miércoles, 1 de octubre de 2008

Denuncias: José Iglesias rompe su silencio por última vez

Denuncias: José Iglesias rompe su silencio por última vez - El pasado 24 de septiembre del 2008 fui invitado al programa “ Plomo Parejo ”, conducido en forma impecable por Iván Ballesteros. Mis declaraciones en el referido espacio radial levantaron gran polémica, y algunos sectores de la oposición alzaron su voz para crucificarme al no poder aguantar la triste realidad que envuelve a los adversos a Hugo Chávez. Hay que decir muchas verdades, y las que yo tengo que decir están en esta nota. Desde que di a conocer mis primeras predicciones en junio del 2004, fui centro de una gran polémica que recorrió todo el país. Sacudió incluso a quienes desde hace muchos años se dedican al oficio de predecir el futuro. Nadie conocía el Código Bíblico, pero las contundencias de las predicciones obtenidas a través de este método no dejaron indiferente a nadie. En un principio, quienes comulgaban con el gobierno me atacaron fuertemente. Pero en lo que mis predicciones tocaron a la mal llamada “oposición” (en aquellos tiempos agrupados en la extinta Coordinadora Democrática ), la situación cambió radicalmente. He sido amenazado una gran cantidad de veces. Han intentado silenciarme en más de una ocasión. Lo cierto es que mientras los seudo líderes de una equivocada oposición me atacan por todos los frentes, tratando de cerrarme todos los espacios públicos para cercenar mi legítimo derecho a la libertad de expresión, el gobierno sigue con mucha atención cada una de las predicciones que presento regularmente. Desde el año 2004 repetí una y otra vez que Hugo Chávez no saldría del poder antes del 2008, y mucha gente se burló de mí. Sin embargo, cuatro años después mis palabras han tenido que ser certificadas, pues Hugo Chávez continúa siendo Presidente de la ahora República Bolivariana de Venezuela. Ha hecho, hasta ahora, todo lo que le viene en gana. ¿Y la oposición? Bien, gracias. urante años, el país ha marchado con pitos, cacerolas, letreritos, banderas y música. Una gran fiesta de varios kilómetros que nunca llevó a nada. Chávez continúa en el poder. Tal y como yo lo vaticiné, pese a las burlas, insultos y amenazas. Cómo apoyarse en un seudo liderazgo que negocia con el gobierno a espaldas del pueblo? ¿Con qué moral esos seudo líderes pueden invitar al pueblo a votar por ellos para que sigan llenando sus arcas personales? enemos un contundente ejemplo: Manuel Rosales, quien por recibir amenazas a su familia, entregó la Presidencia que había ganado. ¿Y todavía se atreve a lanzarse nuevamente a una candidatura? De Julio Borges mejor ni hablar. Su campaña inicial fue negociada con el gobierno, y para colmo, causó la división de su partido Primero Justicia, al tratar de imponer a dedo a quienes debían ocupar la dirigencia de su partido. Tal y como hace Hugo Chávez, pero a pequeña escala. Y esto lo vaticiné mucho antes de que ocurriera. Desde que la Coordinadora Democrática propuso el Referéndum Revocatorio, ya sabían que iban directo a un fracaso electoral. Yo lo había anunciado en uno de mis primeros cds, y ellos tenían ese material sobre la mesa. Estos seudo líderes viven hablando de dictadura en nuestro país, y aún así pretenden sacar a Chávez del poder a través de votos. ¿No captan que es un absurdo, o se hacen los locos? Debajo de la mesa ya están negociando proteger a algunos revolucionarios una vez que caiga Chávez, tal es el caso del hijo de José Vicente Rangel. Me pregunto, ¿a cambio de qué? El gobierno visita mi Web a diario, igual que lo hacen ciertos organismos internacionales, tales como la Cia y el Fbi. Y no miento, tengo pruebas de ello. No crean que es muy agradable estar en el centro del huracán, tal como me encuentro yo en este momento. Un simple ejemplo: En uno de mis primeros cds donde hablé de la salida de Chávez, anunciaba que su mano derecha lo traicionaría en el momento más álgido de la contienda final. La imagen de aquella matriz iba acompañada por una foto de José Vicente Rangel. Un tiempo después, Rangel sale de la Vicepresidencia. ¿Casualidad? Los medios de comunicación privados me han cerrado las puertas, se niegan a dar espacio a mis predicciones. Nunca seré un invitado en Aló Ciudadano, aunque me consta que mucha gente ha pedido al equipo de producción llevarme al programa. El único medio que me ha recibido es Televen (supuestamente los dueños son chavistas), y jamás han censurado ninguno de mis fuertes comentarios en torno al Presidente. En el canal del Estado (Venezolana de Televisión) se habla de mis trabajos de predicción, y recientemente hasta Nicolás Maduro hizo un comentario, poniendo en duda que yo exista. Pues sí, yo existo, soy venezolano y no soy chavista. Yo no critico a la gente por ser chavista, tampoco los odio, pues muchos lo hacen por convicción más que por interés económico (como sucede en el caso de la mayoría). Muchos creen realmente en la revolución, y al menos yo eso lo respeto. Lo que no puedo concebir es que los seudo líderes opositores no hayan aprendido nada en estos años, o sigan jugando sucio con el pueblo. Mientras el