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lunes, 8 de diciembre de 2008

Los folios emborronados de baja intensidad


Por Teódulo López Meléndez - teodulolopezm@yahoo.com - La historia no se escribe en las puertas de las instituciones dependientes y serviles. Lo único que queda de los folios del legajo es la mancha amarilla, una igual a la que queda por donde dirigieron sus pasos los amanuenses a invocar justicia donde no la hay, pero amparados por aquello de “hay que dejar constancia”. No invocan jurisprudencia los actos absurdos. No hay interpretación de norma en la testuz inclinada frente al poder del dictador. No hay raciocinio en los argumentos jurídicos a los que recurren los oportunistas de ocasión para presentar descabelladas tesis con el único sentido de ganar espacio en la televisora antes de que la cierren. De “baja intensidad” es el “terrorismo de Estado”, según el comunicado de esa decepcionante directiva del Colegio Nacional de Periodistas. Tal precisión en los decibeles, en la modulación del lenguaje, en la perturbación auditiva, quiere decir que las bombas no deberán ser lacrimógenas sino que deben derribar paredes, abrir huecos profundos y dejar un reguero de huesos quebrados y de sangre. Entonces el CNP nos hablará, sólo entonces, de “alta intensidad”, con ese lenguaje tan preciso que parece cortado con un bisturí de diamante de baja intensidad. Cuanta precisión en la terminología jurídica, tanta que se hace pacotilla barata, porque uno se dice “si es ilegal y no vamos, pues aprobará la enmienda con un similar pequeño número de votos que permitió elegir a esta sombría y detestable Asamblea Nacional”. Cuanta exactitud en el lenguaje del gremio. Cuanta medición en los comportamientos. Cuanta vacilación para buscar los resquicios del escondite. Cuan profunda la reflexión filosófica de la Defensora del Pueblo al proclamar la enmienda como positiva para la democracia. Cuan elocuente el silencio, la complicidad, el estudio del lenguaje y el desvarío. De baja intensidad ha sido ver a los concejales metropolitanos refugiados en el Colegio de Ingenieros. De alta intensidad hubiese sido verlos planeados por las Guardia Nacional que ocupó su sede. De baja intensidad ha sido ver al Alcalde Metropolitano Antonio Ledezma como alma en pena. De alta intensidad hubiese sido verlo esposado y conducido a la policía política. De baja intensidad ha sido ver como el Concejo Legislativo del Táchira aplaza para enero la juramentación del gobernador Pérez Vivas. De alta intensidad hubiese sido verlo expulsado al otro lado de la frontera, pues, al fin y al cabo, está cerca. De baja intensidad ha sido ver al gobernador Capriles despojado de todo, menos del nombre, al igual que sus otros colegas. De alta intensidad hubiese sido que los colgaran como a Gual y España. Todo ha sido de baja intensidad. El golpe de Estado que el régimen ha protagonizado ha sido de baja intensidad, pues para darlo no ha disparado ni un solo tiro. “El Nacional” tiene título para otro editorial: “Trapo rojo de baja intensidad”. Los dirigentes partidistas tienen alegato: “Todo esto que pasa es de baja intensidad”. Patria para todos” tiene ya contenidos para su funambulesco lenguaje: “Someteremos a consideración de nuestra militancia esta reelección de baja intensidad y nos plantearemos si debe ser para todos los de baja intensidad y no sólo para el presidente”. “El demonio es de baja intensidad”, pueden alegar los exorcistas. El regalo de los dirigentes de los comunicadores ha sido “específicamente” de baja intensidad, pues es esa “la información que manejan por ahora”, la cual será ampliada en el próximo comunicado de baja intensidad, se podría argumentar para caer en la jerga de latiguillos que usan a diario. “Presidente, déjenos pasar la Navidad en paz”, ha pedido solícito el director general de Globovisión. Ese es un extraño pedimento. Puede significar “vuelva a jorobarnos en enero”. Puede significar “déjenos en paz en la temporada alta de publicidad”. En cualquier caso pedirle paz a un presidente es algo muy extraño, especialmente cuando se hace por el corto período navideño. Si el presidente no nos deja en paz, habrá que hacer algo más que pedirle que nos deje en paz, colige uno sopesando la baja intensidad del planteamiento. Esto parece un país de testuzos. La república está de baja intensidad. La dignidad de la república está de baja intensidad. La hombría está de baja intensidad. La pérdida de la república será calificada de baja intensidad. Los llamados dirigentes son de baja intensidad. Aquí quedamos hombres de alta intensidad.

