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lunes, 7 de enero de 2008

No nos olvidemos del cambio de placas

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El mundo cambia ¿Y las reglas de cortesía?


La tecnología ha reventado las normas sociales - El uso de móvil o Red distorsiona la convivencia - Y las nuevas reglas se imponen M. R. SAHUQUILLOEL PAÍS - Sociedad - 05-01-2008. Está en un restaurante comiendo con un compañero de trabajo. A él le suena el móvil que previamente ha dejado sobre la mesa. No se lo piensa dos veces, contesta. Habla durante 10 minutos sin preocuparse de que su acompañante sigue comiendo solo. ¿Haría usted lo mismo?, ¿sabe comportarse en la nueva era? La tecnología ha irrumpido en la sociedad y ha quebrado normas que antes eran sagradas. El viejo concepto de buena educación se ha revolucionado ante unas herramientas nuevas que facilitan la comunicación pero que, también, trastocan la convivencia. Pero el correo electrónico y el teléfono móvil también tienen sus propias reglas de cortesía. En España hay 48.720.461 líneas de teléfono móvil. Más de un terminal por habitante, según los últimos datos de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) de agosto de 2007. Dieciséis millones de personas han utilizado Internet en los últimos tres meses, según el INE. Hoy casi nadie puede vivir sin estas herramientas, que se han integrado en la sociedad y que también propician su avance: más comunicación, más productividad. Miles de negocios se cierran cada día acelerados por el móvil o el correo electrónico. Y también muchas relaciones se mantienen gracias a ellos. Pero, ¿hasta qué punto influyen en la convivencia y repercuten en la manera de comportarnos con los demás?La imagen de una persona que habla por el móvil mientras se dirige al dependiente de la frutería o compra el periódico no es inusual. Tampoco se hace extraño ya escuchar las músicas más insospechadas en momentos inadecuados que provienen de un móvil que debió haber sido silenciado o apagado. Pero no por comunes estos comportamientos son correctos. Según los expertos, van en contra de las normas de protocolo.También se considera incorrecto algo que para muchas personas es habitual, no contestar a un correo electrónico o no especificar el asunto del mensaje. Por no hablar del colmo de los malos modales en la Red: escribir todo el texto en mayúsculas. "Este tipo de letra da la impresión de que se está gritando al interlocutor en el oído", dice Fernando Fernández, experto en protocolo y ex asesor de María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno.Internet no es un mundo anárquico y libre donde se permite todo. La Red también tiene sus normas de comportamiento, la ciberetiqueta o net-etiqueta. "Igual que desde niños sabemos que debemos ceder el paso a una persona mayor, también existen normas para ser aceptados en Internet", dice Fernández. Para él, todo usuario de la Red debería conocer las tres reglas básicas de la ciberetiqueta: no enviar correos con archivos adjuntos pesados, no remitir correo spam o no deseado y, por supuesto, no escribir en mayúsculas. Incumplirlas es ser un maleducado, un cibermaleducado. Pero ¿quién fija estas normas? "Son reglas no escritas y no obligatorias que se han ido creando con el uso de la Red, del chat, del correo electrónico", aclara.Sin embargo, para los expertos, el instrumento que más rompe las pautas básicas de cortesía es el teléfono móvil. "Estos aparatos empezaron siendo sólo para comunicarse profesionalmente. Hoy todo el mundo los usa y se han convertido en elementos que inciden en la convivencia social y la perturban", opina Ángel Pérez, director de la Escuela de Protocolo de Aragón. "No hay más que hacer un viaje en AVE de Zaragoza a Madrid para conocer la vida y milagros de las personas que viajan en el vagón. No se cortan en nada a la hora de contar por teléfono ni siquiera temas confidenciales" , dice.Por no hablar de móviles que suenan en el cine o, lo que es peor, durante una boda o un funeral. "Hay gente que puede llevar de tono en el móvil la canción de Paquito el chocolatero y que les suene en medio de una comida de trabajo o en una situación de crisis. Muchas veces no son conscientes de la mala imagen que dan. No sólo por no haber apagado o silenciado el móvil, sino también por el tipo de música