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jueves, 18 de septiembre de 2014

La nueva cultura política, la "Contra Cultura"

Por: Rafael Grooscors Caballero)
 
El escollo principal que hay que salvar, para que Venezuela entre, históricamente, en el futuro, es el que nos plantea la actual “cultura política” del venezolano, afirmada en hechos trascendentales, como la Independencia, la Guerra Federal, la “Restauradora”, la “Revolución de Octubre”, el 23 de Enero de 1958, continuación y perfeccionamiento del proceso anterior y la “Revolución Bolivariana”. Los tres primeros, armaron al pueblo para la guerra. Los tres últimos, lo armaron con el voto, sustitutivo de las “armas” propiamente dichas. La democracia y la libertad, sin especificaciones, admitidas en su concepción genérica, suplantaron la pólvora y el plomo de la guerra. Los “golpes de estado” fueron siempre una travesura inminente, “inculta”. En todo caso, desde nuestro inicio republicano hemos vivido dentro de una cultura “estándar”, característica, típicamente venezolana, la cual propició, por lo menos en los últimos tiempos, el surgimiento de muchas instituciones valiosas, tales como los “Partidos Políticos”, sin profundizar en su verdadera significación.

Culturalmente, la “Independencia” fue un fenómeno político, suficientemente justificado en cuanto a su oportunidad y su “porqué”, pero que nunca explicó el “para qué” se daba, lo que muchos de sus activistas confundieron a la hora de propiciar una “separación” posterior de la “Gran Colombia”,  “independizándose” al abandonar la idea de ser súbditos de los “universitarios” de Bogotá. El complemento histórico de la Independencia, en Suramérica, se hubiese dado con mayor propiedad si las ideas de Bolívar y San Martín hubiesen  girado en torno a una gran Federación de Estados Soberanos, para dar sentido de realidad a lo que el “Precursor”, Francisco de Miranda, llamó “Estados Unidos de Suramérica”, más o menos interpretando el fenómeno político norteamericano, resuelto 50 años antes de que se celebrara la frustrada entrevista de los dos grandes “Libertadores”, en Guayaquil, en 1822. Pero, específicamente, para el caso de Venezuela, nuestra separación territorial del conjuro gran-colombiano, resultó fatal.  Sin buscarlo expresamente, estaban, en ese instante, nuestros principales guías, abriendo el camino a la formación de los “Caudillos”, naturalmente militares o, en el peor de los casos, de título relativo a líderes civiles, pero armados. Años más tarde, la Guerra Federal marcó el territorio específico de “pertenencia” de los “jefes” regionales armados e incrementó la desviación cultural del venezolano, siempre “dispuesto” a servir de “carne de cañón” para las apetencias de Poder de grupos locales o “Caudillos” sacrosantos del lugar. Al concluir el Siglo XIX, surgió la “Restauradora” de Castro y Gómez, auto-justificada, en primer lugar, como tarea histórica indispensable, para completar la integración de Los Andes al “territorio nacional”, y, en última instancia, para “acabar” con la presencia nociva de los “Caudillos” regionales y solidificar la “Patria”. Sustituir los “muchos” por “uno sólo”. ¡27 años continuos entregados al ejercicio dictatorial de un “caudillo benemérito” y a la corrupción selectiva, pero creciente!
         
