miércoles, 24 de agosto de 2011

Cómo reducir el riesgo de sufrir Alzheimer


La mitad de los casos de Alzheimer en todo el mundo están asociados directamente a alguno de estos siete factores, en orden descendente de importancia: un bajo nivel de educación, tabaquismo, inactividad física, depresión, hipertensión, diabetes y obesidad en la mediana edad. La reducción tan solo en un 25% de la incidencia de estos factores bastaría para prevenir tres millones de casos. Así concluye un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California (EE.UU.), publicado en la revista "The Lancet Neurology", y presentado en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer que se ha celebrado en París. A pesar de que a estos factores de riesgo, muchos de ellos modificables, deben añadirse aspectos genéticos y la edad, y no son la cura para la enfermedad, sí que es cierto que hasta ahora no se había señalado hasta qué punto una persona puede reducir el riesgo de sufrirla si evita alguno de ellos. Los investigadores, que insisten en los efectos "potenciales" de llevar un estilo de vida saludable, insisten en que son necesarios estudios más amplios al respecto. Cambios cerebrales - Otro trabajo reciente aporta las posibles claves a este hallazgo: la obesidad, el tabaquismo, la diabetes o la hipertensión producen ciertos cambios en el cerebro que conducen a la demencia, cuya expresión más común es el Alzheimer (se calcula que en el mundo hay cerca de 24 millones de afectados de demencia). La investigación se ha publicado en la revista "Neurology" y ha sido realizada por investigadores también de la Universidad de California. Cambios en los hábitos de vida a partir de los 40 o 50 años pueden ayudar a reducir el riesgo de padecer demencia años más tarde. Seguir hábitos insanos de vida daña los vasos sanguíneos y provoca enfermedades vasculares que, más allá de causar infarto de miocardio y accidentes cerebrovasculares, también están muy relacionadas con el deterioro de las funciones cerebrales que llevan a la demencia. Los resultados muestran que, por un lado, la hipertensión en la edad adulta y el tabaquismo se asocian con una progresión acelerada del volumen de la sustancia blanca del cerebro y un empeoramiento de la función ejecutiva, es decir, de la capacidad para realizar actividades y operaciones mentales de forma eficaz. Por otro lado, la diabetes y también el tabaquismo se asocia con una aceleración de la atrofia del hipocampo, directamente relacionada con el Alzheimer. El sobrepeso, por último, parece estar asociado de forma estrecha con el volumen total del cerebro, como ya sugerían anteriores investigaciones. En general, los resultados muestran que llevar un estilo de vida poco sano deja, a la larga, una impronta que puede ser muy perjudicial. Cambios en los hábitos de vida a partir de los 40 o 50 años pueden, sin duda, ayudar a reducir, que no a eliminar, el riesgo de padecer demencia años más tarde. El ejercicio físico y sus beneficios integrales - Entre las recomendaciones para disminuir el riesgo de sufrir esta enfermedad, el ejercicio es uno de los más completos. La Organización Mundial de Salud recomienda que las personas mayores de 60 años realicen al menos 30 minutos de ejercicio físico al día como una forma de prevenir la demencia senil y el Alzheimer, debido a que la actividad física permite mejorar la oxigenación del cerebro. No obstante, si se tiene en cuenta que los factores cardiovasculares como el sobrepeso parecen estar relacionados con su desarrollo, el ejercicio adquiere aún mucha más importancia como hábito saludable. Entre los conocidos efectos beneficiosos de la actividad física destacan que mejora el estado cardiovascular y ayuda a mantener un peso adecuado. Incluso cuando el Alzheimer ya es una realidad, el ejercicio libera sustancias protectoras y favorece la sensación de bienestar y beneficia otras funciones corporales y cognitivas. En un estudio -realizado en ratones- publicado en la revista "Journal of Alzheimer's Disease" (el más completo realizado hasta la fecha), investigadores españoles del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona y la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, junto con científicos de la Universidad de California, han observado que el ejercicio físico protege la comunicación sináptica entre las neuronas, aumenta la memoria a largo plazo y la capacidad de aprendizaje. Nuevas formas de detectar el Alzheimer - Una prueba simple para observar cambios en el ojo y el número de caídas que sufre una persona podrían ser dos nuevas formas para detectar los primeros signos de la enfermedad, según dos investigaciones presentadas en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer. En el primer estudio, llevado a cabo en la Organización de Investigación Científica e Industrial del Commonwealth (Australia), se ha detectado que los cambios en los vasos sanguíneos de la retina pueden ser un indicio prematuro de Alzheimer, que podría llevar en el futuro al desarrollo de una prueba ocular para identificar a los afectados en las primeras fases de la demencia. En el segundo estudio, científicos de la Universidad de Washington han puesto de manifiesto que las caídas son más comunes entre individuos que están en las primeras etapas de Alzheimer. Según los expertos, antes de que se presente el deterioro cognitivo característico, comienzan a ocurrir cambios en el equilibrio y la forma de andar. Estos hallazgos confirman lo que desde hace años ya sugieren muchos expertos, que una década antes de que se hagan evidentes los síntomas podrían estar ocurriendo cambios "silenciosos" en el cerebro.
