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lunes, 4 de abril de 2016

El Síndrome de Alimentación Selectiva

Tomado de: http://www.webconsultas.com

¿Qué es el Síndrome del Comedor Selectivo?

El sindrome del comedor selectivo hace referencia a aquella nutrición en la que hay una inadecuada variedad alimentaria. Aquella dieta que queda limitada a entre cinco y diez alimentos y que, además, se correlaciona con el rechazo a probar nuevos productos (trastorno designado como neofobia), tal y como nos lo explica el psicoterapeuta y responsable del área de Gestión del Conocimiento e Investigación en el Institut de Trastorns Alimentaris (ITA), Toni Grau.

En algunas ocasiones, el rechazo a ciertos alimentos se centra en determinadas texturas (por ejemplo las fibrosas), lo que excluye de la dieta grandes familias de alimentos como las frutas, las verduras y las hortalizas. Productos seguidos de cerca, en cuanto a evitación, por el pescado y las legumbres. En otras ocasiones, este rechazo se dirige hacia el aspecto externo de determinados alimentos (forma, color, tamaño…) y no tanto hacia su sabor.

Causas del Síndrome del Comedor Selectivo


Aunque no exista un principio único y claro que haga aflorar el síndrome del comedor selectivo, sí se han encontrado causas relacionadas con los problemas en el vínculo que se crea entre el niño y su cuidador. “Los bebés, al no poder expresarse con palabras, utilizan otras formas de comunicación (agitan los brazos, lloran, gritan, tiran o escupen la comida…). Estas conductas resultan estresantes para los cuidadores, que para evitar estos comportamientos optan por preparar y dar solo aquellos alimentos menos problemáticos. Con esta actitud se pierde la iniciativa de introducir nuevos alimentos y se perpetúa el círculo de que el niño no quiera comer otra cosa que no sea lo conocido”, explica el psicoterapeuta Toni Grau.

Además, el estrés que sufre el cuidador ante el nerviosismo del niño hace que el vínculo entre ellos no sea el adecuado y que repercuta en la relación de confianza que se debe crear entre ambos, “siendo un factor más para que se produzca el rechazo del bebé ante cualquier alimento o cosa que le ofrezca el cuidador. Volviendo así al círculo vicioso del que hablábamos anteriormente”, continua el psicoterapeuta.

Aunque no todo es producto de una falta de vínculo entre el niño y su cuidador, como señalan todos los autores expertos en el tema, el síndrome del comedor selectivo sigue un modelo multicausal. Este trastorno puede llegar a ser “una manera de expresar la propia personalidad”, tal y como señala Grau. De esta forma, el rechazo a la novedad o la rigidez (característica de las personas obsesivo-compulsivas), presentados a través del repudio a la comida, son sacados a la luz “a través de los rasgos primitivos de la alimentación”, explica el experto.

Perfil del comedor selectivo

El síndrome del comedor selectivo ha sido descrito en población infantil, aunque existen ya algunos estudios con adolescentes. En cuanto a los adultos, la literatura científica disponible es inexistente.
Este trastorno es más frecuente que se produzca en niños que en niñas (con una proporción de cuatro niños por cada niña). Aunque no se ha definido un perfil característico, estos críos suelen presentar problemas de ansiedad, evitación social, rasgos obsesivo-compulsivos, baja adaptación al cambio y a la novedad. 

Factores que constituyen, en su mayoría, rasgos de la personalidad, y que por tanto se mantendrán a lo largo del tiempo, permaneciendo también en la etapa adulta, tal y como describe el psicoterapeuta Toni Grau.

Hasta el momento, esta patología estaba clasificada dentro de la categoría diagnóstica ‘Trastorno de la ingesta alimentaria de la infancia o la niñez’, sin que existiera una categoría específica para el síndrome del comedor selectivo. Sin embargo, “en el próximo manual diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V) se contempla su inclusión como nueva categoría diagnóstica: ‘Avoidant/restrictive Eating Disorder’, aclara el experto del ITA.

Efectos negativos del Síndrome del Comedor Selectivo


Las principales consecuencias del síndrome del comedor selectivo se derivan de las deficiencias nutricionales de una dieta restringida, y más teniendo en cuenta que los principales alimentos evitados son aquellos ricos en vitaminas, minerales y fibra (verduras, frutas, legumbres, pescado…), elementos indispensables para el desarrollo. “La carencia de estos nutrientes puede cursar con problemas de crecimiento, letargo y dificultades de concentración. En este sentido, se ha constatado una disminución de entre 13 y 15 puntos en el coeficiente intelectual de los comedores selectivos”, concluye el psicoterapeuta Toni Grau.