Por fin, en 1945, la “Revolución de Octubre”, instaura la  “democracia”, por primera vez en toda nuestra historia y sustituye, aparentemente, con el voto popular, el poder de las armas para sostener a los gobiernos. Aparentemente, repetimos, a pesar de la sana intención de sus promotores “revolucionarios”.  Veamos lo positivo del acontecimiento octubrino: nace, propiamente dicha, la “opinión pública” y el debate de las ideas, dentro de un marco de democracia y libertad, con perfiles de justicia social. Nace, pues, una verdadera “República” de ciudadanos y se integra al “pueblo”, tras el voto universal, directo y secreto, a la misión selectiva de “sus gobiernos”. No obstante, las Fuerzas Armadas siguieron siendo el “Juez Tutelar” del proceso y, en las primeras de cambio, agrieta a la República, la sepulta y vuelven los tiempos de la dictadura, ahora definitivamente representada por  hombres de uniforme. A pesar de ello, la instauración democrática del 45  dejó una lección que la gente supo y pudo interpretar con fidelidad, lo cual hizo que el venezolano, conocedor ya de sus derechos, luchara, denodada, solapada y clandestinamente, por regresar al clima de la “Revolución” dejada atrás, objetivo que se logra en enero del 58, re-estableciendo el mandato de la “Democracia”, a través de dos importantes Partidos Políticos, “Acción Democrática” y “Copei”, sin olvidar el valioso aporte dado en este ciclo a la Nación, por dos fuerzas políticas de primer orden: el Partido Comunista, en la lucha clandestina y Unión Republicana Democrática, organización clave para la consecución del llamado “Pacto de Punto Fijo”. No hay que dejar de reconocer que, pese a todo, se inicia en estas fechas un proceso que, por una parte, consolida la tarea inédita de satisfacer las más sentidas necesidades populares, en cuanto a la construcción del “capital social básico de las comunidades” –agua potable, cloacas, electricidad, etc.— a la par de abrirse hacia la construcción  de las principales infraestructuras que redundarían en un mejoramiento sustancial de la calidad de vida de la población –hospitales, centros de salud, carreteras y autopistas, aeropuertos, puertos, etc. – y la atención a fondo del problema educativo, erradicando virtualmente el analfabetismo e incrementando la construcción de escuelas, liceos y universidades, para elevar considerablemente el número de estudiantes bajo protección del sistema educativo nacional. En el aspecto económico se profundiza la participación del “Estado Monopólico” --¡gran error devenido de la cultura colonial!-- y se va hacia la conformación de un frente productivo, a través de las llamadas “empresas básicas”, a la vez que se incrementa  la promoción de una industria endógena, capaz de “producir” lo que Venezuela “necesitaba”. En lo agropecuario, Venezuela se organiza para adecuarse a las técnicas en boga para el momento y en lo propiamente industrial, prospera y se multiplica el ensamblaje de bienes básicos indispensables. No obstante, con todos sus defectos o deficiencias, esta “obra” reveló que nunca se pensó en lo fundamental, para encaminar a Venezuela hacia el mundo y hacia el futuro. ¿Por qué? ¿Qué era lo fundamental? ¿Qué había que hacer? Resumamos: había que aprovechar el contagio exitoso de una población motivada acertadamente, para enseñar al “pueblo”, a la gente, a la sociedad civil, a cómo superarse, cada vez, para alcanzar el desarrollo y convertir a Venezuela en una Nación del Primer Mundo, aprovechando las potencialidades, las riquezas de su territorio, dejando de lado el “oportunismo”, el uso y abuso de la “opinión”, para alcanzar el Poder tras el voto, para su ejercicio insólito, fundamentado en un “Estado Monopólico”, dueño de todo. Es decir, se corregía lo que en el pasado inmediato constituyó un error garrafal de las otras incursiones históricas referidas al comienzo, pero sin plantearse una estrategia, realista y moderna, que nos abriera las “puertas del futuro”. Poco a poco, la “opinión” se fue destiñendo y no encontró más nada que extraer de “su democracia”.  A codazo limpio, esa “opinión”  fue arrinconando a las instituciones y los “líderes” de los Partidos no supieron hacer otra cosa que “alertar” a los “pobres” acerca de los riesgos de un regreso a la Dictadura. En el fondo, los llamados “pobres”, generalmente ignorantes, sin educación, sin formación para el empleo, para el uso racional de sus propios  recursos humanos y sin vocación de grandeza, fueron también usados, como los que en el pasado reciente habían constituido las tropas anárquicas de los “Caudillos”, para, tras la luz de una nueva esperanza que despertara sus energías, lograr que concurrieran, en el escenario público, únicamente a votar para sostener la “libertad y la democracia”. Es muy duro tener que decirlo y reconocerlo. Los principales Partidos Políticos de nuestra historia democrática, jamás asumieron un  rol educativo, severamente educativo, para preparar a sus militantes para el gran cambio hacia el desarrollo, con la vista puesta en el mundo y en el futuro. Nunca les explicaron cómo y para qué, “salir de la pobreza”. Grave debilidad, imputable a la “cultura de origen”. En fin, de una cultura “triple A”: “anticuada”, “atascada”, definitivamente “atrasada” y de espaldas al propio Siglo XX. Una cultura que si bien promovía el “Estado Monopólico” como supuesta forma de superación socioeconómica de la colectividad, igualmente reforzaba la idea centralista, del gobierno autoritario ubicado en un punto único del inmenso territorio nacional, inmerso en un “presidencialismo” propicio para el arrebato personal de caudillos egocéntricos, ajenos al sentir y al derecho de los venezolanos de la “Venezuela de adentro”.

