sábado, 23 de junio de 2012

Terencio

Una mentira va pisándole los talones a otra. TERENCIO, Publio

viernes, 22 de junio de 2012

Un Dólar

Un joven predicador fue invitado a último momento para que predicase un sermón en la iglesia de su ciudad. Siguiendo un impulso, usó como tema uno de los Diez Mandamientos: “No hurtarás”. A la mañana siguiente, subió a un autobús y le dio al conductor un billete de un dólar. El conductor le dio el cambio y él se dirigió a la parte trasera del vehículo. Echando un vistazo al cambio antes de guardarlo en su bolsillo, el hombre observó que el conductor le había dado diez centavos de más. Su primer pensamiento fue: La compañía de autobuses no se dará cuenta jamás de la pérdida de diez centavos. Sin embargo, cambió de opinión rápidamente, sintiendo en su conciencia que los diez centavos no le pertenecían y que los debía devolver al conductor. Regresó al frente y le dijo al conductor: ” Usted me dio cambio de más”, y le devolvió los diez centavos. Para su sorpresa, el conductor le contestó: “Sí, lo sé. Lo hice a propósito. Escuché su sermón ayer y lo estaba observando por el espejo mientras contaba su vuelto”. El joven predicador había pasado la prueba a la cual fue sometido por el conductor… y dio un firme testimonio de su fe. ¡Que todos nuestros actos concuerden así con nuestras palabras!

Benavente

Una cosa es continuar la historia y otra repetirla. BENAVENTE, Jacinto

jueves, 21 de junio de 2012

¡Cínico descarado!


Lenguas en proceso de extinción

El gigante estadounidense de internet Google anunció el miércoles el lanzamiento de un sitio web diseñado para facilitar la preservación de las lenguas en peligro de extinción, titulado "Proyecto de Lenguas en Peligro de Extinción".

"La documentación de más de 3.000 lenguas que están al borde de la extinción es un paso importante para preservar la diversidad cultural, honrar la sabiduría de nuestros ancianos y dar poder a los jóvenes", argumentó Google.

"La tecnología puede apoyar estos esfuerzos para ayudar a la gente a crear grabaciones de buenas calidad de sus mayores, a menudo los últimos hablantes de su lengua, a contactar a comunidades dispares en las redes sociales y a facilitar el aprendizaje de idiomas", agregó.

Google dijo que pretende transferir la gestión del sitio "en unos meses" a un laboratorio universitario, el Instituto de Tecnología e Información de Lenguas de la Universidad del Este de Michigan, y al Consejo cultural de los pueblos originarios.

Google dijo que este proyecto recibió fondos de su división filantrópica, Google.org, e invitó a otras organizaciones a sumarse a este esfuerzo. 

NOTA: Ver Mapa de las Lenguas en proceso de extinción
http://www.lahistoriaconmapas.com/2011/05/mapa-de-las-lenguas-en-proceso-de.html 

VER: 
http://cms01.unesco.org/fileadmin/MULTIMEDIA/HQ/CLT/CLT/pdf/UNESCO-EndangeredLanguages-WorldMap-20090218.pdf

Elogio de la mujer brava

Por Héctor Abad - A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc.

En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca.

Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros.

Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema.

Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios.

Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado.

Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas.

Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza.

Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!

Tomado de:
http://www.autosuficiencia.com.ar/shop/detallenot.asp?notid=916

Kafka

"A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar". Franz Kafka, Aforismos de Zürau

miércoles, 20 de junio de 2012

Russell

La humanidad tiene una moral doble: una, que predica y no practica, y otra, que practica pero no predica. RUSSELL, Bertrand Arthur William

martes, 19 de junio de 2012

¿Despedido de Pdvsa? ¡Ascenso de la familia!


