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jueves, 9 de enero de 2014

El reto nacional es restituir el hilo democrático

Nota: Aquellas personas que deseen suscribir esta carta abierta, favor hacer click en el siguiente enlace:
 
 
Un grupo de venezolanos emitió este domingo una carta abierta a los “venezolanos de buena voluntad” donde aseguran que el reto del país es restituir el hilo democrático.

“Restituir el Hilo Democrático: el Reto Nacional” – Carta abierta a los venezolanos de buena voluntad 

En Venezuela no hay democracia

 La entrega de nuestra soberanía se manifiesta en hechos tan concretos como la dependencia de las importaciones y en que éstas estén controladas por manos de intereses extranjeros, la destrucción del aparato productivo nacional, la guerra contra el derecho constitucional que consagra las libertades económicas y de pensamiento, la progresiva anulación de la propiedad privada, la penetración del narcotráfico, y la continua celebración de elecciones fraudulentas.

La restitución del Hilo Democrático es una tarea urgente e impostergable. Si bien es deber de todos los demócratas, lo es particularmente para los poderes públicos, y de ejecución inmediata y obligatoria para las FAN, la única institución que tiene el monopolio de la fuerza y que tiene también la obligación constitucional de restituir la vigencia de la Carta Magna cuando ésta deje de aplicarse.

Un proceso que permita crear condiciones para llamar al pueblo a protagonizar este rescate, pasa, a nuestro juicio, por al menos dos etapas: primera, asumir la decisión de desenmascarar la realidad de un Presidente Ilegitimo y la pérdida de la soberanía nacional en manos de actores indeseables; segunda, la celebración de Elecciones Auténticas, de las cuales surjan un nuevo Presidente y poderes públicos legítimos, junto a una reforma parcial de la Constitución, y la aplicación de medidas económicas y sociales para solucionar la gravísima situación nacional.

El déficit democrático de la MUD
El déficit democrático no solo envuelve a las estructuras del Estado, sino también se ha anidado en aquellas instancias políticas que prometen progreso democrático a las mayorías hasta ahora silentes. Los ciudadanos no hemos elegido a las autoridades de la MUD, ni a los voceros que día a día manejan micrófonos y decisiones en nombre nuestro.

Quienes han dirigido la oposición venezolana desde la MUD, lamentablemente han contribuido a consolidar un sistema electoral fraudulento, y hoy la población democrática es presa de las consecuencias de ese grave error estratégico.

Inmediatamente después del 8D, este liderazgo electorero quedó inerte antes los embates del ilegítimo, quien intentó ratificar su aparente legitimación electoral obtenida por los comicios del 8D, gracias a la pública y notoria reunión “con los alcaldes de la oposición” (18-12-2013).

Pero cabe destacar, que esta aceptación por parte de algunas autoridades surgidas de los últimos eventos electorales, no es avalada por toda la oposición. Primero, porque la fuerte abstención en el evento del 8D, nos dice que casi la mitad del electorado decidió no participar en un evento fraudulento a todas luces, y que además, en el caso particular de la MUD, los resultados del 16D2012 y del 8D2013 hablan de que casi el cincuenta por ciento (50%) de los electores que apostaron al cambio el 14A no participaron posteriormente. Segundo, porque la convocatoria a votar estuvo basada en el concepto de “recuperar espacios”, resultando contradictorio que el primer acto público de sus alcaldes fuera para ir a reconocer una supuesta legitimidad de Nicolás Maduro.

Dos desafíos

1.- Una MUD democrática u otra plataforma de mayor amplitud es posible, si se conjugan apertura con elecciones auténticas
La única directiva que hemos conocido en la MUD, inalterada desde hace 6 años, luego de las debacles del 2012 y 2013 ha ofrecido públicamente su reestructuración, pero pretende imponer sus condiciones para garantizar su supervivencia tal y como está constituida en la actualidad.

