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lunes, 23 de septiembre de 2013

Sin comentarios

http://ve.noticias.yahoo.com/blogs/justo-en-el-target/el-cinematogr%C3%A1fico-comercial-tailand%C3%A9s-que-hace-llorar-al-mundo-153618647.html

Un regalo para Francisco

















Quise encontrar un obsequio,
el más sencillo, el más humilde,
el que en su pequeñez
pudieras aceptar sin ofenderte.
Pensé que podría comprarlo y fui a la tienda
pero ningún objeto me conformaba.
Entonces escuché una voz santa que me dijo:
“… a quien tiene a Dios, nada le falta,
sólo Dios, basta.”
Creí ser poeta para ofrecerte palabras:
pero las hallé superfluas, pomposas, gastadas…
Hui de mí y perseverante
busqué en la tierra
pero hasta una semilla me pareció excesiva
pues podría albergar un árbol.
Cuando divisé la pradera
mi corazón vibró alegre,
pero intuí al momento que tú no aprobarías
que le restara una sola de sus flores silvestres.
Busqué entonces en el mar
y no hallé un confín
que tu nombre no hubiera alcanzado
y en toda su inmensidad
sólo tenías amigos.
Desafiante, me atreví hasta el abismo
y como un cielo vuelto al revés
lo encontré poblado de estrellas marinas.
Pero cuando tuve una en mis manos
creí que no podrías ser feliz
sabiendo que cada noche al cielo marino
le faltaría esa estrella…
Busqué entonces en el aire
respetando las abejas, luciérnagas, mariposas
y todas las criaturas vivientes,
pues tú no querrías detener sus alas
ni perturbar su vuelo.
Procuré traerte el aroma
sosegado y puro de las hierbas,
del hogar encendido y los jazmines…
pero no pude conservarlos.
Quise igualar el canto de la alondra,
el murmullo del río, el silbido del viento
cuando exhala en los campos profundos…
pero mi voz fue demasiado torpe.
Por un largo instante logré retener,
resbalando por mis dedos,
unas gotas del rocío temprano…
pero frescas y transparentes retornaron al aire.
Quedé entonces en silencio, desconsolado,
bajo el azul infinito
que mis ojos no podrían reflejar…
¿Francisco, pensé, en tu amorosa humildad,
es que no hallaría nada que pudiera agradarte…?
De pronto un árbol dejó caer una de sus hojas
que se depositó frente a mí en el suelo.
Luego otra, que llegó meciéndose en la brisa
hasta mis manos que la recibieron sin querer.
Luego otra, otra, y otra más,
hasta que sentí que el árbol, compasivo,
estaba dispuesto a entregarse por entero
y desnudar sus ramas
con tal de consolarme.
Tanto era su amor
que brotaron mis lágrimas
como un manantial redentor y agradecido.
Las hojas del árbol
continuaron descendiendo generosas
en una bendición inacabable…
Entonces pude comprender… y sonreí.
Y sonrieron conmigo los campos, las aves y los arroyos.
La brisa se detuvo
y ya no volvieron a caer más hojas…
El regalo que produjo la sensibilidad de aquél árbol
es el que ahora quiero ofrecerte:
el amor de una sonrisa.
Un obsequio humilde y efímero
que puedes multiplicar y compartir sin miedo
como los panes y los peces,
hasta que todos unidos a Jesús
habitemos finalmente el Reino de Dios.
Alejandro Guillermo Roemmers
Ciudad del Vaticano, 18/09/13

Gran duquesa Anastasia


La revolución bolchevique trajo consigo muerte y destrucción en la antigua Rusia previo a la llegada del comunismo. Años de opresión y absolutismo monárquico trajeron consigo la pobreza y resentimiento del pueblo que veía la opulencia y esplendor de los Romanov que estaban emparentados con todas las casa reales europeas.

De ellos, su último Zar, Nicolás II casado con Alexandra una princesa alemana que a su vez era su prima tuvo, que pagar el sin fin de humillaciones y dolor de las masas del país del norte de Europa y en 1917 fueron ejecutados luego de meses de cautiverio y torturas.

Con ellos estaban sus 5 hijos Olga, Tatiana, Maria, el heredero Alexis y Anastasia. De todos estos nunca apareció el cadáver de la menor de las hijas creando uno de los misterios mas grandes del siglo XX. 

¿Realmente se salvo la princesa? De ser así ¿Qué ocurrió con ella? Si sobrevivió a la masacre ¿Tuvo una vida normal? ¿Sobreviven sus descendientes que pudieran reclamar los derechos dinásticos de los emperadores rusos?

Según el mito popular, la joven se salvo de milagro al cubrirse de manera fortuita con los cuerpos de sus familiares y presa del pánico entró en un estado de shock que la inmovilizo por varias horas haciéndola pasar por muerta por los soldados bolcheviques que cumplieron la orden de Lenin.

Según relatos que alimentan el misterio, la joven de 17 años cubierta de sangre y con los harapos que vestía en el momento de la masacre, escapó y fue rescatada por un soldado con el que supuestamente años despues se casó.

