martes, 23 de diciembre de 2008

Tres cosas

Hay tres cosas en la vida que una vez que pasan,
nunca regresan:
El Tiempo
Las Palabras
Las Oportunidades
Hay tres cosas en la vida
que pueden destruir a una persona:
El Enojo
El Orgullo
No Perdonar
Hay tres cosas en la vida
que usted nunca debe perder:
La Esperanza
La Paz
La Honestidad
Hay tres cosas en la vida
de mayor valor:
El Amor
La Familia y los Amigos
La Bondad
Hay tres cosas en la vida
que no son seguras:
La Fortuna
El Éxito
Los Sueños
Hay tres cosas en la vida
que forman una persona:
El Compromiso
La Sinceridad
El Trabajo Duro
Hay tres Divinas Personas
que son verdaderamente constantes:
El Padre
El Hijo
El Espíritu Santo
*
Le pido a Dios
que te bendiga, te guíe y te proteja a través de tu camino.
El amor de Dios siempre estará contigo.
Sabes que Sus promesas son verdaderas.
Sabes que al entregarle tus preocupaciones,
Él te estará mirando y te llevará hacia adelante.
Feliz Navidad

Poemas para un amigo

Poemas para un amigo
Existen numerosos tipos de relaciones sociales que vinculan a las personas, pero pocas son tan intensas e importantes como la amistad. Un amigo puede constituirse en un hermano de la vida, un ser al que no nos vincula la sangre pero sí el amor. No es casual que la palabra amigo derive del latín amicus, que a su vez proviene del término amore: “amar”. La verdadera amistad es desinteresada y se basa en sentimientos mutuos de cariño, confianza, sinceridad, respeto y consuelo. Ni siquiera hace falta pertenecer a una misma especie para forjar una amistad: por algo, muchas veces se considera al perro como el mejor amigo del hombre. Como dijo alguna vez el filósofo inglés Francis Bacon, la amistad tiene la asombrosa capacidad de duplicar las alegrías y de dividir las angustias por la mitad. El mundo de la literatura, por supuesto, no es ajeno a las grandes amistades. Algunas que perduraron a lo largo de los años, como la que supieron entablar los argentinos Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Y otras que, en cambio, se terminaron por razones que nunca fueron confesadas en público, como en el caso del colombiano Gabriel García Márquez y el peruano Mario Vargas Llosa. ¿Cómo expresar con palabras un vínculo con características como la amistad? Una vez más, como en todas las dimensiones profundas de la vida, aparece la poesía al rescate. Los poemas para un amigo nos ayudan a expresarle nuestros sentimientos a aquella persona que tanto queremos. “Algunas amistades son eternas”, por ejemplo, es perfecto para agradecer a aquel buen amigo que nos levantó el ánimo en un momento difícil y que nos hizo entender que la realidad también puede ser plena y brillante. “El árbol de los amigos”, por su parte, resulta ideal para referirse a distintos tipos de amistad. Porque, tal como dicen los versos de este poema, hay amigos que caminan a nuestro lado y otros que apenas vemos, pero que igual merecen ser llamados amigos. No lo dudes: si quieres homenajear a tu amigo, nada mejorar que repasar aquellos poemas que se refieren a la amistad y elegir el más apropiado para lo que deseas transmitir.
***//***
Algunas veces encuentras en la vida
una amistad especial:
ese alguien que al entrar en tu vida
la cambia por completo.
Ese alguien que te hace reir sin cesar;
ese alguien que te hace creer que en el mundo
existen realmente cosas buenas.
Ese alguien que te convence
de que hay una puerta
lista para que tú la abras.
Esa es una amistad eterna...
Cuando estás triste
y el mundo parece oscuro y vacío,
esa amistad eterna levanta tu ánimo
y hace que ese mundo oscuro y vacío
de repente parezca brillante y pleno.
Tu amistad eterna te ayuda
en los momentos difíciles,
tristes, y de gran confusión.
Si te alejas,
tu amistad eterna te sigue.
Si pierdes el camino,
tu amistad eterna te guía y te alegra.
Tu amistad eterna te lleva de la mano
y te dice que todo va a salir bien.
Si tú encuentras tal amistad
te sientes feliz y lleno de gozo
porque no tienes nada de qué preocuparte.
Tienes una amistad para toda la vida,
ya que una amistad eterna no tiene fin.

