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jueves, 12 de septiembre de 2013

Sin comentarios

http://es-us.noticias.yahoo.com/blogs/el-viralero/un-comercial-nos-hace-reflexionar-acerca-de-la-amistad-115048206.html

De la desesperación al pronunciamiento









 



Por: Gustavo Tovar - @tovarr 

Estamos ante un tiempo de agonía, con incredulidad advertimos como Venezuela se desintegra, o mejor, se apaga.
A veces no sabemos cómo reaccionar. La gravedad -apocalíptica- del entorno es demasiado ficción, demasiado incierta e improbable, provoca en nosotros reacciones confusas: irritación, desesperanza, resignación. El asombro no se agota. Esta aquí en el centro del pecho y se anuda en la garganta. Es tan punzante que marea. Todos los días nos asiste un nuevo estallido de imbecilidad. Todos los días.

He pensado dejar de escribir. Aunque no lo crean, hacerlo, en una perenne queja, agobia, desespera. No soy -ni puedo serlo- de esos escritores que se sientan semana a semana a dictar cátedra ni puedo fingir mi arrechera, sí, mi arrechera en el sentido venezolano del vocablo: mi enfurecimiento. Escribo desde una libertad crítica, pero sentida. Me enardezco, no lo oculto ni lo niego, tanto disparate agota. Estamos exhaustos. Pero debemos seguir…, seguir hasta que nos hayamos liberado del oscurantismo socialista. No hay opción. Nuestro destino es la libertad.

Agradezco a quienes me leen y comentan (intento leer todas y cada una de las reflexiones que aparecen en las redes sociales sobre mis escritos). Entiendo que mi desesperación es una desesperación colectiva, y no escribir, y no pronunciarme, es una traición a ese sentimiento unánime de arrechera que sentimos la mayoría de los venezolanos.
Yo no traiciono ni traicionaré mi ira. El hartazgo debe pronunciarse, alguien debe agarrar por el cuello al madurismo y escupirle en la jeta la profunda indignación que sentimos por lo que intenta apagar en Venezuela: nuestro espíritu.
El socialismo que lo apaga todo

La desolación que cunde en Cuba, su silencio y oscuridad son aterradoras. Lo mismo se evidenció en los países que fueron apagados por el socialismo en la Europa del Este: soledad perpetrada.

Me sorprende que la oposición venezolana no despedace con razones y argumentos, con evidencias, la lepra ideológica que intenta apagar nuestra vitalidad histórica. No entiendo tanta condescendencia.

Venezuela es una nación que se apaga, su luz, su creatividad y vigor, expiran. Se trata de un martirio más espiritual que material. Lo material es tan sólo una advertencia física, digamos, política, de nuestra penumbra.

El socialismo se está perpetrando y nos asola. ¿Quién lo acusa? ¿Quién revela y denuncia su negrura?.

>Hitler fue socialista, Stalin también. Castro lo es y Chávez lo fue. Maduro intenta serlo. Sin embargo, el apagón en sus respectivas naciones no lo causaron realmente ellos, ellos tan sólo fueron sus artífices. El apagón lo causó la peste socialista. Su ineficiencia, su intolerancia, su prostitución de valores, su corrupción que todo corroe, que todo pudre.
No podríamos decir que fue Chávez quien devastó Alemania o Rusia, tampoco China o Polonia. La devastación la causó el socialismo y su perversidad que ensombrece.

La derecha y el apagón
No le creo una sola palabra al socialismo del siglo XXI, no pierdo un segundo de mi tiempo escuchando sus farsas o fingimientos. Siempre mienten. Lo único que aspiran es arrasar -con oscuridad- todo a su paso.

Sin embargo, Nicolás Maduro en su inquebrantable imbecilidad nos reveló quién estaba detrás del golpe eléctrico: la derecha.

Claro, es obvio, Rafael Ramírez -insigne paladín de la más rancia y enviciada derecha venezolana-junto a sus socios de Derwick Associates (empresa eléctrica que ha logrado el milagro de apagar a Venezuela), con su corrupción y cinismo, son los causantes del golpe, son los saboteadores de nuestra luz.

