viernes, 15 de mayo de 2009

Calígula


Por: Simón Anduze - No seré el del 2002, ¡seré implacable! - "Que me odien, a condición de que me teman" - Calígula - Cualquier parecido es coincidencia. «Calígula ascendió al trono en el año 37, murió asesinado en el 41. Antes de ser elevado al trono, debió dar señales alarmantes, ya que el propio Tiberio (su antecesor) comentó: “Educo una serpiente para el Imperio”. Calígula era un hombre sin atractivos, de aspecto aterrador que acentuaba con su costumbre de ensayar continuamente las más diversas muecas con las que deseaba asustar, aún más, a los que le rodeaban. Su escasa cabellera era muy encrespada, lo que le acomplejaba doblemente. Parece ser que Calígula estaba consciente de su patología mental –esquizoide– de origen genético. Los primeros meses de su reinado fueron óptimos: respetó al Senado, devolvió a la Asamblea popular el derecho a elegir a los magistrados, decretó amplias amnistías para los que habían sido condenados en tiempos de Tiberio y organizó grandes espectáculos circenses. Luego empezó a dar muestras de un carácter autoritario y de un comportamiento parecido al de los monarcas orientales, y no de la apariencia republicana de Roma. Aumentó su gusto por la bebida y el sexo. Desterró a su esposa y obligó a su suegro, Marcos Silas, a suicidarse. Eliminó rápidamente y sin proceso a su primo Tiberio Gemelo y al jefe de los pretorianos Macro e impuso a la corte un protocolo monárquico en el que el emperador era divinizado en vida. Intentó gobernar apoyándose en el pueblo y en directa oposición al Senado, reivindicando un pasado familiar que, a través de su abuela Antonia, lo vinculaba a Marco Antonio. Las arcas del Imperio Romano se vaciaron rápidamente ante la necesidad de pagar a los ejércitos y las fiestas de la corte, circunstancia que lo obligó a subir los impuestos y reanudar la política de ordenar matar a los senadores para apoderarse de sus fortunas y posesiones. Durante su gobierno hubo muchos planes conspirativos, pero según el historiador Suetonio, algunos estaban sólo en su imaginación. Sin embargo, una nueva conspiración organizada por su propia guardia, tuvo éxito el 24 de enero del año 41 y acabó con el emperador. Es interesante ver como los tiranos –dementes todos sin excepción– con el paso del tiempo van ordenando medidas cada vez más crueles, despiadadas e ‘implacables’ (¿será porque su demencia se agrava día a día?), hasta terminar como Hítler: moviendo divisiones de soldados que él sabía no existían, y convencido de que el pueblo alemán no estuvo a la altura de su Fuhrer y, por lo tanto, debía perecer en un baño de sangre.

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