Por: Victor Sánchez Ferrer - @v1gtor - Eran las 7 am cuando sonó el teléfono. Al otro lado de la línea se escuchó: "Gualberto, compra el periódico. Apareces en la lista de despedidos". Mi padre era el número 75 en la primera lista de 204 despedidos de Pdvsa, publicada el sábado 4 de enero de 2003. Luego de sufrir una fractura en la rodilla el 24 de octubre, mi padre había recibido reposo médico absoluto por tres meses. Así pues, después de 22 años trabajando entre 12 y 14 horas diarias, como muchos otros empleados de Pdvsa, mi padre se encontró así mismo en su cama, inmovilizado, en ayunas y despedido injustificadamente. 

Han pasado más de 9 años desde el 4 de enero de 2003. Más que suficiente se ha dicho de cómo el despido masivo de Pdvsa estuvo al margen de la ley y cuán contrario fue  a los derechos humanos, no sólo de los empleados, sino también de sus familiares. Adicionalmente, es cada vez más difícil esconder que la pérdida de miles de años de experiencia acumulada en exploración, producción, refinación y comercialización del petróleo, ha herido a Pdvsa de diversas maneras: ingresos no percibidos, incremento de accidentes laborales e ineficiencias absurdas.

Habiéndose dicho tanto de lo negativo, me gustaría usar las siguientes líneas para hablar sobre la otra cara de la moneda, y contar cómo el despido de mi padre ha sido una de las mejores cosas que le ha pasado a mi familia. O más bien, cómo hicimos de tripas corazón y aprovechamos cuanto tuvimos a la mano. Esta es la historia no sólo de mi familia, sino de muchas otras que han sido transformadas positivamente durante los últimos 9 años.

Ese mismo 4 de enero del 2003, conversé en el garaje de la casa con mi padre. Le dije: "Papá, estamos contigo. Cuenta con nuestro apoyo". A pesar de nuestro apoyo, mi papá desarrolló una alopecia consecuencia del estrés al ver que por más que sacase cuentas no podía pagar los estudios de mi hermano en Estados Unidos, mis gastos de vida en Caracas, la universidad de mi otro hermano en Maracaibo y las deudas de las tarjetas de crédito, entre otros compromisos financieros.

Sin embargo, conforme los días avanzaban todo fue concretándose sin problemas. Muy naturalmente activamos lo que pareció un plan de contingencia. Cancelamos las dos líneas celulares, el Internet banda ancha, la televisión por cable; colocamos el resort de Florida en venta, aunque nunca se logró vender; vendimos el apartamento de Mérida para pagar las deudas de las tarjetas de crédito y el préstamo de la camioneta; mi mamá vendió cuanta prenda de oro pudo y, de allí en adelante, lavaba y secaba toda la ropa sin usar la lavadora y la secadora; organizamos una venta de garaje y no prendíamos los aires acondicionados; yo conseguí un trabajo a tiempo parcial con un empresario, apliqué a una beca en mi universidad, me mudé a casa de mi tío, y conseguí ser preparador de una clase; mi hermano Carlos se ganó una beca completa para su universidad por su desempeño académico y hacía trabajos de electrónica a destajo; mi hermano Berto estaba en su último semestre de la universidad en Estados Unidos y consiguió el dinero prestado para pagar su matrícula y había estado trabajando en la biblioteca durante casi toda su carrera; mi mamá hacía lo imposible para gastar sólo lo estrictamente indispensable en la casa; mi papá, en cuanto se recuperó de su fractura, empezó a vender quesos y pulpas de fruta por todo Maracaibo.

Pero no superamos las dificultades solos. Recibimos mucha ayuda de muchas personas que se hicieron solidarias con nosotros. Una amiga de mi mamá le llevaba un mercado cada quince días, unos primos llevaban frutas de su finca cuando pasaban cerca de la casa, varios tíos, tías y amigos nos hicieron préstamos significativos. Se veía que Dios estaba detrás de todas las cosas que se sucedían. Vivíamos al día, sin saber qué comeríamos al siguiente día o si tendríamos para pagar las cuentas, pero nunca nos faltó nada. La unión familiar, lo que considero más importante, siempre estuvo presente y cada día con mayor fuerza.