Luego vino el “socialismo” de la “Revolución Bolivariana”. A despecho de lo ocurrido en el mundo a las puertas del 2000, en Venezuela, con base al poder del “Estado Monopólico”, se regresa al Siglo XIX, se revisan otras experiencias fracasadas y se propone, al “pueblo”, que entienda cómo es que va a beneficiarse, día a día, con la “transformación” del “Estado y la Sociedad Burguesa”, en un nuevo “Socialismo del Siglo XXI”, constitutivo del “fin de la historia” y la consolidación del “pueblo” como dueño soberano de su propio destino. ¡Un destino parroquial, de aldea abandonada en el lodazal del subdesarrollo creciente! Muy distinto al destino que previeron Carlos Marx y Federico Engels para el “proletariado” de la Europa de 1850, en cuya formación para el trabajo se basaba su ideal de colocar en sus manos, libremente, el control absoluto del proceso de la producción industrial. Una filosofía, en todo caso, puesta a disposición del “hombre productivo”, muy alejada, por lo demás, de las muy cuestionadas “promociones sociales” de los famosos “Estados de Bienestar” del siglo pasado y de las políticas de “misiones”, como las del régimen actual, las cuales alivian sin remediar la congénita debilidad de los “pobres” en Latinoamérica. Pero el supuesto “socialismo” de la “Revolución Bolivariana”, se formula cuando, desde hacía mucho tiempo, el petróleo, “oro negro corruptor por excelencia”, había tomado a Venezuela de sorpresa, la había secuestrado, la había hecho suya, transformando la mentalidad de todos los venezolanos, convertidos en supuestos “ricos” con sustrato de “pobres”.  Recordemos: Gómez aprovechó la incidencia petrolera, para enriquecer a los “doctores” y dar sustento lujoso a sus “generales”. La “Democracia”, para abrirle camino a las “empresas básicas” y sostener una “industrialización” a través del ensamblaje y el “enlatado” de bienes básicos importados. La “Revolución Bolivariana” para financiar la “destrucción” del “Estado Burgués” y su vínculo con el “imperialismo” y montar un régimen de “misiones” para hacer cada vez más “pobres” a los “pobres” y empobrecer a los “ricos”. A nadie se le ocurrió colocar al petróleo como un producto generador de riqueza externa, no para su consumo sin frenos, “puertas adentro”, sino, más bien, para alimentar el desarrollo y dar lugar a la producción de múltiples productos competitivos, igualmente generadores de renta externa, para transformar a “pobres” y “ricos” en productores de un venero inagotable de riquezas, capaz de apuntalar a Venezuela como uno de los grandes países competitivos en la carrera del futuro. Diagnóstico tras diagnóstico, seguimos adoleciendo de una acertada prescripción de medicamentos históricos que nos rediman de la fatalidad. Nuestra “cultura” original, inculcada desde la Colonia, nos lo impide. Nos ciega. Nos ensordece. Nos paraliza. Nos hunde en el atraso. Nos convence de los “beneficios” del subdesarrollo y de que no debemos, ni podemos, aspirar a más.

Nación, país, Estado, República, todo conjugado en un solo concepto: distribución de la Renta Petrolera, más o menos siguiendo el patrón teórico de los regímenes “justicieros”: al pobre, lo que al pobre le pertenece, con tal de que acepte, contento, seguir siendo pobre. Gobierno y Oposición, enfrentados en la búsqueda de los votos de los pobres para alcanzar el Poder. Se habla de una Venezuela “polarizada” y de cómo es que hay que “salir” de esta situación. Pero nadie estudia o investiga, por ejemplo, cómo es que podemos hacer de nuestra “Flor Nacional”, la Orquídea, la flor del mundo entero; cómo es que podemos producir el gusano de seda y seda natural para competir con los chinos y cómo es que podemos lograr una fórmula textil propia, superior al “blue-jeans” –algodón y fibra sintética, derivada de los hidrocarburos—para “reventar” los mercados de consumo en los cinco Continentes. Nos quedamos “enredados”, interpretando los índices económicos, pero la cultura política “triple A” nos obliga a desviarnos de los ejes básicos del pensamiento correcto.

De allí la necesidad de formar una corriente de opinión, con aval académico, que nos lleve a una “contra-cultura”, una “nueva cultura política”, capaz de alentar propósito de cambio sustantivo no sólo en los “líderes” del fenómeno político nacional, sino en las “masas”, en los millones de venezolanos que no han entendido que sólo son ellos los portadores de la fórmula “mágica” que los “saque” de la pobreza y los convierta en activistas de la prosperidad, para bien de Venezuela. ¿Cómo hacerlo?  No de un día para otro. Tendría que ser llevando el mensaje, de “boca a oreja”, directamente, de mensajero a receptor, con el brillo de las banderas que convencen a los que esperan la victoria. Demostrando la fuerza de los conceptos, su viabilidad tangible, su realismo contundente. Por eso hemos imaginado una táctica de lucha, que se explica por si sola: “La Rebelión de las Regiones”.   