Una reestructuración sincera de esa plataforma opositora debe pasar por aspirar a cautivar nuevamente a la mayoría venezolana, y ello obliga a plantear la celebración de Elecciones Auténticas para elegir a los nuevos voceros de una propuesta de acción, porque el cambio verdadero es algo que va más allá de sustituir unas caras por otras, práctica promovida por las tradicionales cúpulas del pasado, y que siguen siendo las mismas en el presente.

Aunque la sociedad civil, y nosotros como parte de ella, desconoce la naturaleza jurídica de la denominad MUD, no debemos perder de vista que la “Rectora” Lucena (funcionaria con el período vencido) la llamó públicamente “Partido MUD”, y de ser así, sería muy conveniente aplicar para la designación de sus autoridades, el contenido normativo del artículo 67 constitucional, conforme al cual, los organismos de dirección de las asociaciones con fines políticos, deben seleccionarse en elecciones internas con la participación de sus integrantes.

Una verdadera y amplia representación de toda la sociedad civil opositora, debe salir del mismo pueblo opositor, a través de la interacción de todos los sectores incluidos los partidos políticos, ONGs, sectores independientes, gremios, sindicatos, universidades y estudiantes, sea ésta la MUD ampliada u otra organización mas amplia y comprensiva en la que la UNIDAD de propósito sea el factor aglutinante que la justifique.

Ha llegado el momento en que los ciudadanos asuman su responsabilidad para elegir a una representación legitima de la oposición venezolana en elecciones libres, transparentes y auténticas, totalmente independientes del CNE, a través de voto manual, sin participación de electores que formen parte de los partidos del régimen, con una nucleación de centros electorales de fácil acceso para la gente, y con planchas locales, regionales y nacionales que propongan un plan de acción para la más amplia oposición de cara al Régimen que debemos combatir, como una promesa electoral a ser ejecutada en caso de resultar electa.
Estas planchas se regirían por un Reglamento que establezca las condiciones mínimas para ser aceptada como válida (Anexo A). La idea es que todos los sectores venezolanos participen en igualdad de condiciones para dirigir a la oposición hacia una nueva estrategia que pueda enfrentar exitosamente los desafíos de la coyuntura.

Unos representantes opositores surgidos de Elecciones Auténticas otorgan una autoridad moral que permite dar los pasos necesarios para exigir la relegitimación de los poderes públicos.

2.- Restituir el hilo democrático: la gran tarea.
Una plataforma opositora surgida democráticamente, que vaya más allá de los pequeños partidos hoy existentes, es un paso que contribuiría enormemente en la tarea por hacer.

La doble nacionalidad de Maduro, el complot electoral del 14A, la injerencia cubana en los asuntos de nuestro Estado soberano y la política entreguista del territorio nacional, constituyen un serio desafío para una verdadera oposición política nacional, y particularmente para una FAN realmente nacionalista y fiel al espíritu democrático y patriótico de nuestros próceres.

Las irregularidades sobre la nacionalidad de Nicolás Maduro y su postulación, han evidenciado claramente que el Consejo Nacional Electoral, la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo de Justicia, están al margen de la Constitución y de las leyes de la República (Anexo B).

Ante la ausencia de nacionalismo democrático en los Poderes Públicos, la FAN debe actuar, y la Constitución Nacional tiene prevista esta posibilidad.

Los civiles que se constituyan en oposición, electos libremente por el pueblo opositor, deberán apoyar el papel de la FAN en la restitución del Hilo Democrático, y además, tendrán que promover acciones no violentas en pro de exigir cuenta de los actuales actores políticos que han sumido a la Nación en la oscuridad que hoy padecemos. Entre ellas, destaca la exigencia al Sr. Maduro de demostrar claramente que al momento de postularse como candidato no poseía dos nacionalidades.

Restituir la DEMOCRACIA es un deber de todos, un mandato ciudadano y una imposición constitucional para las instituciones del Estado que se mantengan soberanas.