En cuanto a la parte psicológica, Grau explica que estos niños tienen un mayor riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria en etapas posteriores a su crecimiento; ya que se conjugan ciertos rasgos de la personalidad que también están presentes en estas patologías y que comparten la problemática con la alimentación.

Además, en los comedores selectivos y sus cuidadores es frecuente la evitación social de aquellos acontecimientos en los que la dieta limitada del niño no puede ser desarrollada con normalidad (convivencias, viajes, cumpleaños, quedarse a dormir en casa de amigos…). “Este rechazo por la comida dificulta el adecuado proceso de socialización con el mundo y las personas que rodean al niño”, explica el psicoterapeuta. Asimismo, “las pataletas, el llanto y otras conductas disruptivas aumentan la conflictividad en el núcleo familiar”, concluye Grau.

A modo de resumen, los síntomas del comedor selectivo son, a la vez, consecuencia (expresión de malestar) y causa (evitación conflictividad), concluye el responsable del área de Gestión del Conocimiento e Investigación del ITA.

Cómo anticiparse a la aparición del Síndrome del Comedor Selectivo

Un simple “no quiero” o un “esto no me gusta”, pronunciado por un niño ante un plato de comida que no le agrada, tiene que ser llevado con tranquilidad e inteligencia. Los menores son grandes imitadores de sus progenitores, así que si los pequeños ve que sus padres son selectivos y no comen tal o cual alimento, seguramente tiendan a rechazarlo ellos también. De ahí la importancia de insistir, desde el principio, en incluir en la dieta alimentos de todo tipo (siempre y cuando sean adecuados para las características fisiológicas del niño) o que evitarán problemas nutricionales y de comportamiento en el futuro.

Para conseguir una correcta nutrición de los más pequeños habrá que armarse de paciencia una vez comenzado el periodo de introducción de nuevos alimentos. Será fundamental jugar con el niño, hacer que le atraiga la comida e irla incorporando poco a poco en su alimentación para que no note un cambio muy brusco.

Consejos para prevenir el síndrome del comedor selectivo


El valor de la prevención con estas conductas es relativo, ya que el comportamiento de una persona con síndrome del comedor selectivo es sólo una expresión relacionada con el temperamento o el carácter del individuo (es decir, que la persona no come porque no pueda, sino porque no quiere), por lo que los psicoterapeutas opinan que, a pesar de ello, el ambiente en el que viva y se mueva el niño puede resultar un factor protector ante estas problemáticas.

Estas serían algunas de las estrategias y consejos que pueden potenciar esta protección frente a la aparición del síndrome del comedor selectivo o del simple rechazo a ciertos alimentos:
  • Dedicar tiempo y atención a la nutrición: es recomendable que durante las horas de la comida la atención de la familia se centre lo máximo posible en el acto de comer y en los rituales relacionados con él, descartando, en la medida de lo posible, realizar otras actividades (ver la televisión, estar pendiente del teléfono móvil, levantarse de la mesa, leer…).
  • Mantener una alimentación familiar variada: todos los miembros de la familia deben comer de todo, de forma variada y equilibrada, y cumplir con las recomendaciones generales de la pirámide de la alimentación o de la dieta mediterránea.
  • Estimular la curiosidad en la exploración de nuevos sabores y texturas: la creatividad y el huir de la rutina en la cocina consiguen que el apetito se abra y que se acepten mejor los nuevos alimentos. Cocina de diferentes formas (plancha, vapor, horno…), varía la dieta buscando sustitutivos a los alimentos de siempre y busca recetas diversas cada cierto tiempo.
  • No hay que dar a los alimentos un carácter de premio o castigo: “Si te portas bien, repites postre”, “no te mueves de la mesa hasta que te comas las lentejas”…, este tipo de frases, repetidas en el tiempo, solo generan que el niño se acostumbre a conseguir lo que quiere con un determinado comportamiento y se encapriche o se enfade si no obtiene lo que quiere.
  • Se debe mantener la jerarquía familiar: A modo de norma, los niños, entre los dos y los tres años, muestran una conducta oposicionista hacia los adultos en un primer intento de poner a prueba la jerarquía de la familia. Es en este momento cuando resulta crucial asentar una estructura jerárquica en la que los progenitores ostenten su capacidad ejecutiva.
  • Evitar mediar ante otras personas la alimentación de los hijos cuando estos no están en casa: es el caso, por ejemplo, de las llamadas a los profesores para negociar la dieta durante las convivencias o en el comedor del colegio. El niño debe acostumbrarse a comer lo que le pongan en el plato esté o no en su casa, como forma de aprendizaje personal y de comportamiento en sociedad.

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