jueves, 12 de marzo de 2009

Las Tres Gracias


Por: Jesús Carrillo - El autor sostiene que simplemente es la desmedida ambición de poder la que lleva a Morales, Correa y Chávez a perpetuarse en él y al precio que sea - Tres eran, tres. Como las Tres Gracias, de Rubens. Y lo siguen siendo. Tres presidentes latinoamericanos tres, con el propósito de ampliar su horizonte filosófico temporal al frente de sus respectivos gobiernos, como si se tratara de escribir un ensayo para perpetuarse en el Poder, con el objetivo de abordar nuevos planteamientos e hipótesis personales, pero sin ningún tipo de participación, consenso ni discusión previa con sus respectivos conciudadanos. Vamos, sin luz, ni taquígrafos. Aunque la Carta Magna de estos tres países, la Constitución, recoge que el límite de permanencia al frente del Gobierno, de permanencia en el Poder, es de dos mandatos consecutivos, los tres presidentes citados han sabido arrimar el ascua a sus respectivas sardinas con habilidad, como vulgarmente se dice, y preparar poco a poco a sus respectivos conciudadanos para cambiar las reglas de juego sin llamar excesivamente la atención, sin contarles la esencia de sus objetivos finales y bordeando siempre el filo de la legalidad mediante referéndums populares, es decir, buscando siempre el apoyo de sus seguidores en las urnas, aunque sea por encima, y a mucha distancia, de lo que debería ser una actitud ética y democrática. Hacen participar al pueblo en sus planes, pero sin explicarles en profundidad dónde pueden llevarles en el futuro esos planes. El problema es que los referéndums son reglas de juego que si se utilizan mal, puede llegar a pensarse que están creadas para favorecer los intereses de los gobernantes de turno y que tienen la perversión de no ser previamente establecidas para todos los actores, lo que puede generar una situación de injusticia y de traición al Estado de derecho o de las reglas de juego democráticas. Son como instancias ad hoc que trasgreden la alternancia y prohíben la renovación, fundamental en política. Pero no seamos ingenuos. No es la primera vez que esto ocurre, ni será la última. Basta repasar la historia para ver que líderes salidos de las urnas con el respaldo de la mayoría han aprovechado su permanencia en el Poder para intentar perpetuarse en él y hacer y deshacer a su antojo por encima de toda dignidad, moral y respeto a los derechos humanos. Un ejemplo claro de estos abusos fue Adolfo Hitler. El caso que nos ocupa puede ser parecido en algunos matices, pero es distinto. El mensaje lanzado ahora por los citados tres presidentes no es otro que llevar a cabo un cambio constitucional que les permita refundar y moldear una vez más sus países, sus modelos de sociedad, e impulsarlos hacia la consolidación del llamado socialismo del siglo XXI. Claro que eso del socialismo del siglo XXI suena algo así como a las actuaciones que ya llevaron a la práctica, sin mucho éxito, ésa es la verdad, y con un coste humano muy elevado, pues los derechos humanos fueron y son pisoteados continuamente, por personajes como el padrecito José Stalin, allá en la antigua URSS , y por Fidel Castro, con el entusiasta apoyo de su hermano Raúl, en Cuba, por poner un plan de ejemplos que todo el mundo pueda comprender. Si el denominado socialismo del siglo XXI de estos tres presidentes tiene claras y fuertes connotaciones con lo que comúnmente llamamos dictadura de izquierdas, lo siento profundamente por los ciudadanos de los tres países citados, sean seguidores o no de sus líderes, pues en el fondo todos ellos, y quizá también el resto del mundo, sufrirán las consecuencias de la política que se lleve a cabo en ellos en el futuro, pues por el camino que van las cosas, incluso con el respaldo de las urnas, están abocados a una clara pérdida de derechos y de libertades todos ellos. ¿Qué tendrá el Poder que todo el que llega a él, aunque sólo sea a tocarlo ligeramente, a sentirlo ligeramente, no quiere abandonarlo y trata por todos los medios de perpetuarse en él, aunque los medios que tenga que utilizar para lograr su objetivo no sean éticos y vayan en contra de los principios más básicos y elementales y de los valores fundamentales del ser humano? Como dijo el ex canciller alemán Konrad Adenauer: "En la política hay adversarios y correligionarios. Estos últimos son los más peligrosos".

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