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martes, 25 de noviembre de 2014

Entre honores y gloria












Por: Luis Marin

UNA EXUNIVERSIDAD PARA UN EXPAÍS

Uno de los aspectos más desconcertantes del cierre de la Cátedra Pío Tamayo de la UCV es que deberá incluirse en el “compendio de eventos que nunca ocurrieron” que se está haciendo tan abundante en este ex país, para usar el neologismo acuñado por su coordinador, Agustín Blanco Muñoz, que tanto escozor causa entre ciertas elites.

La posición consistentemente sostenida por el Vicerrectorado Académico de Nicolás Bianco, a través de su Gerencia de Información, Conocimiento y Talento, es que el acceso a la nueva Sale E nunca ha sido impedido y lo ocurrido el 14-07-14 fue un “malentendido” con los vigilantes de la UCV; muy malentendido, por cierto, porque al principio se dijo que era con el coordinador de la CPT, luego con “la encargada de la Sala” que es la misma GICT, por lo que al final no se sabe quién malentendió qué.

La perplejidad no puede sino aumentar al leer el “Informe” (s/f ni nº), remitido por la GICT al VRA, recibido por el Consejo Universitario en fecha 03-10-14, con el objeto de esclarecer los hechos.

En este Informe, sin solución de continuidad, se pasa del argumento del malentendido a la afirmación categórica de que “no podemos ofrecer la asistencia del  personal técnico que opera los equipos de la Sala debido a que no contamos con el trabajador que pueda cubrir el turno nocturno”, para concluir que el horario de la Sala es de 8:00 a 4:00 pm, por lo que está a disposición de la Comunidad Universitaria “sólo en ese horario”.

Incluso la Gerencia llamada de Información, Conocimiento y Talento debe saber que la CPT funciona los lunes de 6:00 a 8:00 pm desde hace más de 30 años; pero lo que realmente sorprende es cómo puede discurrir de “una situación confusa”, esto es un “malentendido” a el horario es de 8 am a 4 pm y ¡punto! Entonces parece como que sí hay un pequeño problema.

Pequeño, porque en una Universidad que todavía es la más grande del país debería ser posible conseguir un humilde técnico que opere unos todavía más humildes equipos sin que eso signifique una erogación que la lleve al colapso presupuestario. Claro, con algo de buena voluntad, porque quien se guinda en los bejucos de la jungla reglamentaria de la Universidad y pasa por las horcas caudinas de la Ley Orgánica del Trabajo, pone de relieve que no quiere resolver nada y más bien está haciendo lo que quiere hacer.

Esta es la práctica cotidiana generalizada en este ex país; el problema nuevo es que esto todavía es (o era) una Universidad, por lo que debería existir un mínimo aprecio por la verdad, la transparencia y la honestidad intelectual. Es evidente que cuando se recurre a subterfugios, omisiones, silencios administrativos, se está sacrificando por lo menos la función esclarecedora de la Universidad, por no decir la obligación de ser ejemplo para la comunidad que se supone debe educar.

Las acciones de las autoridades universitarias son actos públicos y están ante la vista de todos, quiérase o no, por lo que quedan registradas en la memoria de la comunidad, por no decir en forma que pueda parecer grandilocuente, en la historia universitaria.

Parece un hecho duro, imposible de contradecir, que la CPT fue creada bajo el auspicio del rector Moros Ghersi y se clausuró durante una encargaduría de Nicolás Bianco.

EL INFORME DE MARRAS

Es imposible dar testimonio de los hechos que rodearon el fin de las actividades de extensión de la CPT, al menos en su hábitat natural, en la Sala E de la Biblioteca Central, sin hacer referencia al Informe, sin fecha ni número, remitido por la GICT al VRA, para someterlo a consideración del CU, recibido el 03-10-14, porque compendia e ilustra perfectamente la situación planteada.

