martes, 17 de agosto de 2010

El tiro por la culata


Los más de 13.975 homicidios ocurridos en 2009, 8.007 más que los 5.968 registrados en 1999, son suficiente razón para considerar a este problema como el de mayor preocupación para los venezolanos. ¿Cómo se ha llegado a estos extremos durante un Gobierno ¨revolucionario¨ que dice haber erradicado la desigualdad y la exclusión, que asegura haber elevado el nivel de educación y acabado con el analfabetismo, y que asevera haber disminuido la pobreza? La respuesta a esta pregunta pasa por la percepción de que todas las afirmaciones anteriores están falseadas y no se corresponden con la realidad. Pero también pasa por el hecho de que la revolución chavista ha tergiversado lo que significa una Política de Seguridad Ciudadana dirigida a la colectividad, para diseñar una con un alto sesgo político a la medida del ideario de quienes hoy comandan al país. En esta era de Hugo Chávez se ha desmantelado la institucionalidad judicial, para ponerla al servicio de su proyecto político. Y al igual que en otras áreas, se ha descartado el aporte de expertos en la materia, para privilegiar al centralismo y a nuevas organizaciones policiales paralelas que rinden cuentas al poder presidencial. Ejemplo de ello, es haber descartado las recomendaciones de fondo emitidas por la Comisión Nacional para la Reforma Policial (Conarepol), donde participaron expertos en el tema de la seguridad de todos los sectores.A esto se le agregan varios agravantes de la estrategia ¨revolucionaria¨.Uno es que se ha permitido la infiltración de la delincuencia común en los cuerpos policiales, hecho que incluso fue reconocido por el ministro del Interior, Tarek El Aissami, al afirmar a fines de 2009 que en 20% de los delitos cometidos han participado efectivos policiales. Esto fue particularmente cierto, en la época del alcalde mayor Juan Barreto, cuando integrantes del grupo armado, Los Tupamaros, ingresaron a la Policía Metropolitana, desplazando a funcionarios con formación y experiencia, varios de ellos hoy presos injustamente por los hechos de abril de 2002. Otro agravante es la permisividad y la impunidad imperante. Según expertos, tres de cuatro delincuentes que son apresados, quedan en libertad.Y otros más: la insistencia de ocultar las cifras a la opinión pública; afirmar que las denuncias de los medios de comunicación sobre la alta incidencia de los delitos es mentira, y se trata una cuestión de ¨una sensación de inseguridad¨, o carcajearse cuando expertos como el sociólogo Roberto Briceño León explicaba en CNN, que la tasa de homicidios de Bogotá es de 18 homicidios por 100 mil hab, en comparación con la de Caracas, que es de 140 homicidios por 100 mil habitantes.Lo irónico es que ante las denuncias de El Nacional con las impresionantes fotos publicadas la semana pasada, donde se ilustra la terrible realidad de la Morgue de Caracas, de nuevo se persigue al medio, en vez de buscar vías de solución a un problema que afecta a toda la ciudadanía.

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