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miércoles, 4 de julio de 2012

Jacinto Convit, humanidad vuelta ciencia










 

PANORAMA.com.ve - Maidolis Ramones Servet - “¡Quítenle las cadenas porque ése es un ser humano!”, gritó un médico residente a dos funcionarios de seguridad armados que traían, en contra de su voluntad, a un paciente a la Leprosería de Cabo Blanco, ubicada en Maiquetía, estado Vargas.

Corría el año 1938 y el médico era Jacinto Convit quien, con apenas 24 años, iniciaba una cruzada contra la lepra que, por amor al enfermo, no abandonaría nunca, ni incluso hoy, a sus 98 años de vida.

“Los enfermos eran aislados a la fuerza, legalmente, pero a la fuerza. Era lo que se llamaba aislamiento compulsorio, donde el paciente e inclusive los familiares sufrían la presión de las autoridades sanitarias”, recuerda el médico venezolano, reconocido mundialmente por haber encontrado, en 1987, la vacuna contra la lepra, una enfermedad históricamente incurable, mutilante, vergonzosa y estigmatizada, desde al menos dos mil años antes de Cristo.

“Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote o a uno de sus hijos los sacerdotes. Y el sacerdote mirará la llaga en la piel del cuerpo; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciere la llaga más profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote le reconocerá, y le declarará inmundo”, se señala en La Biblia (Levítico 13, 1-2).

Para Jacinto, más allá de ser premiado por la Organización Panamericana de la Salud, estar en la lista de los hombres más valioso de la Organización Mundial de la Salud, ser premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica (1987) y tener una nominación al Premio Nobel de Medicina (1988), su mayor logro con sus investigaciones y vacuna es haberle devuelto los derechos humanos a los pacientes con lepra.

“Nunca ha trabajado para ser famoso o reconocido, mucho menos rico. Su trabajo incansable y apasionado ha sido por amor a la humanidad. No es un científico que inspire miedo o distancia. Su presencia es sinónimo de respeto, paz y dedicación”, describió Ignacio Moreno, psicólogo social, quien trabaja directamente con Convit en la producción de herramientas comunicacionales para la difusión de avances científicos.

Jacinto Convit García nació el 11 de septiembre de 1913, en la populosa parroquia La Pastora, de Caracas, fue uno de los cuatro hijos de un español de origen catalán nacionalizado venezolano, Francisco Convit y Martí, y de madre venezolana Flora García Marrero, de origen canario. Se trataba de una familia consolidada, si se quiere pudiente y de consagrados valores, que se vio enfrentada a una sorpresiva crisis económica.

“El papá de mi abuelo perdió la mayor cantidad de su dinero en una especie de fraude o negocio familiar. Fue robado o engañado por otro miembro de la familia. Mi abuelo me cuenta que hubo una época en la que se prestaba los zapatos con los hermanos para poder ir al colegio”, contó su nieta, Ana Federica Convit, a quien con cariño todos llaman “Kika”.

Los ojos, azules y de mirada penetrante de Convit, hubieran preferido quedar ciegos antes de mirar con asco o desprecio a un paciente con lepra o con cualquier otro tipo de enfermedad.

“De niño, me cuenta que lloraba cuándo veía a un enfermo. Poseía una especie de don para sentir lo que el paciente estaba sufriendo y lloraba, lloraba mucho. Creo que colaborar con acabar con el sufrimiento de la humanidad fue lo que lo llevó a ser médico”, afirma Kika.

Es tal su sensibilidad que después de más de 70 años de ejercicio profesional inagotable, ve a un paciente con la misma sensibilidad con que hizo una revisión médica la primera vez: “Los trata con un respeto y una delicadeza increíbles. Otro en su lugar y con tanta trayectoria pudiera pensar que se trata de un enfermo más, pero no, cada paciente para él es único”, reafirmó Ignacio Moreno.

En La Pastora de principio del siglo XX, Jacinto era un niño más. Confiesa que sus juegos favoritos eran el trompo de madera y la perinola. Quienes más influyeron en su vida fueron sus padres, extremadamente dedicados al hogar, y su tía Teté, Enriqueta Callejas, quien vivía con la familia y de quien Convit ha expresado melancólico que “era un ser de esos que forman parte de la historia que pasó y no se volverá a repetir”.

Creció en un ambiente cálido y conservador, cuya familia era asidua a acudir a la misa los domingos.