Anexos
A.- Propuesta Reglamentaria para comicios internos de la MUD.
B.- De la nacionalidad y la Presidencia de la República



Suscriben:
Luis Manuel Aguana
Maria Conchira Alonso
Susy Añez
MariaTeresa Arias Briceño
Julio Belisario
Luis Betancourt Oteiza
Kika Bisogno
David Bonyue
Leslie Borjas
Blanca A. Briceño
Luis Deffit
José Estrada
Iñaki Gainzarain
Rafael Grooscors Caballero
Carlos Lee
Amilcar Mestre
Ludwig Moreno
Ricardo Moreno
Silfredo Naveda
GD José Antonio Olavarría
GD Carlos Julio Peñaloza
Edgar Pérez
Aníbal Romero
Alfredo Coronil Hartmann
Marisol Sarría
Iruña Urruticoechea
Alberto Zambrano

¿Qué tiene de malo un buen golpe de estado?

 

 

 

 

 

Por: Rafael Grooscors - grooscors81@gmail.com.-

"¿Cómo Volver a la Democracia Sin Violar a la Constitución? 
 
El 18 de Octubre de 1945 ocurrió un hecho insólito en la historia de Venezuela. Un golpe de estado, llamado Revolución por sus principales protagonistas, desalojó del poder al último caudillo de la Restauradora andina e instauró, para siempre, en la conducta política del venezolano, la democracia, tal cual como la entiende la modernidad, en el tiempo presente y en todo el Universo.

Como un compromiso, en su pluralidad, de las grandes mayorías, el cual no excluye la participación de las minorías, aún de aquellas que no profesan respeto alguno por el sistema mismo, por cuanto la democracia tiene que ser, por encima de cualquier otro carácter, signo o virtud, el gobierno de todos, amplia y decisivamente representativo.

Revolución llamaron a aquel golpe de estado, por cuanto su misión principalísima era y fue, incorporar a todos los venezolanos al libre desempeño de sus derechos civiles y políticos, dando el voto a los analfabetas, a las mujeres y a los jóvenes de más de 18 años, por primera vez, en la tan independizada patria de Bolívar.

Pero Golpe de Estado por cuanto desconoció las órdenes de la Constitución vigente, en tanto al mantenimiento de un régimen elitesco, extraño al colectivo nacional, propiedad de una clase privilegiada, cuartelaria y entreguista, para nada preocupada por los sentimientos, necesidades y aspiraciones de los venezolanos. 
 
Muchos todavía discuten si fue o no oportuno el golpe de estado del 45 y hasta un último best seller –“El Pasajero de Truman”, de Francisco Suniaga-- recapitula de nuevo, a la luz del presente, sucesos y testimonios sobre aquellos acontecimientos, sin anular, en ningún momento, su cualidad revolucionaria, la instauración, más que en la letra de las leyes, en las mentes de los compatriotas, sin distinción de clases, ni de ideologías, ni de raza, ni de religión, ni de sexo, ni de edad, la democracia como estilo y sistema de vida y de gobierno, con la justicia y la libertad como ejes principales de su sostenimiento, para que jamás se aparte de su pensamiento y de su acción, la voluntad de no permitir el desconocimiento de sus derechos esenciales como ciudadanos de una soberanía específica.

¿Fue o no fue un buen golpe de estado el del 18 de octubre de 1945? Primero, que lo respondan los herederos del perezjimenismo, cuyo poder, abismal, tuvo que ceder a la presión popular y a la oportunísima participación puntual de nuestras fuerzas armadas, para abrirle de nuevo la puerta a la democracia, el 23 de enero de 1958, luego de la contumacia dictatorial de diez años de férrea dominación. 
 
Y que también lo respondan quienes se aventuraron en prácticas violentas, insurreccionales, de nuevo cuño, aprendidas en las experiencias cubanas de los años sesenta, a quienes la voluntad democrática de los venezolanos, no sólo abandonó, sino que contribuyó a liquidar, definitivamente, perdonando, si se quiere, a sus promotores y obligándoles a reasumir los caminos del proceder democrático.