Oraciones unimembres

Oraciones unimembres - Por Julián Pérez Porto - Aunque cada vez que escribimos nos valemos de ellas, las oraciones no siempre son analizadas según sus características. Por eso resulta interesante que, de vez en cuando, dejemos de lado el contenido de ellas para estudiar su estructura y, así, profundizar nuestros conocimientos acerca de esta herramienta fundamental a la hora de escribir. Ya tuvimos oportunidad de conocer las características de la oración simple y de la compuesta. Hoy es el turno de hacer referencia a las unimembres. Esta clase de oraciones, también definida como predicado directo, tiene la particularidad de estar formada por una o pocas palabras donde el verbo no existe o es impersonal, razón por la cual su análisis no se puede dividir en sujeto-predicado. Sólo sirven para satisfacer las necesidades comunicativas y cumplir con las fórmulas de cortesía, tales como el saludo y la despedida, entre otras. Las oraciones unimembres pueden estar formadas por interjecciones (las cuales pueden dividirse en propias e impropias), ser frases admirativas (grupos de palabras estereotipadas que, por lo general se presentan bajo la forma de “¡Qué + adjetivo!”), vocativas (aquellas que se utilizan para captar la atención de otra persona, tales como “¡Hey!” o “¡Tú!”), fórmulas estereotipadas o condensaciones (grupo en el que se ubican preguntas como “¿Qué?” o “¿Quién?”, respuestas como “No” o “Sí”, deseos como “Buena suerte” o “Felicitaciones”, órdenes como “¡Silencio!”, o exclamaciones, tales como “¡Bien!” o “¡Alto!”). “Buenos días”, “Hola”, “Llueve a cántaros”, “Nevó mucho”, “Adiós”, “¡Qué calor!”, “Por favor”, “¡Fuego!”, “¡Socorro!”, “Muchas gracias”, “Hasta luego”, “¡Dios mío!”, y “¡Qué hermoso!” son algunas de las expresiones que se enmarcan dentro de esta clasificación de oraciones donde no es posible distinguir un sujeto y un predicado.

