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lunes, 22 de julio de 2013

Carta Abierta de Monseñor Ubaldo Quintana

A continuación la carta enviada a Vidal Atencio:

Maracaibo 6 de julio de 2013
Pbro. Vidal Atencio
Párroco de la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes.
Ciudad

Muy querido hijo:

Te saludo en nombre de nuestro Señor Jesucristo en ocasión de expresarte algunas consideraciones que he juzgado pertinente hacer, y que forman parte integral del ministerio pastoral que me ha sido confiado, y al cual me debo como cabeza de esta Arquidiócesis. Querido Hijo, con mucho dolor ha llegado a mis manos unas fotografías en las cuales se muestran varias imágenes que se colocaron en el altar del templo parroquial a durante una celebración de la Eucaristía que oficiaste con motivo del día del periodista, el pasado 27 de Junio. Las tres fotografías corresponden al expresidente Chávez, al Libertador Simón Bolívar y al gobernador del Estado, Francisco Arias Cárdenas. A raíz de estas fotografías, he recibido protestas de feligreses que asisten a esa Parroquia y de toda la arquidiócesis, de sacerdotes y de obispos de Venezuela.

Considerando lo anterior, es mi deber, insoslayable, recordarte, algunos principios en materia litúrgica y de comportamiento sacerdotal que tú muy bien conoces y que te he mencionado, en diálogos y comunicaciones anteriores.

- Las celebraciones religiosas, especialmente del Santo Sacrificio de la Misa, deben realizarse según las prescripciones litúrgicas de la iglesia, las cuales prohíben que se introduzcan en la Iglesia y en el desarrollo del rito elementos extraños a la tradición y a la disciplina eclesiástica. “Los actos arbitrarios no benefician la verdadera renovación, sino que lesionan el verdadero derecho de los fieles a la acción litúrgica, que es expresión de la vida de la Iglesia, según su tradición y disciplina. Además, introducen en la misma celebración de la Eucaristía elementos de discordia y la deforman, cuando ella tiende, por su propia naturaleza y de forma eminente, a significar y realizar admirablemente la comunión con la vida divina y la unidad del pueblo de Dios. De estos actos arbitrarios se deriva incertidumbre en la doctrina, duda y escándalo para el pueblo de Dios y, casi inevitablemente, una violenta repugnancia que confunde y aflige con fuerza a muchos fieles en nuestros tiempos, en que frecuentemente la vida cristiana sufre el ambiente, muy difícil, de la «secularización»” (RS 30).

- En la Iglesia se colocan solamente imágenes, retratos de los santos reconocidos por la Iglesia. Las fotografías –que a veces se colocan con motivo del funeral de una persona- nunca se colocarán al mismo nivel del Sagrario sino fuera del presbiterio. Bajo ninguna circunstancia se colocará la fotografía de una persona que vive, menos aún si es un dirigente político.

- El sacerdote, como ministro de Cristo y de la Iglesia, debe transparentar al Señor que nunca quiso empeñarse en un movimiento político, rehuyendo todo intento de implicarlo en cuestiones o asuntos terrenales (cf. Jn 6, 15). El Reino que vino a fundar no es de este mundo (cf. Jn 18, 36). El sacerdote, siguiendo a Cristo, está comprometido más directamente en el desarrollo del reino de Dios. Como Jesús, debe renunciar a empeñarse en formas políticas activas, sobre todo de índole partidista, para seguir siendo el hombre de todos en clave de fraternidad y de paternidad espiritual.

- Lamentablemente, con tu actitud, en esta y en otras ocasiones, te estás alejando de estas pautas y haces que, inexorablemente, se pierda la confianza en ti (especialmente de los fieles que te ha encomendado nuestra Iglesia) y se alejen los feligreses, pues no les atiendes en sus necesidades espirituales al encontrarte ocupado en otras funciones no sacerdotales. Te recuerdo que no solicitaste mi autorización para aceptar servicios profesionales en un canal de TV claramente identificado con el Gobierno. Han llegado hasta mi quejas de fieles de la parroquia manifestando que, en no pocas ocasiones, en vez de la celebración de la misa, se realiza una celebración de la Palabra.

- Aprovecho la ocasión para manifestarte mi preocupación por la gran cantidad de escritos en las paredes de muchos edificios de la ciudad, en los cuales se te proclama como candidato a la Alcaldía de la ciudad de Maracaibo. De no ser cierto, te pido, como tu pastor y responsable de esta Iglesia particular, hacer una aclaratoria pública desmintiendo el hecho y aclarando que en tu condición de clérigo no puedes aceptar ese cargo.

- Te menciono algunas normas de la Iglesia sobre la participación de los sacerdotes en política: 

“Absténganse los clérigos por completo de todo aquello que desdiga de su estado… Les está prohibido a los clérigos aceptar aquellos cargos públicos, que llevan consigo una participación en el ejercicio de la potestad civil” (c. 285)

“No han de participar activamente en los partidos políticos ni en la dirección de asociaciones sindicales…” (c. 287).

