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jueves, 8 de septiembre de 2011

Obra suicida


Por: Anabelle Aguilar Brealey - A: Ibsen Martínez - Ibsen Martínez podría pasar por chavista, quizá por su sonrisa irónica o por su arrogancia que no disimula. Sin embargo, escribe bien, y estemos claros en que eso no se les da bien a los chavistas. Es un espécimen más de la tan variopinta nova oposición que se las echa de enfant terrible, aunque ya no es tan chamo. Ibsen anuncia su nueva obra de teatro “Petroleros suicidas” donde, cosa rara, no hay ningún suicidio de ningún petrolero, pero sí hay “homicidios, extorsiones y electrocuciones”, según sus palabras. Ahí comienzo, sin ver la obra a olfatear algo que no me cuadra. La cosa no queda allí, también hay infidelidades, y esto es lo más llamativo, porque las infidelidades atraen a la gente y si es entre petroleros más. Tiene que haber un gancho, para que la gente acuda en masa. Vender una obra es importante y lícito. Aunque muchos opinan que el autor no es la simpatía andante, acudir al teatro, darle la mano y felicitarlo, permitirá a algunos “pantallar” un poco, y codearse con los “in” del momento de la farándula y de la intelectualidad. Volviendo a la obra, no me explico cómo Natalia, tan “soñadora y bella”, botada de PDVSA, esposa de Cayetano, también un ex “pdveso”, como despectivamente lo llama el autor, termine engañando a ese señor con un alto directivo de la PDVSA roja. En qué cabeza humana cabe que yo, por ejemplo, esposa de un despedido de PDVSA, me acueste con un Alí Rodríguez o con un Rafael Ramírez. ¡Zape gato! Hay que meterle imaginación al asunto, porque eso sería totalmente inviable. Este asunto lo que provoca es risa, pero no por el humor, si no por lo disparatado. Pero también esta muestra de misoginia de Ibsen es ofensiva, al dar a entender que las esposas de los petroleros nos vendemos al mejor postor. A Ibsen no le interesa el desmadre que existe en la PDVSA roja, sino referirse a lo que califica de “fracasado paro” y “malhadado paro petrolero”, llevado a cabo por “unos individuos que se consideran irremplazables”. Solo le interesa usar un humor gris y sarcástico para intentar desprestigiar, quien sabe por qué resentimiento, a quienes se jugaron todo en un momento en que la sociedad en pleno pedía una rectificación del gobierno por sus actuaciones desafortunadas y presionaba para que los petroleros se sumaran al paro cívico. Se puede con todo derecho no estar de acuerdo con dicho paro, pero es de poca hidalguía exponer a la burla pública a un grupo de venezolanos que lucharon y siguen luchando por la democracia. Los trabajadores petroleros han sufrido muchos atropellos. Ciertamente experimentaron sangre, sudor y lágrimas, separaciones matrimoniales, horror, noches de insomnio, depresiones, neveras vacías, ilusiones perdidas, desespero, enfermedades y fallecimientos por enfermedades conocidas como de origen sicogénico. Hasta en “la libertad de los procesos creativos”, como llama Fabiola al teatro que hace, hay un límite. Nunca haría yo una comedia, ni un chiste siquiera, con el alcoholismo y la depresión que él mismo comenta en una entrevista, porque como ser humano merece respeto, así que no hay derecho a que presente una obra de ese talante, ni con humor negro, ni gris, ni blanco, porque con el dolor de la gente no se juega. En la familia petrolera no nos hacernos víctimas, porque lo hemos vivido con dignidad, con orgullo, con la frente muy en alto y sin quebrarnos porque, al igual que muchos otros, somos venezolanos comprometidos. Martínez clasifica su obra como comedia de humor negro, pero pareciera que es bastante gris, “chambona y tramposa”. Ibsen, agradézcame en todo caso la propaganda, porque la gente es curiosa y le encanta la polémica. En todo caso, no tenga miedo, no voy a ir a la salida del estreno a degollar a los actores ni a usted tampoco como solía hacerse en la época de Shakespeare, porque ni estamos en esa época, ni usted es Shakespeare.

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