Manuel Mujica Láinez


De ilustres y aristocráticos orígenes, era hijo de Manuel Mujica Farías y Lucía Láinez Varela. Su abuelo paterno, Eleuterio Santos Mujica y Covarrubias, descendiente nada menos que del fundador de Buenos Aires, Juan de Garay, le inculcó el amor a la tierra natal y el materno, Bernabé Láinez Cané, el gusto por la literatura. Su abuela materna, Justa Varela, era sobrina de Juan Cruz y Florencio Varela. En 1923 la familia de Torres viajó a Boedo, Argentina y el joven se educó durante dos años en París. Su primera novela, dedicada a su padre, fue escrita en francés y se tituló Louis XVII. Terminó su educación secundaria en el Colegio Nacional de San Isidro. En 1928 ingresó en la Facultad de Derecho, que abandonó dos años después. En 1932 accedió como redactor al diario La Nación, en cuyas páginas llegaría a jubilarse. Contrajo matrimonio en 1936 con Ana de Alvear Ortiz Basualdo, y ese mismo año publicó Glosas castellanas, una serie de ensayos, la mayoría de los cuales se centra en el Quijote. Tuvo 3 hijos Diego, Ana y Manuel. Dos años después publica Don Galaz de Buenos Aires. Sigue la biografía de su antepasado Miguel Cané (Padre) en 1942, y Aniceto el Gallo (1943) y Anastasio el Pollo (1947), biografías de Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo respectivamente. En 1949 publica un libro de cuentos, Aquí vivieron en torno a una quinta de San Isidro. Su segundo libro de cuentos, Misteriosa Buenos Aires, se ambienta también en la capital de Argentina y su historia desde su fundación, mezclando personajes típicos ficticios y hechos y personajes reales. Después siguió una serie de libros sobre la sociedad porteña de su época, con un tinte decadente: Los ídolos, La casa, Los viajeros, Invitados en El Paraíso. Con Bomarzo inicia un nuevo ciclo de obras eruditas y fantásticas en el molde de la novela histórica. Es una historia sobre el Renacimiento italiano narrada por un muerto, Pier Francesco Orsini, el noble jorobado que dio nombre a los famosos y extravagantes jardines italianos de Bomarzo. En esta novela puede asistirse a la coronación de Carlos I de España, a la batalla de Lepanto, pasando por las poco edificantes costumbres de papas y personajes de la época y crímenes de copa y puñal. La obra ha dado argumento a una ópera premiada y mundialmente reconocida con música de Alberto Ginastera y cuyo libreto compuso el mismo Mujica Láinez. Se estrenó en Washington en 1976 y fue prohibida en la Argentina de la época. El unicornio se ambienta en la Edad Media francesa de los trovadores. Su protagonista es el hada Melusina, víctima de una maldición que le da, todos los sábados, cuerpo de serpiente y alas de murciélago, que es testigo de los avatares de la época de las Cruzadas y sigue las peripecias de su prole de Lusignan hasta la toma de Jerusalén por Saladino. Le suceden Crónicas reales, y De milagros y melancolías. A punto de jubilarse de su trabajo como crítico de arte y columnista en el diario La Nación, compró una quinta en las sierras de Córdoba a la que fue a menudo para escapar de los compromisos de Buenos Aires y lograr tranquilidad para dedicarse a escribir. Al fin en 1969 el escritor y su familia se trasladaron a la zona de Cruz Chica en La Cumbre, Córdoba, a una antigua casona de estilo colonial español, rodeada por un importante parque, "El Paraíso". Allí escribió Cecil, El laberinto, otra novela histórica protagonizada por "Ginés de Silva", el chico que, en la parte inferior del cuadro El entierro del Conde de Orgaz del Greco sostiene un cirio encendido mirando al espectador y presentando la escena y que según ciertos autores era Juan Manuel, el hijo del Greco). La novela muestra la España de tiempos de Felipe II, su esplendor y su miseria, antes de que el protagonista parta hacia América. Éste declara ser hijo de la ilustre fregona cervantina y sobrino del Caballero de la mano en el pecho, y con esos mimbres presentará a personajes que van desde Lope de Vega al Inca Garcilaso, pasando por Fray Martín de Porres o Juan Espera-en-Dios, el Judío Errante (que aparece en todas las obras de la tetralogía formada por Bomarzo, El unicornio y El escarabajo de una forma u otra). Otros libros de Manucho son El viaje de los siete demonios, Sergio, Los cisnes, El brazalete, El Gran Teatro y Un novelista en el Museo del Prado. Todavía publicó una novela histórica más, El escarabajo, sobre un anillo egipcio que es a la vez el narrador de la historia de todos sus posesores, desde la reina Nefertari hasta una millonaria estadounidense, pasando por la mano de uno de los asesinos de Julio César o la de Miguel Ángel, entre otros. La prosa de Manuel Mujica Láinez es fluida y culta, de sabor algo arcaico y preciosista; rehuye la palabra demasiado común, sin buscar sin embargo la desconocida para el lector. Es especialmente hábil en reconstruir ambientes, gracias a un dotado talento descriptivo y una gran formación como crítico de arte, aparte de su rica inventiva. El autor, seducido por las doctrinas esotéricas, creía firmemente en la reencarnación y declaró escribir para huir del tiempo. Ese es el tema central de la mayor parte de sus obras. En su narrativa pueden establecerse principalmente dos vertientes: de tema argentino (La casa, Los viajeros, Invitados en El Paraíso, El Gran Teatro) y las novelas históricas (Bomarzo, El unicornio, El laberinto y El escarabajo). Se sintió igual de a gusto en el cuento (Aquí vivieron, Misteriosa Buenos Aires, Crónicas reales, Un novelista en el Museo del Prado y Cuentos completos) que en la novela. Se ha dicho que su obra maestra es Bomarzo (1962). Se le deben, además, traducciones de los Sonetos de William Shakespeare y de piezas de Racine, Molière y Marivaux. "Manucho" Mujica Láinez fue elegido, en 1956, miembro de la Academia Argentina de Letras y en 1959 académico de la de Bellas Artes. Obtuvo múltiples premios por su obra literaria, entre ellos el Gran Premio de Honor de la SADE en 1955 a su novela La casa, el Premio Nacional de Literatura en 1963 por su novela Bomarzo, y La Legión de Honor del Gobierno de Francia en 1982. Compartió con Ginastera el Premio Pulitzer que se confirió a la ópera Bomarzo. A pocas semanas de su muerte, fue nombrado ciudadano ilustre de Buenos Aires. Sus libros han sido traducidos a más de quince idiomas. Ortografía de su nombre. En realidad, el novelista escribía sus apellidos sin acentos y así aparecen en todos los libros publicados durante su vida. El hombrecito del azulejo Glosas castellanas (1936) Don Galaz de Buenos Aires (1938) Miguel Cané (padre) (1942) Canto a Buenos Aires -poemas- (1943) Estampas de Buenos Aires (1946) Aquí vivieron (1949) Misteriosa Buenos Aires (1950) El hombrecito del azulejo Los ídolos (1952) La casa (1954) Los viajeros (1955) Invitados en el paraíso (1957) Bomarzo (1962) El unicornio (1965) Bomarzo, libreto para una ópera con música de Alberto Ginastera (1967) Crónicas reales (1967) De milagros y de melancolías (1969) Narciso
Cecil (1972) El viaje de los siete demonios (1974) Sergio (1976) Los cisnes (1977) El brazalete (1981) El escarabajo (1982) Cuentos inéditos (1993) La galera El ilustre amor Importancia.