martes, 25 de mayo de 2010

Tragedia cuando se cae en manos resentidas


Nota: Título de este post es mío
y no de la autora del artículo.
Magda Mascioli G.

Por: Dra Juana Rodríguez Ignataviciute - Docente de la Facultad de Medicina - Escuela de Enfermería - Un cafetín, está claro, pudiera ser objeto de diferencias de puntos de vista, de discordia, discrepancias. Pero, cuando son particulares, ucevistas o no, quienes abogan por la defensa y protección de lo que significa el Jardín Botánico de Caracas, mientras que quienes están llamados para esta tarea, su Junta Directiva, lo hace a favor de un cafetín en detrimento de su vegetación, sus árboles, la propia esencia de ese mágico lugar, las cosas tienen que estar muy mal. Y muy mal andan cuando es, ante las presiones de las protestas y no meses atrás, cuando originalmente se hacía la denuncia de la situación de depredación y tala, que se encuentran obligados a manifestarse por vía de cartas a la opinión pública intentando como práctica distractora, hacer ver la absurda pretensión que la protesta tiene un único doliente iniciando así una campaña de descrédito personal. Las cosas tiene que andar muy mal, cuando una y otra vez se ha intentado desviar la atención del verdadero fondo del asunto, haciendo creer que quienes objetan este “Proyecto Cafetín” están objetando el mantenimiento de la laguna principal, supuestamente apremiante pero inexplicablemente no emprendido en su momento a pesar del tiempo transcurrido de gestión de la actual directiva. Qué mal andan las cosas, para justificar la depredación con un sinfín de tecnicismos, que varían con cada entrevista, y así tenemos que el bambú chupa el agua de la laguna, que la hojarasca que desprende éste limita el crecimiento de vegetación, que hay que tratar de llevarlo a su sitio de origen, arriba, por encima de donde estaría funcionando el cafetín, que la destrucción de bambú tras el empleo de maquinaria pesada no es tala ¿? sino poda ¿? porque sus rizomas, o partes en contacto con el suelo siguen ahí y son trasplantables, que debió ser podado el bambú para que los trabajos en la laguna se pudieran realizar con mayor facilidad, que en ningún momento se ha planteado eliminar esta laguna para la construcción del cafetín (cuando nadie ha planteado semejante cosa), siempre en la búsqueda de desviar el verdadero objeto de nuestra protesta. Es oportuno destacar, que el término poda no tiene cabida, basta ver las imágenes para darse cuenta. Y así, se va justificando la devastación… Las cosas andan mal cuando después de tantas excusas se da uno cuenta que el gran atractivo de este cafetín a construir es la laguna y el bambú le resta la visibilidad requerida a esta pretensión. De manera que a la destrucción del bambú está claramente ligado al mantenimiento de la laguna, pero por motivos diferentes a los que se quiere hacer ver. Es inadmisible una construcción de esta naturaleza pasando por encima de la razón de ser de un Jardín Botánico como lo es su protección y preservación. Extraña forma de “promover la conservación del ambiente y la diversidad vegetal”, misión reseñada en la página web de este espacio. La propia Ing. Silva, miembro de la directiva por ejemplo, ha considerado válido la tala de 6 grandes árboles "porque estaban repetidos" y como ha expresado Rodrigo Pinto, incansable activista, con criterios como estos "ninguna especie está realmente protegida", en ese santuario vegetal. Y es que para hacerlo peor, se ha intentado encubrir, sin éxito, semejante depredación con la siembra y colocación de palmeras. Estamos muy mal, si como ha declarado la Ing. Silva recientemente a la prensa, que este proyecto Cafetín fue aprobado además, por el Consejo Universitario y la Fundación UCV , quienes entonces estarían avalando este atentado ecológico, lo cual ya se ha hecho costumbre con la tala despiadada de un sinfín de árboles de manos de COPRED “a cargo también de la preservación y desarrollo en nuestra UCV del patrimonio natural”, entre otros. Y no podremos estar bien mientras ante una situación como esta estén los infaltables cómplices, algunos, que incluso se dicen protectores del ambiente, que solo observan sin comprometerse, intentando mantener intactas sus relaciones con los responsables, y que si acaso solo asoman el diálogo como solución, ¿y tiene sentido el diálogo ante la destrucción generada? Éste es el tamaño de su compromiso para con la conservación de la naturaleza. La construcción de un cafetín no tiene razón de ser. Durante 60 años, este espacio vegetal ha subsistido a pesar de un cafetín. Quien vá al JB no va a la búsqueda de un cafetín, el resto del país está lleno de ellos y quien asiste al JB lo hace para llenarse de vida, de esa vida que tanto hace falta, y que no se tiene a la mano. El propio Tobías Lasser jamás habría aceptado este absurdo y pretenden llamar a esta obra representativa de la indolencia en materia de preservación ambiental en su nombre. Todo una ofensa para quien fue digno creador y defensor de este espacio. Esta agresión a nuestros espacios verdes, señores, no sucede en cualquier calle o avenida de nuestra Caracas, como es ya costumbre. Ocurre en nuestro Jardín Botánico y en nuestra UCV, ambos, Ciudad Universitaria de Caracas, PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD (UNESCO, 2000).
http://historiactual.blogspot.com/









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