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jueves, 3 de marzo de 2011

Tiranos ¡temblad!


Por: Carlos E Méndez - carlosemendezs@gmail.com - A ningún dictador o aspirante a sátrapa, ni mucho menos al coronel Gadafi que lleva 40 y déle años gobernando a Libia a su libre arbitrio, le pasa por la cabeza que tarde o temprano tendrán que abandonar el cargo y sujetarse al régimen de libertades que los nuevos mandatarios van a tener que imponer para reparar los daños y regir los destinos del país que han subyugado. Ese fenómeno de intolerancia ocurre porque los dictadores en el poder llegan a creerse eternos y a sentirse dioses como los césares o emperadores romanos que para inmortalizarse llegaron al extremo de construirse estatuas y colocarlas en los sitios públicos y hasta en los templos de sus deidades para que les rindieran adoración. Pero cuando se apagan los sirios y sus adulantes ya no les rinden culto, se desploman de sus altares cual estatuas de barro y se arrastran como diablos expulsados del paraíso. El empleo de mercenarios extranjeros y de carros blindados y aviones de guerra para reprimir una protesta popular, no es otra cosa que producto de su demencia. Estos exabruptos se suceden y seguirán repitiéndose en el mundo moderno mientras el gobernante de turno y la gente siga creyendo que los derechos humanos y la solución a todos los problemas sociales, políticos y económicos de una nación, están a discreción en las manos de una determinada persona y no en las de la sociedad con sujeción a sus leyes. Los gobernantes son servidores públicos que le deben respeto y explicación a sus gobernados, pero cuando descubren que no están a la altura de las exigencias de sus empleadores, entonces toman el camino de la imposición y se auto proclaman dictadores para no tener que rendirle cuentas a sus representados. En consecuencia, los dictadores suelen imponer el terrorismo de estado para someter a la gente; recurren a las dádivas para ganarse el aval de los que comparten su poder; y, emplean el chantaje para acorralar a sus adversarios políticos, puesto que de otra manera les sería imposible sostenerse en el altar. Pero cuando la gente pierde el miedo y recobra su dignidad de pueblo como en los casos recientes de Túnez, Egipto y Libia, esos dictadores y dioses falsos tiemblan y se derriten sobre sus altares porque saben que en el mejor de los casos les espera una eternidad tras los barrotes de hierro, o un retiro forzado por sécula lejos de su patria. --
Publicado: por Sammy Landaeta Millan para LA PROTESTA MILITAR

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