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martes, 6 de agosto de 2013

La depresión


















Por: Arístides Bastidas 
La depresión es un estado de ánimo que nos aleja de la vida y nos acerca la muerte. Es a fuerza del verdadero valor, como podemos vencerla y continuar en este mundo. Sam, el cisne enamorado, no lo comprendió así, y al ver partir a su compañera, se fue detrás de ella, como en las melancólicas novelas del siglo pasado. Debemos disculpar a Sam. Había perdido su único bien. No tuvo la suerte del hombre, que en sus bocamangas de jugador, puede guardar la carta triunfal de la esperanza. Porque jamás lo pierde todo y siempre le queda algo que hace falta a sus semejantes. Nadie es tan pobre que carezca de una sonrisa quizás triste, pero inflamada de solidaridad para calmar un pesar ajeno, acaso más hondo que el propio.


Los cisnes ingresaron en los bosquecillos de las fábulas apenas los viera un hombre primitivo que tenía alma de poeta. Todos recordamos al "Patito feo", ese nórdico lleno de calor que fuera Hans Christian Andersen. Es la historia afable y cruel de un patito hostilizado por los suyos, obligado escapar sin rumbo fijo. Los riesgos y contrariedades en medio de los cuales creció, ni le quebrantaron au fe en la vida ni alteraron su apariencia.

Después de mil padecimientos, desembocó en un lago azul donde nadaban apaciblemente unos seres blancos de largos cuellos y de una hermosura sin par. Uno de aquellos seres lo miró con simpatía. La coquetería de su mirada no dejaba dudas acerca de su sexo. El "Patito Feo, lleno de humildad, aceptó la invitación de ella. Y al entrar en el agua tranquila y verse reflejado en las mismas, se dio cuenta de que él también era un cisne.

No se si Sam leyó el cuento, tan real como sus propias furia, porque se repite todos los días entre los hombres, aunque no con el mínimo infeliz desenlace lamentablemente.

Muchos patitos se van sin darse cuenta de que son cisnes.
Tomado de:
http://aristidesbastidas.blogspot.com/2006/07/la-depresin-es-un-estado-de-nimo-que.html

miércoles, 17 de julio de 2013

La muerte vista a traves de un prisma azul

Por: Arístides Bastidas 







El mundo está habitado por un millón de especies animales y trescientas cincuenta mil especies vegetales. A ninguno de los miembros de esas comunidades se le ha ocurrido la absurda idea de que la vida les pertenece individualmente y que es un derecho adquirido para disfrutarlo por siempre. Hay una excepción que es la del hombre, desde luego. Está dominado por la inquietud de que algún día se extinguirá el flujo que le regalaron, pues no hizo ni un ligero esfuerzo por alcanzarlo. Con egoísmo incalificable el bípedo empleó sus privilegios intelectuales, para imaginar que la vida tenía en él su mejor exponente y que toda ella cesaba con su muerte natural.

La muerte es una simple disociación de la materia animada. Es la brusca separación de moléculas que no desaparecerán nunca y a las cuales les sobrará hospedaje en otras estructuras más vivas y tal vez más hermosas. Esto se puede decir de las moléculas que integraron el cuerpo de un criminal y más tarde reaparecen en las hojas del inocente césped que haya sobre su tumba. Los individuos de todas las especies- insectos, crustáceos, peces, herbívoros, carnívoros, ballenas, elefantes, seres humanos – son portadores transitorios de la vida. Todos se sienten satisfechos con esta distinción que la naturaleza les otorga de balde, menos nuestros semejantes. 

Los conejos bien pudieran estar entre los diseños más esmerados de la naturaleza, y por lo tanto entre los que suscitan cierto encanto a los ojos de quienen los ven.

Estamos convencidos de que el otro barrio es sólo para los demás. Cuando nos lo permite nuestra suerte, o nuestra capacidad, o nuestra mala intención, acumulamos riquezas y poder de manera insaciable. Hacemos esto porque en nuestra subconsciencia mora el anhelo de lograr con esos recursos la posibilidad de escapar al fin inexorable. Todos presenciamos, ya lo dije anteriormente, cómo los inmensos caudales del rey Faisal y Onassis, le resultaron inútiles para obtener un minuto más de existencia cuando les llegó la hora menguada.


La vida no ha dejado de fluir desde que apareciera en el planeta. Ella ha transcurrido ininterrumpidamente en las especies. Tiene una edad próxima a los tres mil doscientos millones de años, lo cual quiere decir que es longeva de verdad. A través de un inconcebible período no sólo ha permanecido, sino que se ha dado el lujo de multiplicarse en las más incontables y maravillosas manifestaciones. Tras un incontenible ascenso, se nos parece en la polifonía de los pájaros, en el esplendor de los vegetales, en el aroma de las flores, en el paso silente de las liebres, en la gracia sin par de las gacelas, en la inefable vecindad de la mujer que amamos.

Si la vida no sólo es longeva, sino joven, y no sólo de espíritu como dicen ciertos señores entrados en la madurez, sino desde el punto de vista biológico. Esta animación cada vez mayor del mundo, este progreso palpable de la materia viva, se debe a que la muerte no existe, al menos en los designios de la naturaleza.

Cuando un individuo pierde la vida, unos procesos químicos son sustituidos por otros. Millones de microorganismos invaden con el objeto de hacer reutilizable las sustancias de que estaba compuesto. De esta manera, los cadáveres de la fauna y de la flora enriquecen los suelos y los acondicionan para que sirvan de asiento a las plantas, cuyos frutos alimentarán a diferentes tipos de animales. En resumen, la muerte es un accidente altamente provechoso en los intercambios que hay entre los eslabones de las cadenas biológicas.