pueblo los siga, los venezolanos seguirán de fracaso en fracaso, ya que éstos no son los líderes que hay que seguir. Hay que buscar ese nuevo liderazgo en la calle, en nuestras comunidades, en nuestros barrios, en nuestros edificios. Allí existen líderes natos, y son los que tenemos que llevar a la palestra. No importa si se gana una o varias Alcaldías o Gobernaciones (negociadas o no). Lo cierto es que mientras Chávez continúe sentado en la silla del Palacio de Miraflores, la oposición habrá fracasado. Debo llegar a la conclusión que mi trabajo nunca fue entendido. El sector del país para el cual realicé tantas predicciones, jamás entendió la magnitud de las predicciones que ofrecí. Sin embargo, el sector chavista sí supo entender mi labor, y Hugo Chávez se aprovechó de ello. Es por ello que hoy tomo la decisión de retirarme de las predicciones de carácter político. Para complacer la gran cantidad de peticiones que he recibido, editaré un último cd basado en mi más reciente conferencia “El Círculo Rojo”. Tras esto, me dedicaré exclusivamente a mi consultorio y a mi familia. Tengo mi consciencia tranquila, y me retiro sabiendo que cumplí mi misión a cabalidad, y que ahora debo dedicarme a mis pacientes, a quienes necesitan mucho más ayuda y apoyo para solucionar sus problemas individuales. Para cerrar, debo recordar que desgraciadamente esta situación política terminará en violencia, una violencia indetenible. Hugo Chávez dividió al país, sembró odio en el corazón de los venezolanos, y cubrió todo con violencia. Por ende, esta misma violencia, cuando se devuelva, lo sacará del poder. Y créanme que no falta mucho tiempo para que esto suceda. Estos serán los eventos que llevarán a la caída de Hugo Chávez y pondrán fin a la revolución bolivariana: a) El fin del gobierno de Evo Morales. b) Un atentado contra Hugo Chávez, donde resultará herido. c) Un anuncio presidencial en cadena de radio y televisión que causará una explosión social que llevará a la gente a la calle. d) El gobierno ordenará a las fuerzas militares detener al pueblo e impedir su avance. e) En medio de toda la confusa situación, la mano derecha de Chávez lo traicionará. f) Al verse solo, sin apoyo, Chávez renunciará y huirá posiblemente a Cuba. g) Hugo Chávez será juzgado en Cortes Internacionales. Desde el inicio de los eventos (punto b) hasta la renuncia de Hugo Chávez (punto f), sólo pasarán siete días. Las cartas están echadas. Yo cumplí mi misión. Ahora le toca a los demás. Fuente: Archivos de José Iglesias

Oda al reino de la hipocresía


Por: Alberto Rodríguez Barrera - Sospéchase que en el mundo de los ciegos el tuerto es rey, pero ni los ciegos aceptan un rey tuerto fuera de la ley. Quizá sea por ello que algunos entran a leer estas crónicas, donde el Rey Cotorra sufre autopsias necrológicas, por culpa de sus necrosis psicóticas, esperando encontrar simples ñemeos sucintos, en vez de parásitos nemaltelmintos, y se alebrestan en protestataria reacción, desdeñando las sutilezas de composición sobre tan degenerada descomposició n. Lanzando vientos de fororo hasta por los poros enfororecidos, no hacen las paces con sus ases fugaces y clavan uno y otro alfileri ajenos al infierno de Alighieri, diciéndonos nanay-nanay al buscar lo que no hay y decirnos bye-bye. Dura cosa es la pelona cuando deja de ser simplona, como lo es también la pasta de coca cuando al coco descoca. Pero, viva el canto no oda, porque queda ahí en la realidad el llanto, lo que permuta el espanto, una risa que de prisa pasa sobre tan Cotorrocuica raza; menos, aceptémoslo, que el Sublime Arquitecto, pero más que el Atrofiado Insurrecto. Y esto se hace una potestad divina, algo más que una libertad supina, que quizá sería, sin altanería, un guiño de ojos a la sabiduría, una concepción de la moral contra lo irracional, y algo que no se cansa de mantener la esperanza, en vez del rasque de panza que sí amansa. Metrodoro Chio y otros desconocidos decían, como cosa averiguada y tanto más fundamentada, que no se sabe nada, sin más, y que todos somos ignorantes. Pero…de saberse esto como cierto, ya se supiera algo. Entonces sospechemos. Esto es muy útil en el universo mundo del infierno Cotorrocuica en que nos hallamos y que corren muy enjuiciadamente con acusatorias y sapeos en la más alta Cosa Nostra, y cuya reacción intelectual ha sido el muy latino Nihil scitur (no se sabe nada). Para los Cortesanos, Testaferrondinis, Parlachitas y Candydachurrios del Reino, grandes estudiosos del no saber nada para no atender a la verdad ni estudiar para saber, como les ordena el Buana Cotorra, a veces es bueno tener buenos deseos, a sabiendas de que siempre terminan vanos en cuanto a su ejecución, porque al hacer esfuerzos para cualquier actividad psíquica o física, que los dejan tuertos por la costumbre que tienen de cerrar los ojos y taparse los oídos, la verdad del know-how queda ignorada. Y mientras más arriba se va en la jerarquía Cotorrácua , más se confirma lo estratégico del no saber nada, que tiene además de la bondad de no requerir de estudio ni de jorobadurías, que tanto pesan sobre sus espaldas. En esto también reciben