viernes, 9 de febrero de 2018

La torpeza de validar la inacción

Por: Alberto Medina Méndez - amedinamendez@gmail.com

Casi todos afirman que pretenden un futuro mejor, que anhelan un porvenir venturoso y que desean que su país se convierta en esa nación especial, desarrollada, capaz de disfrutar de las virtudes del primer mundo.
Sin embargo, cuando de hacer los deberes se trata, todos esos planteos quedan en abstracto y se desintegran a una enorme velocidad. Es evidente que si no se hace todo lo necesario nada bueno sucederá por arte de magia.
Esta idea ingenua que invita a creer que sin esfuerzo alguno todo es posible debe ser erradicada de una vez por todas. Si se quiere mejorar sustentablemente habrá que estar dispuesto a hacer reformas intensas.
Este es el momento en el que la sociedad debe admitir, con decencia, sus reales limitaciones, esa larga lista de miedos patológicos, la recurrente actitud mediocre de conformarse con poco y ver como pasa la vida sin animarse a más.
Si no se quiere hacer absolutamente nada, si no se ha tomado la férrea decisión de tocar intereses importantes y de incomodar a los inmorales, pues va siendo hora, entonces, de ir archivando los sueños infantiles.
Hay que comprender que ambos aspectos son causa y efecto y no son tópicos aislados. Si no existe el coraje para enfrentar los dilemas más difíciles pues no habrá tal cosa como un destino magnífico repleto de brillo.
En ese contexto de absurdas contradicciones, es increíble ver como pululan tantos defensores del status quo. Ellos no son capaces de hacerse cargo de sus propias cobardías y se esmeran en esto de justificar el quietismo.
Viven en permanente conflicto entre lo que dicen que quieren y lo que están verdaderamente preparados a hacer para lograrlo. Su temor es completamente visceral y tienen pánico de enfrentar ciertas modificaciones.
Se justifican, invariablemente, con múltiples argumentos, la mayoría de ellos sin asidero, ni ningún tipo de sustento razonable. Siempre tienen una explicación para alegar que no se hace lo indispensable para mejorar.
No han conseguido internalizar acabadamente que los países que evolucionaron, esos que ellos elogian e idolatran, esos que usan como referencia incontrastable, han tenido que superar muchos inconvenientes.
Para disfrutar hoy de ese presente extraordinario, esas naciones, las que lideran el mundo, han tenido el valor de hacer lo imprescindible, pagando los elevados costos que esos procesos significaron para sus habitantes.
No están exentos de problemas, pero enfrentan siempre nuevos desafíos, esos que jamás faltarán pero que permiten seguir avanzando en ese apasionante camino que recorren aquellos que siempre van por mas.
La cuestión no pasa por desconocer las reales complejidades e ignorarlas irresponsablemente, sino justamente por aceptarlas con sensatez y ponerle todas las energías al reto de buscar los atajos más inteligentes.
La tarea consiste, entonces, en prepararse para dar esas sofisticadas batallas y no simplemente ensayar una interminable nómina de excusas que expliquen que el plan de perpetua retirada es la mejor salida posible.
Si la dinámica actual estuviera enfocada en esos debates respecto a como hacer los cambios de un modo ordenado, minimizando los impactos negativos, pero marchando en el sentido correcto, otra sería la realidad.
Queda más que claro que no serán los gobiernos los que lleven adelante esta fastidiosa labor. Ellos evitarán siempre cualquier contratiempo de corto plazo porque eso deriva, inexorablemente, en severos problemas políticos.
La brújula electoral de los dirigentes condiciona, invariablemente, todo su accionar. Ellos están eternamente preocupados con las próximas elecciones y sus decisiones estarán enmarcadas siempre por esos parámetros.
No importa si es el turno de una legislativa, de esas convocatorias de medio término o ese recambio de cargos ejecutivos tan trascendente para sus aspiraciones. La elección que viene siempre será vital y ameritará desvelos.
Bajo ese esquema, ellos prefieren construir gigantes elucubraciones y alardear de las dificultades presentes. Generar un ámbito de incertidumbre contribuye a sus objetivos y los ayuda en el camino que se han trazado.
Ese escenario aterrador permite amedrentar, con indiscutible éxito, a todo aquel  que se anime a reclamar transformaciones de cualquier dimensión. Saben que este es el modo más eficaz para ahorrarse innumerables críticas.
Conociendo sus esperables tácticas, interpretando que los que gobiernan jamás incursionarán en el riesgoso universo de las reformas extraordinarias, este es el instante de asumir que habrá que apelar a otras maniobras.
La gente dispone de dos opciones muy visibles. Una es la de siempre, la de ingresar al nefasto callejón de la mansa resignación, bajar los brazos y no esperar nada. La otra posibilidad es replantear su estrategia profunda y buscar diferentes variantes para salir de este perverso laberinto.
Rendirse no parece ser una alternativa muy digna. Seguirle el juego a los manipuladores del poder, a los que se abusan de su posición para imponer sus reglas no debería ser el trayecto obligado existiendo otras chances.
La sociedad civil tiene ahora una misión indelegable. Es tiempo de estudiar y proponer políticas públicas viables capaces de sortear los infantiles argumentos que esgrimen los eternos aplaudidores del inmovilismo.
Para llegar a esa instancia hace falta dar el primer paso. Hay que vencer el espanto y comprender que no habrá un futuro mejor si no se entierran algunas malas prácticas tan enquistadas en las sociedades contemporáneas.
Un gran logro sería entender la relación directa que existe entre la complicidad cívica con la política y la conducta cotidiana de los dirigentes. Entender eso permitirá desterrar esa cíclica torpeza de validar la inacción.

