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martes, 26 de marzo de 2013

La conciencia siempre alcanza


 




Por: Magda Mascioli G.

En Venezuela, lo querramos asumir o no, estamos viviendo las consecuencias de lo que se hizo y de lo que no se hizo durante décadas. Es la consecuencia de un populismo que se ve ahora solamente porque vemos amenazada la “tranquilidad” que supuestamente existía; una tranquilidad ficticia que tenía subyacente un caldo espeso que ha ido saliendo poco a poco. 

En la medida en que no logremos asumir eso, en esa misma medida no podremos salir de lo actual.

No podemos pensar que la pérdida de principios y valores comenzó con este régimen, sencillamente porque 14 años no es tiempo suficiente para que se dé un quiebre tan evidente como el que estamos viendo. 

El desmoronamiento comenzó cuando nos comenzamos a situar en la creencia que valíamos en función de lo que teníamos. Fue allí cuando comenzamos a subestimar lo realmente importante para hundirnos en el individualismo y en la competencia con los demás. Si el vecino se compra X, yo me compro XX para “ser más”. 

Una sociedad, no se puede mantener sobre las bases individualistas empeñadas en aparentar,  en “echárselas”, en dejar de lado incluso necesidades primordiales para suplir las artificiales en aras de hacernos de una imagen no soportada en estudios, trabajo, superación, responsabilidad, principios, valores, sino en base a si tengo más o menos bienes materiales. 

Una estructura de sociedad necesita de ciudadanos, no solo de habitantes. Necesita de ciudadanos responsables empeñados en calibrar lo realmente valioso e importante, ciudadanos que no dejen de lado sus responsabilidades, entre  las cuales está, indiscutiblemente, la supervisión directa a los que ejercen cargos públicos.

Los gobiernos en Venezuela, en función de sus propios intereses, nos enseñaron a que cada quien estuviera ocupado de su entorno, de sus propios intereses, sin mirar más allá de lo propio, sabiendo que existían problemas graves de fondo pero que mientras no nos tocaran, simplemente “eran problemas de otros”. 

Todo eso nos alejó de la posibilidad de ser parte integrante de una verdadera estructura social que nos hubiera permitido ser contralores de nosotros mismos, de los demás ciudadanos y de los gobiernos; nos hubiera enseñado a conocer, entender y defender nuestros derechos, pero también a saber cuáles son nuestros deberes y cumplir con ellos.  

Ese tipo de ciudadano en Venezuela nunca interesó a los gobiernos sencillamente porque ese tipo de Ciudadano no tiene cabida cuando los gobiernos son demagogos.

Los políticos de aquel entonces, algunos de los cuales pululan actualmente como que si no tuvieran nada que ver con lo que sucede, se ocuparon hábilmente de estructurar muy bien el populismo nefasto con el que suplían las necesidades perentorias de la gente, en especial la de los más necesitados. Bloques, cemento, cabillas, láminas de zinc, bolsas de comida eran repartidos a diestra y siniestra en especial en tiempo de elecciones. Con eso suplieron la necesidad de vivienda de las personas más humildes siendo los gobiernos, Y NO los ciudadanos, los responsables de la “rancherización” del país; rancherización ésta no solo a nivel de estructuras, sino a nivel mental de la gente. 

Nunca hubo un plan bien estructurado para que todas las personas tuvieran acceso a una vivienda decente. No lo hubo, y no lo hay al día de hoy. 

¿La diferencia entre los de antes y los de ahora? Antes les daban los materiales a la gente para que hicieran los ranchos ellos mismos a cambio de los votos y después, si los hemos visto, no nos acordamos; el gobierno de hoy les quitó hasta el derecho a tener sus propios insumos siendo así el aplastamiento mucho mayor. 

YO (gobierno) tengo los materiales, yo administro los materiales, yo hago los ranchos aéreos, yo digo dónde los hago, yo digo a quien se los voy a dar y, por si eso fuera poco, yo (gobierno) soy el dueño del rancho sostenido por barras de metal, porque lo que doy a la gente es un permiso de habitabilidad más no de propiedad. Un populismo barato e ignominioso que vimos aplicar durante décadas por blancos y verdes, hoy devenidos en rojos… porque, a la postre, todos son caimanes de un mismo pozo.  

Populismo con el que distrajeron la conciencia de la gente para convertirlos en habitantes lejanos de la Política Ciudadana Fiscalizadora y exigente para ellos poder hacer y deshacer a sus anchas. 

Eso es lo que nos está explotando en la cara desde hace 14 años. Una retahíla de atropellos constantes y reiterados; un desprecio absoluto hacia la gente; una subestimación total a la inteligencia, al sentimiento, a los derechos de la gente en aras de mantenerse en el poder alterno durante décadas seguros que con tener a unos mantenidos en sus necesidades básicas y a otros distraídos en sus parcelas de comodidad, anulaban también el pensamiento, la capacidad de acción y el sentimiento de la gente. 