la agitada inspiración reaccionaria de la Gran Guacamaya , quien les acentúa la necesidad táctica de no saber nada, ya que, a la hora de la chiquita, ellos lo saben todo. Tanto es esto último así, que ningún sapeo los sorprende. Y los enanitos responden: "Sí, Vuesaexcremencia, lo sabemos todo sin saber nada. Y que viva la pepa." Son déstos muchos irremediables, aunque se les envidia el ocio y el goce, y se les llore por el seso, donde permanece en calma flotando la arepa mojada. Otros hay que realmente no saben nada, y lo dicen con docta sapiencia porque piensan que saben algo de verdad, sin saber nada, y a éstos debe hablárseles de castigar la hipocresía con creerles la confesión. Los Candydachurrios, sospéchase, son los peores confesores del no saber nada, porque no quieren saber nada ni creen que se sepa nada, y mucho menos quieren que se sepa algo de la nada, razón por la cual no saben nada, excepto cuando lo saben todo, déllos mismos y de los demás, Testaferrondinis de por medio, ya que de tal manera es que el universo mundo comprende que tampoco sabe nada, que ellos no mienten y sólo dicen mentiras los que saben algo que ellos, obviamente, no saben que los otros saben. Sospéchase así, con ergo incluido, que la Cotorrocuica es la gran filosofía del palo encebado, que se ceba a palos y que filosóficamente es cui-cui cotorrario. Y como gente que en cosas de letras y ciencia tiene tan poco que perder, se atreven a imprimir y sacar a la luz cuanto paquetazo de castración sueñan, incluyendo la circuncisión bolífera con cortauñas, con lo cual dan que hacer a las imprentas, a los programas de opinión y a los escribientes de curiosidad mandinguera que sirven al catálogo pusplúsico de las especies en extinción. Así es que sueñan con las pesadillas del Juicio, de los Alguaciles y del Infierno sin saber nada, aunque en su mundo de por dentro bailen al son que les toquen, sea con el Grupo Rafta de Palacio o con Los Rocanroleros Mayameros. Y como tal les agradare y pareciere bien, agradecen lo poco que saben y se contentan, inculpando de su ignorancia al que escribe sobre sí, sin dormirse, libre de prólogos y de epítetos chambones. De tal manera, Cotorrín y sus Candydachurrios andan peregrinos enchinchurriando la vida, con vanas solicitudes y promesas que no hallan patria ni descanso. Aliméntanse de la variedad y diviértense con ella, ejercitando el voraz apetito que nace de la ignorancia de las cosas, desconociendo la codicia y el desaliento que buscan, sin arrepentimiento en cuanto a no aborrecer lo que dicen que desprecian. Y es de considerar boquiabiertos la fuerza grande que tienen para los guisos, prometiendo y persuadiendo tanta hermosura en los deleites y gustos que duran sólo en la pretensión déllos, porque de llegar algo a ser una buena nueva realidad cumplida, el impacto de la sorpresa les causaría descontento, exaltándose nuevamente el verismo de su no saber nada, además de la anomalía que es para ellos tener éxito en algo. Porque el mundo Cotorrácuo cree saber lisonjear y es mutante y vario, cree en afeites de novedad y diferencia para atraer y acariciar los deseos ajenos, esperando que así los sigan sumisamente encadenados hacia el abismo, donde no hay novedad, diferencia, atracción, caricias ni deseos propios, sólo cadenas, bolsa negras forensicas y el mareo fétido de una misma Cotorra. El propio Rey Cotorra considera que cuanto más apurado está por desconocer las cosas que conoce, o por conocer de las que desconoce, más se halla en las garras de la confusión psicotomimetica, y se deja poseer por una vanidad virola que en la gran población del mundo -perdido ya- corre tras cualquier tipo de entelequia mitológica, con los ojos desorbitados, de una calle a otra, de una cotorrita a un cotorrón, hecho fábula y farsa de todos. Y en lugar de desear la salida del laberinto, procura que se alargue el engaño hasta el infinito y más allá. Ya por la calle de la ira, descompuesto, sigue las pendencias pisando sangre y heridas, y como por gula responde con brindis turbados. ¡Brindo por tu silencio, inhabilitado! ¡Brindo por ti, expulsado! ¡Invadiremos a Groenlandia! Cada infinita calle es de tal manera confusa, que la admiración por si mismo aún no deja sentido para el cansancio, y mascapastando descompone más la cabeza que la voz, mal tratado y por mil partes roto el ser pret-a-porter, ridículo, pisado, en la severidad indigna del irrespeto. Y dice: -¿Quién sois que os confesáis envidioso de mis gustos? ¡Dejadme, que vosotros siempre aborrecéis en mozos como yo los placeres y deleites, que no dejáis por vuestra voluntad sino que yo os los quito conjuntamente con vuestro tiempo! ¡Vosotros vais cuando yo vengo, así es que dejadme gozar y ver el mundo! Cotorrín, como los animadores y lectores plácidos que gustan de las cosas más sencillas, siente que los otros lo estorban y le envidian los deseos de su infierno. Y se va a dormir con lástima porque nadie sabe lo que vale un día para él, ni siquiera el precio de una hora; sólo él ha examinado el valor del tiempo, y por eso es que lo deja pasar, hurtado, fugitivo, en secreto, como un preciosísimo robo. ¿Quién