martes, 9 de diciembre de 2008

Construir una dirección opositora es esencial


Carlos Blanco - carlos.blanco@ comcast.net - "Construir una dirección opositora es esencial y su embrión puede estar a la mano" - Uhmm...parece un golpe. Se configura un golpe de Estado cuando un factor, sector o grupo intenta desconocer, mediante métodos ilegales, el resultado de la voluntad ciudadana expresada en una elección. Así aconteció en 1992, cuando militares alzados intentaron deponer al Presidente. Así ocurre cuando casi los mismos militares alzados, ahora cobijados en Miraflores, intentan desconocer el resultado de las elecciones en las que triunfaron gobernadores y alcaldes opuestos a Chávez. No es un golpe de Estado tradicional, sino de los que se efectúa en cámara lenta, transmitido en cadena nacional y que tiene como autor al mismo golpista del 92. Como entonces, usa a los militares en forma ilegal para obtener el control. Tal es la situación por la que atraviesa el país, que observa, estupefacto, cómo le sustraen competencias, recursos, bienes y respetabilidad, a las autoridades electas en contra de la voluntad presidencial. Este golpe comenzó con el desconocimiento de alcaldes y gobernadores opositores y podría culminar con la enmienda constitucional en plena, flagrante y descarada violación de la Constitución. Chávez Fue Derrotado. El impacto político de las significativas derrotas sufridas por el oficialismo no puede ser desconocido. No sólo no las esperaba, sino que en el planeta entero se interpreta la pérdida electoral de los centros más populosos como un leñazo en el rostro porcino de una revolución histérica, hinchada por los calmantes y antidepresivos. Ahora han aparecido los análisis como el que atribuye las derrotas a los "ricos" de Petare, o lo que sostiene José Vicente Rangel, alias Marciano, que la clase media está influenciada por la diáspora española e italiana a la que acusa de ¡fascista! Explicaciones idiotas, carentes de base y sólo justificables en esa búsqueda ansiosa, cuchillo en mano, de chivos dispuestos para la expiación de culpas ajenas. En vez de aceptar el diálogo propuesto por los vencedores, Chávez, enfurecido, ha decidido desconocer el mandato popular y se ha colocado al margen de la Constitución. Su procedimiento es absolutamente codificable. Primer paso: insultos y descalificaciones a los vencedores; Segundo paso: creación de un ambiente hostil para que sus partidarios ejecuten acciones de violencia; Tercer paso: sustracción de competencias y recursos de gobernaciones y alcaldías; Cuarto paso: imposibilidad de estos gobernadores y alcaldes de cumplir sus funciones; Quinto paso: crear un vacío de poder y proceder a la liquidación política e institucional de las nuevas autoridades, lo cual eventualmente podría -tal es lo que espera- conducirles a la salida prematura de sus cargos. El siguiente tranco en el golpe de Estado es la enmienda constitucional para la perpetuación del caudillo en el poder. No ha habido elegancia ni modo en la reciente mentecatería presidencial. No, él no quiere eternizarse en la presidencia; es el pueblo que, vaya casualidad, él representa y que habla por su boca, el que quiere que siga en el cargo. Es como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde en plena juerga psicopatológica. Chávez es, a ratos, el pueblo, que le pide a Chávez que se quede. Él se pide a sí mismo, en el momento en que no es él, que se quede para siempre en el poder. Los demás ven el ping pong con estupefacción. Hasta Muller Rojas, el hombre que más goza la revolución, mira las zanganerías de su jefe con cierta sorna. El NO. El caudillo ha dado un paso en falso, una vez más. El plebiscito del 23N lo perdió en diversos sentidos; el más importante es que se constató, aun con su CNE emponzoñado, que la mayoría de los venezolanos no lo apoya. Ahora, con el intento de reelegirse indefinidamente, ha despertado un coloso que es el de la voluntad de decirle, otra vez, No. No hay posibilidad política ni electoral que Chávez gane una consulta limpia en la que tiene en contra a la disidencia de todo pelaje y una porción de sus partidarios. Varios, entre los cuales destaca Aristóbulo, con toda razón le atribuyen a Chávez su reciente derrota. Los otros bichitos rojos que andan sueltos por allí y vuelan, quieren un cierto futuro político que ya el Sol Rojo no garantiza. Por tal razón es que se propone aplastar todo lo que se atraviese. Quiere salir de alcaldes y gobernadores, pero mucho más allá. La idea es partirles el espinazo de una vez a los medios de comunicación independientes, lo que explica las imputaciones que ha hecho la Asamblea Nacional y que se apresta a "investigar" el Ministerio Público. De allí el intento de provocar la renuncia de la voz relativamente independiente de Vicente Díaz en el CNE. Lo que hay es un intento de liquidación inmediata de todas las voces democráticas, sea que éstas se encuentren en las instituciones del Estado, en los medios, en las ONG o en los partidos. La debilidad de Chávez -y no su fortaleza- lo lanza a la aventura de más represión. Lo hace acompañado con las coristas de la danza del horror, El dúo de las Luisas, Ortega y Morales, las señoras de la Fiscalía y del TSJ. También con algunos diputados, entre los que destaca Mario Isea, desesperado por ver preso a Rosales; Isea, por cierto, es de los revolucionarios transformados en sapos que sólo se sacian con más represión. Opciones Opositoras. La oposición carece en este momento del instrumento para enfrentar la ofensiva de Chávez. La principal carencia es la de una dirección creíble, reconocida y diestra. La construcción de una dirección política es esencial y su embrión puede estar a la mano, si se le aprovecha. Los gobernadores y alcaldes que ya se presentaron juntos, podrían constituir una equipo provisional, capaz de darle sentido y rumbo a la fuerza que está en la calle y que se expresó el 23N. La única condición es que se atrevan a enfrentarse a Chávez. Las rivalidades partidistas son capaces de obstaculizar esta iniciativa; sin embargo, la presión de la calle ante el enloquecimiento oficial, puede ser estímulo para lograrlo. Debe también abandonarse la práctica de segregación de la disidencia chavista, no sólo por dañina sino por antidemocrática. Baduel, Julio César Reyes, los Manuitt, Henry Falcón, Marisabel Rodríguez, Didalco Bolívar, entre otros, representan procesos importantísimos que no pueden ser desestimados en beneficio de certificados de pureza antichavista que, a decir verdad, no tienen quienes los reclaman. El distanciamiento hacia estos personajes, además revela una veta antidemocrática, porque, en fin de cuentas, ¿acaso no se procura que los chavistas engrosen las filas de los que combaten al caudillo? Ledezma, Rosales, Salas Feo, Pérez Vivas, Morel, Capriles, Ocariz, Pablo Pérez, William Dávila, Andrés Velázquez, Morales Gil, y unos cuantos más, pueden constituir una dirección con bastante legitimidad. No se trata de descartar a los partidos, sino de comprender que los que tienen legitimidad reciente, deben tomar la palabra.

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