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lunes, 16 de enero de 2012

Almeida, la Madre del taxista asesinado



Magda Mascioli G. - Este escrito léalo con detenimiento, con atención, con decencia y honestidad. En especial todos aquellos que saltan enardecidos, con los ojos inyectados, gritando como poseídos ante cualquier carnada, encasquetando fácil y estúpidamente el mote de HÉROE CUATRIBOLEADO, HEROINA MULTIOVÁRICA a cualquiera que, oportunista y hábilmente, monta shows para lograr objetivos.

Luego, al terminar de leerlo, PREGÚNTESE:

¿DÓNDE LOS CUATRIBOLEADOS QUE TANTO ADMIRO?
¿DÓNDE LAS MULTIOVÁRICAS QUE TANTO CELEBRO?
¿DÓNDE LOS HÉROES Y HEROINAS, ANTE ESTA MUJER de nombre ALMEIDA?
¿Dónde infiernos están todos LOS DEMÓCRATAS CUATRIBOLEADOS MULTIOVÁRICOS EN VENEZUELA más allá de sus politiquerías baratas?

La respuesta no me la den a mi, ni siquiera a @doncadaver_ (so pena de recibir de su parte una excelente y merecida respuesta, por demás...) ¡NO! Mándelas por EMAIL, FB o TWITTER a la Señora Almeida.

A lo mejor después de enterrar a su hijo, de recoger sus cosas, de ver qué hace con los nietos, con el diario que ahora no podrá recibir de manos de su hijo; despues de ver cómo hará para comprar comida y continuar MIENTRAS los politiqueros CUAL HÉROES CUATRIBOLEADOS Y MULTIOVÁRICOS ven como se hacen de un puestico...

...la Sra. Almeida, como decía, A LO MEJOR, tiene tiempo de entrar en su LAPTOP o en su BB para leer los mensajitos de los políticos y sus seguidores.

Alli la tienen.

Pero una cosa... lamentablemente como lo que hizo fue hablar con @doncadaver_ y llorar a su hijo ante La Imagen de La Virgen, pues lamento decirles que ella NO SE AJUSTA a los parámetros de HEROICIDAD y MULTIOVARISMO que taaaaanto admiran muchos.

Lamentamos eso... por ustedes.

A CONTINUACIÓN, EL ARTÍCULO DE @DONCADAVER_


Por: @doncadaver_ - ¿Cuándo fue que Hugo Chávez dio su "memoria y cuenta"? Confieso que fue alto tan irrelevante para mí, que hube de buscar la fecha en Internet. ¿Y qué relevancia puede tener para una persona medianamente avisada que un autócrata como Hugo Chávez haga una pantomima democrática? Sí, porque la "memoria y cuenta" es propio de las democracias, cuando el jefe de estado o de gobierno no es más que un funcionario que tiene a su cargo el ejecutivo del aparato del estado. ¿Pero un autócrata rindiendo memoria y cuenta? Hay que ser ingenuos -cuando no estúpidos- para caer en semejante sandez, propia de tontos de culo que siguen creyendo. Por eso es por lo que los chavistas me producen, en ocasiones, compasión; pero otras veces me producen real indignación porque no creo que una persona pueda llegar a niveles tan exorbitantes de tontería anal. Ese acto en la Asamblea Nacional no fue más que una de las pantomimas dirigidas a dar gusto y contento a la mórbida megalomanía que exhibe Hugo Chávez sin pudor y recato. Que haya durado nueve horas hablando, en cadena nacional, no me extraña. Total, el megalómano sólo busca ser el centro, a como dé lugar. Lo que me extraña es que haya tanto arrastrado que sea capaz de sufrir con verdadero estoicismo esas nueve horas. La razón de ser de un megalómano está en la existencia de quienes deciden ser unos perfectos arrastrados. ¡Y en Venezuela abundan los de esta baja estirpe!

Hugo Chávez presentó ese día una imagen de país que sólo existe en su afectada imaginación. Al día siguiente, en plena Circunvalación 2 de Maracaibo, caía abatido por el brazo criminal de unos delincuentes asesinos un taxista de 42 años. El hombre recogió a una pareja en la calle. El hombre se sentó en el puesto delantero y la mujer en el de atrás. En un momento dado, le dijeron que se desviara a "Integración Comunal". (Para quienes no lo saben, este el nombre de uno de los barrios más peligrosos de Maracaibo, verdadero nido de delincuentes, asesinos, traficantes de drogas y demás. En Maracaibo, con ese estúpido humor venezolano, se ha bautizado ese barrio como "Integración Criminal". Pero así somos los venezolanos de chéveres, dispuestos a arropar las más trágicas realidades con nuestro finísimo humor.) Perdón por la extensa aclaratoria. Sigo. Cuando el taxista se percató de las reales intenciones de aquella maldita pareja de asesinos -a los que espero que Dios confunda en la peor de las mierdas- se aferró al micrófono del radio y comenzó a mandar señales a sus compañeros de que en ese momento estaba siendo asaltado. El asesino que iba en el puesto delantero lo apremiaba para que se desviara a Integración Comunal. En lo que pareciera que fue su desespero y nerviosismo, el taxistas chocó con el carro que iba delante de él. Ante este hecho y los mensajes en clave que estaba enviado el taxista por el radio, el asesino que iba junto a él le dio un tiro a quemarropa, después de lo cual salieron del carro, corriendo, huyendo como ratas asquerosas. El taxista seguía con el micrófono en su mano, diciendo que lo habían herido mortalmente. Todos sus compañeros -tanto en la central como los que iban en la vía- escucharon aquellos momentos de agonía. Quienes pudieron acudieron en su auxilio, pero ya era demasiado tarde. El cuerpo de este pobre hombre yacía tirado en la calle, frente al Hotel Maruma. Cuando lo recogieron y lo llevaron al Hospital General del Sur, ya había muerto.

