miércoles, 15 de mayo de 2013

Sin comentarios


















BARCELONA, 14 de mayo.- Fue difundida en redes sociales la foto de unos hermanos mellizos que al nacer y ser cortados sus cordones umbilicales se tomaron de la mano.

Los hermanos nacieron en el hospital de Guipúzcoa, en donde las enfermeras pidieron permiso a la madre de los recién nacidos para tomar una foto del cariñoso momento que hoy ha dado la vuelta al mundo a través de las redes sociales.

Daniel y María se tomaron de la mano cuando las enfermeras los dejaron en una cuna, al lado de su madre, para ser limpiados.

"Es un gesto precioso para recordar. Es un reflejo para sobrevivir", dijo una de las médicas del centro de salud.
gak

Tomado de: http://ve.noticias.yahoo.com/mellizos-toman-mano-salir-vientre-materno-000001874.html

Obituario









Caracas.- A causa de un infarto Antonio Cova, sociólogo, periodista, profesor  universitario,  analista político y colaborador de El Universal falleció este miércoles a la edad de 74 años.

Dictó cátedra en la Universidad Central de Venezuela, Universidad Simón Bolívar, Universidad Católica Andrés Bello y en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), entre otras reconocidas casas de estudio.

El profesor había sido trasladado hasta la Clínica Metropolitana para ser atendido. Su hijo, el también profesor universitario Sebastián Cova, confirmó la noticia a través de su cuenta en la red social Twitter.

Explicó que su padre había sufrido un infarto el día martes, pasó por una cirugía de corazón pero no logró recuperarse. El fallecimiento se produjo cerca de las 9 de la mañana.

Cova nació en Caracas pero vivió sus primeros once años de vida en Maracay, estado Aragua. En 1954 regresa a la capital por decisión de sus padres.

Realizó estudios de bachillerato en el Colegio La Salle de Tienda Honda, años en los que desecha la opción de dedicarse a las ciencias, específicamente a la biología y se decide por el camino de las letras.

Se graduó en 1960 de periodista y un año después obtuvo el título de sociólogo. Cursó estudios de postgrado al poco tiempo de graduado en la Universidad de Berkeley

Sus alumnos lo describen como en excelente "maestro". Amaba su rol de guía, no en balde, en cuantiosas entrevistas de personalidad llegó a asegurar que ninguno de sus oficios era comparable al de "darle clase a los chamos". "Mi vocación siempre fue la docencia, lo mío es enseñar", aseguraba.

La Universidad Católica Andrés Bello y su escuela de Comunicación, donde hizo gran parte de su labor docente, lamentó la muerte del catedrático.   "Excelente docente e insigne colaborador de nuestra universidad. Paz a sus restos", publicó la institución en su cuenta oficial de Twitter.

Su último artículo como colaborador de El Universal salió publicado en la edición de este miércoles.

Una triste orfandad

Por: Profesor Antonio Cova M.
Cuánta torpeza! Y lo peor: el recuerdo -y el continuo recurso a su ejemplo, no sólo no puede evitarlas, sino lo que es más grave, ¡las refuerza! Esas torpezas, que podrían pasar desapercibidas cuando un reciente alud de votos te respalda (allí está el PP español para probarlo), son arsénico puro cuando de vaina no te rasparon. Lo más dramático: Maduro y la camarilla que, por ahora, lo sostiene, ni perciben esa crítica distinción.

Recordemos aquel histórico sábado 8 de diciembre del 2012, cuando Chávez, sabiéndose cercano a la muerte, se despide de todo lo que, con enérgico tesón, había destruido en la confianza de poder reconstruirlo a su imagen y semejanza. En esa patética despedida, en la que hasta cantó un himno militar a capella, Chávez propuso que si “ya teníamos patria” (sin explicarnos qué tenía en mente con esa afirmación) y él no podía seguir dirigiéndola, pedía a los suyos que eligiesen a Nicolás Maduro como su sucesor. Podemos concluir, entonces, que abrigaba la esperanza de que Maduro garantizase su legado y exitosamente culminara su proyecto.

