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martes, 8 de enero de 2008

El enemigo oculto


Aun debajo de las aguas más tranquilas, se esconde el arrecife. Es una serie de puntas rasposas que se oculta traidora, en una quietud de espera, hasta que el navío incauto o ciego en la negrura de la noche, se acerca plácidamente. Entonces, como si alargara sus garras, el escollo clava sus uñas en la carne viva de las naves y rasga su corteza. La roca, el peñasco altivo y erguido ofrece su orgullo para que sepan que allí habrán de estrellarse todos los aceros. Pero, por el contrario, el bajío es el enemigo oculto, el perro que ni gruñe siquiera, sino que se prepara a saltar sobre su presa. Lo vemos nosotros desde la regala y los distinguimos claramente. Luego, serán tantos tan apretados, que correremos vida arriba para otear hasta donde llega la bruma de los riscos.

Los Recuerdos


Como médanos de oro, que vienen y van, son los recuerdos. El viento se los lleva, y donde están, están; y están donde estuvieron, y donde habrán de estar. Médanos de oro. Lo llenan todo, un total de oro inefable, con todo el viento en él... son los recuerdos. (Juan Ramón).