Anna Anderson pasó a la historia como la persona que por más de 60 años reclamó ser la hija perdida del ultimo zar de Rusia y como tal, pretendiente a las joyas, fortuna y títulos que se perdieron luego de los años del comunismo.

La historia cambió cuando fue rescatada luego de un intento de suicidio en 1923 y aunque en ese entonces poco hacía presagiar que la joven disipada mentalmente fuera quien luego dijo ser, el conocimiento de la lengua alemana e inglesa ambas usadas frecuentemente por la familia imperial levantó las sospechas luego de que ésta tuviera una reacción histérica al ver fotos de su supuesta familia en una revista que encontró al azar.

Reconocer lugares y nombres de personas muy intimas del circulo del zar y sus comportamientos y educación propios de una princesa, levantaron todas las alertas para que personas se acercaran a ella para ‘ayudarle’ en su fin de recuperar su nombre y status. 

Uno de estos fue un príncipe alemán quien sus fines de lucro pasaron a un segundo plano cuando ambos se enamoraron. Gracias a éste, logró una audiencia con la que dijo y confirmó ser su abuela la gran duquesa María de Rusia. El problema vino cuando se faltó la historia de Anastasia por parte de la prensa, salieron decenas de muchachas de toda Europa reclamando ser la desaparecida princesa. Esta circunstancia mermó la credibilidad de la historia pese a contar con el aval de su abuela.

Así en el olvido y la pobreza vivió toda su vida reclamado ser parienta de todas las casas reales europeas, quienes le dieron la espalda y se negaron a reconocerla.

Esta historia dio pie a libros y películas en donde casi como una telenovela fue seguida hasta el momento de su muerte en 1984 y sin el ansiado final feliz.

Luego de su deceso se estableció con los avances científicos y pruebas de ADN que Anna no resultó ser mas que una impostora a pesar de que nunca se descubrió el cadáver de la hija menor de los zares Nicolás y Alexandra.

Conspiración o realidad, la vida de Anastasia Romanov es uno de los enigmas más explotados y ricos en matices que hasta el día de hoy siguen siendo tema de discusión.  
    

Tomado de: http://ve.noticias.yahoo.com

Los 10 errores más comúnes con los que arruinamos la comida italiana


 















LAI - Twitter: @sanlaisito

 
La cocina italiana es una de las más internacionales pero, como ocurre con todas las preparaciones regionales que se globalizan, en el camino ha perdido muchos de sus aspectos fundamentales. En todo el mundo comemos pasta y pizza, pero, en la mayoría de hogares y restaurantes no se respetan las normas básicas de la cocina italiana tradicional, muy dada, por otro lado, al dogma gastronómico.

La Academia Barilla, una de las más prestigiosas escuelas de cocina de Italia –situada en la ciudad de Parma–, ha publicado esta semana un decálogo con los errores más comunes que los extranjeros cometen al acercarse a la comida italiana. La institución, que tiene entre sus objetivos “defender y salvaguardar los productos alimentarios italianos elaborados por reputados artesanos y con denominación de origen de las imitaciones de mala calidad”, y “promover y difundir el papel que juegan estos productos en la cocina italiana tradicional”, no deja lugar para la heterodoxia. O es cocina italiana, o no lo es.

El listado de los diez errores más comunes está claramente orientado al comensal anglosajón, pero en España, pese a estar más cerca, tampoco nos libramos de castigar el recetario italiano. Hasta hace muy poco la única elaboración italiana que conocíamos era los macarrones con chorizo, y no precisamente al dente, y, aunque ahora sea “lo más” ofrecer risotto de tapa, seguimos cometiendo errores de libro. Para todos los amantes de la ortodoxia en la cocina –y en lo que respecta a la tradición italiana seguir la tradición es garantía de éxito–, estos son los diez errores que nunca se deben cometer.

1. Ofrecer la pasta como acompañamiento
Ni la pasta, ni el risotto, deben servirse nunca como acompañamiento. Exceptuando en recetas como las carnes “a la milanesa”, la pasta y el arroz se toman en Italia como plato principal algo que, además, es obligatorio si no queremos que nuestro consumo de calorías se dispare. En Italia es “sacrílego” utilizarlos como guarnición, un espacio que está reservado, casi en exclusiva, a las verduras.

2. Echarle kétchup a la pasta
El colmo absoluto de todos los atentados al recetario italiano es acompañar la pasta con kétchup, una salsa que sigue bañando los espaguetis –cortados– de media España, sobre todo cuando van destinados al comensal infantil. La Academia Barilla califica esta práctica como un “auténtico pecado culinario”, aunque se olvida del resto de salsas de tomate de bote, que en Italia no están nada extendidas. La realidad es que, para triunfar con un buen plato de pasta con tomate, es necesario elaborar una salsa casera. Hay miles de recetas y, aunque hay productos muy dignos, ningún preparado industrial supera las bondades de una salsa elaborada con tomates frescos de temporada. En invierno, sin embargo, los tomates pelados de bote pueden ser la mejor alternativa.