que llevan", dice Pérez.No sólo la música es molesta. También las horas de llamada. Parece que todo momento es bueno para telefonear a alguien al móvil. No se respeta la hora de la comida ni mucho menos la de la siesta, e incluso se reciben llamadas a horas intempestivas. "El pasado fin de semana me llamaron al móvil a las tres de la mañana. Eran mis amigas, que estaban de juerga y querían contarme que habían visto al camarero que me gusta. Yo estaba en casa, enferma y amargada. No me hizo mucha gracia", cuenta Cristina Álvarez. Nunca apaga el móvil, no tiene teléfono fijo y ésta no es la primera vez que una llamada tardía o un sms la han puesto al borde del infarto.Para evitar situaciones como ésa, la clave es utilizar el sentido común. Sin embargo, parece que, aunque suene a tópico, éste no es demasiado frecuente. "Hay que ser muy prudente al usar el móvil para localizar a una persona. Es mejor llamarle al fijo primero o enviarle un sms para que nos diga si está disponible. Y sobre todo, preguntar si puede hablar en ese momento o si prefiere que le llamemos después", dice Gloria Campos, directora de formación de la Escuela Internacional de Protocolo.Javier Sanz trabaja en una multinacional de productos químicos. Utiliza el móvil desde hace 10 años y reconoce que se ha convertido en un "apéndice" de su persona. "No lo apago casi nunca, pero lo silencio", dice. Reconoce que cada vez es más habitual que en las reuniones o incluso en las comidas de trabajo la gente mantenga una conversación mientras contesta el correo electrónico o responde llamadas. "Hace unos días fui a comer con unos clientes. Uno de ellos se pasó la comida entera distraído, contestando correos electrónicos con la Blackberry. Fue muy molesto porque daba la impresión de que no estaba siguiendo la conversación" , dice.Como Sanz o el ejecutivo con el que almorzó, cada vez más personas pasan tiempo literalmente pegadas a su móvil. Hablando, enviando mensajes o contestando al correo electrónico. Ochenta y cuatro minutos de media al día, 18 minutos más que en 2006, según un estudio elaborado por el fabricante de terminales Nokia. Uno de los usos más comunes es el envío de mensajes de texto. Cada usuario de teléfono móvil manda una media de 300 sms de media al año, según los últimos datos de la CMT. Hace un año eran un centenar. Sin embargo, muchas veces su uso no es más discreto que una llamada breve.Hace años era impensable ir a comer con una persona y que ésta pusiese su móvil sobre la mesa. Ahora, según Campos, "es imprescindible en el mundo de los negocios". "Muchas veces, un mensaje de texto del jefe, un correo electrónico o una llamada para añadir algo a la conversación se convierte en un elemento más de la negociación. Sin embargo, hay que aprender a usar el móvil con prudencia. También diferenciar el uso personal del profesional. No todos los correos y llamadas son urgentes. Muchas pueden esperar", dice esta experta en protocolo, que no cree necesario que haya que establecer normas de cortesía para el uso del móvil. "Depende de los casos", dice.Algunos aseguran que dentro de un tiempo este uso que hoy se considera en muchos ambientes maleducado se terminará por aceptar. "Los jóvenes usan el móvil o la Red mientras hablan o interactúan con otros y no lo consideran incorrecto", asegura Enrique Dans, profesor de Sistemas de Información. "No entiendo por qué está mal visto contestar a los correos electrónicos o enviar un sms mientras se habla con otra persona. Se da por hecho que somos monotarea y no podemos hacer dos cosas a la vez", sigue.Tampoco Campos piensa que el uso del móvil vuelva a la sociedad más maleducada. Sin embargo, explica que es fundamental que no se convierta en protagonista y centro de todo. Pero quién no ha estado en algún acto público en el que a alguien le ha sonado el móvil. El comportamiento habitual de los asistentes es volverse para ver quién ha sido el descuidado.Esa generalizació n en el uso del móvil y el hecho de que cada vez más gente utilice Internet -seis millones de hogares españoles tienen acceso a la Red, el 41,1% del total- ha hecho que la mayoría de las escuelas de protocolo hayan incluido en sus programas un módulo dedicado a las reglas de etiqueta en las nuevas tecnologías. Es el caso de la Escuela de Protocolo de Aragón que dirige Pérez. En estos