“Era una iglesia bella... la iglesia de La Pastora. Yo aprendí a leer en una escuelita que dirigía una señora de apellido Betancourt. Después entré al colegio San Pablo, que era una institución familiar comandada por los hermanos cumaneses Martínez Centeno, descendientes del Mariscal Sucre. Allí cursé toda la primaria. Y entonces pasé al liceo (Andrés Bello de Caracas), donde me dio clases Don Rómulo Gallegos. Poca gente sabe que él era profesor de Matemáticas, una materia que conocía muy a fondo. Le saqué 20 puntos. Gallegos no pudo seguir en el liceo porque lo expulsaron del país: eran los tiempos de Gómez”, relató Convit, durante una entrevista.

En una biografía titulada “Convit: un médico en la calle”, el autor Vicglamar Torres, cita la admiración del científico por un hecho natural tan impactante que toca lo mágico: miles de mariposas bajaban de la montaña hacia las calles de La Pastora. “¡Eso sí era una belleza. Era la vida y punto! Nosotros las cazábamos con unas mallitas improvisadas. Con los años, leí a García Márquez. Cien años de soledad estaba cogiendo fama. Cuando leí lo de las flores amarillas, dije: ¡Hum!, éste como que vivió en La Pastora!”.

Pese a las precariedades, Jacinto logró inscribirse en la Universidad Central de Venezuela (UCV), el 19 de septiembre de 1932, recién cumplidos los 19 años.

“El rector era (el médico venezolano) Plácido Rodríguez Rivera, nombrado por Juan Vicente Gómez. Fue nombrado por un dictador y era un hombre sólido, fuerte de carácter, muy educado, pero nada de injusticias y cosas de la dictadura”, relata Convit.

El día de las inscripciones en la universidad, Jacinto iba junto a un grupo de alumnos nuevos por las escaleras, rumbo al segundo piso del edificio, donde se realizaba el papeleo. “Ésta es una casa de estudios y de respeto”, les dijo Rodríguez Rivero. “Entonces la cosa era como que importante para aquella época. No sabíamos que era el rector, pero estaba allí, parado al final de la escalera”, describe.

Pasado el segundo año lo trasladaron al Hospital José María Vargas para hacer estudios químicos, anatomía topográfica y autopsias.

Cada día su afán de estudio aumentaba. Después del cuarto año se le asignó a él y a su grupo de compañeros el cuidado de los enfermos del hospital.

Era un hombre de contextura gruesa y rasgos atractivos que, en 1937, cautivó la mirada de una enfermera llamada Rafaela Martota D'Onofrio , quien flechó su corazón por siempre y para siempre. “Mi abuela, era una joven muy bonita. Con una silueta bien formada y un pelo negro muy cuidado. Ella le regaló una foto cuando él se internó en la leprosería para que siempre, a pesar de la distancia, recordara lo linda que era”, relata Kika.

Siendo estudiante de medicina, Convit hizo una visita a la Leprosería de Cabo Blanco y quedó impresionado. “Fue una visión profundamente dolorosa. Era un grupo muy grande de pacientes. No tenían tratamiento y estaban execrados, rechazados por una sociedad profundamente egoísta, incapaz de entender el dolor humano. Entonces, en esa oportunidad sentí un gran deseo por trabajar con esa gente, de ver qué se podía hacer por ellos y me decidí a a trabajar en los aspectos médicos de esa enfermedad”, describió Convit, durante el programa Los Imposibles, del escritor venezolano Leonardo Padrón.

Josefina Fernández, de 88 años y una de las pacientes de Jacinto Convit en el leprocomio, confirma la tragedia social, y sanitaria de la lepra: “Llegué a Cabo Blanco de 8 años. La gente joven no se imagina lo que es un flagelo así, que hasta tu familia te reniegue y te encierren. El doctor buscó curarnos de todas las formas posibles. Nos alivió el cuerpo y el corazón”.

La imagen de ese lugar de enclaustramiento y destierro social quedó plasmada en la memoria de Convit. “Eran seres condenados a un aislamiento impuesto por la ley, separados de sus familias, y que tenían que adquirir una nueva personalidad: la del enfermo de lepra”, contó.

Un año después, ya a punto de graduarse, los médicos Martín Vegas y Pedro Luis Castellanos le ofrecieron el cargo de médico residente de la leprosería. Para cualquiera hubiera sido un castigo, para Convit, un sueño hecho realidad.

El sueldo, lo de menos para Jacinto, era de 1.500 bolívares mensuales. Sin pensarlo dos veces lo aceptó y una vez adentro no paró de trabajar. Conviviendo con los enfermos, compartiendo su dolor y luchando por conseguir la cura de la enfermedad que los aquejaba. Durante 15 años, se aisló como un paciente de lepra más.

“Él es un hombre ajeno a los problemas. No le gusta que nadie le llegue con conflictos. Pide y trabaja soluciones”, expresó Elsa Rada, bióloga inmunoparasitóloga, quien trabaja en investigaciones con Convit desde hace 32 años.