3. Cocer la pasta en agua con aceite
En España es muy habitual echar un chorro de aceite de oliva al agua en que se cuece la pasta, una costumbre que, según apuntan en la Academia Barilla, no aporta nada a los platos. En su opinión, el aceite debe añadirse tras escurrir la pasta.

Otra fea costumbre española de la que se olvida el decálogo es la de lavar la pasta en agua fría antes de escurrirla, algo que sólo sirve para que ésta pierda sabor. La Academia ofrece sus propias instrucciones para cocer la pasta “al dente”.

Uno de los secretos, aseguran sus chefs, reside en escurrir la pasta un minuto antes del tiempo de cocción indicado en el paquete, pues la pasta seguirá haciéndose mientras la cocinamos con la salsa. 

4. Acompañar los espaguetis con salsa boloñesa
Aunque los espaguetis a la boloñesa son uno de los platos italianos más populares, la Academia Barilla asegura que la receta es una invención internacional, imposible de encontrar en ningún restaurante de la ciudad que le da nombre. La famosa salsa, que sí es uno de los clásicos básicos de la cocina italiana, suele acompañarse de tagliatelle, la pasta típica de Bolonia que en Italia se cocina siempre con huevo, no de espaguetis.
Puntualizaciones quisquillosas aparte –por mucho que lo diga la Academia Barilla la diferencia entre unos espaguetis y unos tallarines no es para tirarse de los pelos–, hay muchas recetas italianas que se han pervertido en su paso al recetario internacional. En España es particularmente sangrante el caso de los espagueti a la carbonara, que solemos embadurnar en nata, un ingrediente del que carece la auténtica receta italiana que se elabora con huevo.

5. Usar el pollo como ingrediente de un plato de pasta
“Nadie en Italia echaría pollo a la pasta”, asegura el decálogo de la Academia Barilla. Según la escuela de cocina es algo muy típico en EEUU. En España, por el contrario, no es en absoluto popular. Con los ingredientes parece que somos más respetuosos, aunque quizás sea porque contamos con una materia prima parecida. Una de las costumbres más arraigadas en España es la de preparar la pasta con atún, algo que también hacen los italianos. De hecho, en Italia la pasta con pescado o marisco es tremendamente popular. Los espaguetis al fruti de mare o, simplemente, con mejillones, son uno de los preparados más exitosos.

6. Pedir una ensalada César en Italia
La ensalada César es un plato muy popular, presente en las cartas de cafeterías y restaurantes de todo el mundo, pero no es una receta italiana. De hecho, es muy difícil de encontrar en el país de la bota. Hay diversas versiones sobre el origen de la ensalada, pero todas coinciden en que empezó a servirse en México y más tarde pasó a EEUU. Se cree que su inventor, Alex Cardini –que sí era italiano– la diseñó en el restaurante que su hermano, César Cardini, regentaba en Tijuana: el Cesar´s Place. Aunque otras historias sitúan su origen en Ensenada, lo que es seguro es que César Cardini patentó la salsa en Los Ángeles en 1948 y desde entonces comenzó a popularizarse en EEUU.

7. Decorar el restaurante con manteles de cuadros rojos y blancos
El cine ha explotado la imagen del típico restaurante italiano con velas, grandes platos de pasta, jarras de vino y manteles ajedrezados en rojo y blanco. Los tres primeros elementos pueden ser ciertos, pero según la Academia Barilla los manteles ajedrezados no son típicos en ningún lugar de Italia.

8. Pedir un capuccino después de comer
En Italia el capuccino sólo se toma en el desayuno, nunca después de las comidas, cuando se toma el café espresso o macchiato (el equivalente a nuestro cortado). No es que no lo sirvan en los restaurantes, pero es algo reservado para los turistas. Hay que recordar que el capuccino es más contundente que nuestro “relajante” café con leche, que en muchos puntos de España está a medio camino entre el macchiato y el capuccino.

9. Buscar los Fettuccine Alfredo en Italia
Aunque los Fettuccine Alfredo sí son una invención italiana, nadie en el país los conoce con ese nombre. La salsa Alfredo es un sencillo acompañamiento para la pasta a base de mantequilla y queso parmesano que se hizo famosa en el restaurante Alfredo alla Scrofa de Roma, propiedad de Alfredo di Lelio.Por alguna razón que desconocemos, la receta se popularizó en EEUU y por ende en el resto del mundo con el nombre que le dio el avezado restaurador, pero se trata sólo de una versión de los tradicionales Fettuccine al burro –es decir, “a la mantequilla”–, uno de los platos básicos de la cocina italiana, que sí se pueden encontrar en cualquier restaurante.

10. Ir a comer solo
El último punto del decálogo de la Academia Barilla –que bien podrían haber titulado “cocina italiana para Dummies”– tiene más que ver con las costumbres de la sociedad italiana que con la comida en sí. Según los chefs de la escuela, en Italia nunca se va a un restaurante solo (algo que, hoy en día, resulta chocante de ser cierto), pues la comida se disfruta siempre en familia o con amigos. “El amor y la familia lo es todo”, concluye el decálogo.

Napoleón

Levantar un andamio no es edificar. 
NAPOLEÓN BONAPARTE