te ha dicho que lo que fue volverá cuando lo hayas menester si lo llamares? ¿Has visto algunas pisadas de los días? No, ellos sólo vuelven la cabeza para reírse y burlarse de los que así los dejaron pasar. Sábete, oh Cotorra, que la muerte y ellos están eslabonados y en una cadena, y que cuanto más caminan los días que están delante de ti y se acercan a la muerte -que quizá la aguardas y ya es llegada-, antes será pasada que creída.Por necio se tiene al que toda la vida se muere de miedo porque se ha de morir, y por malo al que vive como si no muriese, ya que éste la viene a temer cuando la padece; embarazado con el temor no haya remedio a la vida ni consuelo a su fin. Cuerdo es sólo el que vive cada día como quien cada día y cada hora puede morir. Pero el Rey Cotorra vive muriendo ajeno a su descomposició n, entregado a lo que no sabe que es, incapaz de reconocer el hábito y el traje de quien es hombre de bien y amigo de decir verdades en lo roto y poco medrado, siendo lo peor que en su vida tiene no haber visto bien la cara del Desengaño, a quien le rasgan la ropa quienes lo quieren bien, y que trae moretones, golpes y coces en llegando porque vino y porque se vaya. Porque en este submundo perdido todos decís que queréis Desengaño, y cuando lo tenéis, unos os desesperáis; otros maldecís a quien os lo dio, y los más ignorantes corteses no lo creéis. Pero es en el Desengaño que se llega a la calle mayor, que es donde salen todas las figuras, donde veréis juntos a los que aquí van divididos, sin cansarse. Con el Desengaño es que se ve el mundo como es, y no como quien sólo alcanza a ver lo que parece.Y ese mundo, caros Cotorrocuicas, llámase Hipocresía; calle que se ha asentado en nuestro mundo y que acabará con él, porque no hay nadie de vosotros que no tenga casas, cuartos y aposentos en ella. Unos sois vecinos y otros paseantes, porque hay diferentes tipos de hipócritas, y todos cuantos vemos en primera página y prime time lo son. ¿Veis aquellos que ganan de comer como escribas y escribientes y viven como hidalgos? Son hipócritas que pasan lisos con terciopelos, cintillos y cadenas de oro desfigurándoles la suerte, que ya ni les conocen la pluma, el papel, la tinta y mucho menos el texto digital. ¿Y aquél otro grupito de Cortesanos, Testaferrondinis y Succionadores del Principado de Oro Negro que parecen exquisitos caballeros? Se miden por sus haciendas, van solos como hijos hipócritas, pareciendo lo que no son, que arrebatan lo ajeno para sustentar un lacayo, pero que no sustentan lo que dicen ni lo que hacen, ni lo cumplen ni lo pagan, pero que andan dispensando casamientos de las deudas, más casados con ellas que con sus mujeres. Por ser caballeros de señoría no hay diligencia que no hagan, fabricando todo tipo de papelillos, y se fundan en el viento y vuelan por los aires, cazando halcones que matan a los verdaderos dueños de sus costos, porque no son lo que parecen. Por ser grandes y tener grandes acciones, se empeñan, arrellenándose en los banquetes dionisíacos del Rey.A un lado de la bacanal están los comunicadores que estancan sus caras aciagas olvidándose hasta de la discreción. Por parecer discretos y ser tenidos por tales se les sale el mentecato alabándose por su pobre memoria, quéjanse de melancolías, viven del descontento oculto sin preciarse como mal regidos; no hay nada más hipócrita que el mentecato tratando de pasar por entendido. ¿Y qué me decís de los hipócritas queriendo pasar por muchachos, o de los muchachos queriendo pasar al envejecimiento de la hipocresía? ¿Qué hay tras esos mancebos presumiéndose de cuerdos? El zapatero viejo se llama entretenedor de calzados; el borracho, sastre del vino que lo viste; el cogeburras, gentilhombre del camino; el bodegón, estado; el escribano, secretario; el bodegonero, contador; el verdugo, miembro de la justicia; el alguacil, criado; el fullero, diestro; el vendelotodo, güesped; la taberna, ermita; a toda pícara, señora hermosa; la putería, casa; a las putas, damas; las alcagüetas, dueñas; los cornudos, honrados. Amistad llaman al amancebamiento, trato a la usura, burla a la estafa, gracia a la mentira, donaire la malicia, descuido la bellaquería, valiente al desvergonzado, cortesano al vagabundo, señor maestro al soldado y señor doctor al cotorrero. Ni son lo que parecen ni lo que hacen; hipócritas de nombre y de hecho. Todos son hipocresía, creación de apariencias, en ella empiezan y acaban, y della nacen y se alimentan la ira, la gula, la soberbia, la avaricia, la lujuria, la pereza, el homicidio y mil maldiciones más.Esforzando la hipocresía para aparecer diferentes y distintos, creen espantar con ignorancia lo que saben pocos. Apeteciendo la maldad debajo de alguna razón de bien, confiesan que los pecados son malos a medida de su conveniencia, pero para pecar no basta la representació n de la ira ni el conocimiento de la lujuria sin el consentimiento de la voluntad. Así es que ya vienen enfermos antes de pecar, porque su voluntad lo consiente y lo quiere, y les apetece más cuando visten con la apariencia de bien su hipocresía y así matar con el engaño. ¿Qué esperanza es la del