Un hombre espera
Sabe que la vida es un capricho
De Dios, o de los dioses.
Conoce a Cristo en la intimidad del acero
Y mantiene su humor, que a menudo es negro.
Busca una ruta que sabe incierta
Mas bien aguarda, con una sonrisa
Ser el único emperador de sí mismo.
Desprecia la muerte y ama a las mujeres
Pero acaso amó a una, más que a las demás.
El destino y la sangre le dieron un imperio
Que sabía le sería arrebatado.
Tuvo hijos, que por algún motivo
Ya no fueron como él.
Supo que su nombre sería odiado
Y también se rió de eso.
Intuyó posiblemente
Que un hombre como yo le escribiría
Y que muy pocos, conservarían su memoria
Con honor y con gloria, como ejemplo.
Fue herido muchas veces
Y otras tantas traicionado
Fue olvidado y marginado
Porque la raza envejecida
Tuvo miedo del poder
De sus propios hombres
Cuando retornaron
Con rostro de tigre
Y estrellas sangrantes
Al antiguo continente.
Quisieron usar su acero
Para obtener el oro
Pero luego
Tuvieron miedo de él
Porque olía a sangre
A cuero y a excrementos
Y tuvieron miedo de los hombres
Que no necesitaban el oro
Para vivir.
Algo distinto, desconocido
Surgió del encuentro
Del océano, y otra la tierra.
Esos hidalgos, no eran los hombres
Requeridos del comercio y del imperio.
Algo se desató, que se tornó incontrolable
Se necesitaría, la refinada crueldad del inglés
Y todo el odio de un nuevo pensamiento
Para maniatarlo de nuevo.
Quemar las naves, es una orden
Demencial y sagrada.
Una pesada orden que nos lleva
A Ser, o a perecer, en este territorio
Moribundo, mágico y cruel
De Nuestramérica.
Juan Pablo Vitali
martes, 23 de septiembre de 2008
Hernán Cortés.
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