jueves, 25 de enero de 2018

Día de los maestros que no enseñan

Por: Eduardo López Sandoval - eduardolopezsandoval@yahoo.es

O de policías que roban, o de militares de miedo que masacran a civiles rendidos y a los paramilitares que llevaron para repartir la cobardía, o índices económicos que no indican: gajes del oficio de revolucionario cuño.
Hoy hablaremos de la creación de un instrumento de medición, que lo manejemos nosotros, los ciudadanos pedestres y campestres; que no pase por las intermediaciones de la dupla del Gobierno-MUD; un índice macroeconómico, o mejor micro… O más bien no, nada de eso,… ni siquiera es económico, quizás sea el índice delictivo de los funcionarios públicos de confianza, de los más altos jerarcas del Poseso. 

La propuesta medirá la honestidad de los funcionarios a cargo de la policía del Gobierno, que es la ética del Gobierno todo, este índice se proyectará desde la honestidad de los funcionarios encargados de la custodia de los presos, que es el HIP, por sus siglas en castellano, el Índice de Honestidad de los Custodios de los Privados de Libertad, -o más bien de Presos para ahorrar tinta. Se calculará el HIP de Venezuela y lo compararemos como en un espejo con el HIP de los EEUU, no porque sea el Imperio, es porque es el lugar del que se conoce la mayor información, más que de la propia Venezuela. Nos hubiera gustado compararnos con los países que ocupan los cinco primeros lugares en el ranking mundial de Índices de Felicidad, que son Noruega, Dinamarca, Islandia, Suiza y Finlandia, pero nuestro índice no aplica en estos países, en éstos las cárceles son especies en extinción, las están cerrando por falta de presos…

¿Cómo es el HIP de Venezuela en comparación con ese índice de los EEUU? El HIP se mide por la cantidad de ciudadanos que son condenados a estar bajo las rejas, en relación con los que se fugan en un tiempo determinado. El análisis de este frío número lo acompañan los investigadores con la medición de la inversión que efectivamente hacen ambos Estados en seguridad, 
también se relacionarán las fugas con el castigo que reciben los funcionarios encargados de la custodiaque la fuga haya ocurrido durante su guardia. Un índice complementario, que nos revelará la calidad de ambos gobiernos, lo constituye la relación entre el número de fugas con el número de capturas exitosas.

Los estudios preliminares permiten que se evidencie que en este aspecto, –el de las fugas–, los EEUU muestra supremo grado de atraso, incomparable con los niveles perfeccionados de fugas con que se avanza en este país suramericano, bien pudiéramos adelantar que en este aspecto Venezuela es un país desarrollado, donde se manejan los más adelantados y eficientes métodos de fuga.

