lunes, 21 de septiembre de 2009

Un concierto por la paz... ¡de los cementerios!


Por: Pedro Lastra - ¿Cuántos presos políticos aherrojados en las mazmorras del régimen cubano serán liberados como consecuencia de este concierto “por la paz”? ¿Cuántos espacios de libertad, por pequeñitos que sean, abrirá el régimen de los Castro que, tras cincuenta años de feroz dictadura política y policial pueden refocilarse con la visita del colombiano Juanes? ¿La paz de quién, con quién, para quién? ¿Qué enfrentamientos eran invocados secretamente por Olga Tañón y Miguel Bosé, por Eduardo Aute y Silvio Rodríguez, por Víctor Manuel y los Van Van? ¿Los de los pobres contra los ricos o los de los castro-comunistas contra los demócratas? ¿De qué paz me hablan? ¿Por quién doblan las campanas, por quién rodaron esas lágrimas de cocodrilo? Un millón de cubanos tuvieron por fin, tras medio siglo de despotismo, algo de circo. ¿Y el pan? En verdad, no más que una monumental parafernalia de maquillaje político de un régimen al que ninguno de los bufones se dignó dirigirle una morisqueta de crítica, una modesta cerrada de ojos de reclamo, un Tate quieto de protesta. Tan suave fue la jaladita, que hasta Chávez se derritió de la emoción. Una bacanal, un festival, un banquetazo de supremo come mierdismo a la cubana. Más nada. Si algún sentido tendrá un concierto semejante en esa plaza, será el del día en que los verdaderos artistas de la libertad, como Alejandro Sanz y tantos y tantas otras – y no los que viven del showbiss circense y le dan un tirito los días impares a las democracias, que les llenan los bolsillos, y otro los días pares a la revolución, que les lavan las conciencias, cultivando así sus audiencias plurocoloridas – celebren el regreso de la democracia, el triunfo de la libertad, el despertar de la pesadilla. El fin de la más siniestra y aterradora de las tiranías jamás vividas en nuestro continente. Triste espectáculo el de quienes callaron la única verdad que debía gritarse a voz en cuello, a ver si alguno de entre ese millón se animaba: ¡DEMOCRACIA!. “Toma partido, la neutralidad favorece al opresor no a las víctimas, el silencio favorece al torturador no al torturado¨. Lo dijo el rumano Elie Wiesel, uno de los sobrevivientes del holocausto nazi y galardonado con el premio Nobel de la paz. Provocaba escribirlo con sangre para que el millón de catalépticos que se calan la peor de las dictaduras tuvieran un gesto, un solo gesto de rebeldía. ¿O estarán encadenados por los siglos de los siglos al potro castrista? Y ese es el punto de este “concierto maravilloso” – según el inefable. Si nuest5o caudillo tanto ama la paz de estos conciertos habaneros, ¿por qué no libera a nuestros presos políticos? ¿Por qué condena a muerte a comisarios inocentes? ¿Por qué encarcela a un estudiante de 22 años y lo incomunica en una cárcel de máxima seguridad mientras tira a dormir en el piso de una cárcel inmunda a once trabajadores de la alcaldía metropolitana? ¿Por qué encarcela, persigue y destierra? ¿Esa es la paz de Juanes y Silvio Rodríguez? ¿La de los cementerios? Peo en un chinchorro, flor de un día: ese concierto adormecerá aún más las conciencias de quienes tienen el cerebro encementado de mierda rojo-rojita. Se los regalo envuelto en un papel de celofán. A ver si les quita el hambre.

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