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miércoles, 15 de febrero de 2017

El Médico

De: Florencio Escardó - Seudónimo Piolín de Macramé










El Médico es el profesional al que llamamos para que confirme el diagnóstico que previamente nos hemos hecho.
Si coincide con nosotros, nos preguntamos porque lo hemos llamado; si no coincide, dudamos de su valor.
Si nos receta, pensamos que es mejor que el organismo se defienda solo.
Si no nos receta, pensamos cómo es que se nos va a pasar la enfermedad.
Cuando nos curamos, nos enorgullecemos de nuestra naturaleza.
Cuando nos empeoramos, maldecimos la torpeza del médico.
Si el médico es joven, decimos que no puede tener experiencia.
Si es viejo, que no debe estar actualizado.
Si sabemos que va al teatro, que no se da tiempo para estudiar.
Si no sabe nada de teatro, que es un inculto que desconoce la vida.
Si se viste bien, que quiere nuestro dinero para darse lujos.
Si se viste mal, que no sabe nada y por eso le va tan mal.
Si te cita varias veces, pensamos que acrecienta las visitas porque quiere aumentar sus honorarios.
Si casi no te cita, que no le importa y abandona al enfermo.
Si nos explica lo que tenemos, que nos quiere sugestionar.
Si no nos explica, que no nos considera suficientemente inteligentes para entenderlo.
Si nos atiende enseguida, creemos que no tiene pacientes.
Si nos hace esperar, que no tiene método y es un desorganizado.
Si nos da el diagnostico de inmediato, que nuestro caso es fácil.
Si tarda en dárnoslo, que no tiene ni idea y carece de ojo clínico.

En síntesis
El médico es el máximo pretexto de nuestra disconformidad.

Estas reflexiones sobre el médico fueron escritas hace más de 50 años por:

jueves, 9 de febrero de 2017

La ira del hombre común





Por: Andrés Hoyos - @andrewholes

Vivimos en tiempos de la ira del hombre común. Uso la palabra hombreen el sentido tradicional de “ser humano”, como la usa Aaron Copland para titular su famosa fanfarria, aunque no se me escapa que hablo de una ira que afecta más que todo al género masculino. De hecho, las mujeres fueron las primeras en reaccionar contra Donald Trump al día siguiente de su posesión. No sé si exista la ira de la mujer común, pero en todo caso será distinta y menos potente que su contraparte masculina.
En aquellas épocas que llamamos normales sin saber muy bien a qué nos referimos, el hombre común se muestra más o menos tranquilo y se contenta con ejercer sus prejuicios en privado. Pero, sin previo aviso, puede saltar de la pasividad al frenetismo, de la indolencia al deseo de aplastar al diferente, de la insignificancia al peligro. Lo que desata la ira del hombre común es alguna frustración constante, el desprecio reiterado de alguna élite, una acumulación de detalles aparentemente insignificantes, eso siempre y cuando surja un caudillo que canalice su ira, un ídolo sobre el cual el hombre común pueda volcar sus pasiones, un hombre poco común al que el hombre común pueda entregarse.
El alemán que se afilió al partido nazi y cometió atrocidades vistiendo el uniforme gris rata era un hombre común; los comisarios que enviaban a miles al paredón durante la Revolución bolchevique eran de lo más comunes; tanto los militares que en Colombia torturaban, como los paramilitares que masacraban y los revolucionarios que secuestraban y aplicaban un tiro en la nuca a sus secuestrados eran todos gente común.
El hombre común —según lo hemos visto hace poco en los seguidores de Trump y un poco antes en los de Chávez— se aferra a una serie de “verdades” inamovibles con una irracionalidad a prueba de balas. El hombre común resiente como lo peor que gente más educada, más elocuente que él, o simplemente diferente, le explique sus errores o le señale sus prejuicios. Considera que esas explicaciones y señalamientos son afrentas inaguantables; debe haber algo en extremo perverso, algo diabólico en un discurso de apariencia sólida que contradice sus “verdades”.
Los caudillos que tienen éxito en los tiempos de la ira del hombre común son aquellos que aprenden a hablar en el idioma de esa ira, que retroalimentan esas “verdades” con explicaciones maniqueas y descaradas. Quienes intentan reflexionar, matizar o desmenuzar lo que pasa son unos mentirosos y unos traidores. Y se notará que lo son porque se exasperan ante la irracionalidad del hombre común, ante su testarudez. Sí, lo verde es amarillo, el círculo es cuadrado, ¡y qué!
Por todo lo anterior, la ira del hombre común suele terminar muy mal. Un día, sin embargo, el hombre común tal vez regrese a su antigua pasividad y se alce de hombros. Dejará su ira, al tiempo que no sentirá remordimiento por el daño causado. No querrá explicar nada, no aceptará ninguna culpa, volverá a enjaular sus demonios y entrará a hibernar para años después, quizá, volver a despertar, si no le llega antes una muerte común, que lo sorprenderá rodeado de otros hombres, mujeres y niños comunes.
Tratados uno a uno y lejos de los caudillos que los enloquecen, estos hombres comunes pueden ser agradables y serviciales. De nada sirve vociferar contra el hombre común. La gente común es la mayoría de la humanidad. Uno, ufano o no, a veces también puede ser de lo más común.

viernes, 3 de febrero de 2017

Respete el Castellano










Más Castellano y menos anglicismos


·       Pasatiempo en vez de hobby.
·       Asesoría en vez de coaching.
·       Compras en vez de shopping.
·       Vestimenta en vez de outfit.
·       Apariencia en vez de look.
·       Registro de entrada en vez de check in . .
·       Registro de salida en vez de check out.
·       Apoyo o respaldo en vez de backup.
·       Contraseña en vez de password .
·       Fecha límite en vez de deadline.
·       Experiencia en vez de knowhow.
·       Correo-e en vez de email
·       Liquidación en vez de sale
·       Interruptor en vez de switch
·       Boleto en vez de ticket



Cuando escriba una oración interrogativa, coloque el signo de interrogación al principio y al final. Está escribiendo en Castellano, no en inglés. 

Cuando escriba una oración admirativa, coloque el signo de admiración al principio y al final. Está escribiendo en Castellano, no en inglés. 

Cuando escriba una exclamación. coloque el signo de admiración al principio y al final. Está escribiendo en Castellano, no en inglés.