Comienza con la tesis del malentendido, pasando por los temas de personal, horario, presupuesto; pero añade: “Es absolutamente falsa e irresponsable la aseveración de que el VRA haya decidido cerrar la citada Cátedra, muy por el contrario pareciera que son los organizadores de la Cátedra los que no tienen la disposición de solventar esta lamentable situación”.

Pero no se queda allí, agregando: “… se dan el lujo de estigmatizar y despreciar a ciertos sectores de la sociedad, decir medias verdades y manipular situaciones para provecho de sus propios y extraños intereses”.

Concluyendo en un petitorio: “… solicitamos a la Cátedra Pío Tamayo que cesen las acusaciones temerarias e irresponsables contra las autoridades de la UCV y particularmente contra el Vicerrector Académico…”.

Debe recordarse por un instante que no citamos a Venezolana de Televisión, ni un programa de José Vicente Rangel, sino un Informe de la GICT del VRA de la UCV, asombro aparte, es ineludible realizar un mínimo análisis crítico de su contenido.

Es falsa e irresponsable la aseveración de que el VRA haya decidido cerrar la CPT, dicen; siendo un hecho cierto e incontrovertible que la CPT está cerrada, al menos en lo que respecta a la Sala E, que era su lugar de funcionamiento hasta el 14-07-14. Dejemos a un lado la afirmación de que los organizadores de la CPT se cerraron a sí mismos suponemos que para empañar la brillante gestión de Nicolás Bianco, porque eso sí que no resiste ningún razonamiento lógico, no digamos una crítica racional.

La palabra lujo, que de algún modo se emparenta con lujuria, supone algún tipo de placer asociado a dos elementos inseparables: uno, lo costoso; otro, lo superfluo. De manera que resulta todo un enigma resolver por qué en la mente de la GICT del VRA de la UCV “estigmatizar y despreciar” es un lujo.

Ahora bien, ¿qué sectores son esos? ¿Cuándo, en qué forma la CPT ha estigmatizado y despreciado a alguien? ¿A qué o a quién se están refiriendo?

A menos que decir que Arturo Uslar Pietri, José Gil Fortoul, et al., eran gomecistas no sea una verdad histórica sino una manera de estigmatizar y despreciar no a ellos personalmente sino a sectores de la sociedad que ellos supuestamente representarían.

Decir que personas de apellido de mucho lustre utilizan el inmenso poder de que disponen para practicar el feo vicio del auto homenaje, no es estigmatizar ni despreciar a ningún sector de la sociedad, sino advertir que individuos concretos se eternizan en cargos otrora electivos y se dan a sí mismos premios y condecoraciones, bautizan instituciones con sus nombres, despreciando, ellos sí, a quienes merecerían siquiera un ínfimo gesto de agradecimiento de la colectividad por la que se han sacrificado.

Sería abusar de la paciencia detenerse en cada palabra desatinada del “Informe”; pero no se puede pasar por alto la afirmación de que la CPT manipula situaciones para provecho de sus “propios y extraños intereses”.

¿Qué quieren decir? Además, ¿a qué “extraños intereses” se refieren? A menos que la identificación de las autoridades con el régimen haya llegado al punto que todo al que ellas repudian, sólo por ese motivo, se convierte en agente de un poder extraño, como la CIA, el imperialismo, etcétera, según la fantástica mitología cubana.

Pero lo realmente desalentador es que absolutamente nadie en el Consejo Universitario, ni representantes de los profesores, estudiantes o egresados, haya dedicado un instante a hacer o hacerse estas preguntas.

Que un lenguaje conspirativista y malicioso haya obtenido carta de ciudadanía en la UCV al  extremo que nadie lo cuestiona y ni siquiera pide aclaratorias porque todo se da por sobreentendido es completamente desolador.

En cambio, los miembros del CU dieron muestras elocuentes del más absoluto desconocimiento no sólo del  percance actual de la CPT sino incluso de sus actividades habituales, que ha ejercido por más de 30 años.

