miércoles, 17 de diciembre de 2014

Abolición del Ejército

Por: Milos Alcalay - @milosalcalay  
Costa Rica conmemoró este mes, 66 años de la fecha en que el recordado Presidente Pepe Figueres proclamó –con el apoyo de toda la ciudadanía- la abolición del Ejército marcando de esa manera su rechazo a los atropellos que las Fuerzas Armadas de su país habían protagonizado en el pasado, demostrando su apego a la fuerza de la razón en rechazo a la prepotencia del poder armado. Desde entonces, todos los años, en vez de realizar los desfiles que en otras  latitudes presentan a cientos de soldados marchando con gritos de guerra para demostrar la fuerza de las armas, tanques, aviones y todo tipo de costosos materiales bélicos, en San José ya se han acostumbrado los padres, abuelos y ciudadanos en general a aplaudir a los niños que desfilan orgullosos con sus uniformes escolares abanicando la bandera patria y mostrando su anhelo de convertirse en hombres y mujeres dispuestos a perfeccionar cada vez más un Estado de Derecho y de Justicia.
El resultado de la valiente decisión adoptada por los demócratas Ticos ha sido ejemplar, y a pesar de haber vivido en el pasado la turbulencia de movimientos militares y paramilitares de sus vecinos, que iban en un abanico desde el intervencionismo de la dictadura militar de Somoza hasta las acciones guerrilleras de  Sandinistas y miembros del FMLN hace algunas décadas, pasando por los “ejércitos” del narco terrorismo, de los contra y del crimen organizado; el país centro americano logró por la vía pacífica demostrar que es válida la opción de construir una sociedad volcada al desarrollo, a la educación y a la justicia, apuntalando una Nación admirada en el mundo por su apego a la democracia, a  las libertades y al cumplimiento de los compromisos del Estado de Derecho y de los Acuerdos Internacionales.
Este reconocimiento internacional quedó recogido de manera categórica en las recientes declaraciones dadas por el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon, quien durante su visita en el mes de julio afirmó: “Por décadas, Costa Rica ha sido ejemplo mundial en rechazar innecesarios gastos militares. En su lugar, el país valientemente invirtió en salud y educación. El resultado ha sido una menor desigualdad y una mayor paz social”. Con admiración escuchamos también las palabras del recientemente electo Presidente Luis Guillermo Solís al manifestar ante la Asamblea General de la ONU : “Costa Rica cree firmemente y practica todas las dimensiones del derecho internacional. Esta es la única vía que conocemos. Nuestra única arma, ha sido y será el derecho internacional”
Sabemos que lamentablemente el modelo de Costa Rica no es viable en nuestra querida Venezuela. Pero debido a la profunda crisis que atravesamos (en buena medida ocasionada por el propio Gobierno) debe exigirse que se cumpla el anuncio del Presidente en relación a las medidas de recortes de gastos superfluos y políticas de austeridad, que deberían comenzar eliminando los gastos escandalosos destinados a las compras de equipos militares. Por otra parte, el abultado número de Generales y Almirantes  que ocupan cargos que deberían estar en manos de profesionales civiles,  los aleja de sus responsabilidades castrenses, generando una “nueva clase” de altos funcionarios militares dirigiendo Embajadas; Bancos del Estado; Gobernaciones; curules parlamentarias, o  grupos que han optado por el enriquecimiento por vía “legal” o ilegal, como lo demuestran múltiples denuncias, deben ser abolidas. Ello nos lleva a una conclusión fundamental: Se debe “civilizar” a los militares, y no “militarizar” a los civiles.