Las fugas en los EEUU las realizan con los métodos más rupestres y atrasados, como por ejemplo, la fuga de los presos Richard Matt y David Sweat de la cárcel Correccional del Estado de Nueva York, que cumplían condena por asesinato: “para lograr su objeto utilizaron herramientas mecánicas para perforar la pared de acero que separaba sus celdas de los pasillos internos de la cárcel. Una vez en ellos, utilizaron túneles de ventilación subterráneos para llegar a una alcantarilla”, (La red dixit). De esta palabreja, alcantarilla, con la que termina la cita, concluimos: es negado imaginarse que los custodios de los fugados de las cárceles de esta Revolución Bolivariana puedan colocar a los privados de libertad en la inhumana posición de “llegar a una alcantarilla”. La fuga de nuestros autóctonos presos debe catalogarse como una fuga cinco estrellas, Poseso mediante.
Es indefectible, el final de las fugas en Venezuela es feliz, bien diferente a lo que pasa en países que están lejos de las fugas de quinta generación que hemos logrado en Venezuela.
En el subdesarrollado EEUU, la fuga en comento terminó así: la “búsqueda ha llegado a su fin hoy, tras la muerte a tiros de Matt el viernes y la captura de Sweat este domingo”, bien diferente a nuestros fugados, llámese Carmona Estanga, Carlos Ortega o Antonio Ledezma.

El estudio de otras grandes fugas en Estados Unidos permite concluir a esta investigación científica que los logros de sus fugas son exagerados, para quizás venderlas en Hollywood; la propia prensa nos revela que, “dos prisioneros de una cárcel del estado de Nueva Jersey se escaparon utilizando la manivela de una tubería y otras pequeñas herramientas improvisadas. Fueron capturados un mes después de su fuga.” Final predecible e infeliz, con más penas que gloria.

Otro: “en una prisión estatal de Ohio un recluso se fugó utilizando una escalera de casi cuatro metros que él mismo confeccionó utilizando muebles viejos y piezas sueltas en una habitación de la prisión. T.J. Lane, de 20 años, fue capturado a las seis horas de su fuga en una zona de bosque contigua al centro penitenciario.” Se repite lo burdo de los métodos de escape y el infeliz final.

Otros, no obstante, han alargado un tanto más la felicidad de la fuga. Se cuenta que: “Ralph Phillips, alias Bucky, se escapó de una prisión del estado de Nueva York. Empleó un abrelatas para perforar el techo de la cocina de la cárcel y se escapó por el tejado. Tras cinco meses de fuga, en los cuales mató a un policía, fue capturado al rendirse en el estado de Pennsylvania.” Se repite el infeliz final, que no puede ser comparado ni remotamente con la felicidad de los fugados de la Venezuela bolivariana y revolucionaria.

El país con el que se compara a Venezuela en este estudio, los EEUU, cuenta con pocas excepciones en los logros en cuanto a las fugas se refiere, como peregrino ejemplo este atrasado país cuenta con la por demás trillada fuga de la cárcel de Alcatraz, en San Francisco, en el año 1962. En ésta se repiten los métodos campesinos, en ella los hermanos John y Clarence Anglin y Frank Morris cavaron agujeros en sus respectivas celdas con cucharas durante un año.” (Se imaginan lo anticuado, un año con una cuchara, en ese tiempo, con la tecnología venezolana, Antonio Ledezma bien podría llegar a Marte y regresar). Los presos escapados de la isla de Alcatraz no dieron felices ruedas de prensa como los fugados venezolanos; nunca fueron encontrados, ni sus cadáveres, muchos concluyen que murieron arrastrados por las corrientes esa noche. Final infeliz.

No más comentarios acerca de lo atrasado que es el país del Norte en lo referido a la tecnología de las fugas del siglo XXI. El presente sólo ha pretendido ser el escrito de presentación de los estudios científicos que están desarrollándose…

Otra de las líneas de investigación que intenta agotar el estudio que este primer esbozo le presenta al público lector, es la dimensión de los pagos que reciben los funcionarios por las fugas. Las primeras observaciones indican que los pagos son altos, los reciben los militares con mayor cantidad de gemillas de colores en el pecho y más acabados faralaos en los hombros… y en dólares. Lo que pudiera entender un desprevenido científico, que siga el método espejo, de contrastar una realidad estudiada con la otra, que está al frente, como en un espejo, es que los funcionarios encargados de la custodia en los EEUU, reciban dádivas en bolívares, cuestión que los estudios niegan… noticia en desarrollo… seguiremos informando.