hipócrita?, pregunta Job. Ninguna, pues ni la tiene por lo malo que es ni por lo que parece ser, pareciendo siempre lo que no es. Y sólo toman a Dios como instrumento para dañar. De ahí que Cristo diera a sus discípulos un solo precepto negativo: "No queráis ser como los hipócritas tristes." Y con muchos preceptos y comparaciones, los enseñó a ser como la luz, como sal, como convidado, como el talento, advirtiendo que en no ser hipócritas está el no ser en ninguna manera indignos, porque el hipócrita es malo de todas maneras.Así es que el Desengaño registra lo que pasa en el Reino Cotorrocuica. Y lo que pasa es un entierro donde vienen envainados pícaros en unos sayos grandes colorados, haciendo una taracea de mullidores, esponjando y agüecando con rellenos de incienso y campanitas doctrinales a los muchachos para que sean meninos de la muerte y lacayuelos del ataúd, chirriando la calavera, gritando letanías, galopando responsos, abreviando para que se derritan las velas y ganar tiempo haciendo a todos galloferos, hipócritas mendigando en la pobreza con hachas, y deformando más el cuerpo al hombrear falazmente testifican el peso del Difunto. Esta es una larga procesión de adláteres en tristeza y luto viudo, anegado en capuz de bayeta devanado en una chía, perdiendo el rostro en la falda de un sombrero, con los ojos perdidos, los pasos corvos e impedidos por el peso de diez arrobas de cola que arrastra, tardo y perezoso. ¡Ay, Cotorra dichosa, si lo puedes ser en la muerte sin fe y sin amor, más allá de la vida y la sepultura! ¡Por dentro y por fuera, el motor de búsqueda te da "Desvergonzado" como resultado! ¡Con cuánta verdad el ser desmiente a las apariencias!Con quienes te acompañan, Cotorrácuo, ¿quién no juzgara que unos alumbran algo y que otros no es algo lo que acompañan sino pompa? Lo que allí va no es nada, ciertamente, porque aun en vida lo era y en muerte dejó ya de ser, y que no le sirva de nada todo, es evidencia de una vanidad y soberbia que muere. Allí va tierra de menos fruto y más espantosa que la que pisas, por sí no merecedora de alguna honra, ni aun de ser cultivada con arado y azadón. ¿Y esos con las hachas? No las atizan para que atizadas alumbren más, sino porque, atizadas a menudo, se derriten más y ellos hurtan más cera para vender, mordisquean la sepultura para arrancarle el valor de la limosna. ¿Ves la tristeza en los convidados al entierro dados al diablo con los que convidaron, paseándose en los negocios? Tanto amigos de la mano en el entierro y a misacantanos, un convite sin fiesta ninguna donde se lamenta haber entrado en semejante barahúnda, gastos de cofradía, muertes de repente sin médicos pero con jarabes y pócimas, enviudando a diario, fiados en su mala condición y endemoniada vida. ¡Qué diferentes son las cosas del mundo de como las vemos! Ya pierden contigo todo el crédito de tus ojos y nada creerás menos de lo que vieres.Con toda hipocresía, pasa frente a nosotros el entierro lento y decadente del Infernal Reino Cotorrocuica, como si hubiera de pasar por nosotros eternamente, y como si el Difunto Cotorrín fuera enseñándonos y dirigiendo el camino hacia las profundidades más oscuras. Pero mudo va, pese a los gritos, y diciéndonos: "Delante voy, donde aguardo a los que quedéis, acompañando a otros que yo vi pasar con el mismo propio descuido." Porque este es un llanto muy autorizado, aunque poco provechoso para el Difunto. Y suenan palmadas de rato en rato, un palmeado de disciplinantes junto a sollozos estirados, embutidos en suspiros, pujados por falta de gana, en la casa despojada y paredes desnudas, con el Cuitado en un aposento oscuro sin luz alguna, llorando a tiento y a cántaros porque el espejo se ha roto y los Testaferrondinis andan en una sonadera de narices que hunde la cuadra, purgándose en un pésame donde las lenguas, las narices y los ojos echan cuanto mal tienen…

Aprobada Ley de Ordenamiento Territorial


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The Political Nature of the Economic Crisis


By: George Friedman - Classical economists like Adam Smith and David Ricardo referred to their discipline as “political economy.” Smith’s great work, “The Wealth of Nations,” was written by the man who held the chair in moral philosophy at the University of Glasgow. This did not seem odd at the time and is not odd now. Economics is not a freestanding discipline, regardless of how it is regarded today. It is a discipline that can only be understood when linked to politics, since the wealth of a nation rests on both these foundations, and it can best be understood by someone who approaches it from a moral standpoint, since economics makes significant assumptions about both human nature and proper behavior. The modern penchant to regard economics as a discrete science parallels the belief that economics is a distinct sphere of existence — at its best when it is divorced from political and even moral considerations. Our view has always been that the economy can only be understood and forecast in the context of politics, and that the desire to separate the two derives from a moral teaching that Smith