Desde el inicio se le vieron las costuras, y también las ambiciones torcidas de quienes lo acompañaban. A Maduro le tocó jugar un papel teatral que le quedaba grande y flojo: reemplazar a un Chávez que ni aparecía ni se moría requiere de algunas condiciones que, en lo absoluto, adornan a Maduro. Nada hacía sin mirar a La Habana a donde con fastidiosa recurrencia acudía. Y mientras, creyó que era parte de su papel mentir sobre el real estado del enfermo. Nunca imaginó que debería cargar con el sambenito de ser considerado un mentiroso hasta que le toque desaparecer de la escena.

Y allí está, sin saber qué hacer ni para dónde coger. Consagrado por los suyos como Presidente, sus primeros pasos no pueden ser más desalentadores, y todo parece indicar que bastante alejados de lo que Chávez hubiera esperado cuando lo escogió. Es una suerte que no esté vivo para apartarlo de la escena.

Chávez lo dejó en la mejor pole position que podría tener. Si debía vencer en una elección presidencial sobrevenida -que Chávez reconoció debería darse en muy poco tiempo- tendría que hacerse conocer con la velocidad del rayo. Y el pobre Maduro creyó que eso le imponía mostrar el video del 8/D en cuanta concentración pública apareciese. No, lo que Chávez parecía sugerir era que “se luciese” en el cargo, y la verdad es que no lo ha dejado de hacer desde entonces, allí están las dos devaluaciones seguidas y sus devastadores efectos, el principal, la paralización de la vida económica del país.

En aquel momento, la oposición aún lamía las heridas de la derrota del 8/0 y como víctima sacrificial acudía a lo que sería la pérdida de importantes baluartes (las gobernaciones del Zulia, Táchira y Margarita). El futuro anunciaba a Maduro una sobrada victoria, pero quisieron remacharla con laapoteosis funeraria que se desataría desde del 5 de marzo.

Como rápido se vería, todos desconocíamos la capacidad de Maduro para malbaratar la herencia de un difunto munificente. Y tanto, que hasta Schemel se sorprendió y con escasa prudencia afirmó que “el desempeño de Maduro merecía ingresar a las páginas de los récord Guinness”.

En efecto, Maduro había arrancado con 20 puntos arriba, mientras la oposición suspiraba porque su único caballo aceptase concursar. Y lo hizo en aquella memorable noche dominical, para realizar una epopeya: mantener lo que tenía, y arrebatarle al chavismo más de 800 mil votos. Según cálculos, Maduro perdía más de 65 mil votos por día. ¡Vaya logro!

En el camino, Capriles crecía en la medida en que Maduro se encogía. Y ese proceso sigue. De nada valió regar la especie de que Capriles se abstendría, para luego, desmentidos, decir que “Capriles se retiraría”. Y así llegamos al histórico traspié del 14 de abril cuando con asombro vimos cómo Maduro perdía de calle las grandes y medianas ciudades del país, quedándose con el monte, mientras la oposición recuperaba territorios perdidos y afianzaba otros.

Proclamado a toda carrera, Maduro comenzó a actuar ¡como si hubiese barrido! Aburridas cadenas con injurias a granel, mientras llama al diálogo y la paz, sólo remachan su pobre imagen por doquier. Se apagaron los cantos de victoria de Arias en Zulia y el rojo rojito que tiñó al Táchira forever, según Vielma, se evaporó.

Y allí está la verdad: el proyecto hegemónico de Hugo Chávez murió por inmersión (de votos) aquel domingo de abril, dejando sólo una triste orfandad sin consuelo y sin remedio. 

Fuente: El Universal

Conseguir lo que "haiga" y a lo que cueste

Por: Profesor Antonio Cova M. (qepd) 

Este fin de semana fue muy frondoso. De nuevas ofertas, de nuevos milagros. Es una lástima que el señor Maduro parece no caer en la cuenta de que millones de sus compatriotas hace ya tiempo que no creen en las maravillas que el poder promete. Si no creen en "gallineros verticales" ni en "cultivos hidropónicos", menos razones tienen para creer en "trenes de cercanías" y demás zarandajas. Ya nos hartamos de oír sobre represas y planes faraónicos que transformarían los llanos de Venezuela, así que no nos vengan ahora con los miles de millones que harán maravilla esos sueños de Caracas conectada por todas partes.