Respuesta al columnista José E. Guzmán










De: Luis Enrique Sucre              
Distinguido compatriota y amigo: 

He leído con mucha atención su interesante exposición, donde sostiene  entre otras cosas, la perversa manipulación que llevó a cabo Washington, a partir del 23 de enero de  1958, con el deliberado propósito de detener el desarrollo sostenido en el país , durante el período 1948-1957, cuya figura más caracterizada la personificó el general Marcos Pérez Jiménez. 

En tal sentido debo expresarle lo siguiente: 

Es sabido que histórica y fatalmente, las grandes potencias siempre han dispuesto del destino de los pequeños países, que se encuentran dentro del área de influencia de sus intereses políticos, económicos y geoestratégicos; lamentablemente Venezuela no podía ser la excepción. Pero en lo que si no estoy de acuerdo con su artículo, es que le atribuya  exclusivamente la hecatombe y ruina nacionales al gobierno norteamericano y, precisamente, esta afirmación coincide  plenamente con el vesánico  y falaz alegato chavista de que todos nuestros males obedecen a un plan diabólico  concebido por Norteamérica; aplicando de ese modo, el principio Goebbeliano que consiste en achacarle al enemigo nuestros propios errores. 

Por otra parte resulta inaceptable la confirmación de que todos nuestros perjuicios del presente fueron fríamente planificados hace exactamente 60 años y que los mismos  dieron inicio a su ejecución el día 23 de enero de 1958, día en que el valeroso pueblo venezolano, con legítimo derecho, con gallardía y coraje, lanzó el grito de Libertad. 

Inexplicablemente en su artículo no menciona para nada lo que es público y notorio como ha sido el detonante que generó la pérdida  de nuestra soberanía e integridad nacionales, así tenemos: la intromisión del castro-comunismo cubano en nuestra vida nacional, el narcotráfico, la influencia nefasta en nuestra economía de potencias extranjeras como Rusia y China al acceder el régimen  a convenios desventajosos para nuestra soberanía  pero ampliamente beneficiosa para sus intereses personales; otros convenios de suma peligrosidad, como el acordado con la FARC, la influencia maléfica que tienen en el país, el fundamentalismo islámico; todos estos factores negativos son orquestados por una hábil y genial propaganda y guerra psicológica, agenciada por el gobierno comunista de Cuba y ejecutada magistralmente por  su G2 que, dicho sea de paso, es uno de los dispositivos de inteligencia y propaganda más eficientes del mundo. 

Como se puede colegir, todo ello constituye un panorama sombrío, peligroso y de muy difícil solución. Ud. Puede sacar sus propias conclusiones.

En relación al régimen del general Marcos Pérez Jiménez, es incuestionable la realización de obras materiales de marcada importancia e infraestructuras necesarias para el desarrollo del país. Fue verdaderamente exitosa su política habitacional, erradicando el insalubre rancho y reubicando a sus habitantes en cómodos y modernos apartamentos; es digna de mención la política de emigración europea que le proporcionó al país grandes beneficios; también es importante mencionar el avance, organización y equipamiento de las Fuerzas Armadas; fue muy acertada su política en el campo agro-industrial. 

Pero pese a todos los beneficios y rendimientos señalados en provecho  del desarrollo sostenido del país, mantengo que el precio que pagó la Nación fue invaluable porque se sacrificó la Libertad que es el don de mayor trascendencia  para todo ser humano, otorgado por el Derecho Natural. 

En este aspecto, lamentablemente no puedo ser objetivo y tengo que manifestar mi desacuerdo y mencionar algunas de las atrocidades cometidas por el régimen dictatorial en contra de las personas que discreparan, cuestionaran o simplemente  fuera opositor al régimen: los cientos de prisioneros sin juicios, eran prácticamente secuestrados, la tortura, los desaparecidos, asesinatos, el sicariato, los opositores que corrían con mejor suerte eran extrañados del país. 

