrandados por un sufrimiento que fija sus actitudes en nuestra memoria y los hace finalmente ejemplares. El novelista crea personajes capaces de experimentar sus pasiones con una consistencia que es imposible en la vida real; pueden vivir a través de una idea metafísica hasta su lógica conclusión." De acuerdo con la teoría de Camus, el novelista busca una situación particular que pueda simbolizar la condición humana universal. Sus símbolos deberían estar enraizados en una observación de la realidad concreta; no se deben prestar a esquemas alegóricos simplificados. Pero la representació n simbólica de la vida puede ser estilizada y exagerada. Esta estilización es una señal de rebelión contra el mundo. Tal concepción de trama y personaje como limitados, repetitivos, estilizados, conteniendo una consistencia que contradice la naturaleza incoherente de la realidad, está opuesta a la visión tradicional de la novela como retrato en profundidad de los individuos en sociedad. Es esta carencia de complejidad e individualidad lo que se le critica frecuentemente a la obra de Camus. Hasta cierto punto, tal crítica resulta de una confusión entre alegoría y estilización. La novela, para Camus, es simbólica y preocupada con la visión filosófica de la vida. El novelista no debería, sin embargo, tratar de predicar. En Le Mythe de Sisyphe Camus hace una distinción entre la novela de tesis que busca probar un juego de teorías, y la novela filosófica. La filosófica está basada en conocimiento pragmático del mundo y en una visión metafísica que nunca es totalmente expresada; contiene "una existencia total implicada, cuya riqueza es sospechada." Camus insiste, igualmente, que debido a que todo pensamiento es provisional, los puntos de vista del artista deben desenvolverse, evolucionar. Cada obra reflejará su pensamiento a un cierto punto de su experiencia. Una obra posterior mostrará las limitaciones de su filosofía anterior, o quizás sugerirá una manera diferente de ver la realidad. Entendiendo estos temas, y expresando en sus obras los cambios de su visión, el novelista puede evitar ser didáctico. La ironía es otra arma con la cual el artista combate el didactismo. La ironía le permite evitar el peligro de moverse de una preocupación moral hacia una actitud moralizadora. Por medio de la ironía puede crear personajes con quienes siente simpatía y no hacerlos ejemplares. El novelista se obliga a sí mismo a hablar de sus preocupaciones y experiencias más apasionadas de manera controlada y humorística. "La mejor manera de hablar sobre lo que amamos es hablar de ello livianamente." El nivel más filosófico, de forma artística, como Camus lo concibe, es irónico. La forma unificada mediante la cual el artista refleja su rebelión contra el mundo es un desdeñoso gesto de protesta. El novelista sabe que la forma que le dé a su universo privado no cambiará la carencia de forma del mundo real. La creación artística es la tarea sin fin de un Sísifo conciente de que su obra es gratuita. El arte enseña al hombre que es humano y no divino.