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viernes, 4 de abril de 2014

Comunicado de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana: “Responsables de la paz y el destino democrático de Venezuela









Caracas, 02 de abril de 2014

1. La crisis que desde el pasado 12 de Febrero vive Venezuela es sumamente grave tanto por su magnitud, ya que abarca dimensiones diversas de la vida nacional, como por su duración, violencia y nefastas consecuencias para nuestro presente y nuestro futuro. Por tal motivo, los Obispos de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana queremos dirigirnos de nuevo a todos los venezolanos, cualquiera sea su simpatía política.

2. Causa fundamental de la actual crisis es la pretensión del partido oficial y autoridades de la República de implantar el llamado “Plan de la Patria”, detrás del cual se esconde la promoción de un sistema de gobierno de corte totalitario, que pone en duda su perfil democrático; las restricciones a las libertades ciudadanas, en particular, la de información y opinión; la falta de políticas públicas adecuadas para enfrentar la inseguridad jurídica y ciudadana; los ataques a la producción nacional, que ha conducido a que en nuestro país hoy se haga necesaria la importación de toda clase de productos; la brutal represión de la disidencia política; el intento de “pacificación” o apaciguamiento por medio de la amenaza, la violencia verbal y la represión física.
El Gobierno se equivoca al querer resolver la crisis por la fuerza. La represión no es el camino. Con ella no ha podido evitar las manifestaciones de protesta ni dar respuesta al descontento y la rebeldía de la gente.
 
3. Los estudiantes y otros manifestantes pacíficos, ejercen su legítimo derecho, previsto en la Constitución, y merecen, por tanto, todo respeto. Las manifestaciones se han visto a veces empañadas por actos de violencia que han dejado muertos, heridos y destrozos en instituciones y propiedades. Es difícil señalar el origen de todos ellos, pero es evidente que muchas acciones delictivas son originadas por personas o grupos infiltrados con el objeto de tergiversar o desacreditar las protestas y provocar su condena. El empleo de barricadas y el ataque hacia personas e instituciones, así como la quema de vehículos particulares y de servicio público, crean una situación que no se debe aceptar ni aplaudir.

4. Reiteramos nuestra firme exigencia de que el Gobierno desarme a los grupos civiles armados. Su actuación coordinada, siguiendo unos patrones determinados, demuestra que no se trata de grupos aislados o espontáneos, sino entrenados para intervenir violentamente. En muchos casos han actuado impunemente bajo la mirada indiferente de las fuerzas del orden público, por lo cual la actuación de éstas ha quedado seriamente cuestionada.

5. Lamentamos los asesinatos de civiles y de Guardias Nacionales ocurridos en las manifestaciones. Queremos recordar que el valor de la vida es absoluto y Dios lo protege con el quinto mandamiento. De igual modo rechazamos la criminalización de la protesta ciudadana y la negación práctica de los derechos humanos en el trato a los manifestantes. Denunciamos la abusiva y desmedida represión contra ellos, las torturas de que han sido objeto muchas de las personas detenidas y la persecución judicial a los Alcaldes y Diputados contrarios al oficialismo.

6. La restricción de la información tanto en la prensa como en los medios radioeléctricos atenta contra el derecho del pueblo a estar bien informado y también contra la posibilidad de que se conozca la verdad de los hechos y se sancione a los culpables. Sin determinar la verdad será imposible lograr la paz. Una “Comisión de la Verdad” que sea plural y que genere confianza en los ciudadanos, puede ser una gran ayuda.

7. El desabastecimiento, la carestía de la vida, la inseguridad y las restricciones en la venta de gasolina, más notables en el interior del país y en las zonas fronterizas, se traduce en angustia y malestar creciente de la población. A esto se añade que no pocas personas inescrupulosas, amparados en la crisis que atraviesa la nación, se han dedicado a especular con los bienes y servicios, que han subido a precios exorbitantes. Si no se toman los necesarios correctivos a estas situaciones, ellas serán una chispa que seguirá encendiendo la violencia.

8. El Gobierno se equivoca al querer resolver la crisis por la fuerza. La represión no es el camino. Con ella no ha podido evitar las manifestaciones de protesta ni dar respuesta al descontento y la rebeldía de la gente. La salida de la crisis es clara: el diálogo sincero del Gobierno con todos los sectores del país, con una agenda previa y condiciones de igualdad, y con gestos concretos, evaluables en el tiempo, como señales de la necesaria rectificación. Consideramos oportuna y de gran valor la participación de la Santa Sede en el diálogo entre el Gobierno y la oposición. El pueblo venezolano apreciará en sumo grado dicha participación y sabrá reconocer el valioso aporte de la Iglesia.