Son las 11 pm del 14 de junio de 2012. A la vuelta de los años, en mi familia cada uno ha seguido su camino y ha capitalizado la experiencia de haber estado al borde del colapso económico y familiar. Los tres hijos terminamos exitosamente nuestras carreras profesionales y ahora estamos completando postgrados. Mis padres se reubicaron a otra ciudad y han conseguido un mejor trabajo. Mi papá ahora disfruta más el tiempo con la familia y ha entendido que el trabajo viene y va, pero la familia siempre está allí.

El despido de mi padre ha sido una de las experiencias de aprendizaje más importantes de nuestras vidas. Nos dimos cuenta que fuimos más felices cuando tuvimos menos, de que teníamos más de lo que necesitábamos, de que tenemos muy buenos amigos, de que ahora somos más fuertes porque sabemos qué es lo realmente importante en la vida, de que tengo unos padres excepcionales que me han enseñado con su ejemplo
y, sobretodo, que Dios nunca nos desampara si nos esforzamos por estar junto a Él.

Kraus

"Hacerle objeciones a la sátira es lo mismo que enfrentar los valores de la leña a la implacabilidad del fuego". Karl Kraus, Pro domo et mundo

lunes, 18 de junio de 2012

Refrán Castellano

Verdad la es como el aceite, siempre sale a flote

Cicerón

Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas. CICERÓN, Marco Tulio

viernes, 15 de junio de 2012

Elogio de la dificultad

Por: Estanislao Zuleta - La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiesta de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y, por tanto, también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes.


Todas estas fantasías serían inocentes e inocuas, sino fuera porque constituyen el modelo de nuestros anhelos en la vida práctica. 

Aquí mismo en los proyectos de la existencia cotidiana, más acá del reino de las mentiras eternas, introducimos también el ideal tonto de la seguridad garantizada; de las reconciliaciones totales; de las soluciones definitivas.

Puede decirse que nuestro problema no consiste solamente ni principalmente en que no seamos capaces de conquistar lo que nos proponemos, sino en aquello que nos proponemos: que nuestra desgracia no está tanto en la frustración de nuestros deseos, como en la forma misma de desear. Deseamos mal.


En lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor, y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo. En vez de desear una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, deseamos un mundo de satisfacción, una monstruosa sala-cuna de abundancia pasivamente recibida.


En lugar de desear una filosofía llena de incógnitas y preguntas abiertas, queremos poseer una doctrina global, capaz de dar cuenta de todo, revelada por espíritus que nunca han existido o por caudillos que desgraciadamente sí han existido.


Adán y sobre todo Eva, tienen el mérito original de habernos liberado del paraíso, nuestro pecado es que anhelamos regresar a él.

Desconfiemos de las mañanas radiantes en las que se inicia un reino milenario. Son muy conocidos en la historia, desde la Antigüedad hasta hoy, los horrores a los que pueden y suelen entregarse los partidos provistos de una verdad y de una meta absolutas, las iglesias cuyos miembros han sido alcanzados por la gracia –por la desgracia– de alguna revelación. El estudio de la vida social y de la vida personal nos enseña cuán próximos se encuentran una de otro la idealización y el terror. La idealización del fin, de la meta y el terror de los medios que procurarán su conquista. Quienes de esta manera tratan de someter la realidad al ideal, entran inevitablemente en una concepción paranoide de la verdad; en un sistema de pensamiento tal, que los que se atreverían a objetar algo quedan inmediatamente sometidos a la interpretación totalitaria: sus argumentos, no son argumentos, sino solamente síntomas de una naturaleza dañada o bien máscaras de malignos propósitos.

En lugar de discutir un razonamiento se le reduce a un juicio de pertenencia al otro –y el otro es, en este sistema, sinónimo de enemigo–, o se procede a un juicio de intenciones. Y este sistema se desarrolla peligrosamente hasta el punto en que ya no solamente rechaza toda oposición, sino también toda diferencia: el que no está conmigo, está contra mí, y el que no está completamente conmigo, no está conmigo. Así como hay, según Kant, un verdadero abismo de la acción, que consiste en la exigencia de una entrega total a la “causa” absoluta y concibe toda duda y toda crítica como traición o como agresión.