Lo dijo Maduro, no yo. Si no que aclare si los niños de Derwick, Trebau y Bentancourt, son revolucionarios de izquierda como el Ché o ambiciosos capitalistas como Rockefeller. Nos encantaría saber qué opina el bobalicón sobre la derecha saboteadora.
Lo triste, lo frustrante, es que ese casamiento perverso entre la corrupción socialista y la codicia de la derecha son la peste que tiene sin aliento a Venezuela, la peste que nos apaga como sociedad.

El ex Embajador y Subsecretario para asuntos del hemisferio occidental del Departamento de Estado, Otto Reich, ha demandado a los “bolichicos” -así los llama en la demanda- propietarios de esa oscuridad llamada Derwick Associates. La demanda ha puesto al descubierto la perfidia que vincula al socialismo con la derecha más viciosa de la Venezuela chavista.

Otto Reich demanda la envilecida codicia de la derecha y me pregunto: ¿quién demanda al socialismo? ¿Quién carajo lo condena?

Al menos yo lo hago, por eso escribo y seguiré haciéndolo.

Ya que no hay luces, algo de moral

El apagón no es eléctrico es anímico. A tientas andamos buscando algo de luz en este largo eclipse de brío que nos afecta.

Estoy convencido de que llegará. La fuerza que mueve a las sociedades en declive es la moral. Sólo ella podrá desvanecer -condenándolo, aborreciéndolo, agarrándolo por el cuello y escupiéndole a la jeta (sin rubor)- al pervertido socialismo y abofetear a la rancia derecha y su codicia.

El madurismo no tiene ni tendrá moral, mucho menos luz, está dominado por la traición del oscurantismo cubano y su socialismo que todo apaga.

No hace falta encender un interruptor eléctrico ni esperar que Ramírez y Derwick nos obren su oscuridad para imponer la verdadera y liberadora moral bolivariana. No hace falta. La luz, nuestra luz, la impondrá nuestro brío.

Que los que intentan apagar a Venezuela sepan, lo sientan y padezcan, que nuestro espíritu no se apaga. 

¡Está intacto!

La luz... 
¡NUESTRA LUZ!..
¡ESTÁ ENCENDIDA!

La Sexalescencia

Por: No pude determinar el autor. El artículo me llegó por correo.


¡Somos parte de esta generación!

Si miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene alrededor de sesenta años:

LA SEXALESCENCIA. Es una generación que ha echado fuera del idioma la palabra "sexagenario", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de envejecer. Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
 
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar  el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo.
 
Lejos de las tristes oficinas, muchos de  ellos buscaron y encontraron hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganan la vida con eso.
 
Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse.  Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la
soledad, crecen desde adentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma desde su apartamente en el  quinto  piso. 
 
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres habían sido educadas para obedecer y ahora pueden ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado en ocupar.

Esta mujer sexalescente pudo sobrevivir a la borrachera de poder que le dio el feminismo de los 60′, en aquellos momentos de su juventud en los que los cambios eran tantos, pudo detenerse a reflexionar en qué quería en realidad. Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, algunas estudiaron una carrera universitaria junto con la de sus hijos, otras eligieron tener hijos a temprana edad, fueron periodistas, atletas o crearon su propio "YO, S.A.". Este tipo de mujeres nacidas en los 50s. no son ni por equivocación las clásicas "suegras" que quieren que los hij/as las estén llamando todos los días, porque ellas tienen su propia vida y ya no viven a través de la vida de los hijos.
 
Su camino no ha sido fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente, pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de "sesenta o setenta"", hombres y mujeres, maneja la computadora como si lo hubiera hecho toda la vida.
 
Se escribe, y se ve  con los hijos que están lejos y hasta se olvida  del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les  escriben un e-mail con sus ideas y vivencias.
 
Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo.
 
Raramente se deshacen en un llanto sentimental.
 
A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos.
 
Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo… y a otra cosa...
 
  La gente mayor comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada.
 
Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo… Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura torneada  de una vedette.
 
En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
 
Hoy la gente de 60 o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.
 
La gente de 60 y 70 de hoy celebra el sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo…hacen planes con su propia vida, no con la de los demás.
 
Quizás por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI.

Monterroso

"Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.", Augusto Monterroso