jueves, 9 de junio de 2016

Al juez Oswaldo Tenorio



Permítame dirigirme a usted en su condición de ser humano, que antes que su condición de juez, es la que debería privar en cualquiera de sus decisiones. Le confieso algo, soy un fiel creyente de la humanidad, cuando me dicen que todo está perdido, que cada día la desvalorización gana terreno, prefiero buscar señales que me demuestren lo contrario, que me hablen de la compasión, la nobleza, de la solidaridad y la empatía por el otro. Siempre voy detrás de aquellas acciones que rompan con los estereotipos y antes de dejarme arrastrar por la ola de odio y rabia, prefiero comprender las razones. 

Pero busco y busco razones en la sentencia que lo llevó a usted a negar una medida de protección para los niños que sufren esa terrible enfermedad llamada cáncer y no las encuentro ¿Motivaciones políticas? Si uno analiza la solicitud no es ni siquiera política, es humanitaria, significaba abogar desde la ley para garantizarle el derecho a la salud a criaturas que apenas comienzan a vivir, garantizándoles el acceso a los tratamientos necesarios para su proceso de recuperación. Sabe usted algo señor Tenorio, un niño no elige enfermarse para armar una conspiración contra el gobierno, no es que cambian sus juegos por quimioterapias porque quieren afectar la imagen de un presidente o un partido. No hay nada político en una tragedia como esta. 

Personalmente me niego a creer que un venezolano, que también es padre, que me imagino sabe lo que representa el amor hacia un hijo, no se haya tomado más de sesenta minutos para evaluar con más profundidad el drama que viven los niños con cáncer en Venezuela. Menos de una hora le bastó para negar una crisis que nos choca a todos en la cara. Me gustaría saber que pasó por la cabeza cuando firmó su decisión, cuando dijo que la solicitud de protección se basaba en “informaciones falsas de algunos portales de noticias”. 

¿Es que acaso quería usted una prueba más contundente señor Tenorio? Quizás el asesinato del niño Oliver Sánchez le permita reconsiderar aquel punto de vista, que yo no me atrevo a calificar como jurídico, sino como un acto de deshumanidad, como una aberración. Digo asesinato porque a Oliver lo mató un Estado indolente, una justicia arrodillada y unos jueces secuestrados por el miedo. 

Sabrá usted lo que significa para una madre que su pequeño le diga que quiere seguir viviendo y que esta no pueda hacer nada. No me imagino la desesperación y la impotencia, como tampoco puedo imaginarme tanta maldad en quienes niegan el problema. 

Oliver es solo el rostro visible de lo que no puede llamarse de otra forma más que como un exterminio masivo de una parte de la población que no tiene recursos para irse fuera del país a cumplir un tratamiento y que muere en los hospitales venezolanos frente al silencio de la mayoría y el ruido de aviones de guerra que celebran que somos “una potencia militar”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Su Comentario