De hecho y de derecho, somos una “Federación” de Estados, que tienen que ser “soberanos” entre sí, autónomos, capaces de auto-gestionar su gobierno y su destino, de auto-alimentarse, de auto-mantenerse para crecer e independizarse económicamente, compitiendo tanto adentro como afuera; tanto en los límites de nuestro propio territorio nacional, como en el exterior. Compitiendo en base a una producción independiente, que no se subyugue a las conveniencias y los intereses de un productor básico en el exterior. Tenemos tierra; tenemos agua; tenemos clima. Debajo de la superficie de nuestro territorio, en cada uno de los 23 Estados soberanos de la “Federación” venezolana, vibran, pugnan por salir casi todos los minerales conocidos en el mundo. Y los llamados “minerales raros”, como el Coltán, fundamento de los nuevos desarrollos tecnológicos. La tierra, el agua, el clima, los minerales nuestros, tenemos que aprender a usarlos para engrandecernos. El Orinoco es uno de los ríos más largos del mundo y el tercero en caudal, en profundidad, como para que se acabe, para siempre, la sed de las tierras polvorientas del abandono venezolano. Pero del cuadrilátero ferroso “Bolívar”, en la frontera con Brasil y de los empinados “Andes” de occidente, fluye continuamente un agua, a raudales, estrepitosamente, como para que entendamos qué siempre se puede transformar este opulento fenómeno natural, en energía de valor incalculable. Hay que reubicar los centros del desarrollo y reordenar, industrialmente, al país. Una Federación de Estados Soberanos lo puede lograr. E imponer en Venezuela una “Democracia Parlamentaria” que iguale el derecho de los Estados a participar en las gestiones del gobierno federal. En acabar con el abandono del “país adentro”, del que se agita en el interior del vientre de Venezuela. ¿Alguno de Uds. ha pensado en lo que podría ser, sólo como escenario propicio al turismo, el Delta del Orinoco, --en lo que llamamos “Amacuro”-- que involucra múltiples torrentes fluviales, susceptibles de aplacar, para ser navegados con hermosura?  Hoteles flotantes que podrían alojar a millones de turistas provenientes de las más lejanas fronteras, animados por el espectáculo exótico que ofrece nuestra naturaleza. Y un turista, uno sólo, garantiza, como mínimo, diez empleos, diez fuentes de ocupación, bien “pagadas”, directa o indirectamente, para ayudar  a los “pobres” a sepultar su pobreza. Ni hablar de la “Gran Sabana”, de los Tepuyes, del Salto “Ángel”, de las soberbias caídas, unas tras otras, de aguas en curso violento, en los alrededores de la amazonia venezolana. Y, a propósito, definitivamente, que no nos olvidemos de “sembrar el petróleo”. Explicando cómo es que tenemos que sembrarlo. Compitiendo con él. Poniéndolo a trabajar. 

Transformándolo en los miles de miles de productos que provienen de su derivación tecnológica. Y en cómo hacer de Venezuela, la primera potencia mundial del aluminio. Construir doscientos puentes que crucen el Orinoco y montar grandes centros fabriles a sus lados, para imitar al Mississippi, al Danubio, al Mekong, al Yang Tse Kiang, el “río azul” de los chinos. Nada nos falta. Nada. Sólo, voluntad. Definición estratégica. Certeza científica. Conocimientos. Capacidad para convencer a unos asociados posibles a quienes su antiguo mundo de riquezas se les agota. Pero siempre con nosotros adelante; probándonos; convencidos de que sabemos pensar, que podemos crear e inventar, innovar y expandir nuestros nuevos conocimientos adquiridos. ¡Podemos ser cada vez más dueños de nuestras riquezas, como para comprarnos el mundo!  Podemos lograrlo. Pero tenemos que cambiar de cultura; tenemos que olvidarnos de la cultura antigua, atrasada, atascada, la vieja cultura del subdesarrollo. Entrar de lleno a la “contra-cultura”, a través de la “Rebelión de las Regiones”. 

