viernes, 8 de junio de 2012

Una Isla

 

 

 

 
Por: Alexei Guerra Sotillo -
alexeiguerra@yahoo.com -

Sospecho que este intento de gestión que aspira a la eternidad autoimpuesta, es el producto de una clara y afilada estrategia, pensada, reflexionada y discutida. Si. Y la estrategia consiste en seguir el mayor cúmulo de ideas fracasadas, negativas, inviables, y delirantes tan sólo por el simple hecho de hacer la "revolución", que ni es esto pero tampoco aquello, que aspira exudar juventud pero en realidad huele a decrepitud, que anhela congregar a todos los excluidos y marginados del mundo, reuniendo en la práctica a un selecto grupo de actores y estilos de gobernar cuya gran coincidencia es la intolerancia y el odio a la disidencia y a la libertad, en todas sus manifestaciones.
La paradoja, ya lo hemos escrito, define y signa, cual piedra filosofal, las decisiones, hechos y (des)hechos de la actual elite en el poder. Quizá  cabría decir, de aquellas "élites" que se lo disputan, forcejeando en la gran incógnita que gira en torno a la salud de un solo hombre.
Hablan de amor, de entrega al soberano, pero se alinean y guardan un silencio miserable ante la carnicería que el autócrata sirio dirige en aquella nación, ante la retórica pasiva y temerosa de la comunidad internacional. Ofrecen asesoría técnica a los hermanos argentinos, contagiados de la virosis expropiatoria como instrumento últimamente perfeccionado por la "revolución", para afrontar la estatización de YPF, pero aquí en casa, endeudan hasta lo imposible a PDVSA y la condenan a un rezago operativo y financiero peligroso, dada la elevada dependencia fiscal del ingreso petrolero, también alentada durante estos últimos 14 años. Hablan de soberanía alimentaria, pero han elevado a niveles históricos las importaciones de rubros que antes producíamos en el país. Revisan, visitan, recorren los pasillos de una cárcel, y sí, encuentran armas, pero advierten que dichas armas no entraron allí durante la impoluta gestión del Presidente Chávez. No, faltaba más. Las armas llegaron allí del cielo, en forma de lluvia, o quizá fueron lanzadas por angelitos guerrilleros sin oficio que volaban por los aires patrios resguardando a quienes asumen la violencia como único argumento ante la vida.
Ahora impulsan, en plena circunstancia global e interconectada hasta la microcotidianidad, el fin de la OEA, y más específicamente, el replanteo, vaciamiento o debilitamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, molestos e incomodos por esa manía subversiva, y propia de estos días, de andar defendiendo los derechos humanos, y defendiendo las fulanas garantías al debido proceso judicial de los ciudadanos, y la libertad de expresión, y de participación política, resabios desagradables de un Estado burgués que en nada compaginan con la nueva "geopolítica" socialista.
Y en ese afán de alejarnos de cualquier asomo de civilidad global, nos retiramos de instancias de arbitraje, de intermediación, de negociación y deliberación mundiales, que signifiquen el acatamiento no sólo de la Constitución, además del respeto a las libertades, y al respeto del "otro".
Tanta dependencia creada y labrada con tanto tesón hacia Cuba y sus extraordinarios y modernos aportes al acervo democrático, científico, tecnológico y sobre todo económico y competitivo de la posmodernidad, tenían que rendir, tarde o temprano, sus frutos (podridos).
El fin último de este gobierno es ese. Alejar al país de los ejemplos exitosos en el plano económico, político, cultural, científico o tecnológico. Acelerar la destrucción del tejido empresarial y productivo del país, y consolidar la hegemonía del Estado-caudillo-partido, supremo y sabio conductor de los "hombres nuevos" hacia el progreso del colectivismo y la exaltación de la mediocridad.
Hacia ese horizonte nos quieren conducir. Eso quieren hacer de nosotros, y de lo que va quedando de país. En eso nos quieren convertir. En una Isla. Depende de nosotros, contribuir o impedir la consecución de dicho objetivo.

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