En fin, podemos afirmar que se violaban consuetudinaria y sistemáticamente todos los derechos civiles contenidos en la Constitución, así como  también los derechos humanos. 

La policía política del régimen, conocida como la Seguridad Nacional, investida de un poder omnipotente, actuaba arbitraria e irracionalmente sembrando el terror, la zozobra en la ciudadanía y también en la delincuencia; dando de ese modo una falsa sensación de seguridad ciudadana. 

Todos estos avasallamientos no se podían denunciar por la inexistencia de los medios idóneos para hacerlo, además de una férrea censura. Los pocos medios de comunicación que existían, se encontraban atemorizados e incondicionalmente al servicio del régimen, por lo tanto, esa situación atroz e inaceptable, fue una de las  motivaciones valederas por las cuales un importante grupo de oficiales de las Fuerzas Armadas, atendiendo al llamado solícito, institucional e histórico de la Patria, acudió e hizo posible la gesta del 1º de enero de 1958 rompiendo de ese modo las cadenas de la tiranía y afianzando las bases de una  Democracia duradera.
.-                                        Luis Enrique Sucre
                                               

martes, 23 de enero de 2018

La Bergoglio-política

Por: Hector E. Schamis 
Lo dijo muy bien el periodista Diego Cabot: "¿Venís al barrio seis veces y nunca me tocás el timbre?" Es un tuit, pero al leerlo casi se puede escuchar el acento porteño en el reproche. Tal vez con tonada del propio barrio de Flores, allí de donde Jorge Bergoglio, hoy Francisco, es oriundo.
Es que cada viaje del Papa a América, y es el sexto justamente, termina en un debate sobre dónde no va, en lugar de dónde sí. Su avión cruza el espacio aéreo argentino camino a Chile y Perú, o llega a Brasil, aterriza en La Paz y sigue a Asunción, pero jamás desciende en Ezeiza para ir a tocarle el timbre a sus vecinos de Flores. Para muchos es un deliberado desplante al presidente Macri.
Lo cual todavía hoy desconcierta. Ello debido a que, siendo Cardenal Primado de Argentina y Arzobispo de Buenos Aires, y cuando era sistemáticamente agredido desde la Casa Rosada, su principal aliado en la zona de la Plaza de Mayo era el entonces Jefe de Gobierno de la ciudad, Mauricio Macri.
El encono kirchnerista era tal que cuando fue elegido Sumo Pontífice en marzo de 2013, Cristina Kirchner entró en un torbellino de verborragia contra él, acusándolo hasta de haber sido cómplice del secuestro y cautiverio de dos sacerdotes jesuitas en 1977. El odio se transformó en amor dos días después, por supuesto, ni bien las encuestas revelaron que los argentinos estaban más que felices por tener un Papa compatriota.
De ahí que irrite que Bergoglio haya adoptado la estrategia de la pose fotográfica, una actuación que además satura: parco cuando Macri lo visitó en Roma y alegre, sonriente y cálido con cuanto miembro de la nomenclatura kirchnerista se encuentre, incluida la propia Cristina Kirchner en cinco oportunidades y varios de los procesados por corrupción de su gobierno.
El Papa tal vez ya haya administrado el perdón divino a quienes lo maltrataron por años, pero en Argentina causa perplejidad. Esa es la Bergoglio-política, una acrítica propensión a lo nacional y popular—al relato insustancial de lo nacional y popular, esto es—y una mirada algo estrecha y basada en mitos antiguos. Como cuando dijo, varias veces, que el problema de América Latina es "el liberalismo económico fuerte" porque "los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias". Los chavistas piensan igual.
He aquí el instrumental cognitivo que el Sumo Pontífice lleva a todas partes. Con lo cual la perplejidad de los argentinos se exporta a otras latitudes. Lo mismo ocurrió en Chile esta semana; el mismo prejuicio, la misma sobreactuación fotográfica. Allí se ve a un Bergoglio exultante de alegría con la presidenta Bachelet, y se ve a un Bergoglio frío, con cara de disgusto en la foto con el legítimo presidente electo Piñera, a quien no vio en privado. Tal vez debido a que Piñera es liberal.
La Bergoglio-política se acerca a todo aquel que tan solo hable mal del liberalismo, sin importar si se ha enriquecido en el poder, como los Kirchner; si mantiene una dinastía absolutista en pleno siglo XXI, como los Castro; o si es un déspota inepto y criminal, como Maduro. Bergoglio les sonríe a todos ellos, pero no a los Macri y los Piñera, las Damas de Blanco que rechazó ver, y las esposas de los presos políticos venezolanos que se encadenaron en la Plaza de San Pedro sin ser recibidas.
La situación de Venezuela merece un párrafo aparte. El silencio de Bergoglio ante la perversidad del régimen es ya intolerable, es decir, frente a la represión, los crímenes, el hambre, la enfermedad y el destierro que sufren los venezolanos. Mientras se hallaba en Chile ocurrieron las ejecuciones extrajudiciales de Óscar Pérez y su grupo de policías rebeldes, sin que se escuchara una sola palabra del Papa.
Pero así es la Bergoglio-política, dogmática, más que tolerante e inclusiva, y al mismo tiempo pragmática en lo que no debe: los principios. Las víctimas de aquellos que declaman contra el capitalismo, pero que se han enriquecido con él, parecen tener menos importancia que las víctimas de la explotación del capitalismo.
Ya que hace política, el Papa debería practicar una democracia de la solidaridad, ofreciéndola a todo aquel que sufre y que ha sido despojado de derechos, en vez de seleccionar ideológicamente a quien. Ello resta y excluye por definición, contradice su misión primordial.
Como lo resumió la Diputada Lilita Carrió en una entrevista en marzo de 2016: "Fue elegido Papa y jefe espiritual, no dirigente de una Unidad Básica. Es un líder espiritual que le gusta el poder como a nadie. Bueno, que lo ejerza en el Vaticano. Los fieles no queremos que sea peronista, macrista ni nada. Queremos que sea el pastor de todos".
Y "todos", tratándose del Papa, también quiere decir "todos en todo el mundo". Para ser el pastor de todos debe archivar la Bergoglio-política.
Tomado de: elpais.com - Twitter: @hectorschamis