Quienes analizan la vida como una expresión principalmente espiritual, saben que la obra de los grandes pensadores y artistas los mantienen más vivos en el recuerdo de las diferentes generaciones, que la mayoría de las personas que las constituyeron. Ignoramos hoy la existencia de casi todos nuestros contemporáneos y sin embargo, cada día renovamos nuestra devoción por la Toccata y Fuga de Juan Sebastian Bach, la Novena Sinfonía Coral de Beethoven, El Quijote de Miguel Cervantes, la Odisea de Homero, La Divina Comedia de Dante, las castas y adolescentes vírgenes de Botticelli, la terrible fuerza de las pinturas de Goya, el genio creador de Einstein o la formidable intuición de Newton. Ellos obtuvieron el rango de los inmortales porque su presencia es inevitable en la mente y en la sensibilidad del mundo, mientras haya hombres que vivan en la tierra y quizá fuera de ella, en un remoto provenir.


Tomado de: http://elanheloconstante.blogspot.com

lunes, 1 de julio de 2013

Carta que el Jefe Piel Roja Sealth le escribiera en 1855 al Pdte. estadounidende Franklin Pierce:

 











El siguiente documento es uno de los más preciados por los ecologistas, se trata de la carta que envió en 1855 el jefe indio Seattle de la tribu Suwamish al presidente de los Estados Unidos Franklin Pierce en respuesta a la oferta de compra de las tierras de los Suwamish en el noroeste de los Estados Unidos, lo que ahora es el Estado de Washinton. Los indios americanos estaban muy unidos a su tierra no conociendo la propiedad, es más consideraban la tierra dueña de los hombres. En numerosos ámbitos ecologistas se le considera como "la declaración más hermosa y profunda que jamás se haya hecho sobre el medio ambiente".

 Carta del Jefe Indio Seattle
El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Apreciamos esta gentileza porque sabemos que poca falta le hace, en cambio, nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta, pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego y tomarse nuestras tierras. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que dice el Jefe Seattle con la misma certeza con que nuestros hermanos blancos podrán confiar en la vuelta de las estaciones. Mis palabras son inmutables como las estrellas.


¿Cómo podéis comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Esta idea nos parece extraña. No somos dueños de la frescura del aire ni del centelleo del agua.

¿Cómo podríais comprarlos a nosotros? Lo decimos oportunamente. Habeis de saber que cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada hoja resplandeciente, cada playa arenosa, cada neblina en el oscuro bosque, cada claro y cada insecto con su zumbido son sagrados en la memoria y la experiencia de mi pueblo. La savia que circula en los árboles porta las memorias del hombre de piel roja.

Los muertos del hombre blanco se olvidan de su tierra natal cuando se van a caminar por entre las estrellas. Nuestros muertos jamás olvidan esta hermosa tierra porque ella es la madre del hombre de piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las fragantes flores son nuestras hermanas; el venado, el caballo, el águila majestuosa son nuestros hermanos. Las praderas, el calor corporal del potrillo y el hombre, todos pertenecen a la misma familia. Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras, es mucho lo que pide.

El Gran Jefe manda decir que nos reservará un lugar para que podamos vivir cómodamente entre nosotros. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por eso consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras. Mas, ello no será fácil porque estas tierras son sagradas para nosotros. El agua centelleante que corre por los ríos y esteros no es meramente agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos estas tierras, tendréis que recordar que ellas son sagradas y deberéis enseñar a vuestros hijos que lo son y que cada reflejo fantasmal en las aguas claras de los lagos habla de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos, ellos calman nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras, deberéis recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y hermanos de vosotros; deberéis en adelante dar a los ríos el trato bondadoso que daréis a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que el otro porque él es un extraño que llega en la noche a sacar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermano sino su enemigo. Cuando la ha conquistado la abandona y sigue su camino. Deja detrás de él las sepulturas de sus padres sin que le importe. Despoja de la tierra a sus hijos sin que le importe. Olvida la sepultura de su padre y los derechos de sus hijos. Trata a su madre la tierra, y a su hermano el cielo, como si fuesen cosas que se pueden comprar, saquear y vender, como si fuesen corderos y cuentas de vidrio. Su insaciable apetito devorará la tierra y dejará tras sí sólo un desierto.

No lo comprendo. Nuestra manera de ser es diferente a la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace doler los ojos al hombre de piel roja. Pero quizá sea así porque el hombre de piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse el desplegarse de las hojas en primavera o el orzar de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas.

El ruido de la ciudad parece insultar los oídos. ¿Y qué clase de vida es cuando el hombre no es capaz de escuchar el solitario grito de la garza o la discusión nocturna de las ranas alrededor de la laguna? Soy un hombre de piel roja y no lo comprendo. Los indios preferimos el suave sonido del viento que acaricia la cala del lago y el olor del mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado por la fragancia de los pinos.

El aire es algo precioso para el hombre de piel roja porque todas las cosas comparten el mismo aliento: el animal, el árbol y el hombre. El hombre blanco parece no sentir el aire que respira. Al igual que un hombre muchos días agonizante, se ha vuelto insensible al hedor. Mas, si os vendemos nuestras tierras, debéis recordar que el aire es precioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que sustenta. Y, si os vendemos nuestras tierras, debéis dejarlas aparte y mantenerlas sagradas como un lugar al cual podrá llegar incluso el hombre blanco a saborear el viento dulcificado por las flores de la pradera.

Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, pondré una condición: que el hombre blanco deberá tratar a los animales de estas tierras como hermanos. Soy un salvaje y no comprendo otro modo de conducta. He visto miles de búfalos pudriéndose sobre las praderas, abandonados allí por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo como el humeante caballo de vapor puede ser más importante que el búfalo al que sólo matamos para poder vivir. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales hubiesen desaparecido, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Porque todo lo que ocurre a los animales pronto habrá de ocurrir también al hombre. Todas las cosas están relacionadas entre sí.


Vosotros debéis enseñar a vuestros hijos que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, debéis decir a vuestros hijos que la tierra está plena de vida de nuestros antepasados. Debéis enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñados a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen el suelo se escupen a sí mismos.

Esto lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida: es sólo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo. Lo que ocurre a la tierra ocurrirá a los hijos de la tierra. Lo sabemos. Todas las cosas están relacionadas como la sangre que une a una familia.


Aún el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y conversa con el -de amigo a amigo- no puede estar exento del destino común. Quizá seamos hermanos, después de todo. Lo veremos. Sabemos algo que el hombre blanco descubrirá algún día: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ahora pensáis quizá que sois dueño de nuestras tierras; pero no podéis serlo. El es el Dios de la humanidad y Su compasión es igual para el hombre blanco. Esta tierra es preciosa para El y el causarle daño significa mostrar desprecio hacia su Creador. Los hombres blancos también pasarán, tal vez antes que las demás tribus. Si contamináis vuestra cama, moriréis alguna noche sofocados por vuestros propios desperdicios. Pero aún en vuestra hora final os sentiréis iluminados por la idea de que Dios os trajo a estas tierras y os dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre de piel roja con algún propósito especial. Tal destino es un misterio para nosotros porque no comprendemos lo que será cuando los búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre de alambres parlantes.

¿Dónde está el espeso bosque? Desapareció.
¿Dónde está el águila? Desapareció.
Así termina la vida y comienza la supervivencia.... 


Tomado de: http://www.guelaya.org

El hombre cree que es superior a los microbios pero se equivoca







Por: Arístides Bastidas - Diciembre 26, 2010

La naturaleza debe estar arrepentida de haber promovido como el más equipado de sus modelos, a ese llamado hombre.

Durante 420 millones de años la vida conquistó la parte seca de la superficie planetaria y allí prosperó a través de las más ricas y diversas manifestaciones, tanto en las especies animales como en las vegetales. Los descendientes de las algas y de los peces se instalaron en tierra firme y edificaron sobre ella un generoso imperio natural regido por opulenta armonía entre los seres que caminaban por los suelos, los que volaban por los cielos y los que habían hincado sus raíces en las entrañas subterráneas para obtener la savia vivificante conque crearían el verde esplendoroso del paisaje.

En tan largo período se extinguieron formas de vida que no supieron adaptarse, sustituidas por otras mejor preparadas para la sobrevivencia. Las áreas que permanecieran descubiertas durante 4 mil millones de años fueron cobijadas por un almohadón de restos orgánicos constituidos por dinámicos gérmenes, insectos y lombrices que hacían, antes como hoy, los cambios químicos formadores de las sustancias que absorberán las plantas.

Ahora bien, cuando apareció el bípedo, orgulloso de su inteligencia superior, impuso sus propias reglas persuadidos de que era el rey de la creación. Al intentar sustituir a la naturaleza la quebrantó con tal gravedad, que no sólo ha extinguido diversas especies animales sino que ha puesto en jaque la existencia de su propio género.

La biosfera, es decir, la franja donde transcurre la vida, comienza a 10.000 metros en las simas del mar pobladas de peces provistos de órganos luminosos, continúa por toda la superficie terrestre y termina en el aire, en las copas de los árboles donde están los más elevados nidos de las aves. Esta franja es proporcionalmente una lámina más delgada que la que cubre una manzana. La residencia de la vida ocupa pues una pequeña dimensión del globo y no hay modo de mudarla para otra parte.

El recién llegado no parece comprender esto.Ufano de su razón, la ha deformado tanto que luce preferible la sin razón con que se han desempeñado los animales. Estos se ajustaron siempre a las normas del bosque, de la selva o la sabana donde estuvieran sus domicilios.

Nosotros irrespetamos esas leyes y aplicamos las nuestras que con el surgimiento de las primeras civilizaciones, consistieron en derribar árboles para diversos usos, sin preocuparnos por sembrar los sustitutos.

El hombre es el único ser que hace guerras masivas contra los miembros de su propia especie. Hubo quienes las justificarán con el absurdo argumento de que los conflictos bélicos, de modo igual a las pestes, controlaban el crecimiento humano. Les declaró también la guerra a distintos animales que ha eliminado con el objeto de complacer ciertos atavismos como el de la caza o de atender requerimientos lucrativos. Está a punto de desaparecer el Tigre de Bengala, víctima de una ensañada persecusión a tiros como la sufrida por hervíboros y carnívoros de Africa.

El hombre ha procedido así porque el rompimiento de esos enlaces ecológicos no ha causado dramático desequilibrio aunque, desde luego, lo causa.