would not embrace. Smith understood that the word “economy” without the adjective “political” did not describe reality. We need to bear Smith in mind when we try to understand the current crisis. Societies have two sorts of financial crises. The first sort is so large it overwhelms a society’s ability to overcome it, and the society sinks deeper into dysfunction and poverty. In the second sort, the society has the resources to manage the situation — albeit at a collective price. Societies that can manage the crisis have two broad strategies. The first strategy is to allow the market to solve the problem over time. The second strategy is to have the state organize the resources of society to speed up the resolution. The market solution is more efficient over time, producing better outcomes and disciplining financial decision-making in the long run. But the market solution can create massive collateral damage, such as high unemployment, on the way to the superior resolution. The state-organized resolution creates inequities by not sufficiently punishing poor economic decisions, and creates long-term inefficiencies that are costly. But it has the virtue of being quicker and mitigating collateral damage. Three Views of the Financial Crisis - There is a first group that argues the current financial crisis already has outstripped available social resources, so that there is no market or state solution. This group asserts that the imbalances created in the financial markets are so vast that the market solution must consist of an extended period of depression. Any attempt by the state to appropriate social resources to solve the financial imbalance not only will be ineffective, it will prolong the crisis even further, although perhaps buying some minor alleviation up front. The thinking goes that the financial crisis has been building for years and the economy can no longer be protected from it, and that therefore an extended period of discipline and austerity — beginning with severe economic dislocations — is inevitable. This is not a majority view, but it is widespread; it opposes governmen t action on the grounds that the government will make a terrible situation worse. A second group argues that the financial crisis has not outstripped the ability of society — organized by the state — to manage, but that it has outstripped the market’s ability to manage it. The financial markets have been the problem, according to this view, and have created a massive liquidity crisis. The economy — as distinct from the financial markets — is relatively sound, but if the liquidity crisis is left unsolved, it will begin to affect the economy as a whole. Since the financial markets are unable to solve the problem in a time frame that will not dramatically affect the economy, the state must mobilize resources to impose a solution on the financial markets, introducing liquidity as the preface to any further solutions. This group believes, like the first group, that the financial crisis could have profound economic ramifications. But the second group also believes it is possible to contain the consequences. This is the view of th e Bush administration, the congressional leadership, the Federal Reserve Board and most economic leaders. There is a third group that argues that the state mobilization of resources to save the financial system is in fact an attempt to save financial institutions, including many of those whose imprudence and avarice caused the current crisis. This group divides in two. The first subgroup agrees the current financial crisis could have profound economic consequences, but believes a solution exists that would bring liquidity to the financial markets without rescuing the culpable. The second subgroup argues that the threat to the economic system is overblown, and that the financial crisis will correct itself without major state intervention but with some limited implementation of new regulations. The first group thus views the situation as beyond salvation, and certainly rejects any political solution as incapable of addressing the issues from the standpoint of magnitude or competence. This group is out of the political game by its own rules, since for it the situation is beyond the ability of politics to make a difference — except perhaps to make the situation worse. The second group represents the establishment consensus, which is that the markets cannot solve the problem but the federal government can — provided it acts quickly and decisively enough. The third group spoke Sept. 29, when a coalition of Democrats and Republicans defeated the establishment proposal. For a myriad of reasons, some contradictory, this group opposed the bailout. The reasons ranged from moral outrage at protecting the interests of the perpetrators of this crisis to distrust of a plan implemented by this presidential administration, from distrust of the amount of power ceded the Treasury Department of any administration to a feeling the problem could be managed. It was a diverse group that focused on one premise — namely, that delay would not lead to economic catastrophe.