miércoles, 10 de enero de 2018

12 consejos para gozar de buena salud


Un cuento con camellos












Ellos no sabían qué estaba sucediendo. Preparando los regalos y manteniendo a dieta a los camellos para que pudieran volar sin riesgo sobre el océano, no habían tenido tiempo de leer un solo diario en los últimos meses.

—Paren, paren, paren… —les dijo un minúsculo señor que agitaba los bracitos como si quisiera empujarlos para atrás con camellos y todo—. No pueden pasar. Se los ordena el Veedor Espacial de esta benemérita Estación. O sea —agregó, sacando pecho—, yo.


—Pero… ¿por qué?


—Porque vienen con animales. Por eso.


—¿Y?


El Veedor se llevó las manos a la cabeza. Tenía el pelo reluciente y negro. Uno de los camellos por poco le atrapa un mechón entre sus dientes.


—¿Ustedes viven en otro mundo? —dijo el funcionario, molesto, al borde de la indignación—. ¿No se enteraron de que Europa prohibió la entrada de animales en su territorio? Todo chancho, vaca, burro, caballo, gallina, perro, ardilla, piojo y/o garrapata tienen impedido el paso. Ni las moscas pueden pasar.


—¿Y eso a qué se debe, si se puede saber?


—¡Control de aftosa, señores!


—Mire, caballero —dijo el más morocho de los tres personajes señalando a sus fieles y jorobados animales de carga—, estos son camellos ¿entiende?


—¡Bien dicho, Baltazar! —dijo el más viejo, que, por la exaltación, casi se le cae la corona—. Ni nuestro amigo Melchor hubiera podido decirlo con más claridad.


—Yo agregaría algo más, mi querido Gaspar —respondió el aludido—. Diría que este… este señor —miró al Veedor de arriba a abajo— me está resultando muy pero muy antipático.


—Eso —dijo Baltazar—. Debe hacer mucho tiempo que este… este señor no pone sus zapatos en la víspera de un seis de enero.