Los investigadores estadounidenses quedaron sorprendidos cuando encontraron rastros de DDT en los pinguinos de Alaska, quienes habitan regiones muy distantes de aquellas en que se aplicaban los insecticidas graduales. De inmediato no se podrían vaticinar las consecuencias que ello acarree a esos animales y a los camarones conque se alimentan, que seguramente asimilaron el DDT al ingerir los corpúsculos orgánicos disueltos en el mar contaminado con el mismo, que llegaran a traves de los ríos, procedentes de los labrantíos. Esto podría ser un ejemplo de la vinculación que hay entre todos los fenómenos de la biosfera, aun entre aquellos separados por largas distancias.

Los animales dieron en un regio escenario la bienvenida al hombre hace 500.000 años. Deben estar pensando ahora que es así como paga el diablo al verlos manejar los bienes de la naturaleza con la audacia y los riesgos del aprendiz de brujo y los respectivos riesgos, por supuesto.

Subrayemos el principio de que la conservación correcta es la que se hace en función de una vida sana y feliz.

Debemos aplicar las normas del mutuo auxilio. Si ayudamos a la naturaleza ella estará en condiciones de ayudarnos más y mejor. Sacrificamos permanentemente cabezas de ganado, aves de corral, cerdos, cuyas carnes han permitido este avasallante aumento de la población. Más como al mismo tiempo renovamos e incrementamos el número de esos animales, nosotros ganamos por las proteínas que nos suministran y ellos ganan porque aseguran su perpetuidad. La sociedad con el hombre, por otra parte, los libra de la preocupación de que buscar el sustento.

A fines del siglo pasado, los taladores de los árboles fueron una plaga que asoló los bosques de costa a costa en los Estados Unidos. Quedaron desnudas las superficies ocupadas por los estados de Michigan y Wisconsin. Aparecieron enormes desiertos erosionados donde antes la flora luciera su majestuosa belleza. El gobierno de Teodoro Roosevelt adoptó medidas eficaces. Gracias a las mismas, hoy, cuando la explotación maderera es la mayor en la historia norteamericana, se multiplican las reservas forestales porque siembran tres árboles por cada dos que se cosechan. No creo que hagamos algo parecido los venezolanos en la actualidad.

Nos han enseñado a juzgar mal a los microbios. Entre ellos hay algunos que producen enfermedades que nos obligan a replicar con una guerra defensiva. La mayoría, sin embargo, son buenos y provechosos para la existencia de las plantas, de los animales, de los seres humanos. En un puñado de tierra fértil hay un mundo de cientos de veces más poblado que el nuestro. Los contituyen gérmenes que transforman los cadáveres de animales o vegetales en gratos nutrientes de las raíces. Con esos nutrientes de tan feo origen se formarán mas tarde los pétalos de una flor, la pulpa azucarada de una fragante fruta o el verde sugestivo del césped.

Cuando esos microbios, milagros químicos invisibles, no están en la tierra, ella se torna estéril y sólo sirve de sepultura a las semillas. Durante los incendios, gran parte de esos microrganismos mueren achicharrados por las altas temperaturas.

Dedúzcase fácilmente esta cadena ecológica: los microbios y los animalejos del suelo alimentan a las plantas; éstas alimentan a los animales y a los humanos a través de diferentes niveles; los cuerpos muertos alimentan a los microbios que lo transforman, y este ciclo se repite indefinidamente mientras no sufra interrupciones importantes. La ecología está representada por cadenas de la vida en las cuales los eslabones representan diferentes formas de lela en orden sucesivo.

El error del hombre está en estimar que él es el eslabon más significativo y que los parásitos son el más despreciable. O rectifica esa opinión o su porvenir quedará gravemente comprometido. Deberá advertir que la vida existió durante millones de siglos sin su concurso, y aunque podría prescindir de él le sería imposible imposible mantenerse sin el auxilio de los microrganismos ya aludidos.

El señor Marcuse tenía razón cuando censuraba las necesidades artificiales que nos alienan. Podemos entender el papel de las máquinas que nos transportan o que fabrican los productos de utilidad esencial. No podríamos decir lo mismo de los artefactos que empleamos, no para hacer más confortable la existencia, sino para aumentar la molicie y librar a nuestros músculos y a nuestro cuerpo de movimientos y ejercicios buenos para la salud. Además, hemos aceptado masoquistamente la tiranía de ciertos artículos objetables, sin los cuales no estaríamos cómodos.

Entre los mismos se encuentran los recipientes desechables de aluminio, latón, plástico y de vidrio no retornable, con los que ensuciamos el planeta. Y ¡qué decir de la interminable sucesión de las modas! Ropas y calzados sin desgaste son echados a la basura para ser sustituidos por aquellos que constituyen el último hit de la novelería. En resumen, hay cosas y objetos innecesarios cuya producción consume enormes cantidades de energía a pesar de que sus fuentes tradicionales se agotan y que arrojan desperdicios químicos contaminantes de la tierra, de las aguas y del aire.


Sería absurdo secundar a Rousseau en su prédica de que el hombre retorne a sus estadios primitivos para ser dichoso. Lo juicioso es proponer que use más inteligentemente los frutos de la inteligencia, y que no se deje ahogar en el océano de maravillas suntuosas y artificiales que le ofrece la tecnología cuando la dejan de su cuenta, sin las riendas que le den carácter profundamente humano.

Nos jactamos de los ingeniosos hallazgos de la ciencia moderna, y soslayamos verdades que estaban presentes en otras gentes no tan doctas como las de hoy, pero más conscientes.