Frase del Dìa


La democracia no es el silencio, es la claridad con que se exponen los problemas y la existencia de medios para resolverlos.
Enrique Múgica Herzog

Engaño, premeditación y alevosía


Desde el Gobierno Central se está engañando con premeditación y alevosía al pueblo venezolano. Basta una revisión rápida a los números para medir la cuantía y trascendencia de ese engaño.Es un hecho inocultable que el precio de la cesta petrolera venezolana ya cayó por debajo de los $40 el barril, y se prevé que la rodada siga su curso, lo cual tendrá un fuerte impacto para el país en 2009. A pesar de esta realidad, no se observa por parte del Gobierno indicio alguno de que alguna medida para disminuir el impacto de la previsible y severa disminución de ingresos. Con su indiferente actitud en cuanto a lo económico, el oficialismo quiere hacer ver que no hay crisis alguna en pleno desarrollo y se ufana de que en los primeros nueve meses de 2008 la Balanza de Pagos registró un superávit de $5 millardos. No entiende el Gobierno que este resultado no es para vanagloriarse, en especial si se toma en cuenta que el país se endeudó en 2008 en $10 millardos, principalmente en nueva deuda de PDVSA. Si no se hubiese contraído esa deuda, la Balanza de Pagos hubiera registrado un déficit $5 millardos. Por otro lado, el Presupuesto del Gobierno Central tuvo un déficit de Bs.F.12 millardos, equivalente a $5,5 millardos. Lo peor es que estos pobres resultados se produjeron cuando el precio promedio de la cesta venezolana estaba en $101/bbl, y no en los actuales niveles de $40/bbl. Tal vez en 2009 el precio de la cesta venezolana se pueda recuperar y llegar a un promedio de $51/bbl. Lo malo es que tampoco en ese escenario "optimista" las cosas lucen bien para Venezuela. Para visualizar la magnitud del problema que se presentaría valga observar lo siguiente: Si usted es de los que creen que el Gobierno dice la verdad cuando afirma que está exportando 2,8 millones de barriles diarios, y si el barril hubiera estado en $51 en 2008, manteniendo todos los otros parámetros iguales, el déficit de Balanza de Pagos para los primeros nueve meses de este año habría sido de $43 millardos y el del Gobierno Central hubiera llegado a $21 millardos. Esto significaría que en esos nueve meses el Gobierno no habría podido cubrir los $34 millardos de importaciones que se realizaron en ese período.Pero, si usted es de los que piensa que la OPEP y la Agencia Internacional de Energía son los que están en lo cierto, y Venezuela sólo está exportando 1,8 millones de barriles diarios, con el barril a $51, el déficit de la Balanza de Pagos en los primeros nueve meses de 2009 habría sido de $30 millardos y el del Gobierno Central de $21 millardos. Este monto tampoco da para mantener el ritmo de importaciones.En resumen, quizás los analistas se están quedando cortos en el alerta de la crisis que está en desarrollo y que mostrará su peor cara en 2009. Se piensa que la situación pudiera ser similar a la de 1989, cuando el recién electo de Carlos Andrés Pérez se encontró que Jaime Lusinchi le había dejado la botija vacía y al Banco Central sin reservas.En aquél entonces, CAP tuvo el valor de afrontar la crisis, recurrir al FMI, aplicar medidas drásticas e impopulares, y asumir el costo político que eso le representó. El resultado es que el país logró salir de la crisis en un corto plazo.Ahora, todo indica que Chávez privilegiará su proyecto político y sus ambiciones de poder ante el bienestar de la población, y no enfrentará la crisis con medidas acertadas ni con valentía.