¿Dónde los valores ciudadanos? Eso es lo que les pregunto a los precursores de este desastre (incluidos nosotros los ciudadanos de a pie de todos los niveles).  ¿Dónde quedó la credibilidad de quienes tenían la obligación no solo de suplir las necesidades básicas de la población como lo son vivienda, salud, educación, servicios básicos, trabajo, etc. sino de RESPETAR SU DIGNIDAD como personas mucho más allá de solo enquistarse en el poder negociado y alternado?

Porque cuando se presentaban con los materiales y las bolsas de comida en tiempos electoreros solo para conseguir votos y después dejarlos en la estacada, no solo estaban humillando a la gente sino que le pasaron por encima a su dignidad de personas, cada 5 años la misma historia cambiando solo el color. 

Promesas incumplidas de manera reiterada, demagogias, discursos politiqueros que no eran más que una burla reiterada hacia la gente. Al punto de convencerlos, sin decírselos, que no valen nada, que no merecen nada sino discursos, promesas, demagogias, migajas de los politiqueros de turno. Convencer a muchos de que no hay posibilidad alguna de superación por mérito, por trabajo. 

Por eso nunca ninguno de nosotros pidió cuentas a los gobernantes. Unos, porque el gobierno de turno les suplía las necesidades básicas, otros, porque mientras no se metieran con ellos, no importaba nada más.

Es exactamente lo mismo que ocurre hoy: si en mi alcaldía gana un opositor, me importan tres rábanos que en el resto del país gane un representante del régimen. Un “razonamiento” absolutamente ajustado a lo que los gobiernos anteriores hicieron de la gente: una mentalidad obtusa, egoista, carente de toda capacidad de observación y análisis que vaya más allá de la cuadra de la casa donde vive. Como que si el municipio donde se está estuviera aislado del resto del país.

Y que nadie me venga con el discursito trillado de la antipólítica, argumento utilizado cuando no tienen argumentos en contrario. Al día de hoy estamos viviendo las consecuencias de la comodidad que no era tal; falsa comodidad con la que dejamos en manos de irresponsables, oportunistas y aprovechadores (algunos de los que al día de hoy se venden como mesias) todo lo que era NUESTRA RESPONSABILIDAD. 
¿Qué hizo Hugo Chavez (qepd) con todo eso? Simplemente capitalizarlo. Más nada. No hay mayor explicación. 

Y definitivamente no es con los discursos de los años 60-70-80 como vamos a superar este desastre. No es con el mismo populismo hartamente conocido como vamos a rescatar la autoestima, a incentivar los valores y el respeto por nosotros mismos. No es agarrando una maleta para enseñar a las generaciones nuevas que cuando los problemas se presentan la única vía alterna es huir. Porque no siempre lo van a poder hacer y no siempre los padres estarán presentes para ayudarlos.

Los venezolanos somos pacíficos, es verdad, pero también es cierto que no hay protesta más estruendosa que el silencio de un pueblo acoquinado e irrespetado por todos aquellos (y digo TODOS) que se pregonan líderes.

La violencia no solo se evidencia con tanques y fusiles en la calle. Violencia también es convocar a primarias y luego desconocer el mandato de quienes fueron a votar; violencia es subestimar la inteligencia de un pueblo cuando se presenta la Pdta. del TSJ y decreta una continuidad administrativa que no existe; violencia es decir que el cne es confiable cuando todos sabemos que NO LO ES; violencia es cuando se presenta como presidente un individuo que no fue elegido ni siquiera como presidente de la junta de condominio de su edificio; violencia es seguir aferrados a un cadáver como único punto de apoyo para mantenerse en un poder que ha sido violentado y usurpado; violencia es guardar silencio cómplice ante las ignominias solo esperando una parcela de poder compartido; violencia es la amenaza reiterada, el insulto constante, la ofensa airada, la chabacanería, la rencilla estéril, los guapetones de quinta y quienes lo imitan; violencia es el desprecio absoluto hacia todo aquel que no se arrodille ante ningún extremo. 

No toda agresión es física, pero toda agresión conlleva violencia. 

Cuando políticos ignoran los mandatos de un pueblo y nos imponen sus acuerdos hechos a nuestras espaldas, es violencia pura y simple. 

Y verdad de Dios que un pueblo acorralado siempre encuentra como salir. 

La realidad siempre se zafa de cualquier manipulación o cualquier análisis acomodaticio o que esté al margen de la realidad misma. 

Si Capriles no entiende eso y sigue estando unido a un grupo antes que a la calle, si sigue estando y encima enganchado en dimes y diretes absolutamente irrespetuosos hacia la ciudadanía y fuera de la realidad reinante, esa misma realidad que hoy comienza a arropar al régimen, inexorablemente lo arropará a él también... y esa misma realidad NOS TERMINARÁ DE UNIR A LOS CIUDADANOS TODOS. 

El resto depende de nosotros… ¡De nadie más!

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