Que el señor de Odebrecht imagine esa obra cumbre que superará lo hasta ahora visto en la ingeniería mundial y que en su portuñol nos transporte a ese momento sublime, es comprensible. Como que comienza a hacerse realidad lo que el efusivo abrazo de la señora Rousseff prometía: los brasileños haciendo el milagro de construir lo que el chavismo es incapaz de realizar. Lo que pasa es que ya la mayoría de este país no cree en nada de eso, así que, señor gerente, no pretenda hacérnoslo tragar. Pero es que, además, si Chávez en catorce años no pudo realizar nada de lo que prometió, ¿cree usted que su "hijo" lo hará en poco más de dos años? Felicitaciones. Nosotros no creemos en nada de eso.

¿Y en qué es lo que creemos? Pues, aunque Ud. no lo crea, en lo que vemos, sentimos y padecemos. Vaya y dése una vueltica por el país y llegará a la misma conclusión. Sobre todo, dése un paseíto por automercados, abastos y las bodegas que aún quedan. Allí está la verdadera Venezuela, y sus verdugos.

Allí se enseñorea el no hay y el eso vale tanto. O si prefiere la jerga científica: el desabastecimiento y la inflación, las dos hermanas siamesas que pueden acabar con cualquier gobierno, mucho más con uno que simula gobernar.

Permítame que traiga a su consideración las aleccionadoras páginas que a esto dedicó el gran periodista norteamericano Theodore White cuando escribió su veredicto sobre el gobierno de Chiang Kai-shek en la China de los años 30 y 40 del siglo XX. "La inflación, afirma, es la obsesionante peste que persigue a todo un país. Es la escondida amenaza que un gobierno desorganizado siempre genera como espada de Damocles sobre aquellos que intentan planificar, ahorrar y actuar con prudencia. Ser honestos en nuestros tratos diarios en medio de una inflación desbocada no tiene sentido y cancelar deudas a tiempo es una locura".

En una situación tal, prosigue, "cualquier funcionario se aprovechará de su posición, hasta que llegue el derrumbe irreversible que ya no puede ser ocultado". Y concluye: "cuando la dinastía Song de China (960-1125) creó el papel moneda, que pretendía pasar como dinero, terminó embarcándose en una ruta que nadie podía controlar. Por ello colapsó en una implosión inflacionaria, como luego lo haría la dinastía mongol que la sucedió. Desde entonces, cada vez que un gobierno ha perecido lo ha hecho en un paroxismo inflacionario, en una tormenta de papel moneda inútil. Y eso se debe a que ese papel no vale nada, pues su valor sólo proviene de la fe que se tiene en el gobierno que lo imprime." (In Search of History, A personal Adventure, Warner Books, N.Y., 1979).

Esta es la única realidad que los venezolanos conocen hoy, y ésta tiene mucho que ver con el señor Maduro. Desde que se encargó todo se ha evaporado de los anaqueles y lo escaso vale ya un ojo de la cara, pues no hay nada más cruel que la acción combinada de las siamesas.

Lo escaso, cuando asoma la nariz, es incomprable y todo mundo comienza a comportarse extrañamente, porque piensan que pueden sacar mejor provecho de lo que guardan con celo. Y primero que nadie los funcionarios, a quienes su oficio y experiencia les convierten en los peores predadores de la comarca.

Venezuela está hoy sin comida, sin medicamentos y sin repuestos para todos los aparatos necesarios, mientras los precios de vivienda, electrodomésticos y vehículos se disparan enloquecidos. ¿Cree el oficialismo que estas malvadas siamesas les permitirán gobernar? ¿En qué país, en qué época?

Y mientras, el tiempo corre, los problemas empeoran y las soluciones se "invisibilizan". El país ya no es aquel que Chávez lograba controlar, o por lo menos donde se permitía el lujo de postergar cualquier solución. Por cierto, ¿se han dado cuenta de lo difícil que ahora resulta entonar socarronamente el estribillo "no hay un 11 sin su 13", desde que vivimos el asombroso 14 de abril?

