mover

mover

viernes, 18 de enero de 2008

La espuma de la cerveza



La espuma de la cerveza es la concreción de lo fantástico. Es una blancura efímera e insípida, que dura un instante, y si nadie la toca, se consume. Es una estela del hervor que acusa, si acaso, una presencia de vida tan fugaz como un sueño, y el despertar del líquido a la superficie advierte que todo aquel peso pasado era una ilusión. La espuma es la frontera, la torre de nadie, que hay que atravesar antes de entrar en contacto con el líquido ámbar y en la que nadie se queda estancado. La espuma es el suspiro del agua o la cerveza, que muere al nacer. La espuma es el viento que pasa, el globo que se desincha, aliento que se esfuma en el cristal; en fin, ¡nada!. Pero ¡ay! de la cerveza muerta, la llaman los bebedores, y tienen razón. Porque esa ilusión de un solo instante es la justificación de toda la vida. El mar sin espuma es como un arpa sin cuerdas. Una vida sin las espumas fantásticas de la ilusión, es una vida insípida, líquido muerto y sin presión.

El llanto


Una cosa que se viene haciendo desde el principio del mundo, ha de ser vulgar ineluctablemente. Lloró Eva, avergonzada, cuando fue arrojada del Paraiso. Antes de morir bajo las aguas, lloró "toda carne que se movía sobre la tierra" "y todo lo que tenía espíritu de vida". Lloró Israel cuando le presentaron ensangrentada, la ropa de colores de su hijo y "no quiso tener consolación". Lloró José sobre el rostro de su padre cuando éste expiró. Lloraron Moises y los hijos de Israel en los campos de Moab, 30 días. Lloró Davir por su hijo Absalon, todos los días. Lloraron los tres amigos de Job al verle desde lejos y no reconocerle. Y la ciudad populosa, sentada y sola, nos dice jeremías, "amargamente llora en la noche, y sus lágrimas en sus mejillas". Ríos de agua brotan de los ojos de Jeremías por el quebrantamiento de la hija de su pueblo. "Ríos de agua descendieron de mis ojos porque no guardaban tu Ley" nos dice David en su Salmo. Llora la mujer cananea ante Jesús pidiendo misericordia para su hija. Llora Maria Magdalena ante Jesús. Llora pedro al negar tres veces al Señor. Lloran Maria Magdalena y María al ver a jesús crucificado. Lloraron los ancianos de Efeso en la despedida de Pablo y 1900 años siguientes se llenan de llantoen la historia del mundo. Pero Dios manda a poner una señal en la frente de los hombres que gimen y los Angeles del Apocalípsis mandados son de no hacer daño a los hombres que tengan la señal de Dios en la frente. ¿Cuál es esa divina señal sobre la humana ceniza, sino el llanto?. El llanto curador, purificador de almas, dragador de ríos atascados, abridor de nuevos cauces a la esperanza, puerta por donde escapa la desesperación. Lo que sucede es que se ha perdido el hábito de llorar. Nos hemos olvidado del "valle de lágrimas" y se ha sustituido por uno moderno que anuncia "valle del desprecio". buscamos lo difícil, lo intrincado, lo imposible que dejaría de serlo en cuanto existiese. ¡Lloramos tan fácil que está al alcance de cualquiera! y vamos en ruta a felicidades, no gustadas aún, porque todas nos parecen escasas, con una falsa sonrisa en los labios y un dejo de burla para todo lo conocido, que no es más que lo que dejó de desconocerse.

El Guerrero de la Luz


Es curioso, comenta para sí el guerrero de la luz, "Cuanta gente he conocido que en la primera oportunidad intenta mostrar lo peor de sí mismo. Esconden la fuerza interior detrás de la agresividad; disfrazan el miedo a la soledad con aires de independencia. No creen en la propia capacidad, pero viven pregonando a los cuatro vientos sus virtudes". El guerrero lee estos mensajes en muchos hombres y mujeres que conoce. Nunca se deja engañar por las apariencias y permanece en silencio cuando intentan impresionarlo. Pero usa la ocasión para corregir sus propios fallos, ya que las personas son siempre un buen espejo. Un guerrero aprovecha toda y cualquier oportunidad para enseñarse a sí mismo.
Manual del guerrero de la Luz - Pablo Coelho