domingo, 6 de diciembre de 2009

Yo y mi caos


Por: Carlos Blanco G. - Chávez, ¡caballero!, está apuntando lejos. En esta esquina de la palabra se tiene el pálpito de asistir a una jugada política de alta envergadura, que no puede ser reducida a una pelea de pillos por repartirse el botín después de un exitoso asalto al camión blindado. Que hay mafias, no está en duda; que la caída de algunos de los bancos del régimen sea producto de sus conflictos, es posible. Sin embargo, lo que no resuelve esta hipótesis es de qué lado anda el Presidente y tal vez la respuesta sea que en ninguno. Lo que ha ocurrido es producto de su decisión; se propuso desbancar a uno de los afectos de su régimen y lo hizo con la frialdad con la que los cubanos toman las decisiones, sin los sentimentalismos querendones propios de los venezolanos. Igual a las decisiones de Fidel cuando manda a fusilar a sus camaradas, en las que prevalece el interés superior de la nación, encarnada en su voluntad implacable. Nótese que cuando Chávez habla sobre la crisis, el tonito retrechero y malandrín adquiere acento cubano -testimonio de su devoción inaguantable por el cocodrilo caribeño-. Son medidas tomadas luego de la reunión del Buró Político cubano con Chávez, primero en Venezuela y después en La Habana. Caídos del Pedestal. Hace un tiempo, un encumbrado líder del chavismo, que sigue allí, en las riberas del Arauca vibrador aunque con comedido entusiasmo, le dijo a este narrador que Chávez siempre actuaría como Perón: usar a la izquierda para golpear a la derecha y usar a la derecha para golpear a la izquierda, según se requiriese. Falta de escrúpulos, sin duda, pero también decisión de emplear cualquier arma para derrotar a sus enemigos. Ya se ha visto que a Chávez no lo detiene ningún remordimiento ni freno ético, su consigna existencial es pa'lante como el elefante. A la sombra del jefe han crecido algunos segundones con poder político, mucho dinero y ambición. Allí están Diosdado Cabello, Jesse Chacón, Rafael Ramírez, como operadores de primer nivel, los cuales, como el jefe, no temen sumergirse en las alcantarillas si la causa lo reclama. También está Adán Chávez, quien ha tenido una influencia muy grande en su hermano; pero a quien el Presidente, que no tiene paz con la miseria, también quiere colocar en su sitio. La forma de actuar de Chávez con ellos es muy simple, les da poder pero los tiene con la cabuya corta. Sin embargo, los personajes se sobregiraron, construyeron una estructura de poder personal que, en el caso de Cabello, incluye áreas del estamento militar. Como en las películas de terror, en una noche de luna llena, las marionetas adquirieron vida y salieron a morder yugulares. No entienden que su poder es prestado; son como aquellos compadres que Gómez ponía en las aduanas, que dominaban las vidas y haciendas mientras se hacían ricos, pero bastaba un ronquido del Bagre de Maracay para que se les acabara el futuro. Aquí se sostiene la idea de que Chávez ha decidido rebajarle el copete a los suyos que piensan que puede ventilarse sin respirador artificial. No lo hace directamente, porque los tipos han acumulado un cierto poder y tienen su pequeña corte de dolientes, sino a través de golpes tobilleros contundentes, capaces de dejar lisiados de por vida a sus hermanos del alma, y a los de sangre también. Véase el caso de Diosdado Cabello. Ya van dos veces que Chávez públicamente lo increpa por su incompetencia con las tareas que le han sido encomendadas; el mensaje subliminal que construye es: "Diosdado es ineficiente", base del expediente que se le está forjando como incapaz. Para añadir injuria al insulto, la semana pasada careó a este ministro con el gobernador Henri Falcón de una manera tal en la que Chávez se veía más simpático con el gobernador -crítico y potencial adversario- que con su fiel Diosdado. Este cotejo sirvió además para mostrar que Chávez sabe dónde está el poder real: el gobernador tiene votos propios; el ministro, cuando lo desenchufe su jefe, se convertirá en anónimo que no ha podido dejar de ser. Esta vez el instrumento presidencial para el desguace ha sido Alí Rodríguez, quien esperaba este momento. Lo Que Chávez No Sabe. El Presidente es astuto como un zorro y tiene la sabiduría del mapurite, que sabe a quién dedica sus flatos. Su real limitación es la ignorancia histórica, unida a un problema sobrevenido que es el culto a la personalidad; pero no tanto de los demás, sino esa devoción enfermiza que tiene por sí mismo. "Espejito, espejito, quién es el líder, dime, te lo ruego." Y el espejito responde: "eres tú, pero en el bosque hay unos malandros escarlata que pueden ser más líderes que tú." Esta pesadilla recurrente no se cura con litio. Chávez intenta reafirmarse como jefe llevándose en los cachos los negocios de algunas de sus criaturas, como posible mensaje a los socios que los han propiciado dentro del Gobierno. Lo ha hecho con uno de sus aventajados bebés, sobre el cual debe reconocer paternidad, aunque sea irresponsable. Si se redujera a sancionar unas graves pillerías financieras y a alertar a sus tarambanas, la situación podría no descoserse más allá de ciertos límites. El problema es la ignorancia y no saber qué significa arrojar amenazas contra los bancos. No sabe lo que son las instituciones. Chávez cree que los bancos son edificios, real a montones, unos oligarcas, agencias, y clientes sólo interesados en su plata. No entiende que un banco, como cualquier institución, está hecho por millones de interacciones humanas directas, indirectas, personales y electrónicas, que forman un sistema. Es el cliente que conoce a su cajero o a su ejecutivo, es un lugar específico, es la relación de los dueños con los directivos, de éstos con los empleados, de un banco con otro, a veces tiene que ver con la casa que un cliente compró o desea, con el automóvil que está en la mira, con la posible empresa, con los sueños de la gente. Nadie quiere que los banqueros ganen tanta plata pero nadie quiere tener su dinero en un banco que no gane plata. En fin, cuando se piensa que se puede nacionalizar, estatizar, quebrar al sistema financiero como vehículo para mandar mensajes a sus ministros y familiares, el mejor lugar para estar es el manicomio. Al liquidar el sector financiero privado puede liquidar también su régimen. Con Mi Bolsillo No Te Metas. Chávez, debes estar en un momento difícil, en ese borde translúcido que hay entre el radicalismo enfermo y la locura plena. Porque, como decía una voz amiga, tanta epopeya, tanto Bolívar, tanto antiimperialismo, tantas inyecciones intravenosas de Fidel, para terminar en un pichaque de billetes, maletines y como facilitador de una inmensa y voraz operación de corrupción. Él sabe esto; tiene conocimiento pleno de la boliburguesía emergente; ahora su poder y lo que cree es su prestigio están amenazados. Huye para salvarse, y se encuentra con el abismoooooooooooooo... ¡Splaaasssshh!
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