Que lo respondan, asimismo, el dueño actual del poder nacional y sus adláteres, obsesivos profetas del llamado socialismo bolivariano, para quienes la democracia, deja de ser de todos, deja de ser alternativa, deja de ser plural, deja de ser representativa, para ser, como la de la URSS y la de Cuba, popular, protagónica y participativa, manera de adjudicar su control a un solo grupo, pero de cualquier forma identificando el sistema con el original instaurado el 45. Reconocimiento, al fin, de que en el alma y en la mente de los venezolanos, gobierno sin democracia carece de legitimidad y debe ser desconocido, desacatado y destituido.

Es verdad que el del 18 de octubre del 45 fue un golpe de estado, pero para millones --¡millones!— de venezolanos, en los últimos 65 años, un buen golpe de estado, mediante el cual se instauró la democracia, sustituyendo una imperfecta Constitución por otra carta magna que nos incorporó a la modernidad y a la justicia histórica. Alguien podría decir lo mismo, en ánimo defensivo, con respecto a la extraña composición política ocurrida en el país, en 1999, cuando se sustituyó, subrepticia o sorpresivamente –lo alegamos nosotros— la muy completa Constitución del 61 por la actual, probablemente menos blindada para cubrir de riesgos la democracia que quieren todos los venezolanos.

Pero esta sola debilidad no justificaría un nuevo golpe de estado, por lo menos no un buen golpe de estado. Sin embargo, veamos parte importante de lo que ha ocurrido en su ejercicio, el cual, en el mejor o en el peor de los casos, ha servido, fundamentalmente, para entronizar en el poder a un nuevo grupo dominante, el cual, como todos los otros anteriores –el de Páez, el de los Monagas, el de Guzmán Blanco, el de Castro y Gómez, el de Pérez Jiménez— aspira a eternizarse en la anécdota histórica, a través de un Salvador (¡perdónanos Allende!) y un credo específico, únicamente afirmado en las veleidades de un autócrata.

El 11 de abril del 2002, en desprecio del derecho a manifestar pacíficamente, como lo asume la democracia, el gobierno reprime a más de millón y medio de caraqueños, brutalmente, dejando un saldo, aún pendiente, de 19 muertos y centenares de heridos. El Presidente de la República, Comandante Supremo de las FAN bolivarianas, dio orden de aplicación de un cierto Plan Ávila, contra los manifestantes, justificándolo como una medida de imperiosa necesidad para proteger la estabilidad de su régimen.

Todos sabemos quien era ese Presidente y todos sabemos en qué consistía el denominado plan de defensa de su institucionalidad. Pero el hecho en referencia, la represión de una acción civil callejera, de ciudadanos responsables, no solamente violaba la Constitución del 99, sino que se colocaba al margen de todos los tratados internacionales, suscriptos o no suscriptos por el actual gobierno, en su énfasis en la defensa de los derechos humanos, el de la vida principalmente. ¿Se justificaba o no se justificaba en aquel momento, un buen golpe de estado? Los acontecimientos inmediato-posteriores, respondieron la pregunta; no obstante, la camarilla del poder contaba ya con las herramientas de la manipulación, suficientes para criminalizar a quienes habían actuado en defensa de los principios democráticos de la Constitución.

Pero como comienza el desorden en el supuesto e imperfecto estado de derecho; como hay que mantener una fachada democrática y revelar al mundo la mejor de las intenciones políticas, se va entonces a un referéndum revocatorio, el cual ajustaría las deudas del Primer Mandatario con el pueblo que lo eligió.

Y ¡vaya!, luego de un proceso calamitoso de acciones y omisiones, por parte de la institucionalidad, toda bajo control estricto del Mandatario a revocar, se llega a la fecha en la cual se coronan todas las autoridades que proceden a destrozar la virginidad restante de una Constitución asaz violada.