Ahora sabemos, por una amarga experiencia, que este abismo de la acción, con sus guerras santas y sus orgías de fraternidad no es una característica exclusiva de ciertas épocas del pasado o de civilizaciones atrasadas en el desarrollo científico y técnico; que puede funcionar muy bien y desplegar todos sus efectos sin abolir una gran capacidad de inventiva y una eficacia macabra. Sabemos que ningún origen filosóficamente elevado o supuestamente divino, inmuniza a una doctrina contra el riesgo de caer en la interpretación propia de la lógica paranoide que afirma un discurso particular –todos lo son– como la designación misma de la realidad y los otros como ceguera o mentira.


El atractivo terrible que poseen las formaciones colectivas que se embriagan con la promesa de una comunidad humana no problemática, basada en una palabra infalible, consiste en que suprimen la indecisión y la duda, la necesidad de pensar por sí mismo, otorgan a sus miembros una identidad exaltada por la participación, separan un interior bueno –el grupo– y un exterior amenazador. Así como se ahorra sin duda la angustia, se distribuye mágicamente la ambivalencia en un amor por lo propio y un odio por lo extraño y se produce la más grande simplificación de la vida, la más espantosa facilidad. Y cuando digo aquí facilidad, no ignoro ni olvido que precisamente este tipo de formaciones colectivas, se caracterizan por una inaudita capacidad de entrega y sacrificios; que sus miembros aceptan y desean el heroísmo, cuando no aspiran a la palma del martirio. Facilidad, sin embargo, porque lo que el hombre teme por encima de todo no es la muerte y el sufrimiento, en los que tantas veces se refugia, sino la angustia que genera la necesidad de ponerse en cuestión, de combinar el entusiasmo y la crítica, el amor y el respeto.


Un síntoma inequívoco de la dominación de las ideologías proféticas y de los grupos que las generan o que someten a su lógica doctrinas que les fueron extrañas en su origen, es el descrédito en que cae el concepto de respeto.


No se quiere saber nada del respeto, ni de la reciprocidad, ni de la vigencia de normas universales. Estos valores aparecen más bien como males menores propios de un resignado escepticismo, como signos de que se ha abdicado a las más caras esperanzas. Porque el respeto y las normas sólo adquieren vigencia allí donde el amor, el entusiasmo, la entrega total a la gran misión, ya no pueden aspirar a determinar las relaciones humanas. Y como el respeto es siempre el respeto a la diferencia, sólo puede afirmarse allí donde ya no se cree que la diferencia pueda disolverse en una comunidad exaltada, transparente y espontánea, o en una fusión amorosa. No se puede respetar el pensamiento del otro, tomarlo seriamente en consideración, someterlo a sus consecuencias, ejercer sobre él una critica, válida también en principio para el pensamiento propio, cuando se habla desde la verdad misma, cuando creemos que la verdad habla por nuestra boca; porque entonces el pensamiento del otro sólo puede ser error o mala fe; y el hecho mismo de su diferencia con nuestra verdad es prueba contundente de su falsedad, sin que se requiera ninguna otra. Nuestro saber es el mapa de la realidad y toda línea que se separe de él sólo puede ser imaginaria o algo peor: voluntariamente torcida por inconfesables intereses. Desde la concepción apocalíptica de la historia las normas y las leyes de cualquier tipo, son vistas como algo demasiado abstracto y mezquino frente a la gran tarea de realizar el ideal y de encarnar la promesa; y por lo tanto sólo se reclaman y se valoran cuando ya no se cree en la misión incondicionada.