From Economic to Political Problem - The problem ceased to be an economic problem months ago. More precisely, the economic problem has transformed into a political problem. Ever since the collapse of Bear Stearns, the primary actor in the drama has been the federal government and the Federal Reserve, with its powers increasing as the nature of potential market outcomes became more and more unsettling. At a certain point, the size of the problem outstripped the legislated resources of the Treasury and the Fed, so they went to Congress for more power and money. This time, they were blocked. It is useful to reflect on the nature of the crisis. It is a tale that can be as complicated as you wish to make it, but it is in essence simple and elegant. As interest rates declined in recent years, investors — particularly conservative ones — sought to increase their return without giving up safety and liquidity. They wanted something for nothing, and the market obliged. They were given instruments ultimately based on mortgages on private homes. They therefore had a very real asset base — a house — and therefore had collateral. The value of homes historically had risen, and therefore the value of the assets appeared secured. Financial instruments of increasing complexity eventually were devised, which were bought by conservative investors. In due course, these instruments were bought by less conservative investors, who used them as collateral for borrowing money. They used this money to buy other instruments in a pyramiding scheme that rested on one premise: the existence of houses whose value remained stable or grew. Unfortunately, housing prices declined. A period of uncertainty about the value of the paper based on home mortgages followed. People claimed to be confused as to what the real value of the paper was. In fact, they were not so much confused as deceptive. They didn’t want to reveal that the value of the paper had declined dramatically. At a certain point, the facts could no longer be hidden, and vast amounts of value evaporated — taking with them not only the vast pyramids of those who first created the instruments and then borrowed heavily against them, but also the more conservative investors trying to put their money in a secure space while squeezing out a few extra points of interest. The decline in housing prices triggered massive losses of money in the financial markets, as well as reluctance to lend based on uncertainty of values. The resu lt was a liquidity crisis, which simply meant that a lot of people had gone broke and that those who still had money weren’t lending it — certainly not to financial institutions. The S&L Precedent - Such financial meltdowns based on shifts in real estate prices are not new. In the 1970s, regulations on savings and loans (S&Ls) had changed. Previously, S&Ls had been limited to lending in the consumer market, primarily in mortgages for homes. But the regulations shifted, and they became allowed to invest more broadly. The assets of these small banks, of which there were thousands, were attractive in that they were a pool of cash available for investment. The S&Ls subsequently went into commercial real estate, sometimes with their old management, sometimes with new management who had bought them, as their depositors no longer held them. The infusion of money from the S&Ls drove up the price of commercial real estate, which the institutions regarded as stable and conservative investments, not unlike private homes. They did not take into account that their presence in the market was driving up the price of commercial real estate irrationally, however, or that commercial real estate prices fluctuate dramatically. As commercial real estate values started to fall, the assets of the S&Ls contracted until most failed. An entire sector of the financial system simply imploded, crushing shareholders and threatening a massive liquidity crisis. By the late 1980s, the entire sector had melted down, and in 1989 the federal government intervened. The federal government intervened in that crisis as it had in several crises large and small since 1929. Using the resources at its disposal, the federal government took over failed S&Ls and their real estate investments, creating the Resolution Trust Corp. (RTC). The amount of assets acquired was about $394 billion dollars in 1989 — or 6.7 percent of gross domestic product (GDP) — making it larger than the $700 billion dollars — or 5 percent of GDP — being discussed now. Rather than flooding the markets with foreclosed commercial property, creating havoc in the market and further destroying assets, the RTC held the commercial properties off the market, maintaining their price artificially. They then sold off the foreclosed properties in a multiyear sequence that recovered much of what had been spent acquiring the properties. More important, it prevented the decline in commercial real estate from accelerating and creating liquidity crises throug hout the entire economy. Many of those involved in S&Ls were ruined. Others managed to use the RTC system to recover real estate and to profit. Still others came in from the outside and used the RTC system to build fortunes. The RTC is not something to use as moral lesson for your children. But the RTC managed to prevent the transformation of a financial crisis into an economic meltdown. It disrupted market operations by introducing large amounts of federal money to bring liquidity to the system, then used the ability of the federal government — not shared by individuals — to hold on to properties. The disruption of the market’s normal operations was designed to avoid a market outcome. By holding on to the assets, the federal government was able to create an artificial market in real estate, one in which supply was constrained by the government to manage the value of commercial real estate. It did not work perfectly — far from it. But it managed to avoid the most feared outcome, which was a depression. There have been many other federal interventions in the markets, such as the bailout of Chrysler in the 1970s or the intervention into failed Third World bonds in the 1980s. Political interventions in the American (or global) marketplace are hardly novel. They are used to control the consequences of bad decisions in the marketplace. Though they introduce inefficiencies and frequently reward foolish decisions, they achieve a single end: limiting the economic consequences of these decisions on the economy as a whole. Good idea or not, these interventions are institutionalized in American economic life and culture. The ability of Americans to be shocked