cursos se aprenden normas de cortesía como la que dicta que si se corta la comunicación, quien ha telefoneado debe repetir la llamada; o una de las más obvias pero también de las más incumplidas: apagar el móvil en el cine, hospitales, reuniones... También que no se deben enviar por correo electrónico cadenas de mensajes y que hay que tener cuidado con el uso de códigos.Capítulo aparte merece el uso del manos libres. "Vas por la calle y ves a personas que hablan solas o gente que lo utiliza en el coche sin pensar en las personas que están alrededor. Hace poco me contaron un caso. Un hombre llamó a su esposa que estaba conduciendo y con el manos libres activado y le dijo: 'Menos mal que se han ido los pesados de tus padres'. No sabía que esos 'pesados' estaban en el asiento de al lado", cuenta Ángel Pérez.Para algunos, el colmo de la mala educación es llamar con número oculto. "Llaman a cualquier hora para venderte un seguro de una tarjeta de crédito o una línea ADSL. Te hacen aguantar el chaparrón durante 10 minutos. Es una intromisión en la intimidad", dice Fernández.Las normas de cortesía cambian y se adaptan a las nuevas tecnologías. Pero para los expertos en protocolo los maleducados suelen serlo con móvil o sin él. En la Red y fuera de ella.

Dos más dos son cinco - Gustavo Yepez


Uno de mis trucos preferidos consiste en demostrar, a través de ciertas operaciones aritméticas sobre una igualdad, que dos más dos son cinco. Se lo he demostrado a personas con bastantes conocimientos de matemáticas, y al final disfruto bastante al explicarles dónde está la trampa. Para alivio de todos, dos más dos siguen siendo cuatro. En términos prácticos, el truco consiste en disfrazar hábilmente una mentira de verdad. Un truco parecido trata de aplicarnos este régimen tramposo cada vez que puede. Cualquier persona con dos dedos de frente se da cuenta de que muchas de las actuaciones del régimen están basadas en falsedades. La diferencia con mi truco es que ellos nunca dicen dónde está la trampa y ni siquiera reconocen que hay una trampa, una mentira. Veamos algunos casos emblemáticos. Todos los que vimos el episodio con el Rey de España observamos en vivo y en directo quién violó las reglas, quién insultó, quién fue grosero, quién no dejaba hablar al otro. También nos dimos cuenta que el regaño fue visto y tuvo que ser escuchado por el trasgresor. Después, con todo su cinismo, nos cuenta que él fue el agraviado y que menos mal que no lo escuchó porque bla, bla, bla. Mentira. Dos más dos son cuatro. El pueblo venezolano rechazó la reforma, le dijo NO al socialismo y también rechazó a quien convirtió el referendo en un plesbicito. Eso es un hecho corroborado por las cifras, siempre dudosas, del Minpopo para las Elecciones. El tramposo nos quiere hacer ver que esa fue una victoria de M, que fue un triunfo pírrico, bla, bla, bla, y que además la reforma sigue viva. Mentira. La reforma, y todo lo que ella representa, murió. El pueblo, el soberano, la enterró, por ahora y para siempre. Dos más dos son cuatro. El episodio con la liberación de las personas secuestradas por la guerrilla asesina de las FARC es patético. Todos sabemos que las FARC mienten, asesinan, torturan, secuestran. Eso nadie lo puede negar. Nuestro personaje, por su parte, dice que a él nunca le han mentido por lo cual él no puede decir que son mentirosos, que ellos son humanitarios, que el mentiroso es Uribe, bla, bla, bla. Son ellos quienes mienten y ya eso ha sido demostrado e incluso corroborado por las FARC en su comunicado de hoy. Dos más dos son cuatro. Para terminar, cuando se vio en evidencia con esta última mentira, se saco debajo de la manga una Ley de Amnistía chucuta e inmoral porque la "amnesia" de los "delitos" que allí se mencionan es parcial e interesada, a diferencia de la amnistía que decretó para olvidar los delitos de sus compañeros de fechorías, que fue total y sin condiciones, como debe ser. La Ley de Amnistía no es tal. Por más que diga que es un gesto de reconciliación, que si los delitos de lesa humanidad, que si no se han puesto a derecho, bla, bla, bla, miente una vez más. Dos más dos son cuatro. La buena noticia es que cada día que pasa, más venezolanos estamos aprendiendo a sumar y, por más trucos que nos quieran hacer, sabemos que dos más dos siguen siendo cuatro. (Enero 5, 2008).