El referéndum pasa de revocatorio a ratificatorio, según caprichosa interpretación constitucional del Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, ya para entonces instrumentado con las célebres máquinas de Smartmatic y las capta-huellas, “descubre” las firmas planas e inhabilita a más de un millón de venezolanos para ejercer su derecho al sufragio, en cuestión tan fundamental para el destino de la República, “logrando” la ratificación del Primer Mandatario, a pesar de que muchos, pero muchos, muchos, de los que lo eligieron, decidieron revocarlo, sin contar al millón inhabilitado.

Toda esta aventura plebiscitaria, más que referendaria, se hace a la luz del día, por lo cual constituye un hecho público y notorio, prueba suficiente de que, efectivamente, ocurrió y que mediante su ocurrencia, una vez más, se violó, flagrantemente, la Constitución, con responsabilidad comprobada de casi todas las autoridades vigentes. ¿Podría o no, por estas causas, justificarse un buen golpe de estado?

Y la ronda de las violaciones continúa. Se inventan “las morochas”, ardid electorero mediante el cual se puede dar un doble valor al voto de un mismo elector y llenar de falsos representantes todo un Congreso, sin que prospere ninguna denuncia, ninguna diligencia que ampare el derecho de todos, siempre a favor de una minoría reinante, la cual engaña y engaña, quizás hasta el cansancio.

La célebre “lista Tascón” se enriquece con la “Maisanta” y se va a un nuevo proceso. En protesta por las condiciones reinantes, los partidos democráticos deciden no concurrir y el 17% de los electores –¡con la abstención de más del 80% del REP!— “eligen” a los Diputados de la actual Asamblea Nacional, para que se dediquen, ilegítimamente, a legitimar al picaresco y ocurrente Presidente revocado.

Se inhabilita a muchos; se persigue y se encarcela a otros; se cierran canales de televisión y se amenaza a la prensa, en un concierto de violaciones a los derechos humanos, a la Constitución y Leyes de la República, así como a los Tratados Internacionales, en la medida en que se alaba y se respalda a regímenes como los de la Cuba comunista, donde en los últimos 50 años, la democracia ha sido solo un sueño de ancianos con memoria.

Los nuevos héroes del socialismo asiático, entretanto, se acercan al rebelde escenario --¡fascinante!— de una Venezuela fascista, disfrazada de democracia popular y cohabitante de un mundo al que no pertenece, aún cuando es el productor petrolero que mantiene rodando los automotores que pueblan las autopistas norteamericanas, muy concreta expresión del capitalismo al que dice combatir. ¡Señor, señor!, ¿Qué es esto? ¿Se justifica o no un buen golpe de estado?

Hay más todavía, si no lo hemos olvidado. Se “fragua” otra consulta popular, para reformar la Constitución y acercarla al ideario comunista, llamado socialista para engañar incautos. Pese a todo su dominio, a toda la trampa empleada, al índice fraudulento de las instituciones que lo soportan, el “leader” pierde la consulta y casi desconoce los resultados. Por lo que muchos piensan –pensamos— que casi hubo la posibilidad de un buen golpe de estado. No hay dudas de que hay astucia. Pero hay respuesta.

La historia no falla. Se ha manipulado el REP; se han comprado las voluntades institucionales; se ha transformado la moral del militar venezolano, corrompiéndolo como nunca antes; se ha “homologado” la comunicación, con una imponente presencia gubernamental; se ha hecho de todo para engañar al venezolano y hacerle “comer” la tajada del manjar comunista, pero una terca actitud democrática del pueblo –bien enseñado, tras un buen golpe de estado, el del 18 de octubre del 45— ha impedido su cubanización.

Se llega al 26S, muy optimistas todos, muy unidos, pero aceptando la agenda farisaica del régimen y ya vemos, ganamos con los votos, pero perdimos con la Ley. La Ley impuesta, inconsulta, no constitucional, no lógica, no democrática. La Ley electoral del “desorden ordenado”. 
 
