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lunes, 20 de octubre de 2014

Depredadores


Por: Leandro Area 
Los verbos nos definen, dan sentido a la realidad y a la imaginación aunque la abstracción no necesite narrativa. Hacen que las conexiones del entendimiento funcionen, que para eso sirven, y sin ellos seríamos sujetos aplazados, complementos en el aire, alucinaciones, limbo. Al principio era el Verbo.

Los hombres y las sociedades, a diferencia de los animales, que solo cazan para subsistir, podrían ser clasificados por los modos  en que satisfacen y administran sus necesidades. Tener, acumular y su pariente íntimo poseer, en el sentido de adueñarse del otro, hacen también la diferencia entre dos tipos de sistemas políticos, a saber, la democracia y la dictadura.

El primero trata de convencer, es verdad que no siempre por caminos cristalinos, a través de un liderazgo que debe encarnar un proyecto político específico de libertad, prosperidad y seguridad, mientras que el segundo se impone, encuentra razón de ser en la violencia, tóxica partera de la historia, en la derrota o agonía del otro que no es sino obstáculo, enemigo, nada, que solo si obedece tiene derecho a respirar.

El morbo de poseer depende de mantener vivo lo poseído si no se extinguiría el objeto del placer que emana de la relación amo-esclavo. Por eso enjaulan todo en rededor, en espectáculo para mostrar sus mercancías, cual botín de saqueo. Todo se confina, limita, traga. Desde los símbolos y los mitos colectivos, pasando por los conculcados derechos ciudadanos, hasta la restricción del acceso a los productos básicos de la alimentación, la circulación de personas, bienes y servicios, la higiene personal y la auto-estima. El goce de la araña.

Venezuela, después de tanto histórico esfuerzo, ha caído en manos de estos depredadores que de sol a sol nos mandan y atiborran de mentiras y trucos y que nada más desean una cosa: aquello que no es de ellos. El verbo pues que mejor los desnuda es el de poseer indebidamente porque se retuercen de la más cochina envidia por lo que jamás llegarán a ser más allá de sus instintos destructivos.

El poder en manos indebidas es el más peligroso de los verbos humanos ya que lo convierte en el más dañino y epidémico instrumento de desdicha colectiva.

Leandro Area
leandro.area@gmail.com
http://leandroareaopina.blogspot.com/