Veamos unos párrafos de la carta que el Jefe Piel Roja Sealth le escribiera en 1855 al Presidente estadounidende Franklin Pierce:

"No hay un lugar de quietud en las ciudades del hombre blanco. No hay lugar donde oir las hojas de la primavera o el sonido de las alas de los insectos. Pero tal vez porque yo soy un salvaje y no comprendo, el ruido sólo parece insultar mis oídos. El indio prefiere el suave sonido del viento volando como un dardo sobre la superficie del lago, y el olor del viento limpio por la lluvia del mediodía o aromado por los pinos. El aire es precioso para la piel roja. Porque todas las cosas comparten el mismo aire, las bestias, los árboles, el hombre. El hombre blanco parece no darse cuenta del aire que respira". ¿Qué es un hombre sin las bestias? Si todas las bestias desaparecen, el hombre moriría de gran soledad de espíritu, porque todo lo que ocurre a las bestias tanbién le pasa a los hijos de la tierra. Cuando todos los búfalos sean liquidados, los potros cerreros sean domados, los rincones secretos del bosque estén cargados del aliento de muchos hombres y la vista de las colinas salpicadas por los cables del progreso ¿dónde estará el águila? No existirá. Y ¿qué será decirle adiós al lazo y a la caza, el fin de la vida y el comienzo de la supervivencia? Nosotros podríamos comprender si supiéramos cuáles son los sueños del hombre blanco, qué esperanzas él les describe a sus hijos en las largas noches de invierno, qué visiones queman su imaginación y qué deseos tienen para el mañana. Pero somos salvajes , y los sueños del hombre blanco están ocultos para nosotros".

Yo sostengo a priori de que esos microseres que hay en el silente patrimonio de los suelos, poseen secretos para desafiar airosos grandes inclemencias. A Dios gracias.


Hace casi 30 años, las pruebas atómicas hechas en Bikini hicieron desaparecer todo vestigio de flora y fauna en la isla. Los microorganismos que allí quedaron, como redivivos, facilitaron la germinación de las semillas que retornaron en las aguas o en los vientos a la desértica región. El esplendor de la vida animal y vegetal volvió a Bikini, y yo me pregunto si ese reverdecimiento vital habría ocurrido si la isla hubiera sido invadida por la civilización de que tantos nos envanecemos en nuestras burbujeantes ciudades.

Tomado de: http://lacienciaamena.blogspot.com

viernes, 28 de junio de 2013

Si nos ahogamos comiendo es porque el bolo deglutivo quiso entrar por la laringe en vez de hacerlo por el esófago.















Los órganos que constituyen la garganta y sus conexiones posteriores aparecen de perfil en este dibujo

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Por: Arístides Bastidas
Diciembre 11, 1981

En la garganta están las vías que comunican al cuerpo con el exterior para hacer el intercambio de oxígeno por gas carbónico y de recibir el agua que cumplirá funciones disolventes y de termorregulador junto con los alimentos que hacen posibles la vida y el trabajo.

En tal zona hay unos túneles oscuros que conducen a esa ventana iluminada que es la boca cuando se abre y a las fosas nasales que son como los caminos oficiales que cruzan el aire cuando entra y cuando sale.

Los órganos que allí se hospedan no tienen el gran prestigio de vísceras como el cerebro, el corazón y los riñones, pero si se obstruyeran durante más de cinco minutos nos quedaríamos para siempre en la inconciencia más absoluta e irremediable.

En la garganta está la faringe, que en su parte superior, se denomina nasofaringe. Es un tubo que al poco trecho, se bifurca en dos canales: uno llevará por la tráquea hasta los bronquios el aire inhalado y devolverá al exterior el despojado de oxígeno; el otro, será el viaducto por el que la comida deglutida irá al estómago impulsada por los movimientos peristálticos. Me refiero al esófago.

La faringe está, como se ve, en el comienzo de la garganta y es un portón abierto para todas las cosas que hayan de ingresar en nuestro organismo.

Ahora bien, en el funcionamiento de esta área abundan las sutilezas, si bien es de una marcada y aparente sencillez.

El virus que aquí observamos se multiplica por millones y millones en la faringe causando muchas molestias, entre ellas el dolor de garganta.

En las cabeceras de este sector están instalados vigías del cerebro representado por innumerables terminaciones nerviosas que constantemente informan a su amo y señor de cuánta novedad es puesta a su alcance. Con esos datos se originan diversas órdenes que los músculos de la región atenderán con prontitud relampagueante.

Si es aire lo que va a pasar, la laringe se mantiene abierta para darle una cordial bienvenida; si es un líquido o un sólido el que pide paso, automáticamente se cierra el orificio de la laringe con un cartílago que tiene forma de raqueta y que los científicos denominan el título Epiglotis. Si cometemos la imprudencia de hablar en el momento de la deglución, la Epiglotis se aparta para darle salida al aire libre que viene de los pulmones.
En ese instante nos atragantamos porque el alimento se ha ido parcialmente por el camino viejo, es decir se ha metido por la laringe.

Este accidente benigno puede ocurrir también cuando tragamos con saliva, dando lugar a las frases usual de que nos hemos ahogado con ella. Por cierto, que en la parte superior de la faringe están las amígdalas, nombre técnico y las agallas. Son dos protuberancias con el aspecto de caramelos rosados. Dentro de ellas se almacenan los llamados tejidos de linfoides que en este caso fabrican células que reemplazarán, junto con las elaboradas en otros departamentos del cuerpo, los 8 millones de células que mueren por segundo en la sangre de las personas adultas.