Si no cambias de actitud, por tu bien y por el bien de la Iglesia, me veré obligado a aplicar las sanciones correspondientes (CIC, 1333 y 1334). Ya se han agotado todos los medios que impone el Código de Derecho Canónico al momento de imponer o declarar penas pues ni la corrección fraterna, ni la represión ni los diálogos que he sostenido con contigo han servido para que cambies de actitud, por lo cual me veo en la obligación de iniciar un proceso administrativo.(c. 1341).

- Soy consciente de tu lucha para que los derechos humanos sea respetados y que se imparta justicia en todos los ámbitos de la vida social. Sin embargo, el camino que has elegido no es el correcto. Así lo dice el Beato Juan Pablo II “A los presbíteros que, en la generosidad de su servicio al ideal evangélico, sienten la tendencia a empeñarse en la actividad política, para contribuir más eficazmente a sanar la vida política, eliminando las injusticias, la iglesia les recuerda que, por ese camino, es fácil verse implicado en luchas partidarias, con el riesgo a colaborar no al nacimiento del mundo más justo que aspiramos, sino más bien a formas nuevas y peores de explotación de la pobre gente. Deben saber, en todo caso, que para ese empeño de acción y militancia política no tienen el carisma de lo alto.

Es importante que comprendas, apreciado hijo, que la Iglesia no puede tolerar de ningún modo este tipo de actuaciones que, lamentablemente, has protagonizado en forma continua, pues aunado al escándalo flagrante que causa a nivel de la feligresía, y muy especialmente a escala de aquellos que tienen menor grado de formación, produce alejamiento de los fieles, lo que sin duda va en abierta contraposición con nuestro labor espiritual de salvar almas mediante la propagación del mensaje de la fe y la caridad.

En espera de que estas palabras te hagan reflexionar y cambiar de conducta, te encomiendo a la Santísima Virgen María, madre nuestra.

Mons. Ubaldo Santana
Arzobispo de Maracaibo

Nota mía:
Ver Artículos mencionados en http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/cdc.l2p1t3.html


http://www.vatican.va/archive/ESL0020/_INDEX.HTM

Ruido y Silencio

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
En Venezuela todo hace ruido. Un ruido desmedido, constante, a menudo incontrolado. Salir a la calle, en ciudades y pueblos de todo el país, es exponerse a lo estridente. Con esfuerzo considerable, las familias se trasladan a playas y montañas los días de descanso. Pero no es el sonido del oleaje, ni la gracia silbante de la lengua de los pájaros ni el oscilante rumor del viento lo que los paseantes quieren escuchar. A menudo llevan consigo potentes reproductores capaces de aplastar los sonidos de la naturaleza. En unidades de transporte público, muchos conductores imponen a sus pasajeros un determinado tipo de música a volumen atronador. Han ocurrido asesinatos porque alguien se atreve a reclamar a los organizadores de una fiesta que controlen el volumen del escándalo. Muchos ciudadanos se consideran víctimas del flagelo del ruido. Pero quizás la cuestión es más profunda: puede ser que la sociedad venezolana haya adquirido, a lo largo de las últimas décadas, una personalidad en la que predomina lo ruidoso. Somos, a la vez, emisores y receptores de una sonoridad múltiple, de altos decibeles. Victimarios y víctimas a un mismo tiempo.

Expertos en las conductas de los usuarios de medios de comunicación han demostrado que en un alto porcentaje de hogares venezolanos aparatos de radio y televisión se mantienen encendidos a lo largo del día, aun cuando no se les preste la mínima atención requerida. Se les prende para que hagan compañía. Como si las personas necesitaran evadir el silencio, como si temiesen encontrarse consigo mismos.


Esta tendencia al bullicio, a lo ruidoso, se proyecta incluso hacia los espacios donde el silencio o el control del volumen son imprescindibles: centros de salud y hospitales, escuelas y bibliotecas, museos y funerarias. Nada ni nadie está protegido del alboroto. Las conductas ruidosas no siempre se moderan, incluso a pesar de los letreros que sugieren o demandan consideración por demás.


La política no escapa de este fenómeno. Mucho menos una política que tiene su fundamento más poderoso en la polarización. Al contrario, la polarización es el marco más adecuado para actuar en lo público prescindiendo de la obligación democrática del diálogo. La polarización grita para evitar la práctica de escuchar. Hacer ruido es el modo más expedito de obstaculizar la reflexión, de imposibilitar la puesta en marcha de soluciones, de convertir el necesario debate de las ideas en no más que un torpe forcejeo. Para que en una sociedad se produzcan los acuerdos que demanda la convivencia es imprescindible la presencia constructiva del silencio. El pensamiento autocrítico, el reconocimiento respetuoso del adversario, el encuentro de las ideas diferenciadas sólo pueden lograrse en una atmósfera en la cual el silencio estimula a escuchar y meditar. Ya lo sabemos: quien hace ruido pierde, aunque sea temporalmente, la facultad de atender a las palabras de los otros. A mayor ruido menos pensamiento. A mayor ruido menos generosidad. A mayor ruido más lejanas las posibilidades de lograr la reconciliación en Venezuela.