La idea es apartarnos de la sombra obscura de la Renta Petrolera y abrirle las vías no de acceso, sino de salida a Caracas, para que los venezolanos regresen a Venezuela. De salida de Caracas y no hacia afuera, sino hacia adentro. Hacer de los 23 Estados que contiene nuestra Federación, 23 intensas unidades de producción, generadoras de Renta Externa competitiva, superior a la propia del petróleo. Hacer que la vista de los venezolanos se vuelva hacia Venezuela y piense en invertir en su propio “gran hogar”, en trabajar en lo más hondo de su piel, en poner a valer en el mundo el suelo que los vio nacer. Desde San Carlos de Río Negro, Macuro, San Juan de las Galdonas, Isla de Las Aves, Adícora, el Sur del Lago, Mucuchíes, Ureña, el cajón del Arauca, vivir la historia que no vivió una Venezuela que se quedó atrás y que tenemos, ahora, por esta vía, que empujar hacia el futuro. Podremos lograrlo.

La contra cultura es una acción revolucionaria, en su mejor acepción y propone un cambio sustancial en el objetivo que precisa. Sócrates promovió la contra cultura en Atenas, en cuanto a todo lo relativo a la organización política de los helenos, alcanzando una victoria que la inteligencia humana no puede obviar. Los “Enciplopedistas de la Ilustración” –Rousseau, Voltaire, Montesquieu, Diderot, etc.— fueron promotores de una contra cultura para sanear la sociedad europea y le dieron a la historia la grandeza de la “Revolución Francesa”. No hay duda de fenómenos de contra cultura que, siendo “revolucionarios”, acabaron en un fracaso, como es el caso de los Soviets de Lenin. Pero para el caso que nos ocupa, Venezuela, la contra cultura que perfilamos puede darse, en su orden revolucionario, sin necesidad de “cortar cabezas” ni incendiar el territorio nacional.  

Podríamos organizar un Foro Permanente de Promoción de la Democracia Parlamentaria, para la creación de los Estados Autónomos, dividido en 23 Capítulos, ubicados en cada una de las ciudades capitales de cada uno de los 23 Estados de la Federación Venezolana. Rectores y Decanos de las Universidades y sus respectivas Escuelas; Académicos y Profesionales en general; Investigadores químicos, físicos, biólogos; Maestros; Sindicalistas; Empresarios; comerciantes; Dirigentes de Partidos Políticos y de organizaciones sociales; periodistas y comunicadores en general; propietarios de medios de comunicación; intelectuales; hombres y mujeres con definido sentimiento de amor por su terruño, capaces de comprender la necesidad del desarrollo independiente de cada región a la que pertenecen, ocuparían los primeros lugares de este Foro, en cada uno de sus Capítulos. Su misión: descubrir hasta las más pequeñas oportunidades de desarrollo de cada región, siempre pensando en la generación de renta externa, sustitutiva a la del petróleo y para cambiar, para siempre, la anquilosada cultura tradicional del político venezolano. Enterrar la polarización que nos divide; abandonar las ideologías que nos distraen; acerar nuestras voluntades y crear el clima que se exige para la “Rebelión de las Regiones” y encontrar la salida hacia el futuro. Detalle interesante y para el final, constituye la extensión de los Capítulos regionales a tantos sub-capítulos como municipios, barrios y aldeas de importancia social haya en cada región. Hay que despertarlos a todos. Hacerles ver, a muchos, que el centralismo autócrata les ha robado lo que les pertenece. La gente de Guayana no debería seguir viendo cómo es que Caracas se ocupa de implantar políticas erradas  en sus grandes centros de desarrollo industrial. Sidor, Ferrominera, Alcasa, Venalum, Bauxiven, Interalúmina, etc., son empresas que deberían, soberanamente, pertenecer a los guayaneses y ser administradas por ellos, en las formas en que su perspicacia lo aconseje. En estos momentos en Escocia y Cataluña, en la Gran Bretaña y en España, se está poniendo a prueba la integridad territorial, en Autonomías que se sienten ahogadas por la invasión atributiva de los regímenes centrales, a través de “Referendums” que harán decir al “pueblo”, a la gente, lo que piensan al respecto. Y todo ello, actuando con sus propios medios, asumiendo sus propios riesgos. 

¿Podemos o no podemos intentar nosotros la convocatoria regional de nuestras soberanías estatales, a decir un Sí o un No a su derecho a ser autónomas y decidir por sí mismas su inmediato destino? Sin intromisiones de los llamados “poderes nacionales”. Sin un CNE parcializado hacia una negación de sus derechos. Las regiones tienen que rebelarse. Tienen por qué hacerlo. También tienen cómo hacerlo. Decisión y voluntad. Venezuela tiene derecho a ser gobernada, desde adentro, para ser cada más la Venezuela que Venezuela quiere ser.

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