9. Hacemos un llamado a todos los venezolanos, especialmente a los dirigentes del Gobierno y de la oposición, a considerar la extrema gravedad del momento presente, y a evitar que el país se siga desangrando y se derrumbe por la violencia. Más aún, los exhortamos al dialogo y a poner todo su esfuerzo por construir nuevas relaciones basadas en el mutuo reconocimiento, la reconciliación y la búsqueda de la normalización de la situación nacional.

10. La fe cristiana bien entendida nos exige a todos los creyentes responsabilizarnos del destino del país, no permanecer indiferentes sino más bien involucrarnos en la defensa de la vida, de los derechos humanos, de la libertad y la democracia. Nadie que viva en Venezuela debe decir que no le interesa o preocupa la violencia y las muertes que están aconteciendo en ciudades y pueblos. Todos, sin excepción, somos responsables de la libertad, la paz y el destino democrático de nuestra Patria.

11. Inspirados en la Palabra de Dios, todos los creyentes en Cristo tenemos que asumir decididamente el servicio de la reconciliación. Aprovechando la Cuaresma y la próxima Semana Santa, los sacerdotes, religiosas, laicos comprometidos en acciones pastorales y los Obispos contribuiremos a edificar la paz desde la verdad y la caridad, pues a la Iglesia le corresponde ser el ámbito de la comunión donde todos podremos encontrarnos asumiendo razonablemente nuestras diferencias. Como enseña San Pablo, nos toca derribar todo muro de división. Cristo es nuestra paz (Ef 2,14).

12. Nos solidarizamos con la población de las ciudades que más han sufrido la violencia y los efectos de la militarización. Particularmente con los habitantes de San Cristóbal. Invitamos a todos los católicos a ofrecer a Dios el AYUNO del próximo VIERNES SANTO EN SOLIDARIDAD con todas las familias que lloran a sus seres queridos, pidiendo para ellas consuelo, esperanza y fortaleza espiritual.

13. Invitamos a todos los ciudadanos, independientemente de su simpatía política, a unirnos como venezolanos, a superar el odio y la violencia, a evitar falsos rumores e informaciones que producen zozobra en la población y a comprometernos con Dios a resolver nuestros conflictos de manera pacífica. Ponemos estas intenciones en las manos amorosas de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela.

Emmo. Sr. Cardenal
Jorge Urosa Savino 
Arzobispo de Caracas
Presidente de Honor de la CEV
Diego Rafael Padrón Sánchez
Arzobispo de Cumaná
Presidente de la CEV
José Luis Azuaje Ayala
Obispo de Barinas
1° Vicepresidente de la CEV
Mario Moronta Rodríguez
Obispo de San Cristóbal
2° Vicepresidente de la CEV
Jesús González de Zárate
Obispo Auxiliar de Caracas
Secretario General de la CEV

Dedicatorias


 
 
 
 
 
 
Dedicatorias
Por: Gustavo Yepes
A los presidentes de UNASUR, con todo cariño.
 
Iba a comenzar el escrito haciendo referencia a los nobles principios democráticos y de defensa de los DDHH que supuestamente inspiraron la creación de unasur, pero la verdad pretendo que este artículo sea serio, muy serio, y no desearía comenzar provocando carcajadas. La realidad es que este club de presidentes ha reaccionado en defensa de sus asociados con la agilidad de una gacela, y ha mostrado la pasividad propia de una pereza cuando uno de ellos asesina a sus instituciones y a sus ciudadanos.
 
Cada uno de los miembros del club tiene una trayectoria que lo ha conducido a su alta investidura, desde donde, con su decidido o moderado apoyo, o con su silencio, se han hecho cómplices de la terrible situación que hoy sufrimos los venezolanos. Hoy quiero dedicarle a cada uno de ellos, con base en su particular trayectoria, un pedacito de nuestra miseria.
 
A Cristina de Argentina le voy a dedicar la desesperación de nuestros enfermos que no encuentran medicinas, de nuestras madres que no consiguen leche o alimentos para sus hijos, de nuestros compatriotas que pasan largos periodos de tiempo sin agua, sin electricidad, sin gas. El dinero que ha debido destinarse a esos menesteres ha ido a parar en menudencias como pagar una gran porción de la deuda externa de su país o se ha escapado en maletines para engrosar las arcas de sus campañas, esto sólo como un ejemplo de las ingentes cantidades de dinero que el finado y su heredero han regalado a otros gobernantes para asegurar sus apoyos y su complicidad.
 
