jueves, 16 de abril de 2009

Voluntad liberadora (Sin desperdicio)


Por: Ruth Capriles - Nuestro rol es juntar cabezas y poner la voluntad a resolver el problema. Cuando hay una voluntad de poder delirante y destructiva no es posible salir de ella mediante un líder equivalente. Es más, sería altamente indeseable porque un líder equivalente tendría que ser igualmente patológico. ¿Para qué salir de un loco para quedar en manos de otro? A Hitler no lo saca un héroe, lo saca una coalición de personas conscientes del importante rol que cumplían; hombres de Estado, no necesariamente líderes de masas; ni siquiera de grupos o partidos; gente que tenía la racionalidad suficiente para juntar cabezas y estudiar cómo resolver el problema de un loco que quiere adueñarse del mundo. El problema no es cuál es la popularidad del megalómano -la mayoría cambia como veleta, muchas veces influida por las encuestas de opinión en aterradora profecía que se auto cumple- ni la existencia de líderes equivalentes. Líderes hay, buenos y demócratas; porque los hay encierran a inocentes 30 años, secuestran y amenazan a dirigentes estudiantiles y otros ciudadanos, arrebatan la legítima potestad popular de dirigentes regionales y locales. Por eso ha comenzado el terror; tienen miedo de los Venezolanos conscientes y dispuestos a resistir la locura. Si hay personas conscientes dentro del gobierno no lo sabemos. Los suponemos comprados por los exhorbitantes salarios y beneficios; o convencidos del dogma comunista; o ávidos de poder patológico, de ese que no se sacia, impulsado a destruir porque no puede llegar nunca a poseer todo. Puede que, llegado el régimen del terror, algunos se den cuenta del horror que propician; que los asalte la duda ética; que lleguen a ver la locura de desatar las pandillas del terror gubernamental contra los ciudadanos; que lleguen a darse cuenta, a tiempo, de que una vez iniciado el terror viene por todos. Tampoco es nuestro problema. Nuestro rol, el de ciudadanos conscientes, es juntar cabezas y poner la voluntad a resolver el problema. Se dice fácil; difícil realizarlo. Pero no es imposible concordarse para enfrentar el terror.

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