Tiene una misión antitóxica pero a veces deben ser extirpadas porque se han dejado invadir por millones de agresivos estreptococos. Más abajo, en la parte delantera de la garganta está la laringe, cilindros de cinco centímetros de longitud que poseen en su interior unos despliegues en forma "V". Según las instrucciones que reciban del cerebro, se acerca o se aleja, se engruesa o angosta. El aire que la atraviesa nos proporcionará los diferentes tonos de voz que posteriormente modularán la lengua, los clientes, los labios, el paladar. Ustedes saben que estoy aludiendo a las cuerdas vocales.

La laringe sería muy vulnerable desde fuera sino contara una protección que le dan cinco cartílagos. El más grande de ellos, es el que forma la supuesta manzana de Adán. Por ella cruzan las violentas emisiones de aire que originan la tos y los estornudos, procedimientos que aplicamos para limpiar las vías respiratorias.

Por cierto que estas emisiones de aire salen a una velocidad que puede llegar, aunque parezca increíble, a 112 km/h. La garganta es el centro de acción de los virus del resfriado y de los catarros. Las mucosidades excesivas que ellas segregan tienen el fin de aislar a los ultra microscópicos intrusos.


Tomado de:
http://lacienciaamena.blogspot.com/2004/12/si-nos-ahogamos-comiendo-es-porque-el.html

miércoles, 26 de junio de 2013

La Biblia vincula al azufre con los tormentos del infierno pero podría ser amigo de Dios porque son muchas sus bondades











Por: Arístides Bastidas - 21 de Diciembre 2007

En el más absoluto anonimato permanecerá siempre el hombre que hace tal vez cuarenta siglos descubrió el azufre percatándose de que bajo el calor parecía enfurecerse despidiendo llamas de color azul.

Por esa propiedad figuraría relevantemente, en los ritos y religiosos con que los antiguos pretendían abrir los secretos de lo desconocido. Hasta entonces sólo se habían identificado el oro, el cobre y el estaño como elementos individuales. El metaloide que hoy nos ocupa vendría a ser el cuarto personaje de la química novata que tuvieron los egipcios y sus herederos de Mesopotania. No podían suponer que estaban apenas empezando el conocimiento de una familia llamada materia, constituida por noventa y dos socios.

El azufre guarda afinidades con su hermano el oxígeno porque también se combina con todo el mundo. Hay bacterias que se valen de este metaloide para obtener la energía con que viven. 

Correspondió a Lavoissiore el reconocimiento del azufre y a Bercelius el simbolizarlo con la letra S. Sus aplicaciones prácticas en la industria química, se establecieron en el siglo pasado, cuando Sicilia era como la Arabia Saudita de ese producto, componente básico del ácido sulfúrico. No tardaron los primeros laboratorios en determinar, que el azufre es un comburente cuando se combina con metales y metaloides. Y con su color que va de amarillo pálido al amarillo franco, es un combustible cuando se combina con el oxígeno y con alguno de los halógenos, que son el cloro, el bromo, el yodo y el fluor. Es evidente que sus estrechos vínculos con el fuego le abrieron los escenarios de la superstición en el pasado y los de la industrialización en el presente. 

El azufre ocupa la casilla dieciséis de la tabla de Mendeleiv y aparte del oxígeno, no tiene otro pariente famoso, pues los demás que son el Selenio, el Telurio y el Polonio son unos ilustres desconocidos.

Está constituido por cuatro isótopos o átomos que se diferencian sólo por su número de neutrones. Ellos son estables pero se puede conseguir también el azufre 35. Es radioactivo y en el curso de ochenta y dos días se transmuta de metaloide en cloro, que es un gas. Los alquimistas tenían mala opinión del azufre, no porque lo consideraran una sustancia destructora, sino por estimar que era inflamable y transitorio en oposición al mercurio al que le asignaban las virtudes de ser denso y permanente.

El azufre junto con el vanadio son el dolor de cabeza de países como el nuestro, ricos en los incómodos petróleos pesados en que abundan los mencionados elementos. Tengo entendido que ya hay una patente ruso-canadiense, la cual convierte esa desventaja en un negocio redondo.

En efecto, el nuevo procedimiento tecnológico permitiría aprovechar tales petróleos y explotar también a sus acompañantes, en un insólita industria de doble propósito. A pesar de que el consumo de azufre aumenta en la Tierra no se puede decir que se prodiga en demasía. Habría que procesar diez mil kilos de corteza terrestre para obtener cinco kilos de ese metaloide.

Hay fertilizantes que se basan en el azufre para incrementar el rendimiento de las siembras. La ciencia no sabe todavía con exactitud cuál es la función que este oligo-elemento desempeña en las plantas, en los animales y en el cuerpo humano.

Resulta que esa sustancia que puede participar en explosivos y en insecticidas realiza un trabajo saludable en nuestro organismo aunque no lo hayamos definido bien. En el cuerpo de una persona que pesara sesenta kilos, encontraríamos doce gramos de azufre. La utilidad que presta a la vida debe ser debe ser, desde luego, muy diferente de la que también ofrece en la vulcanización de los cauchos automovilísticos. Véase pues cómo por las buenas nos entrega de balde sus mejores dones.

Quizás no merezca ese rol que les dan las Sagradas Escrituras que lo vinculan con el juicio de Dios y los tormentos del infierno que le hacen aparecer entre las bombas que cayeron del cielo para acabar como Sodoma y Gomorra por su supuesta perversidad.

Como se sabe, el más deslumbrante experimento que los alquimistas le hacían a los incrédulos era el de calentar el llamado pigmento rojo para que adviniera en su lugar una hermosa perla líquida y plateada. El pigmento rojo no era otra cosa que sulfuro de mercurio, es decir azufre y mercurio. Esta combinación se conoce como Cinabrio un mineral presente en la naturaleza. Si usted consigue un trocito sorpréndase haciendo esta prueba que es muy fácil.