Síntomas y Etapas de la Enfermedad de Alzheimer - Muchas personas recientemente diagnosticadas con la enfermedad de Alzheimer pueden haber sentido por algún tiempo que "algo no está bien." Puede ser que se han vuelto más olvidadizas, que fácilmente se desorientan, tienen lapsos inesperados en el juicio, o experimentan cambios inusuales de humor y emociones. Estos pueden ser signos tempranos de demencia, pero también pueden ser signos de depresión u otras afecciones tratables. Además, algunas demencias son causadas por la deshidratación, reacciones farmacológicas, hipotiroidismo, infección u otros problemas físicos y pueden revertirse. Un médico, a través de una examen completo, puede descartar otras condiciones similares, como parecidos a los síntomas de Alzheimer. Algunos síntomas tempranos de la enfermedad de Alzheimer incluyen confusión, disturbios en la memoria de corto plazo, problemas con la atención y la orientación espacial, cambios de personalidad, dificultades de lenguaje y cambios de humor inexplicables. Las tres etapas que figuran a continuación representan la progresión general de la enfermedad. Sin embargo, la enfermedad de Alzheimer no afecta a todos de la misma manera, por lo que estos síntomas varían en gravedad y cronología. Habrá fluctuaciones, incluso a diario, y superposición de los síntomas. Algunas personas experimentan muchos síntomas, otras sólo unos pocos, pero el progreso general de la enfermedad es bastante predecible. En promedio, las personas con Alzheimer viven de 8 a 10 años después del diagnóstico, pero esta enfermedad terminal puede durar hasta por 20 años. En todas las etapas, los síntomas generalmente se relacionan con el deterioro progresivo de los procesos mentales y la función de la memoria, problemas de comunicación, cambios de personalidad, conducta errática, la dependencia y la pérdida de control sobre las funciones corporales.
Etapa 1 (leve): Temprano en la enfermedad, las personas con Alzheimer tienden a ser menos enérgicas y espontáneas. Muestran pérdida mínima de la memoria y cambios de humor, y son lentos para aprender y reaccionar. Ellos se hacen aislados, evitan la gente y nuevos lugares y prefieren lo familiar. Los individuos se confunden, tienen dificultades para la organización y planificación, se pierden fácilmente y ejercen un pobre juicio. Ellos pueden tener dificultad para realizar las tareas de rutina, y tienen dificultad para comunicarse y comprender material escrito. Si la persona está empleada, la pérdida de memoria puede comenzar a afectar el rendimiento en el trabajo. Ellos pueden convertirse en personas enojadas y frustradas.
Etapa 2 (moderada): En esta etapa, la persona con la enfermedad de Alzheimer es claramente convirtiéndose en discapacitada. Los individuos pueden todavía realizar tareas simples independientemente, pero pueden necesitar la ayuda con actividades más complicadas. Ellos olvidan los acontecimientos recientes y su historia personal, y cada vez son más desorientados y desconectados de la realidad. Memorias de un pasado lejano puede ser confusas con el presente, y afectan la capacidad de la persona para comprender la situación actual, fecha y hora. Ellos pueden tener problemas para reconocer personas familiares. Aumentan los problemas del habla y comprensión, la lectura y la escritura son más difíciles, y el individuo puede inventar palabras. Ellos ya no pueden estar seguros solos y pueden deambular. Mientras los pacientes de la enfermedad de Alzheimer se hacen más conscientes de esta pérdida de control, se pueden hacer depresivos, irritables e inquietos o apáticos y aislados. Ellos pueden experimentar trastornos del sueño y tienen más dificultad para comer, vestirse y asearse.
Etapa 3 (grave): Durante esta fase final, la gente puede perder la capacidad para alimentarse a sí misma, hablar, reconocer personas y el control de las funciones corporales. Su memoria se agrava y puede llegar a ser casi inexistente. La atención constante es típicamente necesaria. En un estado físico debilitado, el paciente puede llegar a ser vulnerable a otras enfermedades y problemas respiratorios, sobre todo cuando tiene que estar confinado a la cama. La información anterior no debe en modo alguno sustituir el asesoramiento de un profesional calificado de la salud y no constituye el consejo medico.
Para más información, póngase en contacto con Alzheimer’s Disease Research (Investigación de la enfermedad de Alzheimer), un programa de la American Health Assistance Foundation (Fundación Americana de Asistencia para la Salud), en el 22512 Gateway Center Drive, Clarksburg, Maryland 20871, o llame al 1-800-437-2423.

Las siguientes páginas informativas y publicaciones sobre la enfermedad de Alzheimer puede proporcionarle más información:


Tomado de: http://www.consumer.es/
Tomado de: http://www.ahaf.org

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