miércoles, 23 de julio de 2008

No es inseguridad, es violencia


Por: Lila Vega Scott y Carolina Espada - lilavegascott@gmail - “El hijo de 20 años del Señor Morales fue asesinado. Hace un mes, el sobrino de 24 años del Sr. Contreras también fue asesinado. Estos dos señores son viejos amigos. Tenemos mas de 10 años tomando el café que ambos nos sirven cada día. La muerte violenta es la más significativa y terrible epidemia que tenemos en el país. El asesinato es la única causa de muerte que está en ascenso. Un ascenso vertiginoso. Hace 10 años, los accidentes de tránsito ocupaban el primer lugar en jóvenes entre 15 y 24 años. Hoy, la cifra de homicidios se ha duplicado y es la primera causa de muerte. Hace 10 años, la violencia era la octava causa de mortalidad general. Hoy es la tercera, sólo antecedida por las enfermedades cardíacas y el cáncer. Esta tragedia no se llama inseguridad, se llama violencia (así lo indica la Organización Mundial de la Salud). Es una enfermedad. Y en Venezuela es un problema de Salud Pública. El Ministro de Salud debe asesorarse; convocar a otros despachos como el de Educación, de Interior y Justicia; informarle al Presidente esta desgracia. Nuestra sociedad está enferma. Somos un país violento, no “inseguro”. Inseguros, los que viven al pie de un volcán, en zonas sísmicas o a merced de inundaciones y huracanes. Eso sí es inseguridad. Nosotros vivimos en un país violento; aquí las pasiones se resuelven a puñaladas y las cuentas se zanjan a tiros. Se llama violencia y es una enfermedad que mata”. Más claro y raspao, imposible. Escrito por Lila Vega, pediatra y mujer ejemplar. Publicado en la sección de cartas de “El Universal”. Pero su esfuerzo no se queda allí; ella convoca a un coloquio a doctores con enorme peso específico: Miguel Malo, José Francisco y Ricardo Montiel; e invita al sociólogo Luis Cedeño. El moderador es Lucio Segovia y uno asiste en calidad de venezolana angustiada, porque tiene ahijadas y niños queridos, y sabe que a Angelita le mataron a su hijo; y a Krísbel a sus dos nietos; y a Dorian, a sus tres hermanos. Lunes-nuestros- de-cada-semana siempre sangrientos con los partes de guerra. No, de guerra no, los partes de violencia. Los sobrevivientes tenemos el deber de enfrentarla. No nos podemos permitir el lujo (¿o la cobardía?...) de apartaranos y dejarla pasar como si se tratara de un toro embravecido herido por mil banderillas. Hay demasiada gente joven que depende de nosotros. Debemos convertirnos en “adultos significativos” para los muchachos, desarmarlos, alejarlos del alcohol y de las drogas, acercarlos a los estudios, oírlos, comprenderlos y arroparlos con nuestro afecto. ¿Más información? info@laescueladeciu dadanos.org. ve . Por lo pronto, hablemos con precisión descarnada. Dejemos de repetir como unos loros ciegos y borrachos que “la inseguridad” nos está matando. Nos estamos muriendo de violencia y si le ponemos hombro y corazón, y todo lo demás que podamos, seremos capaces de comenzar a controlarla.

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