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lunes, 13 de julio de 2015

Dr. Franzel Delgado Senior


Papi,
Hace 365 días exactos que el empecinado destino te arrancó tan cruelmente de nuestro lado, sumiendo a mi mamá, a mis hermanos, a nuestras familias y a tantos que te querían inmensamente en un dolor muy difícil de entender, de aceptar y de sobrellevar.

Paradójicamente, ha sido un año "fugazmente eterno" que en algún sentido nos ha martirizado lenta y largamente con inmensas dosis de incertidumbre, dolor y tristeza, pero por otro, pareciera haber pasado en apenas un soplo. Sí Pa, siento que te fuiste ayer, pero el dolor ha sido tan largo... Supongo que esa percepción es producto de lo complicado que nos resulta como seres humanos entender de esta vida, esa que tanto nos da y tanto nos quita, lo injusto, lo inadmisible y lo imperdonable. De forma que lejos de filosofar al respecto, pretendo en el sentido más pragmático posible hacerte llegar mis sentimientos en torno "al primer año de mi vida sin ti".

Aquí la vida sigue igual Pa, aunque potenciados los escollos naturales del día a día por la falta de protección y apoyo que siempre supiste darnos. Ahora que vivo en carne propia lo que eso representa para un hijo (definitivamente "nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde"), no hago más que obsesionarme con mi labor como padre. Veo a tu nieta, el amor de mi vida, y casi obsesivamente quiero retribuirle a toda costa toda esa sensación de protección absoluta que me diste a mi y a mis hermanos, y que hoy, al no tenerla, percibo con mucha mayor claridad y contundencia. Este año sin ti Pa, ha servido para hacerme ver cuanto supiste protegerme y apoyarme, darme confianza y seguridad, impulsarme. Muy aparte de la permanente incondicionalidad de mi mamá, de Caro, de mis hermanos, de mis cuñados, de mis primos, primas, tíos, tías y amigos, de los del alma, estar sin ti, es estar solo ante la adversidad, desnudo a la intemperie, y eso no es más que el reflejo de lo bien que lo has hecho mientras estuviste "en cuerpo" entre nosotros. Una vez más: !MIL GRACIAS VIEJO, QUE BIEN LO HICISTE!

Se te extraña Papi, se te extraña profundamente. A cada alegría y buen rato le faltas tú, siempre. El dolor no se va, me acompaña, sigue ahí, pero lo acepto feliz porque es el vivo y permanente recuerdo tuyo, el reflejo de todo lo afortunado que fui teniéndote aquí y siendo omnipresente durante toda mi vida. Te siento siempre ahí, en todo. En lo bueno, en lo malo, en el placer, el las angustias. Te hablo, te cuento, y sé que me escuchas. Te pregunto cómo vas, qué haces, y no me respondes, pero sé que estás bien, lo siento. Sé que eres feliz, sé que tienes paz y sé que llenas tu existencia de amor y de alegrías en compañía de tantos de los buenos afectos que al igual que tú nos dejaron para trascender. Sé que con Memito hablas de mi, de mis cosas, de mis preocupaciones, de mis errores, de mis aciertos, mientras saben que estaré siempre bien. Sé que mis abuelos te quieren a cada instante y te sientes niño nuevamente. Sé que con el Gallito nos cuidas y velas por nuestro bienestar. Sé que sigues llenando a tantos amigos y demás seres queridos que allí te acompañan de la mejor vibra. Sé que eres testigo permanente de nuestras risas y llantos, a la vez que gozas de la certeza de que siempre estaremos bien, mientras nos esperas, sin prisa, y con la paz que el infinito y la trascendencia del alma merecidamente te han regalado. Y sé que estas ahí, en mi sofá, en mi carro, en la mesa, al lado mío, cuando veo algún peliculón, cuando oigo maravillosa música (de esa que duele tanto escuchar sin ti), cuando como algo sabroso o cuando disfruto o sufro con algún evento deportivo de esos que compartíamos aquí abajo. 

Pa, no puedo negarte lo cuesta arriba que se nos puso la vida sin ti, brutalmente cuesta arriba, pero debo decirte que, a mi muy humilde entender, estamos cumpliendo a cabalidad con aquella promesa que te hice alguna vez, abrazados en la cama días antes de que decidieras finalmente partir y borrar en un suspiro tanto sufrimiento en cuerpo, acerca de aprender a ser felices sin ti, a solventar el tremendo escollo de tu ausencia y a sentirte siempre aquí, aún estando allá.

Estamos bien Papi. Mi mamá no ha hecho más que corroborar su entereza, su fortaleza, su inteligencia, su espectacular disposición a superar los duros golpes de la vida, sin resentimientos con ésta, al contrario, con absoluto agradecimiento por lo que ha tenido. Mi mami es "una dura" Pa y poco a poco aprenderá a sobrellevar mejor el camino sin ti, sin su inseparable amor, para así, cuando decida zarpar a reunirse contigo, esta vez para siempre de verdad, hacerlo satisfecha de haber exprimido el tiempo en vida con sus hijos, nietos, hermanas, sobrinas, nueras, yerno, primos, primas y tantos afectos que han sabido cobijarla, quererla, empujarla y que merecen disfrutarla aún mucho más a la vez que ella a nosotros.

Papi, sembraste amor. Sembraste principios férreos basados en la ética, en la honestidad, en la generosidad, en la justicia y en la pasión por la vida. Sembraste coraje e inteligencia para afrontar aquello en apariencia no grato del destino. Sembraste resignación, paciencia y confianza explicándonos que todo lo que nos pasa tiene una razón de ser y que ésta siempre es para bien. En fin, sembraste durante tus benditos 68 años de existencia las bases para que en cualquier circunstancia pudiéramos ser felices, y siempre, en todo caso y por encima de todo, gente de bien. Eso Pa, no te lo podré pagar nunca, por lo cual, sólo puedo agradecértelo, a la vez que prometerte prolongarlo en cada caso que sea posible extendiendo así por acá tu extraordinario e invalorable legado.

Gito querido, sigues aquí, a cada instante y eternamente, y saber que eso no me lo podrá quitar nadie te confieso que me llena de seguridad, felicidad y paz. MIL GRACIAS PA!

Un beso lleno de amor y de los mejores recuerdos, de tu hijo que te ama y extraña profundamente,
Chilo 

PD: Sirvan estas líneas especialmente para agradecer en nombre mi papá, mi mamá y de mis hermanos tantas muestras de afecto y apoyo durante todo el proceso del viejo y desde su partida hasta hoy. Un millón y medio de gracias por tanto amor y solidaridad a aquellos que no han dejado de estar ahí. Dios les devuelva tanto cariño y disposición. Espero de todo corazón haberle llegado a todos aquellos que nos han arropado de una u otra manera, y además, ayude a cada uno a tomar conciencia del valor que tiene tener en vida a sus más cercanos afectos. Gracias por quererlo tanto a él y a nosotros.

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