—No le veo tierrita en las uñas, seguro que ni se acordó de cortar el pasto.


—¿Pasto? —dijo el Veedor abriendo los ojos.


—Sí, para nuestros camellos. ¿O no recuerda que estos animales se llaman camellos?


Una de las tres bestias sonrió mostrando sus dientes amarillos.


—Perfectamente —dijo el Veedor, después de una pausa. Tenía una expresión malévola, y el pelo parecía relucirle más que nunca—. Voy a agregarlos a la lista —escribió un par de líneas—. Ya está, ¿ven? Tampoco pueden entrar camellos ni acompañantes de camellos —y sonrió satisfecho exhibiendo el papel como si fuese un trofeo.


Entonces habló el más joven de los tres, que se había quedado pensativo:


—Perdón, ¿usted acaba de decir, si no me equivoco, que nosotros tampoco podemos entrar?


En seguida el Veedor Espacial buscó un papel en el bolsillo. Parecía un ave de rapiña; más precisamente un cuervo, de tanta negrura.


—“Los seres humanos (es decir, mujeres y/o hombres) —leyó con tono de director de colegio— que intenten atravesar el espacio aéreo de Europa con cualquier intención, y vengan acompañados o acompañando a cuadrúpedos, plantígrados, primates o cualquier otra clase de insectos o mamíferos, deberán permanecer en cuarentena en un cuartito preparado especialmente en esta Estación.” ¿Clarito, no? —sonrió, jadeante y relamiéndose como un gato.


—¡Pero si la aftosa no afecta a los humanos! —dijo Gaspar.


—¡Por las dudas! —contestó el veedor.


—¿Cuarentena —preguntó cauteloso Melchor— quiere decir cuarenta días?


—¡Usted lo ha dicho! —expresó triunfante aquel burócrata del espacio.


—Y dígame una cosa, señor Aguafiestas —la negra piel de Baltazar se había puesto roja de tanto contener la furia—: ¿quién va a explicarles a los chicos que nosotros tres nos hemos quedado varados por cuarenta días en una mísera Estación Espacial?


—Ese no es mi problema, señor mío.


—¡“Rey mío”, si no le molesta!


—Tranquilo, Baltazar —intervino Melchor—. Hay cosas más importantes. Ya casi es seis de enero. Los chicos esperan los regalos esta noche.


—Y además, ya deben haber puesto los zapatos en la ventana.


—Y el pasto y el agua.


—Ya dije —confirmó el veedor— que ese no es mi problema.
De golpe los tres Reyes Magos empezaron a vaciar su equipaje. Formaron pilas enormes con paquetes. Era imposible imaginar que tantos regalos entraran en apenas tres bolsas.


—¡Por favor guarden eso! ¡No me desordenen la estación!


—Dígame otra cosa —se le acercó Melchor—: ¿usted nunca fue chico?


—Sí, claro. Como todo el mundo. ¿O usted qué se cree? ¿Que nací de un huevo?


De un huevo no, pensó Baltazar. Nació de una máquina. Pero se contuvo.


—Entonces —dijo, un poco triste—, ¿cómo es que no nos reconoce?


—No me pagan por reconocer a la gente —al hablar, se mordía los labios, era como si triturase cada palabra—. No me pagan por reconocer a la gente —repitió—, sino para impedirles el ingreso.


—¡Esto es increíble! —dijo Melchor, llevándose las manos a la corona.


—¡No lo puedo creer! —agregó Gaspar.


—¿En serio no nos reconoce? —susurró Baltazar.


—¡A ver! —gritó el veedor, furibundo, dirigiéndose a la fila—. ¡A ver si alguno de ustedes reconoce a estos tres payasos que montan caballos deformados!


Los viajeros que esperaban con paciencia su turno se acercaron.


Muchos se quedaron tiesos en cuanto los vieron, varios los tocaban para comprobar que realmente se trataba de ellos. 


Y otros —da pena contarlo— no les llevaron el apunte.

—Pero si son nada menos que… —empezó a decir un señor, emocionado.


—… basta —interrumpió el veedor—, ya es suficiente. Cada uno a su sitio. Y ustedes tres circulen, que tengo mucha gente que atender.