Amadeo de Saboya

No entiendo nada.
AMADEO de SABOYA

Carta abierta a Escarrá

 










Por: Ricardo Combellas - ricardojcombellas@gmail.com


Apreciado Hermann: No fue fácil para mí escribirte esta carta y menos hacerla pública y abierta. No me dejaste alternativa. El tema trasciende lo personal, pues afecta a todos los venezolanos en esta dura etapa de nuestra experiencia republicana. Cierto que no hemos sido en el sentido castizo de la palabra amigos, pero sí buenos compañeros,  a los cuales les ha correspondido compartir momentos relevantes en nuestras vidas. Así, compartimos aulas universitarias, actividades de promoción política, y ante todo y la estelaridad del proceso constituyente el año 1999.Nos une nuestra formación común socialcristiana. Ambos fuimos discípulos de Rafael Caldera (recuerdo el libro que escribiste sobre la DC, dedicado al maestro y estadista), y laboramos conjuntamente en la Organización Demócrata Cristiana de América. Bebimos en el humanismo cristiano, en las encíclicas sociales, en Maritain y Mounier, haciendo ambos lo posible por incorporar su espíritu a la Constitución bolivariana, siendo que para nosotros, los hombres y mujeres de formación socialcristiana, la política no tiene una legalidad independiente de la ética, muy por el contrario, la política debe guiarse en torno a fundamentos, contenidos y objetivos éticos. Por ende, ni el pragmatismo desasistido de doctrina, ni el oportunismo forman parte de nuestra visión de la política. Además, nos une nuestra vocación bolivariana, sobre lo cual, te lo confieso ahora, aprendí mucho de ti, pues sin mucho menos caer en las garras de los cultores de Bolívar, aprecié la valoración de su pensamiento vivo que tú diestramente sabías insuflar en  discursos y escritos dedicados al Libertador.

El destino quiso que el proceso constituyente nos encontrara nuevamente juntos. Ambos fuimos tal vez los asesores más cercanos al Presidente Chávez en materia constitucional. Participamos protagónicamente en todas las fases del proceso, y asumimos junto a distinguidos compatriotas, bajo tu  atinada dirección, la ardua tarea de redactar en la comisión constitucional el proyecto definitivo de Constitución, presentado  para su sanción por la ANC y su aprobación definitiva, primera vez en nuestra historia, por el pueblo soberano en el referéndum convocado al efecto.

Firmé la Constitución y me retiré nuevamente al  mundo universitario, con mucha frustración por lo que anteveía (los hechos posteriores me dieron la razón) como la entronización de un régimen que interpretaría arbitrariamente nuestra Ley Superior, poniéndola al servicio de sus objetivos autoritarios, reñidos con la axiología constitucional y en desmedro del  postulado que considera a la Constitución por sobre todo como el escudo de nuestras sagradas libertades. Tu postura sobre el particular en estos tormentosos años no la he seguido en detalle, pero sí me constan, pues fueron públicas y notorias, tus actitudes críticas e independientes respecto al régimen, que te llevaron incluso a plantear vigorosamente, “la marcha sin retorno”, como una acción decisiva de desobediencia civil  para proteger la Constitución frente al uso y abuso despótico del poder, dedicado a pisotear los valores y principios por ella consagrados.

En suma, es en resumen el propósito de esta misiva, me extrañaron con desconcierto y desazón, para no decir repugnancia, tus últimas declaraciones, donde le ofreces un espaldarazo  al régimen actual, por cierto atenazado por la mácula de la ilegitimidad, en abierta contradicción con tus posiciones precedentes, enfilando injustamente tus dardos contra la oposición democrática, esa que hoy valientemente defiende, resistiendo con gallardía  la tenebrosa represión, los valores constitucionales. 

Tú, Hermann, conoces tan bién como yo la realidad de un régimen reñido con la Constitución, con sus valores, principios e instituciones más preciados, pues muy por el contrario, y bajo la égida de la dictadura cubana, ha construido una “legalidad” para y anticonstitucional, una “legalidad” carente de legitimidad.

Creo, con Kant, en la conciencia moral del hombre. Su voz interior es terrible; cuando pretendemos huir de ella nos persigue como una sombra. Yo la tengo tranquila, deseo que tú la tengas también.
Afectuosamente, 

Sócrates

Desciende a las profundidades de ti mismo, y logra ver tu alma buena. la felicidad la hace solamente uno mismo con la buena conducta.
SÓCRATES