miércoles, 26 de noviembre de 2008

Segundo análisis: La inconclusión repartida


Por: Teódulo López Meléndez - teodulolopezm@yahoo.com - El deber de ciudadanía - Menos de 24 horas le tomó a Chávez volver al lenguaje grosero, amenazante y ofensivo, de alto contraste con las ofertas de colaboración que han hecho los vencedores de la oposición. Deberemos prepararnos para todo y para lo primero que debemos prepararnos es para ejercer ciudadanía. En el caso de Caracas, por ejemplo, cada uno de los habitantes de esta ciudad golpeada debe sentirse Alcalde Mayor y aprestarse a cumplir con lo que decida la mancomunidad de alcaldes: si tenemos que sacar la basura a una hora determinada, hagámoslo: si debemos detener nuestros vehículos a determinadas horas, detengámoslos. Si se produce la creación de una mancomunidad de la basura, cumplamos con los detalles y si se crea una corporación de seguridad colaboremos con el mejor de los ánimos. Esto es, los gobernantes no pueden solos si no hay una voluntad colectiva, en este caso detrás de Antonio Ledezma, a quien debemos ayudar a superar todos los obstáculos. El deber de ciudadanía pasa por comprender que en el 2009 tenemos una elección de alta importancia, la de Concejos Municipales y Juntas Parroquiales. Deberemos entender que esa no es una elección banal y sin categoría. Por el contrario, deberemos utilizarla para elegir con conciencia y para producir un nuevo repunte de quienes constituimos la alternabilidad democrática. Concejales y delegados parroquiales son las personas más cercanas a la comunidad. Deberemos aprender que tenemos allí un representante a quien dirigirnos y a quien exigirle, así como los electos deberán entender que están allí para atender y oír, para movilizarse a resolver los problemas menudos y los que no lo son tantos, como ordenar los presupuestos al beneficio colectivo, controlar el empleo de los recursos y colaborar estrechamente con la planificación de las obras prioritarias. No obstante, no puede la oposición convertirse en electoralista, lo que es una cosa muy distinta de aprovechar los intersticios electorales. Debo volver a reclamar de la manera más enérgica la pasividad oposicionista ante la aprobación de las 26 leyes que metían de contrabando la reforma constitucional rechazada. Algún idiota inventó la expresión “trapos rojos” para justificar la inacción. Aquí hay que salir a combatir al gobierno ante cada estropicio, ante cada abuso, ante cada violación de la Constitución y de las leyes. Una oposición contemplativa que se deja faltar el respeto no merece ser llamada alternativa democrática. Los implacables números - El oficialismo rescató un tercio de los votos que se le escurrieron el 2 de diciembre. Lo hizo con un lenguaje feroz y dictatorial, con la compra de conciencias y con el uso indiscriminado del dinero de la nación, pero lo hizo. La oposición rompió el límite de 4 millones de votos a la que parecía condenada, pero el balance –en términos redondos- es que el oficialismo sacó un millón de votos más que la alternabilidad. Es un retroceso oficialista evidente, pero aún así hay que recordar que el oficialismo tiene un diez por ciento de ventaja. La tarea de construir una nueva mayoría sigue siendo, entonces, un desafío. Esa nueva mayoría se logrará corrigiendo los fanáticos errores cometidos, reduciendo a esos extremistas sifrinos que todavía –desde los foros de las páginas web- insultan y atacan a los disidentes del oficialismo, gobernando para todos sin discriminaciones, pero sobre todo, infinitamente sobre todo, poniendo sobre la mesa un proyecto de país, uno pleno de justicia social que haga entender a los pobres que es posible la implantación de una nueva organización social de redención desprovista del sectarismo, la ineficacia y el abuso destructivo de poder que caracteriza a este gobierno. El sectarismo, el oportunismo y el mantenimiento de candidaturas sin sentido fueron castigados en las urnas. Sin embargo, también fue castigada la disidencia y para esto último aún carezco de una explicación razonable. Prefiero esperar los números oficiales por partido para hacer un balance sobre las fuerzas políticas, pero sobre la base de los números extraoficiales se intuye que alguno fue reducido a partido regional y que algún otro tuvo una recuperación nada desdeñable. El proyecto de país - Frente a los compromisos por venir –donde debe estar incluida la batalla permanente y no la inacción culpable- deben producirse respuestas programáticas específicas. Hay que diseñar el país posible, una nueva concepción democrática del siglo XXI, una oferta social de gran envergadura y un comportamiento digno de los nuevos tiempos. He insistido hasta la terquedad que se debe partir del presente y no del pasado y para ello he recurrido a la imagen de la esponja y el detergente, en el sentido de limpiar principios correctos que han sido prostituidos por este gobierno. El sectarismo, la ofuscación y la búsqueda obsesiva de la candidatura presidencial deben dar paso a una reflexión serena y a un profundo sentido de responsabilidad frente al futuro del país. Buena parte del país ha madurado, otra no tanto, y me refiero a la que todavía es influenciable por la presión, la amenaza, el lenguaje escatológico y el reparto indiscriminado que José Albornoz –líder del PPT- llamó acertadamente “de línea blanca”. Sobre la parte que ha madurado y que respondió escogiendo con cuidado las tarjetas con que votó, debe verterse una acción de gobierno diferente y eficaz, y sobre la parte inmadura debe ejercerse una profunda acción pedagógica y ella consiste en delinear claramente que la justicia no se logra con gritos estentóreos sino con una acción planificada presidida de una incorruptible voluntad política. En definitiva, el planteamiento no puede reducirse a salir de Chávez, el asunto es poner sobre la mesa una idea clara y precisa del país que se va a construir una vez que se salga de él. Los retos, en lo inmediato, son espeluznantes. El que no aprende de sus errores no merece ser redimido. La prueba ha sido dura y la que viene lo será más aún. Esperemos que un líderazgo emergente que se ha asomado tímidamente esté a la altura. Trabajemos por una madurez creciente del país venezolano.

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