Pero lo que ocurre cuando sobreviene la gran desidealización no es generalmente que se aprenda a valorar positivamente lo que tan alegremente se había desechado, estimado sólo negativamente; lo que se produce entonces, casi siempre, es una verdadera ola de pesimismo, escepticismo y realismo cínico. Se olvida entonces que la crítica a una sociedad injusta, basada en la explotación y en la dominación de clase, era fundamentalmente correcta y que el combate por una organización social racional e igualitaria sigue siendo necesario y urgente. A la desidealización sucede el arribismo individualista que además piensa que ha superado toda moral por el sólo hecho de que ha abandonado toda esperanza de una vida cualitativamente superior.


Lo más difícil, lo más importante. Lo más necesario, lo que a todos modos hay que intentar, es conservar la voluntad de luchar por una sociedad diferente sin caer en la interpretación paranoide de la lucha. Lo difícil, pero también lo esencial es valorar positivamente el respeto y la diferencia, no como un mal menor y un hecho inevitable, sino como lo que enriquece la vida e impulsa la creación y el pensamiento, como aquello sin lo cual una imaginaria comunidad de los justos cantaría el eterno hosanna del aburrimiento satisfecho. Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades.


Hay que observar con cuánta desgraciada frecuencia nos otorgamos a nosotros mismos, en la vida personal y colectiva, la triste facilidad de ejercer lo que llamaré una no reciprocidad lógica: es decir, el empleo de un método explicativo completamente diferente cuando se trata de dar cuenta de los problemas, los fracasos y los errores propios y los del otro cuando es adversario o cuando disputamos con él. En el caso del otro aplicamos el esencialismo: lo que ha hecho, lo que le ha pasado es una manifestación de su ser más profundo; en nuestro caso aplicamos el circunstancialismo, de manera que aún los mismos fenómenos se explican por las circunstancias adversas, por alguna desgraciada coyuntura. Él es así; yo me vi obligado. Él cosechó lo que había sembrado; yo no pude evitar este resultado. El discurso del otro no es más que de su neurosis, de sus intereses egoístas; el mío es una simple constatación de los hechos y una deducción lógica de sus consecuencias. Preferiríamos que nuestra causa se juzgue por los propósitos y la adversaria por los resultados.


Y cuando de este modo nos empeñamos en ejercer esa no reciprocidad lógica que es siempre una doble falsificación, no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo.


La difícil tarea de aplicar un mismo método explicativo y crítico a nuestra posición y a la opuesta no significa desde luego que consideremos equivalentes las doctrinas, las metas y los intereses de las personas, los partidos, las clases y las naciones en conflicto. Significa por el contrario que tenemos suficiente confianza en la superioridad de la causa que defendemos, como para estar seguros de que no necesita, ni le conviene esa doble falsificación con la cual, en verdad, podría defenderse cualquier cosa.


En el carnaval de miseria y derroche propios del capitalismo tardío se oye a la vez lejana y urgente la voz de Goethe y Marx que nos convocaron a un trabajo creador, difícil, capaz de situar al individuo concreto a la altura de las conquistas de la humanidad.


Dostoievski nos enseño a mirar hasta donde van las tentaciones de tener una fácil relación interhumana: van sólo en el sentido de buscar el poder, ya que si no se puede lograr una amistad respetuosa en una empresa común se produce lo que Bahro llama intereses compensatorios: la búsqueda de amos, el deseo de ser vasallos, el anhelo de encontrar a alguien que nos libere de una vez por todas del cuidado de que nuestra vida tenga un sentido. Dostoievski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón.


Pero en medio del pesimismo de nuestra época se sigue desarrollando el pensamiento histórico, el psicoanálisis, la antropología, el marxismo, el arte y la literatura. En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado.


Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto:

"También esta noche, tierra, permaneciste firme.Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor. Y alientas otra vez en mi la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia".

Tomado de:
http://www.elabedul.net/Articulos/el_elogio_de_la_dificultad.php

Fausto

"También esta noche, tierra, permaneciste firme. Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor. Y alientas otra vez en mi la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia".

jueves, 14 de junio de 2012

Una verdad como un templo

Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama. CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de