at the thought of bailouts is interesting, since they are not all that rare, as judged historically. The RTC showed the ability of federal resources — using taxpayer dollars — to control financial processes. In the end, the S&L story was simply one of bad decisions resulting in a shortage of dollars. On top of a vast economy, the U.S. government can mobilize large amounts of dollars as needed. It therefore can redefine the market for money. It did so in 1989 during the S&L crisis, and there was a general acceptance it would do so again Sept. 29. The RTC Model and the Road Ahead -As discussed above, the first group argues the current crisis is so large that it is beyond the federal government’s ability to redefine. More precisely, it would argue that the attempt at intervention would unleash other consequences — such as weakening dollars and inflation — meaning the cure would be worse than the disease. That may be the case this time, but it is difficult to see why the consequences of this bailout would be profoundly different from the RTC bailout — namely, a normal recession that would probably happen anyway. The debate between the political leadership and those opposing its plan is more interesting. The fundamental difference between the RTC and the current bailout was institutional. Congress created a semi-independent agency operating under guidelines to administer the S&L bailout. The proposal that was defeated Sept. 29 would have given the secretary of the Treasury extraordinary personal powers to dispense the money. Some also argued that the return on the federal investment was unclear, whereas in the RTC case it was fairly clear. In the end, all of this turned on the question of urgency. The establishment group argued that time was running out and the financial crisis was about to morph into an economic crisis. Those voting against the proposal argued there was enough time to have a more defined solution. There was obviously a more direct political dimension to all this. Elections are just more than a month a way, and the seat of every U.S. representative is in contest. The public is deeply distrustful of the establishment, and particularly of the idea that the people who caused the crisis might benefit from the bailout. The congressional opponents of the plan needed to demonstrate sensitivity to public opinion. Having done so, if they force a redefinition of the bailout plan, an additional 13 votes can likely be found to pass the measure. But the key issue is this: Are the resources of the United States sufficient to redefine financial markets in such a way as to manage the outcome of this crisis, or has the crisis become so large that even the resources of a $14 trillion economy mobilized by the state can’t do the job? If the latter is true, then all other discussions are irrelevant. Events will take their course, and nothing can be done. But if that is not true, that means that politics defines the crisis, as it has other crisis. In that case, the federal government can marshal the resources needed to redefine the markets and the key decision-makers are not on Wall Street, but in Washington. Thus, when the chips are down, the state trumps the markets. All of this may not be desirable, efficient or wise, but as an empirical fact, it is the way American society works and has worked for a long time. We are seeing a case study in it — including the possibility the state will refuse to act, creating an interesting and profound situation. This would allow the market alone to define the outcome of the crisis. This has not been allowed in extreme crises in 75 years, and we suspect this tradition of intervention will not be broken now. The federal government will act in due course, and an institutional resolution taking power from the Treasury and placing it in the equivalent of the RTC will emerge. The question is how much time remains before massive damage is done to the economy. Tell Stratfor What You Think

Tratado Mundial por la Paz

http://www.odemo.blogspot.com/
Nosotros, ciudadanos del mundo, entendemos la Paz como un estado de funcionamiento social, económico, político y cultural que permite a los ciudadanos convivir bajo las reglas jurídicas establecidas, el diálogo y el consenso (ODEMO, 2007). Bajo estas premisas, exhortamos a todos los Gobiernos y Estados de las Naciones Unidas a suscribir y a reconocer el siguiente Tratado:
1) La Paz es un Derecho irrenunciable y universal que debe garantizar todo Gobierno y Estado a sus ciudadanos de forma cooperativa, por ser una condición básica para la existencia y la preservación de la vida. La Paz debe ser oficialmente considerada como un Derecho Humano en un anexo de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
2) Para construir la Paz desde sus bases, los Estados y Gobiernos deben proceder de inmediato al desarme paulatino de la población civil en todo el mundo, decretando leyes nacionales que impongan penas de al menos diez (10) años por la tenencia de armas de fuego u otros mecanismos diseñados para dar muerte en manos de civiles.
3) Todo tema que pueda generar conflictos entre nacionales o entre nacionales y extranjeros, debe ser sometido a procesos libres y amplios de consulta y consenso popular entre los afectados, involucrados y colaboradores; apelando siempre al diálogo, la negociación y la resolución pacífica de controversias como forma exclusiva de dirimir las diferencias. En este sentido, siempre debe privar el criterio pacífico de los ciudadanos.
4) Se debe proceder a reducir paulatinamente el gasto en militar en todo el mundo, toda vez que creadas progresivamente las condiciones anteriores, se hace innecesario la existencia de enormes contingentes humanos, materiales y económicos dedicados a tales fines. La situación óptima que proponemos, es la eliminación por ley internacional de las Fuerzas de Guerra, contando en cada país con sólo fuerzas de prevención, resguardo y seguridad ciudadana.
5) La Guerra, el terrorismo y cualquier manifestación organizada de violencia, sea cual fuere su origen y expresión, serán consideradas violaciones a los Derechos Humanos y delitos de Lesa Humanidad. Por esa razón, sus promotores y auspiciantes serán acusados de atentar contra la vida en el planeta y la privación de su libertad deberá ser perpetua, por considerárseles un peligro permanente para la raza humana.
6) Se prohibirán específica e inmediatamente en el todo el mundo la fabricación de minas antipersonales, granadas, municiones explosivas y blindadas, lanza llamas, armas químicas, bacteriológicas y nucleares, así como cualquier otro instrumento o mecanismo que atente contra la vida de los civiles.