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jueves, 9 de abril de 2009

Carta del Obispo Luis Márquez Molina a una pobre mujer.


Estimada Marjorie, El viernes pasado, tres de abril, lloré a pesar de mis setenta y dos años. Millones de venezolanos también lloraron. Esas lágrimas llegaron hasta Dios. He rezado mucho por Ud. Jamás podrá dormir tranquila, su esposo tampoco. No lo intente con somníferos. Será inútil. Su conciencia le reprochará el pecado de condenar inocentes. Le aconsejo leer la vida de Tomás Moro, el gran Canciller de Inglaterra, condenado por jueces inicuos manejados por el gobernante de turno. La iniquidad de un juez es castigada terriblemente en la Sagrada Escritura. Ud. no podrá tener un sueño tranquilo mientras estén muertos en vida los comisarios y policías. Le pido a Dios que le conceda la gracia de rectificar y condenar públicamente el terrorismo judicial. Rezo mucho por Ud. y no tengo sentimientos de odio sino de lástima. Recuerde unas enseñanzas que recibió con fe y alegría cuando hacía su bachillerato. Por presiones infames Ud. olvidó el gran mandamiento de los cristianos: amar y comprender. También pido por el Presidente de la República para que Dios le conceda las dos virtudes fundamentales de todo gobernante: prudencia y sabiduría. Sembremos la paz y desterremos las consignas de muerte. El Cristo condenado injustamente por Pilatos sea para Ud. camino, verdad y vida; ayer, hoy y siempre. Mérida 7 de abril de 2009.
Atentamente,
Luis Alfonso Márquez Molina Obispo Auxiliar de Mérida

No diga ¡No vale, yo no creo! Para despues, será tarde.


Yo tampoco

Y hay muchas formas de ser cruel


La crueldad
es uno de los placeres
más antiguos de la humanidad
Friedrich Nietzsche