domingo, 23 de septiembre de 2018

Vamos a luchar… ¡Por amor!













En algún momento leí:
Ojalá que no te pierdas nunca
Pero si te pierdes:
Ojalá te pierdas tanto que no te encuentren tus miedos

Ojalá te pierdas tanto que no te encuentren tus no puedo.
Ojalá te pierdas tanto que no te encuentren tus ataduras y enredos
Ojalá te pierdas tanto que te acabes encontrando

La vida está llena de accidentes, enfermedades, contratiempos, separaciones, sufrimientos, sucesos duros, que alteran la psiquis de cualquiera. Cierto también que está lleno de los antónimos de todo lo nombrado. Pero cuando sucede algo que nos parte en dos, que nos destroza el alma, que nos hace sentirnos indefensos, maltratados, víctimas, que nos saca de nuestra zona de confort la sensación es terrible.
Cierto es que muchos enfrentan estas cosas con más fuerza y naturalidad, dependiendo del suceso, y otros no tienen ese espíritu de lucha. Unos pelean y otros se rinden. Unos ganan, otros pierden. Unos levantan su cabeza y otros la agachan.
He visto gente que se les acaba el mundo cuando se les va el wifi o pierden su teléfono. He visto gente capaz de aguantar todos los vaivenes de la vida común y simple y ser incapaces de soportar una pérdida. También he visto gente a la que le pasa de todo y otros que no les pasa nada. He visto gente que son unos luchadores natos y lo pelean todo, y también he visto personas llenas de pusilanimidad incapaces de arquear una ceja sin que sea un apocalipsis para ellos.
Seamos como seamos todos, tarde o temprano, vamos a vivir momentos duros, duros de verdad, duros para nuestra mente, para nuestro cuerpo, para nuestro corazón. Todos vamos a vivir la enfermedad, la muerte, la pérdida, la injusticia, el abandono; todos en gran medida o menos, vamos  a llorar por estas cosas y vamos a tener que luchar o rendirnos, perecer o vencer.
No soy de los que piensan que todo debe ser luchado, siempre he creído que se debe luchar solo con gente que esté a la altura del conflicto y siempre he creído que en todo debemos buscar la victoria.
A veces hay que saber retirarse a tiempo, a veces hay que morir con las botas puestas, a veces deberemos huir y otras deberemos pelear con vehemencia. La sabiduría, el saber actuar y sopesar todo, un momento para pensarlo en frio, es lo que se necesita para lidiar tales circunstancias. La frase “de nada sirve ganar el mundo si pierdes tu alma” es un ejemplo de lo que quiero dar a entender. Si en una hipotética balanza colocamos la defensa a ultranza, la lucha sin descanso, y en el otro platillo colocamos todo el sufrimiento que nos está acarreando, quizás ganar el mundo no sea tan buena idea y sí conservar nuestra alma.
No rendirse es una forma más de vivir, hacer de nuestra vida una lucha constante, la cosa está en que debemos escoger bien a nuestros enemigos, pues muchas veces no son tales sino más bien una recreación mental de nuestra sombra, de nuestros miedos. Yo creo que lo único que merece una lucha constante y sin descanso, hasta la extenuación o la muerte, son aquellas batallas luchadas por el amor, por un amor no egoísta, por un Amor con mayúscula. Quizás, o no tan quizás, el resto de batallas no merezcan la pena y sean un mero entretenimiento sin sentido de nuestras vidas.
El sentido de nuestras vidas pueden ser un misterio insondable, pero que la búsqueda del mismo y esa lucha infatigable esté impulsada y mantenida por el Amor.

Alguien escribió:
Que seas lo suficientemente fuerte para navegar tus tormentas y te respetes tanto como para admirar el tamaño de tus olas. Solo aceptando tus emociones es que lograras empezar a regularlas.