Ahora entramos en la recta final, “la profundización del proceso”, a despecho de la voluntad popular. Ahora le toca la mayor parte al aparato productivo nacional, amenazadas sus empresas, tras expropiaciones supuestamente justificadas por el interés nacional, mediante una conversión en propiedad social de su gerencia, volviendo los ojos al pasado, a la ilusión comunitaria del marxismo ortodoxo.

¿Y en estas condiciones, sin modificaciones a fondo, seguiremos yendo y viniendo, de proceso en proceso, hasta llegar al final que persigue el amo de Miraflores? 

Respondemos esta pregunta final, la cual nosotros mismos nos hacemos, como se la estarán haciendo muchos venezolanos, con otra más, la que encabeza y titula esta narración ¿Qué tiene de malo un buen golpe de estado?

Tomado de: http://elrepublicanoliberal.blogspot.com

Mi Venezuela amada

 

 

 

 

 

 

Por: Bertin Osborne


Escribo estas líneas con el corazón encogido por lo que leo, un día si y otro también, sobre los acontecimientos que ocurren en Venezuela, mi país amado.

Lo amo tanto que tengo a mi lado, a una mujer maracucha, que me ha demostrado que el carácter de vuestro país es inmortal, a unos suegros maravillosos que me demuestran cada día lo que es el amor, la fuerza, el cariño sin límites, la entrega en la ayuda, el esfuerzo y a dos hijos que son medio venezolanos y que me han hecho disfrutar la vida como nunca jamás.

Mi director musical, con el que viajo,trabajando por medio mundo, desde hace 17 años, es venezolano y la única canción que me es difícil terminar de cantar, porque se me saltan las lágrimas de la emoción siempre que la canto es ” Venezuela “.

Por todo esto creo que tengo derecho a expresar mi dolor por la situación del país.

Yo he vivido Venezuela desde el año 81 y no me creo que pueda pasar lo que esta pasando. De ser un país maravilloso, alegre, simpático, al que uno deseaba ir todos los años tres o cuatro veces, ha pasado ahora a escucharse todos los días, las voces que nos dicen: ” no se puede ir allá, es peligroso, te pueden matar, te atracan seguro, tienes que llevar seguridad, es mejor que no vayas, etc etc “.

¡Que dolor! ¡Que  pena! ¡Que tristeza!

Lo que ha sido Venezuela y en lo que se ha convertido.

Hace años fui a Cuba con un amigo a pasar una semana de vacaciones. Al día siguiente me volví. 
Fue tal la impresión de ver, en sólo un día, la 
degradación que vi por las calles, de su gente, de su juventud en la puerta de las discotecas, que me dio una depresión que me hizo abandonar el país y dejar con la mano tendida a Fidel Castro cuando quiso saludarme a la entrada, precisamente,del hotel Eurobuilding en Caracas. Le di la espalda, por asco, por mantener mis principios, por demostrarle el rechazo que me producía un tipo que tenía secuestrado y esclavizado a su pueblo.

Me dicen que así terminara Venezuela, ya en manos cubanas. Ruego a Dios que nunca pase. Que ilumine a ese bravo pueblo, para que vean la luz y que no terminen jamás mancillados, embrutecidos, corrompidos, degenerados, sin valores, sin principios, y  sin respeto por la vida ( la cifra de asesinatos es indecente y sólo eso, debería hacer dimitir en pleno a los responsables si hubiera vergüenza).

Amo a Venezuela, con todo mi corazón, por quienes me rodean ahora y por lo que me rodearon  antes. Quiero llevar a mis hijos para que conozcan su patria, tan de ellos como la española, pero no me atrevo.

Eso no debería pasar. Venezuela es mucho más grande que quienes circunstancialmente estén dirigiéndola. Venezuela tiene una personalidad como país que está por encima de todo. Ha sido siempre hospitalaria, simpática, vividora, arrecha.

¿Que vaina ha pasado? ¡Volved a ser grandes!

Lo que ha pasado será un borrón en la historia. 
Levantaros bravo pueblo 
¡Sed vosotros mismos!