—Perfecto —dijo Baltazar en un tono fuerte como una orden, y los regalos se metieron solos en las bolsas—. Nos vamos. Pero conste que usted será el único culpable del seis de enero más triste de la historia.


—¡¡¡Circulen!!! —otra orden los alejaba de los chicos, de las caras de felicidad—. ¡Se me van para allá derecho! —el funcionario estiró el brazo señalando un cartelito que, por la distancia, casi ni se veía.


Melchor agudizó la vista y alcanzó a leer la palabra infractores. Levantó una de las bolsas, y los otros hicieron lo mismo. Empezaron a caminar, seguidos por tres camellos desganados, tan apenados como ellos mismos.


Melchor giró la cabeza para ver al funcionario: sonriendo, ya llamaba al siguiente de la fila.


Antes de llegar al cuartucho al que los habían confinado, los tres Reyes Magos oyeron gritos. Y se detuvieron.


La fila se había convertido en una marejada de gente discutiendo y arremetiendo contra el veedor. Cuando el maldito pudo liberarse, apareció totalmente despeinado.


Gaspar miró su reloj y después a sus compañeros.


Nadie lo dijo, pero sabían que estaban teniendo la misma idea: de ahora en más, los chicos no les escribirían cartas. Ni una sola. Desilusionados, desparramarían por toda la Tierra un único pensamiento: los tres Reyes Magos ya no existen.


En medio del griterío se les acercó una mujer pequeña, de mirada dulce, como de maestra jardinera.


—Tenemos una solución —dijo.


—Dígala rápido —se impacientó Baltazar—, antes de que llegue la mañana.


—Es sencillo —la mujer sonreía—. Existe una prohibición de ingreso a Europa para cualquier acompañante de animal.


—¡Qué novedad!


—Eso ya lo sabemos…


—¿Y para esto nos molestó?


—Bueno —siguió diciendo la señora, ahora en puntas de pie—. En el pliego de prohibición no dice que los acompañantes no puedan recibir visitas en la Estación Espacial durante la cuarentena.


—¿Entonces? —dijeron a trío.


—Entonces, los chicos pueden venir a la Estación a recibir sus regalos.


—Pero… ¿cómo?


—Nosotros —y señaló a algunos compañeros de fila que se acercaban, solícitos— podemos ayudarlos.


—Vamos a dejar cartas de invitación en sus zapatos —interrumpió un señor muy gordo, ansioso, con expresión infantil.


Los tres Reyes Magos se miraron interrogantes.


—En los zapatos de los chicos, quise decir —aclaró la mujer, feliz.


Las caras de los tres se transformaron. Fue tanta la emoción, que soltaron las bolsas llenas de paquetes. Pero no cayeron, quedaron suspendidas en el aire.


Volvieron a la entrada de la Estación acompañados por sus nuevos amigos. Ahí encontraron al veedor. Lo vieron distinto. Ahora los miraba asombrado, como si los descubriera por primera vez. Al parecer, la mujer pequeña y el gordo le habían aclarado quiénes eran ellos.


—Está bien —dijo el veedor, intentando acomodarse aquella maraña negra y pegajosa en que se había convertido su pelo—, pero aclaren en la invitación que es por única vez. No quiero que se les haga costumbre. Ya me imagino lo que va a ser este lugar cuando se llene de chicos… —y siguió hablando pero nadie lo escuchaba.


Todo el mundo se había puesto en movimiento. Algunos escribieron las cartas y otros las separaron para la distribución.


—Y antes quiero leer una de esas invitaciones —dijo el veedor con un dedo en alto—. Yo todavía soy la autoridad en este lugar.


Se tomó su tiempo para estudiarla.


—Bien —dijo al fin—. Corta y concisa.


Baltazar lo miró fijo y, sin que él lo notara, le arregló un poco el pelo para que no asustara a los invitados.


Poco después, los chicos empezaron a llegar.


Algunos venían en pijama con los zapatos en la mano, otros se habían vestido tan apurados que tenían una media de cada color o la remera de atrás para adelante.


No importaba cómo estaban vestidos, ni su color de piel, ni su idioma. Todos, sin excepción, traían pasto, pan dulce y agua para los camellos.


Tomado de: https://debeleer.com