La solución para acabar con los fascistas







Por: José Briceño -@jbdiwancomeback 
 
Buen día estimados lectores, saludos desde Venezuela, imagino que para ustedes, somos un galimatías como nación, pues les doy la razón, hasta para nosotros es complicado el asunto, sin embargo pues no nos queda más que aguantarnos el aguacero terrorífico que nos tiene a niveles africanos de pobreza y criminalidad, solamente por la gigante carga de maldición que se tiene desde las cúpulas del poder.


Tenemos un presidente ilegal, primero por su designación, después por el asunto del fraude electoral, demostrado y comprobado, es innegable que el tipo se valió de argucias cubanoides para afianzarse en un poder que no le tocaba, sin embargo hay tantos involucrados y tantísimo dinero que se hace fácil pensar la razón del por qué la pelea de los cargos públicos es a muerte en mi país. La cosa es simple, si un barril de petróleo cuesta, puesto a la puerta del cliente 9 dólares y el recio de la calle son más de cien dólares, sabemos que esa diferencia es un botín difícil de negar, sobre todo si este asunto de la corrupción es campo abierto para todos los que se incluyen en la “selecta” lista de los poderosos de la nación, es simple, si tienes un alto cargo, le pasas plata al partido desde las partidas presupuestarias de tu ministerio u oficina gubernamental,   implicas en el proceso a varios bichos importantes, púes estás salvado ya que los auditores tienen orden de no tocar a ningún personero de importancia, una suerte de patente de corso para delinquir, eso sí, solo si eres del partido, de otra eres una especie de traidor, al que le toca el destierro, o en su defecto, el desempleo eterno ya que no eres de confiar y la revolución necesita fidelidad, tranquilo que si eres fiel te toca tu tajada, eso sí, nadie de afuera debe enterarse pues de otra estás caído.


Al final el tal Maduro se aprovecha del tinglado de terror y desastres que dejó su extinto jefe, tiene un país despedazado entre una moneda que vale tanto como las olas del mar y un desabastecimiento terrorífico una nación que se resiste a ser disuelta. Si el tal Maduro fuese un hombre serio, primero se deslindaría de los cubanos, luego apuntalaría las universidades y escuelas del país, apoyaría proyectos de investigación, seriamos realmente potencias en alguna vaina, pero el tipo se empeña en dejarnos mal parados y sus fanáticos en apoyarlos.



La oposición ciertamente ha ganado espacios, sin embargo vive paralizada de miedo, los mal vivientes hacen carrera política, el estado es  el gran farsante de toda esta historia y el abanderado opositor solo sonríe a las cámaras y habla por sus canales de internet. cuando hubo chance de cambiar las cosas se asustó, les dijo a los venezolanos que volvieran a sus casas, sin protestas, sin reclamos, sin mover la calle, solo que nos tragásemos la indignación y nos devolviésemos, que al CNE iba a resolver el asunto por la vía legal, en un país donde lo ilegal es ya legal pues sin la anuencia de los jefes, los poderes no actúan más que por servilismo.


Maduro atornillado, sus secuaces enchufados, la maquinaria aceitada con petrodólares, la nacional y la internacional, el resultado, un país deshecho, maltrecho y endeudado, los demás alegres por el buen negocio, los chabestias alegres en su ceguera y el futuro invisible, no hay más, solo apretar los dientes a ver qué pasa o perder lo racional y comenzar la verdadera lucha, armarse de valor y de balas y acabar con sus baluartes,  a pesar de que me espanta la solución es la única posible cuando menos para neutralizarlos, después un periodo de calma, quitar las armas fuera de la fuerza armada y reconstruir el país, si no pues estaremos condenados a la infernal manera de supervivencia venezolana, no hay de otra, hasta que la oposición no gane el valor para las calles Muduro y compañía seguirán matando a mi país, solo la fuerza de mi pueblo molesto los hará retroceder y toca hacerlos desaparecer para por fin ubicarnos en ese primer mundo que nos toca y no el, inframundo en que vivimos.
Tomado de: http://opinionesdesdeestaesquinadeltercermun.blogspot.com

En Venezuela...

JUEGAN LOS BURROS...
¡Y PAGAMOS LOS ARRIEROS!
Refrán Castellano

Nietzsche

Quienes se conservan claros, honestos y transparentes son aquellos a quienes menos traiciona el silencio: son tan profundos que el agua más clara no revela lo que existe en el fondo. Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra