domingo, 17 de diciembre de 2017

El Mago de la Verdad








Carlos se preparaba para su último día de colegio antes de las vacaciones de Navidad. Estaba emocionado porque iban a hacer una gran fiesta en clase y una función de teatro para los padres. Llevaba semanas hablando de ello en casa y andaba bastante desconcentrado porque no paraba de charlotear. A Carlos le encantaba hablar, hablar, hablar…
Su madre le había dicho que si sacaba buenas notas le llevaría a visitar aquel teatro que tanto le gusta. A Carlos le encanta ese sitio. Además, la última vez que fueron le sacaron al escenario y eso le emociona porque le gusta mucho ser el protagonista.
Al fin sonó la campana… ¡Comenzaron las vacaciones de Navidad! Y como Carlos había sacado unas buenas notas, su mamá lo llevó al teatro.
Cada semana llevaban un artista nuevo y ese fin de semana anunciaban al gran Mago de la Verdad.
Una vez dentro, Carlos estaba impaciente por coger un buen asiento cerca del escenario.

(Se apagaron las luces y sonó el tambor tan, tan, tan)

– Señoras y Señores, con todos ustedes, recién llegado del lejano oriente, “El gran Mago de la Verdad”.
De pronto una pequeña luz apareció de la nada, volando entre el público y flotando ligera entre la oscuridad de la sala, se acercó y se posó sobre un sombrero de copa que había en el escenario.
(Plasssssss) una nube de humo blanco envolvió el sombrero y por arte de magia, apareció el Mago todo vestido de negro y con una pequeña barba que asomaba de su barbilla, una pajarita dorada como la bola de luz y un sombrero de copa con una gran ala, distinto a cualquier sombrero que jamás hubiera visto.
El silencio se apodero de la sala, acaparando la total concentración del público. El Mago pronunció unas palabras en un idioma que no entendió y después dijo: 
¿Quién quiere conocer los secretos de un misterioso y lejano país?
Todos los niños levantaron la mano excepto Carlos, que todavía estaba impresionado por la luz que había aparecido de la nada.
Entonces el Mago lo señaló y le hizo subir al escenario. Carlos tenía una sensación extraña, no se sentía como en otras ocasiones con ganas de estar allí.
El Mago le pidió que se sentase en un pequeño sofá que había aparecido de la nada. Todo era muy raro y Carlos no se fiaba mucho.
Entonces, el Mago comenzó a agitar un pañuelo hasta que de él salió un viejo reloj de cadena.
Le dijo:
Ahora, Carlos, vas a viajar al país de la escucha, donde sólo los más sabios han podido estar – chasqueó sus dedos y comenzó a mover el reloj  .

Un profundo sueño se apoderó de Carlos y sin poder remediarlo sus ojos se cerraron.

De pronto volvió a escuchar el chasquido de los dedos del Mago y despertó en un lugar totalmente nuevo.
Carlos jamás había visto un paisaje tan hermoso. Un gran prado repleto de lavandas y flores silvestres. Un cielo tan azul que no parecía cielo sino cristal y unas nubes tan blancas que parecían grandes copos de nieve.
A lo lejos le pareció ver una cabaña y decidió acercarse para saber qué estaba pasando y cómo había llegado a ese maravilloso lugar.
¡Qué bien olía! ¡Y que bien se sentía! Sorprendentemente estaba muy tranquilo.
Cuando llegó a la cabaña vio que sus habitantes eran una pareja de ratones que andaban muy liados con las tareas del hogar.
De pronto, casi sin inmutarse, la Ratona dijo:
 Ven Carlos, te hemos preparado té y magdalenas. Nos han dicho que te gustan mucho.
Cuando Carlos intentó contestar y comenzar a soltar su retahíla de preguntas, se dio cuenta de que no podía hablar, sólo podía escuchar lo que le decían.
Entonces se preocupó un poco ¿Cómo les contaría a los ratones su historia?, ¿Cómo les pediría ayuda? ¿Cómo?
La Ratona le sirvió una taza de té caliente y dos magdalenas con mermelada de cerezas. ¡Estaban deliciosas! Carlos hubiera querido contar a la ratona, que él también preparaba magdalenas, pero de su boca no salía ningún sonido.
Cuando el señor Ratón entró en la salita, la señora Ratona paró de hacer cosas y se sentaron frente a Carlos.
El señor Ratón le dijo:
– Hola Carlos, el Mago nos ha pedido que te demos una charla sobre lo importante que es escuchar. Te ha elegido entre todos esos niños porque ha notado que te gusta mucho hablar y que sólo escuchas cuando te dicen las cosas que a ti te gusta oír ¿Es así? –.

Carlos asintió con la cabeza baja, porque le daba vergüenza que le dijeran cosas malas.

La señora Ratona le dijo que no debía agachar la cabeza. Que todos tenemos que aprender a aceptar tanto los cumplidos como los reproches y que, si somos suficientemente listos, podemos aprender mucho de aquello que nos corrigen y así nunca volver a hacer las cosas mal.
– A ver Carlos – dijo el Ratón – ¿Por qué qué te encanta hacer teatro? Seguro que te gusta mucho que te aplaudan y te escuche todo el mundo. Pero cuando te toca escuchar a ti y aplaudir a los demás, es un poco más difícil ¿verdad? –
Carlos asintió de nuevo. Lo cierto es que le encantaba que todo el mundo le prestara atención.
– Te vamos a contar un secreto. Solo unos pocos, como el Mago, lo conocen. ¿Quieres qué te lo contemos?
De nuevo, Carlos asintió, mostrando gran interés en su mirada.
– Pues bien, sólo si sabes escuchar los consejos, las lecciones y los sentimientos de los demás, serás capaz de guiar a otras personas y conseguirás ser todo lo que te propongas, desde médico, hasta un gran Mago, como nuestro amigo. Pero tienes que aprender a escuchar. Hoy nosotros te hemos silenciado para que puedas aprender bien esto que te contamos. ¿Qué has sentido al no poder contestar ni contar toda tu historia?
De pronto Carlos tuvo la sensación de que podía hablar y dijo. 
Pues verá usted señor Ratón y Señora. Al principio me he agobiado mucho por no poder hablar. Siempre tengo la necesidad de estar hablando sin parar pero luego, me he sentido bien. Sólo me interesaba escuchar lo que me contabais y, por primera vez, he tenido la sensación de aprender  y comprender. Como siempre estoy hablando, a veces me cuesta enterarme de las cosas, pero hoy no ha sido así.
– Espero que hayas aprendido la lección, porque los que vivimos a este lado de los sueños y los pensamientos, en la otra parte del mundo, confiamos en ti y creemos que vas a ser un buen niño y un adulto muy sabio, dijo el Ratón.
– Toma Carlos, abrígate, dijo la Ratona acercándole una preciosa capa roja.
– Pero si afuera hace mucho calor dijo Carlos.
– Ya no- dijo el Ratón –ahora que sabes escuchar y has prometido no hablar tanto, podrás saber cómo es en realidad el país de la Navidad. Sal y míralo antes de volver a la tierra y dale las gracias al gran Mago. 
Mírale bien a la cara, puede que su rostro te resulte familiar. Ahora que sabes escuchar, te darás cuenta de que observarás mejor a los demás. ¡No te olvides de mirar bien al Mago, te sorprenderás!
Cuando Carlos salió de la casita, el prado se había convertido en una ciudad preciosa de caramelo, rodeada de nieve y de duendes de la Navidad que corrían de un lado a otro envolviendo regalos, cantando, decorando los abetos y el trineo de Papá Noel.
¡Carlos era el niño más feliz del mundo, estaba en la ciudad de Papá Noel! De pronto volvió a escuchar un fuerte chasquido de dedos. ¡Despierta!
Al abrir los ojos Carlos se encontró con el Mago que le miraba directamente a los ojos. Carlos observo al Mago, tal y como le había dicho el Ratón que debía hacer. ¡Cuál fue su sorpresa, cuando descubrió que el Mago era en realidad Papá Noel!
No había nadie a su alrededor, era como si todos hubiesen desaparecido. El Mago le dijo – ¿Te ha gustado mi regalo? Te he estado observando todo el año y he pensado que este era el mejor regalo que te podía hacer.
– Ha sido el mejor regalo del mundo, Papá Noel. ¡Gracias!, prometo esforzarme en escuchar y hablar menos. Intentaré no acaparar todo el protagonismo y observaré más a los demás para saber qué necesitan.
(Ring, ring) Suena el despertador.
– Carlos, vamos despierta, que vas a llegar tarde al colegio ¡Venga que hoy empiezan las vacaciones de Navidad!
No puede ser, pensó Carlos. ¡Todo ha sido un sueño! No puede ser.
Pero Carlos observó, en silencio, tal y como había dicho que iba a hacer. Se dio cuenta de que sobre su escritorio había un pequeño sombrero de copa y una pequeña nota que decía:
"No todo es lo que parece, pero si observas bien y escuchas, podrás aprender y ser cada día más sabio y así conseguirás que todos tus sueños se hagan realidad".
¡Qué pases una feliz Navidad!
Firmado, El Mago de la Verdad (P.N)

FIN

Autora: Beatriz de las Heras García
Tomado de: http://www.cuentosyrecetas.com

Una Historia De Amor


Halsted de treinta y tan años, poseía una carrera exitosa en el mundo de la medicina y a su corta edad había ejercido en hospitales de Europa y América. Disfrutaba de una fama en ascenso producto de su buen desempeño y de diversos estudios realizados en los campos de anatomía y cirugía. Era conocido por su elegancia y minuciosidad. 
A finales del siglo, se establece en Baltimore desempeñándose como jefe de cirugía del hospital de la Universidad Johns Hopkins. Es acá donde conoce a la Caroline Hampton, quien llegaría a desempeñarse como enfermera en el mismo hospital durante la primavera de 1889. Una mujer agraciada, amable y elegante proveniente de una familia acaudalada del sur de Estados Unidos. Rápidamente se convierte en la ayudante de Halsted, quien la nombra jefe de enfermeras de quirófano sin mayores méritos que la simpatía ésta le ocasiona.
Ya para este momento parecía evidente que él había fijado su interés en ella, y todo parecía ir viento en popa, salvo por que Hampton se vio afectada por una severa dermatitis ocasionada por los constantes lavados de mano con ácido fénico. Esto podría dar por concluido el naciente romance.
Halsted fue muy discreto en cuanto sus sentimientos hacia la enfermera, sin embargo, es posible inferir que fue la desesperación de perder a su ayudante lo que inspiro la revolucionara idea de los guantes de látex.  Encargó a Goodyear Rubber Company la confección de unos rudimentarios guantes de goma que solventarán el problema de Hampton y evitaran su partida.
Así pues, la enfermera pudo continuar en el quirófano, dando continuidad al romance. En su biografía, Halsted dijo que no quería perder a Caroline porque era muy eficiente, pero en junio del 1890 contrajeron matrimonio, develando los verdaderos intereses del cirujano.

Inspirado por el amor o no, Halsted creó unos guantes sin igual; intentos previos con diversos materiales habían fracasado, desde elaborados con intestinos de oveja hasta un modelo de gruesos guantes de goma en la década de 1840, ninguno se adecuaba a las exigencias de la cirugía como lo hacían los de Halsted. 
Estos fueron fabricados por expreso encargo del médico, quien solicitó unos guantes lo suficientemente finos para trabajar en el quirófano a la Goodyear Rubber Company, una conocida firma que fabricaba artículos de caucho y neumáticos para vehículos.
En 1844, Goodyear había desarrollado la vulcanización, método que permitió crear gomas más ligeras y extensibles. Así, estos materiales resultaron más flexibles y fácilmente adaptables. Esto permitió que los guantes elaborados, fueran ligeros y delicados, constituyendo una segunda y fina piel. Podían esterilizarse empleando vapor, relegando el estricto programa de lavado de manos con agua cloradas, acido fénico y alcohol.
Y aunque fue Halsted la mente detrás de esta idea, fue Goodyear la pionera en el desarrollo de los guantes quirúrgicos. A finales del siglo XIX el uso de los guantes quirúrgicos ya era obligatorio para los médicos, cirujanos y enfermeras. Hoy día son clave en el proceso de la asepsia quirúrgica, y garantizan la protección entre paciente y médico.

Ina Castro
Tomado de: https://www.grandesmedios.com