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miércoles, 16 de marzo de 2011

Mi papá y el mito del che Guevara


Por: Luis Pazos - Profesor mexicano de economía política - www.aipanet.com - Ciudad de México (AIPE) - Seguramente usted no sabe quién fue mi padre, pero sí conoce al Ché Guevara. De ese personaje se han filmado películas, escrito libros, circulan leyendas y miles de jóvenes usan camisetas con su fotografía. Mi padre, Fernando Pazos, tuvo una familia y educó a sus hijos. Como empresario otorgó casas a muchos de sus trabajadores, antes de que existiera en México el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda (Infonavit) y también medicinas antes de la creación del Seguro Social. Mi padre pagaba discretamente desayunos escolares en modestos kínderes y ayudó a la construcción de parques deportivos y escuelas. Durante años fue presidente de la Cruz Roja de la ciudad donde vivió y presidente del patronato de un enorme hospital regional del Gobierno, funciones por las que nunca cobró un centavo. De la verdadera biografía del Ché Guevara, transcribo lo escrito por la reconocida intelectual Ikram Antaki, quien en su juventud admiró al Ché. En su libro El Manual del Ciudadano Contemporáneo escribe: “Nuestro héroe era el Ché Guevara. Treinta años más tarde, lo sigue siendo. ¿Quién tendrá la valentía de decir que este ángel de la muerte sembraba cadáveres por donde pasaba? Estudió Medicina, pero nunca fue doctor; se casó varias veces, pero no fue esposo; tuvo varios hijos y no fue padre; atravesó los países sin ser jamás ciudadano. Fue el pequeño jefe blanco de los negros del Congo y el pequeño jefe blanco de los indios de Bolivia . Como en las películas de vaqueros”.
¿Quién dejó un legado más valioso a la sociedad, mi casi anónimo padre o el popular Ché Guevara? La creación de falsos héroes a través de libros, películas y canciones es una de las causas por las que muchos jóvenes toman como modelos a delincuentes, asesinos y narcotraficantes que, lejos de aportar algún valor digno de imitar, son ejemplos de lo que no debemos hacer. Ojalá se conociera y reconociera la vida de tantos empresarios que, como mi padre, han generado empleos, han ayudado a otros discretamente en sus comunidades y han pagado grandes cantidades en impuestos, con los que muchos gobiernos construyen escuelas y hospitales.

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