Su ignorancia es sólo comparable con el silencio de los partidos del gobierno y de la MUD que también desconocen a la CPT y  que no se dan por enterados de que la estén cerrando, practicando el viejo arte de mirar para otro lado y subir el volumen al radio para no escuchar lo que clama al cielo.

Sabemos cuál es el argumento de la MUD, que la libertad de cátedra “no sube cerro” y que no le importa a las grandes masas, preocupadas por conseguir el sustento y regresar vivos a sus casas. La Universidad, para ellos, importa menos que la harina PAN.

Para el CU el punto es saber quién es responsable institucional de la Cátedra, quién responde administrativa y académicamente por ella y aquí es donde aparece el asunto político que hasta ahora no se había declarado explícitamente.

La verdad es que las autoridades de la UCV se sienten incomodas con las situaciones y las opiniones que se producen en la CPT, por las que reciben presiones tanto del gobierno como de la oposición oficial.

No debe olvidarse que por aquí han pasado Diego Arria, María Corina Machado, Juan Carlos Sosa Azpúrua, Francisco Usón, Otto Gebauer y la lista podría ser interminable, algunos de estos actos fueron saboteados y los invitados agredidos brutalmente sin que se produjera ningún pronunciamiento ni se esbozara la menor condena de las autoridades que son al menos responsables de la seguridad en esta institución.

Esto es suficiente para comprender que estas autoridades quieran guardar distancia, sea para abrir paso a sus propias ambiciones políticas, una para ser diputado, otro para ser rector, sea para seguir en cargos que se han vuelto vitalicios y hereditarios.

Apuestan todas sus fichas al burdo materialismo ruso del hecho cumplido: nadie será reivindicado, todo sucumbirá en el silencio y el olvido.

ENTRE HONORES Y GLORIA
El Informe insiste cansonamente en llamar “Francisco de Miranda” a la nueva Sala E, como queriendo subrayar que es así como se llama y no de otra manera, lo que es una respuesta  indirecta a la solicitud de bautizarla con el nombre de José Pío Tamayo, que se ha tramitado desde hace años sin que las autoridades de la UCV se hayan dignado responder ni siquiera negativamente.
Esto releva de dar explicaciones políticamente incorrectas, indefendibles o simplemente impublicables, aunque no sean difíciles de imaginar. Lo mismo les ha ocurrido a los que debían llevar a cabo el deseo expresado por el comandante difunto de trasladar los restos de Pío Tamayo al Panteón Nacional.
Los comunistas no reconocen a JPT como un precursor porque lo consideran un idealista, dentro de la tradición stalinista que todavía predomina entre su dirigencia. En esto, como en tantas otras cosas, el comunismo se copia de la Iglesia Católica: sólo eleva a los altares a quien le haya prestado grandes servicios.
La Universidad que es una gran administradora del prestigio social también ha estado controlada por los comunistas o la izquierda en general, dominando en ella los mismos criterios; pero cuando las dignidades se reparten por cuotas partidistas se tornan en su contrario, se vuelven indignas.
Ciertamente JPT no tiene credenciales académicas, no recibió premios, títulos, doctorados honoris causa, ni reconocimientos de ningún tipo; sólo el encarnizamiento criminal del tirano militarista bolivariano de turno y de sus serviles adulantes, que truncaron su vida antes de que llegara a realizarse plenamente. ¿Hay alguna diferencia con la situación actual?
Con unas autoridades habituadas al rito burocrático del “pásamelo por escrito”, al  “vamos a nombrar una comisión”, diligencias de las que no se vuelve a saber nada; con amigos que callan, muchos por interés, otros por indiferencia, pocos porque cayeron en la trampa de creer que toda demanda a estas autoridades es un ataque contra la UCV, podemos ser fácilmente ignorados.
Abolida la esperanza en el Juicio Final y también en el Juicio de la Historia, sólo queda el testigo: un hombre que ve y recuerda.

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