Era un hombre trabajador, padre de familia, que necesitaba trabajar al doble para poder pagar la renta del carro. Porque no sé si en otras partes de Venezuela existirá esa modalidad, pero lo que es en Maracaibo, existe una práctica que bien podríamos llamar una nueva forma de esclavitud. Se trata de personas que tienen más de dos carros, y los alquilan a choferes para que los trabajen como taxi. Los choferes tienen que pagar ciento ochenta, doscientos y más bolívares diarios por el carro. Esto es un escándalo, sin lugar a dudas. Pero no entremos en esta materia, porque esta es una de las claves de la Santa Sociedad del Mercado y del ideal de producir siempre más por menos. A este hombre lo encontraron estos asesinos en el intento de pagar el alquiler del carro y de ganar lo necesario para poder sobrevivir en ese país que al día siguiente Hugo Chávez nos presentaría como la sucursal del paraíso terrenal en el caribe.

Este hombre era único hijo varón de una madre que vive sola, era padre de familia y un hombre verdaderamente comprometido con su trabajo. Lo enterraron el sábado, después de velarlo en la capillita que para los efectos habilitan en La Popular, sector en el que vivía con su familia. Los taxistas, sus compañeros, lloraban la muerte de este hombre. Ellos ayudaron para enterrarlo. Al parecer, ya cogieron a los asesinos, aunque esto está por confirmarse. ¡Pero no se preocupen esos asesinos! Si van a la cárcel, seguramente le darán un sueldo mínimo y cesta tiket y, si corren con suerte, hasta puede que la Ministra de las Cárceles (no sé cómo es el nombre preciso de ese nuevo "ministerio") se tome una fotografía con ellos. Es que ahora los privados de libertad (con este hijueputa eufemismo se llama ahora en Venezuela a los presos) tienen una ministra que hará de ellos verdaderos adalides de la justicia revolucionaria, inclusiva para todos, especialmente para con los delincuentes.

Y, a estas alturas, Ustedes se preguntarán: ¿Cómo es que este sabe tanto de ese taxista asesinado? Simple, curioso lector: este cronista sabe tanto de ese taxistas porque lo que aquí escribe se lo contó Almeida, la madre de ese taxista. El domingo en la mañana fue cuando me enteré de que ella era la madre de ese taxista asesinaron. Yo la conocía desde hace algún tiempo. Una mujer sencilla, buena, de noble sentimientos. Una mujer, como tantas en Venezuela, con el rosto curtido por el sufrimiento llevado en la heroicidad del silencio. El domingo en la mañana la tuve delante de mí, llorando, mientras me decía "me lo mataron, me lo mataron, Fulano". ¿Y yo qué le podía decir? Simplemente fui sincero: "Almeida no tengo palabras para consolarte, porque no sé si exista consuelo para una madre en estas circunstancias". Y ella, desde su grandeza de alma, me dijo: "Sí, yo sé, yo sólo miro a la Virgen y lloro como Ella lloró a su hijo". ¡Ay, Dios mío! Confieso que en ese momento mi alma se convirtió en un escenario por el que desfilaron en un instante el odio, la rabia, la impotencia, los deseos de venganza...

La violencia es una realidad tan macabra que sólo parece ser acallada con más violencia. Sí, todo eso sentí en un instante. No puedo pasar por la plaza por la que pasan tantos hipócritas comeflores (que en realidad lo que comen es mierda) y que hablan de reconciliación, de paz, de encuentro entre hermanos, porque quizá no han sido víctimas de la barbarie que impera en este país que luego Hugo Chávez nos pintó como el país de las maravillas del cuento de Alicia. No gracias a Dios, hasta este momento no he sido víctima del asesinato de un ser querido; pero durante todo el domingo no pude evitar pensar en esto, en el estado de indefensión en el que nos encontramos todos, en la real impotencia de que somos víctimas ante las bandas de delincuentes y asesinos que se pasean por este país como Pedro por su casa. Una cosa sí le digo a los comeflores comemierda: SIN JUSTICIA NO HAY PAZ, PORQUE LA PAZ ES FRUTO DE LA JUSTICIA. Y si a la justicia la quieren llamar venganza, pues bien... ¡Bienvenido ese nuevo nombre de la justicia! Quisiera tener la grandeza de alma de Almeida, que en todo el tiempo que estuvo conmigo en la mañana del domingo, no profirió una sola palabra de odio. Pero no, no tengo esa grandeza de alma y quizá tenga que pedir perdón por ello. Lo único que puedo hacer es gozarme de la existencia de mujeres grandes como Almeida, cuyo corazón está cerrado al odio y a los deseos de venganza. No voy a justificar mis sentimientos diciendo que soy humano. Quizá debería tener razones para reaccionar de otra manera. Pido perdón. No soy un santo. Soy un pecador, necesitado de misericordia y de conversión.
Seguiré pendiente de Almeida.

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