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jueves, 14 de febrero de 2013

Proclama de los estudiantes encadenados frente al asentamiento del gobierno dictatorial de cuba

 











Enviado: 14 de feb, 2013 2:32 AM

Operacion Soberania: 

Los jovenes venezolanos frente a la injerencia cubana y al gobierno de facto

Ya dos veces hemos estado bajo el yugo de países extranjeros. Primero, fuimos colonia del imperio Español y luego, las dictaduras militares iniciadas por Juan Vicente Gómez, pretendieron ponerle precio a nuestro país y vendérselo a las trasnacionales petroleras. Ahora, por tercera vez, se está entregando a nuestra tierra: se entrega al gobierno cubano, al que se le ha dado la potestad de entrometerse, interferir y decidir constantemente sobre la vida de millones de venezolanos.

Nada más ajeno al venezolano que dejarse quitar su país. Nada más ajeno al venezolano que vivir de rodillas frente a un gobierno extranjero. Nada más ajeno al venezolano que permitir que nos gobiernen personas que no fueron electas por el pueblo.

Ante la sensacion de normalidad que nos quieren imponer desde el Gobierno Nacional; la inaccion y pasividad de nuestra sociedad; y la interesada complicidad de factores de la comunidad internacional, nos vemos obligados a tomar medidas para recordar al pais y al mundo, nuestra situación actual:

Desde el pasado 10 de Enero, Nicolas Maduro pretende usurpar indefinidamente la Presidencia de la Republica para mantener asi los privilegios e intereses de los hermanos Castro en detrimento de los de los venezolanos.

Ningun venezolano puede aceptar pasivamente esta pretension: quien quiera mandar debe contar con los votos y responder solo a los intereses de nuestra nacion.

Nosotros, jóvenes venezolanos, iniciamos la Operacion Soberania para exigir la inmediata restitucion del hilo constitucional respecto al mandato presidencial. Nos encadenamos frente a la sede del poder invasor para desafiar al poderio Cubano y exigir al Gobierno Nacional y a la comunidad internacional el cumplimiento inmediato de las siguientes medidas:

1. Vuelta de la legitimidad a la Presidencia de la Republica: o el Presidente electo manda desde Venezuela o se declara la falta constitucional. Debemos resolver, en los tiempos planteados en nuestra Constitucion, la ausencia del Presidente de la Republica.

2. Cese de implementacion de medidas que atenten en contra del pueblo venezolano: la persecucion politica y la implementacion de medidas economicas, acuerdos comerciales o compromisos internacionales debe quedar suspendida. Ningun Gobierno del mundo debe avalar, y mucho menos ser complice con decisiones ilegales tomadas por un Gobierno de facto.

Mientras estas exigencias no sean cumplidas nos mantendremos en protesta y aumentaremos progresiva y decididamente los niveles de la misma.

Esta es la tercera vez a lo largo de nuestra historia que nos intentan vender, pero esta también es la tercera vez en la que venceremos.

A los pueblos del mundo, les pedimos su solidaridad. Al pueblo Venezolano les pedimos que nos acompañen en la lucha. Aqui estan sus estudiantes, aqui estan sus jovenes.

¡Viva la libertad!

¡Viva la soberanía!

¡Viva Venezuela!

4 de febrero del 2003




Junto a miles que no fuimos cómplices de este desastre.
La No. 501.

Pope

La naturaleza y sus leyes yacían escondidas en la oscuridad: dijo Dios ¡que Newton sea! y todo se iluminó.
POPE, Alexander

¿Le prestaron un libro y no lo ha devuelto?














Excomulgado por robar un libro

Durante la Edad Media, el robo de libros de las bibliotecas eclesiásticas llegó a ser tan frecuente que los monjes franciscanos no tuvieron más remedio que solicitar al Sumo Pontífice que tomara medidas contra los bibliocleptómanos. Haciendo eco a las quejas de los monjes, Pío V en 1568 formulará un decreto fechado el 14 de noviembre que dice lo siguiente:

“Según fuimos informados, algunos espléndidos con su conciencia y enfermos de avaricia, no se avergüenzan de sacar por gusto los libros de las bibliotecas de algunos monasterios y casas de la orden de los Hermanos de San Francisco, y retener en sus manos para su uso, en peligro de sus almas y de las mismas bibliotecas, y no poca sospecha de los hermanos de la misma orden; nos, sobre esto, en la medida que interesa a nuestro oficio, deseoso de poner remedio oportuno, voluntariamente y nuestro conocimiento decidido, ordenamos por el tenor de la presente, a todas y cada una de las personas eclesiásticas seculares y regulares de cualquier estado, grado, orden o condición que sean, aun cuando brillen con la dignidad episcopal, no sustraer por hurto o de cualquier modo que presuman de las mencionadas bibliotecas o de algunas de ellas, algún libro o cuaderno, pues nos queremos sujetar a cualquiera de los sustrayentes a la sentencia de excomunión, y determinamos que en el acto, nadie, fuera del romano pontífice, pueda recibir la absolución, sino solamente en la hora de la muerte.”

Las bibliotecas exhibían copia de esta carta en lugar visible para que los amigos de lo ajeno se lo pensaran dos veces antes de echar mano del manuscrito de turno, sopesando bien los riesgos del fuego eterno a los que se exponían.

La más famosa de estas cartas es la Cédula de Excomunión que está expuesta en la Biblioteca Antigua de la Universidad de Salamanca, conocida coloquialmente como la Salmantina, reproducida en la foto superior, que dice así:

“Hay excomunión reservada a su Santidad contra cualesquiera personas que quitaren, distrajeren, o de otro cualquier modo enajenaren algún libro, pergamino o papel de esta biblioteca, sin que puedan ser absueltos hasta que esta esté perfectamente reintegrada”.

No obstante, no es la única fórmula. Otro ejemplo es la del Monasterio de San Pedro, en Barcelona, un poco más explícita que la de Salamanca:

“Para aquel que robara, cogiera prestado o no retornara un libro a su legítimo propietario, que se transforme en una serpiente en su mano y se la desgarre. Que quede paralizado o todos sus miembros malditos. Que sufra el dolor pidiendo en voz alta clemencia, y que no se le permita recuperarse de su agonía hasta que se descomponga. Permítase a los gusanos de los libros que roan sus entrañas… y cuando vaya a alcanzar su castigo final, permítase que se consuma eternamente en las llamas del infierno”.

De todas formas, parece ser que la excomunión no acababa de echar para atrás a los “mangantes” de turno, ya que era una práctica muy habitual de las bibliotecas de la época el atar los ejemplares con una cadena a las estanterías. Por si acaso.














Seguro anti-robo en mi biblioteca.
Yo no soy muy dado a prestar libros, pero como a veces uno tiene compromisos ineludibles y no tiene más remedio que dejar alguno de vez en cuando, me he hecho unas copias de la “salmantina” a escala reducida, y las introduzco en los libros que presto a modo de marca páginas. Para que si no pensaban devolvérmelo, huelan un poquito el azufre de las calderas de Pedro Botero.


Tomado de: http://www.bibliofiloenmascarado.com