Delegar o Pelar

Por: Eugenio Montoro - montoroe@yahoo.es - No hay forma de conducir sistemas u organizaciones complejas sin delegar. Delegar no consiste en trasladar a otros actividades sencillas, delegar es una transmisión de responsabilidad sobre temas específicos y generalmente importantes. Es por ello, principalmente, un acto de fe en otra persona y un acto de demostración de confianza. La delegación trae también una excelente consecuencia como lo es el crecimiento personal, intelectual y técnico de los que reciben la cosa delegada pues, al sentirse responsables, pondrán su mejor empeño en obtener buenos resultados. Así, delegar no solo es bueno para el que lo hace sino además para el que recibe la delegación. A los gerentes piratas les cuesta delegar porque temen que las metidas de pata de los otros las paguen ellos y entonces pretenden tomar todas las decisiones y controlarlo todo para que las cosas “salgan bien”. Es muy fácil reconocer a los gerentes piratas. Siempre están apurados, trabajan muchas horas, duermen poco y no tienen tiempo para divertirse. Tienen tendencia al mal humor y sus empleados se sienten incómodos. Un buen gerente elige a excelentes y talentosos colaboradores y delega. Corre el riesgo. Sus empleados se sentirán libres para tomar la mayor parte de las decisiones y ello le dará una gran velocidad a los procesos. El buen gerente se reconoce porque tiene buen humor, trabaja sin esfuerzo y los empleados lo respetan y aprecian. El Presidente Chávez corresponde perfectamente al modelo universal del gerente pirata. Esto no tiene nada que ver con nuestra opinión, evidentemente parcializada, sino con lo que Chávez muestra cada día todos los días. Por ejemplo, la política de comunicación solo tiene un vocero. El “Aló Presidente” es la mejor prueba. En política internacional uno solo decide y así por el estilo. El primer error de los gerentes piratas es escoger colaboradores sumisos en lugar de personas talentosas, de opinión propia y algo irreverentes con el jefe. Se rodean entonces de una temerosa mediocridad que dificulta la delegación. Chávez en su demostrada incompetencia para delegar y hacer crecer a su gente ha llegado a la conclusión (posiblemente correcta) que el socialismo XXI dura lo que dure él. Así que sin rodeos planteó (otra vez) su reelección. Realmente no tiene otra opción. El primer trimestre de 2009 es su última oportunidad para inventar puesto que, después, las garras de la falta de dinero lo inmovilizarán políticamente para siempre. Simultánea-mente está provocando a sus “enemigos” con los casos de Rosales, Globovisión y magnicidio (con una lista de “convenientes” molestosos) buscando que las protestas afloren en todo el País y actuar entonces en el campo en que los resultados de un gerente pirata se esconden. El mundo donde Chávez se desenvuelve bien, el mundo del desorden y la loquera. Así, si las vainas están mal es por culpa de esos opositores pitiyanquis que se la pasan protestando. Hay un viejo dicho que toca a la esencia de la delegación: “Solo los inseguros ansían la seguridad”. Los lloriqueos de “vienen por mi”, el espionaje interno en todos los organismos del Estado, los círculos de protección cubanos (pena ajena) que lo siguen por todas partes, lo muestran como un pobre inseguro que se imagina rodeado de tipos que lo quieren matar. Un buen gerente es un hombre o mujer con seguridad y con buena autoestima. Un gerente pirata es el sudoroso Chávez que, además, va a serlo más en esta pelazón que nos viene. No sería de extrañar que, frente a la inmensa dificultad que lo torturará, se le salten los tapones y renuncie.