Tomado de: http://lacienciaamena.blogspot.com

martes, 25 de junio de 2013

De: La Ciencia Amena de Arístides Bastidas

Por la Ciencia Amena
Ing. Félix Gonzalez B.
email: lacienciaamena@ yahoo.es 

Estimados Colegas:
La Ciencia Amena es un espacio virtual en homenaje al gigante inmóvil Arístides Bastidas,  padre del periodismo cientifico venezolano; quien fuera periodista e investigador científico, prodigioso autodidacta que sin haber cursado estudios en la enseñanza superior, fue profesor honorario en varias universidades nacionales e internacionales. Fue autor de los libros Científicos del Mundo, Aliados Silenciosos del Progreso, Los örganos del Cuerpo Humano, Las Plantas y sus 13 residencias, otros tantos. Fundó en 1969 la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico. Ganador del prestigioso certamen Kalinga otorhado por la UNESCO, considerado como el Premio Nobel de la divulgación científica, recibido entre otros por Beltrán Russell.

Para todos ustedes vinculados al mundo de los libros, le hacemos entrega de los siguientes enlaces que los conducirán  a lal lectura de interesantes artículos contentivos en el Libro ¨La Ciencia Amena¨






lunes, 24 de septiembre de 2012

Arístides Bastidas




- Hay personas que parecen construir con sus vidas su mejor obra, un legado que nos recuerde que siempre podemos ser mejores. Arístides Bastidas (San Pablo, 1924-Caracas, 1992) es uno de esos personajes ejemplares. Es, como dice su discípula, la periodista Marlene Rizk, una llama que, a 20 años de su muerte, sigue alumbrando.

Periodista incisivo, con grandes dotes para la investigación, ganó toda clase de reconocimientos, incluso galardones internacionales como el Premio Kalinga, que otorga la Unesco a divulgadores científicos de talla mundial.

Simultáneamente fue dirigente del gremio periodístico, al que legó el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, el Instituto de Previsión Social del Periodista así como también el Círculo de Periodismo Científico de Venezuela, institución que con 40 años de vida persiste en el objetivo trazado por Bastidas: agrupar y formar periodistas y divulgadores que democraticen el acceso al conocimiento científico.

Infatigable a pesar de las enfermedades que mortificaron su cuerpo durante toda su vida y que lo dejaron ciego, encerrado en una silla de ruedas y prácticamente mudo, Bastidas también creó organizaciones que luchaban por relacionar a las universidades con el sector productivo, y que aspiraban a lograr capacidades tecnológicas que permitieran el desarrollo humano del país.

El arte de divulgar. El "enano negro", como llamaban sus colegas a este absorto melómano, devorador insaciable de libros, tenía una habilidad especial para llevar al "lenguaje del pueblo" (como lo llamaba) los códigos de la información científica. "Nadie más ha logrado divulgar la ciencia con la habilidad, el humor, la gracia y el compromiso de Arístides", recuerda su compañera y biógrafa, la escritora y divulgadora Myriam Cupello. Su columna "La ciencia amena" que se publicó diariamente en El Nacional durante casi 20 años, así como sus 20 libros son el mejor testimonio de este don de la palabra que acompañó siempre al periodista yaracuyano.

Fundó una escuela de divulgación científica que echó raíces en toda Iberoamérica, conjuntamente con el querido periodista científico español Manuel Calvo Hernando, fallecido recientemente. "A partir de Arístides, las personas comunes y corrientes tuvieron la oportunidad de conocer, a través de un lenguaje diáfano y sencillo, los avances de la ciencia y la tecnología tanto en el ámbito nacional como internacional. Los periodistas aprendimos de él a transcribir, a interpretar y a escribir, pero también aprendimos de su tesón y perseverancia para hacer del periodismo científico una especialidad", cuenta Arlette Danglades, ex directiva del Círculo de Periodismo Científico de Venezuela y periodista de la Facultad de Ciencias de la UCV.

La Brujoteca. En esa "escuelita pirata", como la llamaba Bastidas y que tuvo su sede en El Nacional, se formaron cerca de 40 periodistas (algunos de los cuales aún cultivan la especialidad). Uno de sus alumnos fue el periodista ambiental Asdrúbal Barrios, director de la revista Mundo Viviente.

Barrios, a 20 años de la partida de Arístides, lo recuerda vívidamente, en su oficina en El Nacional, conocida como la Brujoteca, siempre el primero en llegar y el último en salir en el día a día del viejo rotativo de Puerto Escondido.

"El episodio que más me impactó en mi afortunado paso por la Brujoteca fue cuando lo llevé a una de sus consultas médicas en 1986. Ese día un joven médico lo recibió diciéndole que había consultado toda la literatura médica occidental sin haber encontrado remedio para su mal. `Ve a ver si corres mejor suerte con tus camaradas rusos, chinos y cubanos’, le dijo medio en serio, medio en broma. Sin amilanarse, Arístides reaccionó: `Yo nací artrítico y soriático, después me partí las piernas en un accidente de tránsito, la cortisona me dejó ciego y casi sin voz... Qué son para mí unos pobres papilomas en la garganta’. Y tras el fulminante comentario dijo, sacándole rápidamente el freno de mano a su silla de ruedas: `Vámonos, Asdrúbal, que hay trabajo pendiente’. Este era Arístides Bastidas", concluye Barrios.