La Palabra Herida - Pedro Mejías


En 2006 Ana Teresa Torres ingresó como individuo de número a la Academia Venezolana de la Lengua. Su discurso de incorporación es una pieza que merece ser seguida con detenimiento por quienes se preocupan por el uso de la lengua como elemento de cohesión de la comunidad nacional de la que formamos parte. Este punto de inflexión histórico que atravesamos debe ser analizado con cuidado para extraer de él la mayor enseñanza posible, esto es una estructura de estado que no sólo genere la mayor suma de felicidad posible a sus ciudadanos sino que disponga de un asidero al cual volver cada vez que el curso de los años y los acontecimientos tiendan a separar nuestra singladura del derrotero común que hemos pensado. Y a este respecto, Ana Teresa Torres se pregunta si acaso lo hemos pensado: "Tenemos la obligación de ser pensadores de nuestro propio país porque pertenecemos a naciones irresueltas, en búsqueda de soluciones ideológicas que no llegan, o desgraciadamente llegan". Nos dice en el discurso al que hacemos referencia. Trata más adelante del problema del intelectual en la causa política y que en nuestra circunstancia hemos visto hacer extensivo hasta toda figura pública que presenta una opinión política: "Grandes pensadores han apoyado causas infames, como fue el caso de Heidegger, probablemente el más trascendente filósofo del siglo XX, quien fue miembro activo del partido Nazi y aceptó la persecución de sus colegas judíos porque “los judíos eran enemigos de Alemania”(... ) Borges, llevado por su absoluta creencia de que los hombres de honor, léase los militares, reestablecerí an la república argentina, atravesó un laberinto de errores del que no pudo salir a pesar de sus posteriores cambios de opinión. Encontró así su "destino sudamericano" prefigurado en el Poema conjetural. Por otros caminos, Saramago, adalid de los intelectuales revolucionarios, no deja de exponer sus constantes críticas –casi regaños- a los estados que operan dentro del liberalismo y la economía de mercado y a los regímenes fascistas de derecha, sin que los crímenes del stalinismo le hayan merecido un comentario". No es una tarea fácil adoptar una postura crítica ante la circunstancia que nos corresponde atravesar, sin embargo, es nuestra opción siempre y en todo lugar elegir bajo el dictado de la conciencia, ello conforma con mucho nuestra acepción de humanidad, la capacidad de tomar partido ante lo que vemos, atravesamos, escuchamos y en fin hacemos como colectivo. Es esta reflexión la que nos lleva al ejercicio del poder, a las formas como históricamente se ha encarado el ejercicio de la función pública en Venezuela, nos conduce al desarrollo evolutivo del pensamiento occidental que llevó a Spencer y a Montesquieu a hablar de la necesidad de contener el ejercicio del poder, y el nudo que atravesamos en nuestra historia es una prueba de esta necesidad de una institucionalidad sólida no para defenderse a si misma sino para servir al ciudadano en condiciones de igualdad de oportunidades. "El poder no es necesariamente nuestro enemigo, pero con seguridad nunca es nuestro aliado". Los escritores que han sucumbido a la tentación del poder han terminado por dañar su escritura, o lo que es peor, su conciencia. Valga la cita de Pedro Emilio Coll cuando con toda humildad dice: “Dios perdone al general Gómez y el pueblo perdone a los que le servimos”. La escritura es lo contrario del poder. O si se quiere dicho de otro modo, no se puede escribir desde el poder. El