A Evo de Bolivia le dedico el atropello, el sufrimiento y la humillación que sufre nuestro  pueblo cada vez que sale a protestar, utilizando el mismo derecho que él, en su momento, ejerció en su país y que finalmente lo catapultó a la obtención de una membrecía en el exclusivo club.
 
Dilma de Brasil comenzó su carrera política cuando era estudiante y tuvo una activa participación en contra de la dictadura militar en su país, lo cual le valió persecución, tortura y cárcel. A ella le dedico el futuro de nuestros valientes estudiantes, que hoy son perseguidos, torturados y encarcelados por gorilas que no se diferencian en nada de quienes fueron sus perseguidores. También quiero dedicarle la ruina de tantos empresarios y la pérdida de tantos empleos de venezolanos que han beneficiado enormemente a sus empresarios y a sus trabajadores.
 
A Michelle de Chile, le voy a dedicar el dolor y el sufrimiento de los familiares de todos los perseguidos políticos que se encuentran en la cárcel o en el exilio, muchos de ellos acusados de “traición a la patria”, el mismo crimen que le fue imputado a su señor padre como pretexto para encarcelarlo, torturarlo y dejarlo morir. En su carácter de supuesta defensora de los derechos de la mujer, también le dedico la valentía, el espíritu y la entereza de la mujer venezolana, que se puede resumir en la frase de la madre de un joven fallecido durante las protestas: “No me den el pésame, sigan con la lucha de mi hijo".
 
Juan Manuel de Colombia, nos demostró en su momento, en contra de toda lógica, que “el amigo de mi enemigo es mi mejor amigo” y a él le dedico los sufrimientos de tantas familias víctimas del secuestro, el asesinato y la vacuna, a ambos lados de la frontera, por la guerrilla que ha desangrado al hermano país y ha pretendido desangrar al nuestro, con el apoyo decidido de su mejor amigo y de su fiel heredero.
 
A Rafael de Ecuador le quiero dedicar el desastre económico que hoy ahoga a nuestro país en unos índices de inflación y desabastecimiento desmesurados, mientras él, graduado de economista en el imperio, se rindió al odioso dólar como su moneda nacional, ha logrado índices económicos muy positivos para su país, y tiene la desfachatez de aplaudir y apoyar decididamente la gestión que ha conducido a nuestro desastre económico. 
 
A Donald de Guyana, antiguo Secretario de la Unión de Agricultores en su país, le dedico el despojo que ha hecho el régimen a una inmensidad de terrenos que antes eran productivos, así como el abandono criminal del sector agrícola, lo cual ha agravado la crisis alimentaria y nos ha hecho cada vez más dependientes de otros países para poder llevar comida a nuestra mesa. 
 
A Horacio de Paraguay, exitoso dirigente deportivo, le dedico la situación de nuestro deporte, merecedor de algunos indudables éxitos individuales y colectivos, cada vez más condicionado a la ideología o al desembolso de dinero a manos llenas, que no siempre va a quien debería ir. 
 
A Ollanta de Perú, un militar que siguió el mismo camino del difunto venezolano y consiguió el mismo objetivo, le quiero dedicar la ignominiosa huella de sangre y de corrupción que están dejando muchos de nuestros militares al darle la espalda al pueblo que debe defender, sumisamente arrodillados ante un poder que es controlado desde una pequeña isla caribeña.
 
A Desi de Surinam, actual presidente pro tempore de unasur, quien por cierto no puede salir del país que gobierna porque tiene una orden de captura internacional por el delito de narcotráfico, le dedico la total y absoluta impunidad superior al 90% en los más de 200.000 asesinatos  cometidos durante los últimos 15 años. Esa dedicatoria incluye el dolor de todas las familias venezolanas víctimas de esa impunidad que se ha convertido en “marca registrada” del régimen.
 
A José, Pepe, de Uruguay,  miembro prominente de los originales Tupamaros uruguayos, lo cual le costó 15 años de prisión, le dedico el terror y las muertes causadas por los colectivos organizados y financiados por el régimen. También le dedico el horror de nuestras cárceles, antros de muerte y corrupción, y escuela de asesinos al servicio del poder.
 
A todos, sin excepción, les dedico los recuerdos de la solidaridad, la generosidad y la hospitalidad que el pueblo venezolano  y sus gobiernos democráticos les brindaron a tantos suramericanos perseguidos y desplazados por las dictaduras y por sus conflictos internos, sin distingo de creencias políticas. Les dedico las cuantiosas fortunas que han hecho propios y extraños a costa de nuestras miserias. Les dedico nuestro presente y nuestro futuro.