jueves, 29 de octubre de 2009

Desastre en Moscu


Por: Charles Krauthammer - ¿Qué ha salido del golpe en política exterior más dramático con diferencia asestado por Obama, la supresión repentina de los acuerdos de defensa antimisiles con Polonia y la República Checa a los que Rusia se opuso con virulencia? Sólo hay algo tan cómico como la concesión del Nobel de la Paz a Barack Obama: la reacción de quienes consideran "prematuro" el premio, como si la política exterior de Obama fuera tan brillante y su éxito tan garantizado que si el tribunal noruego que otorga el Nobel hubiera esperado unos años, nadie habría discutido el galardón. Para creer esto, hay que ser un adolescente soñador (preferentemente escandinavo y miembro de la Internacional Socialista) o un consumidor indiscriminado de las consignas de la Casa Blanca. Después de todo, ésta fue precisamente la tónica de las diversas giras de disculpas del presidente por Europa y Oriente Medio: la autohumillación nacional –perdón, quería decir diálogo y comprensión– no pretende producir resultados inmediatos, sino que simplemente siembra las semillas del buen rollito de las que germinarán los éxitos de la política exterior. Chauncey Gardiner no lo habría dicho mejor. Bueno, pasados nueve meses, veamos los resultados. ¿Qué fruto ha dado que Obama se mordiera la lengua mientras los manifestantes iraníes eran dispersados a tiros, y que reconociera la legitimidad de un régimen criminal devuelto ilegítimamente al poder en unas elecciones fraudulentas? Irán reprime de manera aún más despiadada a la oposición y acelera al máximo su programa nuclear. ¿Qué fruto ha dado que la secretaria de Estado Hillary Clinton prescindiera de hablar sobre derechos humanos en una visita a China y la vergonzosa negativa de Obama a ver al Dalai Lama (un aplazamiento, se nos dice)? Que China no se ha movido un ápice en la cuestión de Corea del Norte, de Irán o de los derechos humanos. De hecho, está presionando a Rusia para que destrone al dólar como moneda de reserva del mundo. ¿Qué fruto ha dado el discurso nuevo-respeto-para-los musulmanes pronunciado en El Cairo y la presión sin precedentes sobre Israel para que congele por completo los asentamientos? "La presión sobre los asentamientos ha sido contraproducente ", informa The Washington Post, y las esperanzas de paz árabe-israelíes "sin duda han sufrido". ¿Y qué ha salido del golpe en política exterior más dramático con diferencia asestado por Obama, la supresión repentina de los acuerdos de defensa antimisiles con Polonia y la República Checa a los que Rusia se opuso con virulencia? Para los habitantes de Europa del Este fue un duro golpe, un restablecimiento gratuito de la influencia rusa en una región que creía haber recuperado su independencia bajo protección norteamericana. Pero puede que no haya sido gratuito. Ciertamente algo tendremos que haber sacado a cambio de traicionar a nuestros amigos. ¿Algún brillante intercambio secreto a cambio del firme apoyo ruso para impedir que Irán sea nuclear antes de que sea demasiado tarde? Ya veréis ya, dijeron funcionarios de la administración, que a continuación exhibieron alegremente un comunicado evasivo del presidente Dmitri Medvedev de una semana después como reivindicación de la traición del escudo antimisiles. La declaración de Rusia fue tan ambigua que usarla como reivindicación pareció entonces una exageración ridícula. Pero bueno, Clinton fue a Moscú hace una semana a cerrar el acuerdo. ¿Qué consiguió? "Rusia no cede en las sanciones a Irán: Clinton incapaz de convencer a su homólogo". Ese fue el sucinto resumen de la catástrofe que hacía el titular del Washington Post. Tenga en cuenta hasta qué punto Clinton fue rechazada. El ministro ruso de Exteriores Sergei Lavrov afirmó que "las amenazas, las sanciones y las intimidaciones de presión" son "contraproducentes". Nota: no sólo se refiere a unas más que inútiles sanciones, sino hasta de la simple amenaza de ejecer algún tipo de presión sobre Irán. La cosa se pone peor. No habiendo podido obtener ningún gesto de los rusos, Clinton en persona se movió... ¡para acomodarse a las posturas rusas! ¿Sanciones? ¿Qué sanciones? "No estamos en ese punto todavía", afirmó formalmente. "Esa no es la conclusión a la que hemos llegado... preferimos que Irán trabaje con la comunidad internacional". Pero oiga, ¿no dijo Obama en julio que Irán tenía que cumplir nuestras exigencias antes de la cumbre del G-20 de finales de septiembre? Y cuando venció ese plazo, ¿no advirtió entonces a Irán de que se enfrentaría a "sanciones graves" y que habría de adoptar "un nuevo camino o enfrentarse a las consecuencias"? Palabras que se lleva el viento. Son los Estados Unidos los que se van retirando de sus posiciones ya endebles de hace apenas tres semanas. No estamos imponiendo sanciones ya, mire por dónde. Volvemos al compromiso. Justo como sugieren los rusos. Henry Kissinger dijo una vez que el principal trabajo de Anatoly Dobrynin, el perenne embajador soviético en Washington, consistía en decir a los dirigentes del Kremlin que cada vez que recibieran una propuesta norteamericana que pareciera desfavorable para Estados Unidos no dieran por sentado que se trataba de un truco. No hay necesidad de ningún Dobrynin hoy. Los dirigentes de Rusia, que no se pueden creer la suerte que tienen, no precisan de ningún intérprete para entender que cuando el equipo Obama se apresura a hacerles regalos y botones de reinicio de las relaciones no hay detrás nada oculto, diabólico, inteligente, ni siquiera serio. Es simple amateurismo, envuelto de ingenuidad, dentro de la credulidad. En resumen, la materia misma del Nobel. © The Washington Post Writers Group

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