poder es ese ciego, certero y sólido monstruo, amo del corazón de los hombres, que solamente es dominable, custodiable, amansable, en aquellas sociedades lo suficientemente inteligentes para reconocer su voracidad, que no es nuestro caso". Esta colectivización de la sociedad común a los regímenes autoritarios y personalistas es, en opinión de Torres algo a lo que debemos oponernos en virtud de la defensa de la identidad personal que se disuelve ante la idea de lo colectivo, lo supremo y lo supraindividual. "la única resistencia posible es la de pelear a muerte contra el peligro de banalizar nuestra propia identidad bajo el argumento de su no importancia." ¿Qué queda a la civilización al enfrentar a la barbarie que pugna por copar todos los espacios posibles?. Este concepto le fue preguntado a Ana Teresa en una entrevista publicada el 26 de marzo de 2007 en el Universal y sus respuestas fueron contundentes y poco optimistas: "La palabra no es inocente, puede ser tan efectiva y tan violenta como un hecho, porque daña la subjetividad. Ese discurso (el oficial) está produciendo una emigración de jóvenes profesionales que no tiene precedentes históricos. Se repite "bienaventurados los pobres" como si fuese una condición deseable y todo ese sentimiento de odio, de desconfianza se dirige hacia los valores de clase media que tienen que ver con la excelencia, el desarrollo individual, el esfuerzo personal, el logro a través de la educación.(...). -En su discurso de incorporación a la Academia de la Lengua usted hablaba de que los países felices no son los que se dedican a pensarse sino a construirse ¿Cómo hacer cuando a un sector de la sociedad venezolana la única opción que se le deja es soñar con el país que quiere?. -Lo que yo veo como factible más allá de ese discurso político que nos arrastra y que no podemos controlar y que invade la privacidad -porque estás viendo la TV y ponen cadena- es lo que ocurrió en países de Europa del Este, que las personas tienden a replegarse y proteger esos valores en la intimidad en la medida en que no lo pueden hacer públicamente. Esos son los reductos que las sociedades utilizan para la construcción de la democracia. -Según su opinión lo que nos queda es aguantar el chaparrón -Yo no veo en este momento otra posibilidad. No hay ningún espacio político en el cual la oposición democrática tenga algún atisbo. -¿Y en ese contexto cuál es el futuro del sector cultural?. - También se ha dividido siguiendo esta lógica: un sector público oficial que mantiene sus proyectos y tiene muchísimos recursos y el sector privado donde mantenemos nuestra vida muy intensa. Hay un divorcio casi perfecto y creo que los intelectuales que no nos hemos identificado con el Gobierno hemos logrado sostener la vida cultural, buscando otro tipo de apoyos y alianzas". Nuestra palabra ha sido herida en forma muy profunda, han sido muchos años y demasiada la arrogancia, el encono y el odio puestos en juego para que puedan restañarse esas heridas en el poco tiempo que quisiéramos, el rescate de una palabra en la literatura, la historia, la sociedad y la política que nos una en la consecución de una mejor Venezuela, bajo un mismo destino es la tarea que nos queda a los que aspiramos una mejor patria, A esa tradición, entendida como un rumbo más elevado que deseamos encontrar y seguir es a la que finalmente Torres en su discurso desea filiarse al aceptar las actividades de la Academia para contribuir al engrandecimiento de la nación.
Saludos a todos
Pedro Mejías