jueves, 4 de septiembre de 2014

Los 4 sorprendentes beneficios de donar sangre



En muchas ocasiones, las personas deciden donar sangre para sentirse más realizadas y poder ayudar a los demás. Pese a ser tan sencillo como acudir al centro más cercano, la mayor parte de la población no lo hace, y entre las razones se encuentran el miedo a las agujas o el simple hecho de que nunca habían pensado en donar sangre.



Menos de un 10% de la población de los Estados Unidos dona sangre cada año, y todos los esfuerzos realizados para concienciarnos sobre la importancia de ello pasan casi desapercibidos. Sin embargo, existe una razón que pueda hacernos cambiar de idea: ¡Donar sangre nos beneficia!

1. Equilibra los niveles de hierro en nuestro cuerpo

El hierro se utiliza por el organismo principalmente como parte de la hemoglobina, que es la proteína transportadora de oxígeno a los tejidos, encontrándose el 70% del hierro en estás proteínas. Tanto la falta como el exceso son perjudiciales para el organismo.

Por cada unidad de sangre donada, perdemos aprox. un cuarto de gramo de hierro. Aunque pudieran pensar que esto es malo, ya que la falta de hierro puede conducir a la fatiga, la disminución del sistema inmune o a una anemia, los niveles altos de hierro en la sangre pueden ser aun peores, y desgraciadamente son más comunes.

Sin embargo, este beneficio cobra mayor importancia en las mujeres pre-menopaúsicas, ya que  las disminución de los niveles de hierro en las mismas reducen la probabilidad de sufrir un ataque al corazón. La cifra es sorprendente: alrededor 88% de las mujeres pre-menopaúsicas que son donantes, tienen un riesgo menor de sufrir un ataque cardíaco.

2. Mejora el flujo sanguíneo

Estamos rodeados de agentes que tienen un potencial nocivo para nuestra sangre, como el tabaco, las radiofrecuencias, el estrés o el azúcar de nuestra dieta. Todos ellos hacen que nuestra sangre se hipercoagule, es decir, que se vuelva más densa y fluya con más dificultad.

La hipercoagulación pasa factura a nuestros vasos sanguíneos, contribuyendo a su ruptura. Por ello donar con regularidad (dentro de los límites permitidos) nos ayuda a que nuestra sangre fluya con mayor facilidad, preservando el estado de los mismos. Phillip DeChristopher, director del banco sanguíneo del Loyola University Health System, comentó en TIME:
“Lo que está claro es que los donantes de sangre no suelen estar hospitalizados con tanta frecuencia, y si lo hacen, es durante menos tiempo… Y son menos propensos a sufrir de ataques cardíacos o cáncer”

3. Nos informa de nuestra salud

Aunque no nos lo parezca, donar sangre nos sirve como una pequeña revisión. Se controla nuestra temperatura y presión sanguínea, el pulso, o los niveles de hemoglobina. Además, se comprobará si padecemos enfermedades infecciosas como el VIH, la hepatitis B y C o la sífilis. 

Pero ojo, donar sangre no reemplaza al análisis convencional, solo nos sirve como un indicador de que no padecemos alguna de estas enfermedades infecciosas.

4. Alarga nuestra vida

Aunque tenga razones de carácter más social que científico, donar sangre aumenta nuestra esperanza de vida. Las personas que se ofrecen voluntarias por razones altruistas como ayudar a los demás, suelen vivir más que aquellos que se ofrecen voluntarios pensando en lo que obtienen.

Los que donan sangre por estás razones viven una media de 4 años más. Sin embargo, esto depende del contexto y de la personalidad de cada uno, donar cada año no es algo fácil, requiere que estemos mentalmente preparados para ayudar a los demás.

Fuente | Mercola

Las 6 cosas más raras que te enviarían a un hospital


Hay multitud de cosas que pueden mandarnos directos al hospital. Muchas de ellas no las podemos evitar (como por ejemplo, un accidente), y hay otras tantas que, con una prevención adecuada mediante una buena dieta, actividad física y evitando tóxicos como el tabaco y el alcohol se podrían evitar muchísimo más que ahora (como pueden ser los infartos de corazón). Ahora bien, existen algunas cosas muy muy raras que jamás pensaríais que podrían llevaros de cabeza al hospital más cercano. Veamos algunas de ellas.

