martes, 6 de abril de 2010

Delincuente común


EL NACIONAL - Martes 06 de Abril de 2010 - Raúl Castro, presidente de Cuba, ya no encuentra qué hacer para enfrentar la dura resistencia que los disidentes cubanos están presentando en el interior de la isla y en la capital. No puede llevarlos a prisión porque el escándalo mundial aislaría aún más a su gobierno y provocaría un daño que pondría en peligro la estabilidad del régimen. Tampoco puede dejar que sigan con sus huelgas de hambre y sus movilizaciones callejeras, ni permitir que la agitación política por Internet siga creciendo día a día, porque eso significa que los sectores ahora vacilantes se incorporen progresivamente al movimiento de resistencia pasiva. No las tienen todas consigo los hermanos Castro ya que, desde el propio seno del poder y de sus áreas culturales, están surgiendo posiciones críticas. Son opiniones en voz baja, es cierto, aunque las del cantautor Pablo Milanés se han expresado a través de los principales periódicos españoles con una fuerza y una robustez inesperada. No menos sorpresivo ha sido el recule del cantautor Silvio Rodríguez, quien olfateó algo en el ambiente que lo llevó a marcar territorio. Pero hay una tercera opinión que vale la pena conocer y es la del escritor cubano (que vive y trabaja en La Habana) Leonardo Padura Fuentes, ganador de premios internacionales entre ellos el de novela negra, y creador de un personaje estupendo e inesperado en la Cuba de hoy: un detective que desentraña los crímenes que, como en cualquier ciudad capitalista, surgen por la codicia, la corrupción o simplemente el odio y la envidia. De acuerdo con Leonardo Padura (en su columna distribuida por la agencia IPS) las medidas oficiales "apenas tocan las esencias de los problemas cubanos, que siguen siendo más o menos las mismas en las dos últimas décadas: el bajo nivel adquisitivo que garantizan los salarios estatales, lo que obliga a unos ciudadanos a buscar otras alternativas o induce a otros miles a vivir del `invento’, sin vínculos laborales; el desabastecimiento en los mercados agropecuarios y los altos precios de los productos (un kilo de carne de cerdo cuesta el salario de tres días de un trabajador) en virtud de un sistema que hasta ahora ha fracasado en todas las variantes aplicadas". Padura habla también de los problemas de "la vivienda y el hacinamiento, a los que se han sumado las grietas cada vez más alarmantes en los sistemas de salud (cuya expresión más dramática fue la muerte por frío de varias decenas de enfermos en el hospital psiquiátrico de La Habana), en el de educación (...) y hasta en el terreno del deporte. (...) No debe extrañarnos entonces que Raúl Castro, indignado y fuera de sí, haya dicho que "no caerá en el chantaje internacional contra Cuba". Culpar a los otros, a los extraños, es una vieja estrategia de propaganda. Tachar a los huelguistas de hambre como delincuentes comunes sólo nos indica que en Cuba a los delincuentes, si ese fuera el caso, se les amputan hasta sus derechos políticos.

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