Espantar talentos. Indomable, fanático del trabajo, alertaba a los gobernantes de los años ochenta que había que crear incentivos para que los jóvenes investigadores se quedaran en el país: "Nuestros talentos no se fugan: los espantamos". Igualmente insistía en la importancia de vincular el conocimiento con el sector empresarial: "Tecnología es productividad, productividad es dinero y con ambos bienes podemos neutralizar nuestras emergencias sociales", clamaba en el desierto.

Luis Moreno Gómez, periodista científico amigo de Bastidas, reconoce que extraña los textos de Arbas, como también lo llamaban: "La divulgación científica que trabajó Arístides Bastidas sigue demandando de sus alumnos y colegas continuidad y apego".

El actual presidente del Círculo de Periodismo Científico de Venezuela, Luis Miguel García, se atreve a retratar a Bastidas con una palabra: "Esa palabra sería voluntad, voluntad en acción. Su ejemplo de vida es su mayor legado".


Tomado de:
http://el-nacional.com/caracas/Aristides-Bastidas-llama-alumbra-camino_0_50994938.html

jueves, 10 de diciembre de 2009

El juego de la candelita




 




Por: Aristides Bastidas  

Si uno actúa inteligentemente puede mortificar a las mortificaciones y aplicarle una buena dosis de su propia medicina.

Yo tengo autoridad para hacer esta afirmación porque a menudo, si bien es cierto que no pierden del todo su tiempo conmigo, las dejo en la duda de si han hecho bien o mal su oficio.

Las mortificaciones llegan a nuestra casa y entran sin tocar la puerta y sin que las invitemos a pasar. Y con la estrategia de un buen filósofo doméstico, no con la resignación de un mártir que entrega la guardia, me pongo de pie, las invito a que pasen adelante, les pongo una silla y hasta les pregunto que si quieren un refresco o un café. De este modo defiendo mi buena urbanidad y al mismo tiempo las acomplejo; les resto seguridad en sí mismas.

Cuando se marchan están convencidas que se portaron bien y de que por ello pagarán caras las cuentas que habrán de entregar a don satán, su inspirador y jefe.

En sus linderos, al igual que en los de las gentes que se llaman serias, están excluidas la sonrisa y el buen humor, tan habitual en mí desde el día de mi nacimiento. Digo esto, y valga la digresión, porque al llegar al mundo, antes de llorar, hice aguas sobre la cara de la buena comadrona que asistía a mi madre. Esta estrategia que estoy a punto de patentar, se la regalo a ustedes antes de que alguna transnacional la descubra y haga el gran negocio con ella.

En una de las tantas veces en que he hecho el papel de un Job sub-desarrollado, porque nunca he tenido bienes ni me ha sobrado la felicidad como al personaje bíblico, el reumatismo se ensañaba contra mí aplicando el principio de hacer leña con el árbol caído.

Gentes que en días mejores habían compartido las uvas de mis viñas y el vino de mi mesa, ya no estaban interesadas en mí y algunas me miraban como gallina que ve sal. Pues bien, yo pasaba a su lado con el rostro jubiloso de un pobre maniático del hipismo que se ha ganado el 5 y 6.

Mis articulaciones adoloridas quedaban frustradas al igual que los que habían dejado de quererme cuando veían mis ojos llenos de esperanza.

El hábito de jugarle ciertas bromas a las mortificaciones acrecentó las fibras de mi corazón que así se volvieron más resistentes y más aptas para la ternura y para la lucha que continuamente libro en su nombre. A fuerza de decir que es mejor sentirse bien que estar bien, me convencí de ello y por eso la luz que se escapó de mis ojos no pudo llevase la ilusión que sigue brillando en ellos. Y quienes lo duden, que los examinen atentamente cuando les dispenso la mirada de frente de los días en que sólo les veía las caras, con toda seguridad distintos de los de ahora cuando me resulta fácil detectarles el alma.

Todo esto puedo hacerlo porque en el juego de la vida apuesto siempre con una moneda infalible, que es la de la fe en ella y en el prójimo. Las reservas del amor tienen una curiosa ventaja que volvería locos a los amigos de los bienes raíces. A medida que damos amor sus reservas aumentan. Y tarde o temprano el manantial que acabamos de descubrir en un bosquecillo nos devolverá con creces las aguas con que en horas venturosas rogamos, a Dios gracias, un vergel ajeno cuyos frutos habremos de respetar, porque sus colores no serán menos hermosos ni sus fragancias serán menos exquisitas. Y sean cuales fueren las criaturas a que estén destinados, siempre harán el bien y jamás el mal.

En fin, quienes tenemos el privilegio de la sensibilidad, debemos encontrar en cada pérdida la promesa de una ganancia. No tardará en volverse a llenar de agua cristalina el pocito de manantial que en una hora dichosa dejamos vacío para calmar nuestra sed.

Sé que a muchos les parece insólito la frescura de mis palabras o mis éxitos de soñador sin remedio. El secreto de todo está en la magia sencilla de mi existencia. Estoy exento de tentaciones que aturden a los cinco sentidos, pero suelo caer en otras que me iluminan los senderos del alma, aunque sea por poco tiempo. Estoy persuadido de que mis pecados no sólo tendrían el perdón de las divinidades, sino que suscitarían su envidia, porque ellas también quisieran cometerlos. Y al igual que yo, serían reincidentes gustosas. Y a lo mejor serían clientes asiduas de un consultorio sentimental que pienso montar en sus dominios.

Tomado de: www.elanheloconstante.blogspot.com