1. Llevar pantalones ajustados 

Cuidado con las modas, pues a veces pueden llegar a ser peligrosas. Resulta que el hecho de usar pantalones demasiado ajustados (y recalco lo de “demasiados”, que nadie se confunda), puede llegar a comprimir severamente los nervios que circulan por la parte superior de los musculos, además de comprimir los vasos que llevan la sangre de nuestras piernas, dando lugar a una situación llamado “meralgia parestética

Con esto lo que se produce es un entumecimiento en las piernas y los pies, junto a una sensación de ardor en la cara externa del muslo. Al menos así lo afirma la Universidad Johns Hopkins. Por tanto, deberíamos pensar en marcar un poco menos de pierna, no sea que tengamos algún susto…

2. Llevar una cartera demasiado gruesa en el bolsillo trasero

De nuevo volvemos a las prendas de vestir (o accesorios, en este caso). Y es que resulta que esto también tiene un nombre propio entre los traumatólogos: “Neuropatia de cartera
Lo que sucede es que si llevamos una cartera-billetera demasiado ajustada por su tamaño al bolsillo trasero de nuestro pantalón, y nos sentamos sobre ella, es posible que uno de tantos días nuestra columna no se asiente correctamente y acabe pellizcándose el nervio ciático. ¿Resultado? Un dolor ciático que no deseo a nadie, junto a una hernia de disco vertebral.

3. El uso de “chanclas

Aunque en verano está muy de moda el uso de las típicas chanclas de goma baratas, que apenas están formadas por una tira de plástico y una suela (unidas ambas por un solo punto entre el dedo gordo y el segundo dedo), a mi personalmente nunca me han gustado. Y por lo visto había algo de lógica en mis pensamientos, pues este tipo de calzado puede acabar produciendo una tendinitis dolorosa en los pies por el simple hecho de que los dedos hagan presión hacía abajo para mantener la chancla recta, según afirma la Asociación Americana de Medicina Podológica.
Además, por lo que comenta un estudio de la Universidad de Auburn, las chanclas modifican nuestro modo natural de andar, causando problemas a nivel de la cadera y la rodilla. Por ello, lo más recomendable es llevar sandalias con una buena correa y puntos de apoyo óptimos, con el fin de evitar sustos como estos.

4. Beber demasiada agua

Aunque se suele recomendar mantener una buena hidratación mediante el consumo de al menos 2 litros de agua diarios, la realidad es que esta cantidad de agua debe ser contando los alimentos que consumimos a diario. Por ello, muchas veces hay gente que se excede con su consumo, y esto puede llegar a ser malo. Si nos excedemos, líquido elemento puede diluir algunas de las moléculas esenciales de nuestra sangre, como es el sodio, hierro y otros minerales.
Si se diluyen demasiado, podemos llegar a sufrir hiponatremia, lo cual ocasionará dolores de cabeza, vómitos, confusión e incluso (si es muy grave y se perdura en el tiempo) puede llevar a la muerte.

5. Hacer demasiado ejercicio físico

Como hemos comentado en el punto anterior, los excesos son malos, incluso cuando son en factores que se suelen comentar como buenos para la salud. En este punto cabe hablar de la actividad física, o el exceso de ella, pues puede llevarmos a la destrucción muscular o rabdomiolisis si nos pasamos de la raya (aunque esto es más fácil que le suceda a los deportistas de élite).
Y bien lo saben los jugadores de fútbol de Iowa Hawkeye, que acabaron siendo hospitalizados tras una sesión de duro entrenamiento en pleno invierno. Sus músculos estaban sobrecargados y rotos, provocando que las proteínas surcaran la sangre y confundieran a sus pobres riñones.
Aunque esto también puede ocurrirle al más común de los mortales, sobre todo si intentamos realizar ejercicio físico en exceso tras un tiempo de sedentarismo (tras las vacaciones, por ejemplo), o si nunca hemos realizado actividad física y el primer día nos pasamos.

6. Un estornudo fuerte

Para finalizar, tenemos una situación muy común que, si se produce con demasiado ímpetu, puede ser peligrosa. De hecho, un estornudo cotidiano empuja la columna vertebral y produce un 38% de presión sobre las vertebras, suficiente para producir algunas lesiones en la espalda, según una investigación alemana.

Igualmente, el hecho de pasar largos períodos sentados, o levantar peso excesivo para nuestra espalda, puede acabar provocando parálisis corporales. Todo se debe a lo mismo que sucede con un estornudo demasiado fuerte: Un exceso de presión sobre la columna que comprime los nervios espinales. De hecho, una mujer de Reino Unido acabó postrada en la cama durante 2 años tras un fuerte estornudo que la dejó casi paralizada.
Vía | ABC News.

Dr. Aulo Bracho Boscán
Médico Ocupacional