La leprosería era una inmensa casona, hecha en 1906, durante el gobierno de Cipriano Castro, albergaba a 1.200 pacientes recluidos.

Jacinto cuenta, con la voz ronca y pausada que lo caracteriza, que los pacientes eran literalmente capturados donde vivían y trasladados allí. “Los que venían de zonas distantes eran traídos en barco y los de zonas más cercanas, en camión”.

El médico recuerda que la gente era “capturada” solo por sospechar que padecían la enfermedad. “Se tapaban los espejos, como si el reflejo del mal fuese a contaminar hasta las sombras”.

El paciente por el que Convit gritó a los funcionario de seguridad sanitaria venía de Maturín. “Eran como las tres o cuatro de la mañana. Llegó encadenado y acompañado de dos hombres armados. Yo me ofusqué. Los dos hombres me obedecieron y lo soltaron. El paciente estuvo relativamente poco tiempo. Como a los cuatro meses, se fugó de la leprosería. Era un ambiente inaguantable”, reafirma el científico.

“Había gente extraordinaria, pero contagiada. Más que una medicina, a veces necesitaban una conversación. A veces regañaba hasta al cura, porque se le pasaba la mano. Recuerdo que le decía: ‘ellos también son feligreses”, relató.

La lepra se trataba con aceite de chaulmoogra y se aliviaba el dolor con derivados de morfina. El aceite lo refinaba un danés, Jorge Jorgesën, químico experto que había participado en la guerra mundial. Pero el enfermo no se curaba, debía encontrar un tratamiento más eficaz.

En 1945 fue a Brasil, donde intercambió información con los estudiosos de la materia en el vecino país. Allí encontró 22.000 enfermos de lepra, también con múltiples problemas.

A su regreso fue nombrado médico director de las leproserías nacionales, cargo que desempeñó hasta 1946. Ese mismo año fue designado médico director de los Servicios Antileprosos Nacionales, y desde julio de 1946, médico jefe de la División de Lepra; correspondiéndole por tanto organizar toda la red nacional de lucha contra la lepra.

“Después de mi viaje a Brasil, llegué a la conclusión de que era necesario cerrar las leproserías como procedimiento de lucha contra la enfermedad”, afirma.

“Me acerqué a la Universidad Central y hablé con un grupo de estudiantes, jóvenes que estaban cursando cuarto y quinto año de medicina, y los engatucé. Les dije que juntos podíamos hacer un trabajo muy importante como era eliminar la hospitalización compulsoria. Catequicé a ocho o nueve estudiantes que trabajaron conmigo en la leprosería durante largo tiempo”, recuerda el médico.

Un alivio para el alma, en medio de tanta lucha apasionada era Rafaela. Luego de 10 años de amores, el 1 de febrero de 1947 se unió en matrimonio con ella para formar una pareja sólida, que pudo contar más de 60 años de compartires. De la unión nacieron cuatro hijos: Francisco (1948), Oscar (1949), Antonio y Rafael (1952), quienes son gemelos.

En el libro Testimonios de Éxitos, de María Jesús De Alessandro Bello, Jacinto describió a Rafaela como “una persona de carácter y organizada en su casa en una forma especial. Le enseñamos a los muchachos cómo se debían comportar, cómo debían trabajar y la respuesta que han dado ha sido satisfactoria”, explicó.

La leprosería cambió lentamente desde que Convit dio en ella su primer paso. Día a día, acto tras acto, ya no era un edificio oscuro donde el paciente era un ser apartado. Los enfermos se convirtieron en parte del personal de trabajo. Jacinto Convit les tendió la mano de igual a igual. Se hizo su amigo. Conformaron un equipo. Se sentían útiles trabajando en pro de una causa: acabar con la enfermedad.

“Cuando cumplí 13 años, Convit ingresó de pasante. Lo recuerdo alto, buenmozo y de grandes ojos azules. Crecí oyendo sus charlas, viendo sus investigaciones, pero nunca pensé que me curaría”, confiesa Josefina Fernández.

Pero Jacinto demostró que sí había cura. Había conformado un equipo multidisciplinario con los mismos pacientes, los ocho estudiantes de medicina, una farmacéutica de nombre Elena Blumenfeld y una laboratorista de origen argentino, que había llegado a Cabo Blanco durante una visita que efectuó el “Che” Guevara con el objeto de ver la leprosería. “Hablé muy poco con el “Che” Guevara porque apenas pasó una noche en Cabo Blanco: al día siguiente se iba, creo, a Bolivia. (el bioquímico, amigo del Ché, Alberto) Granado se quedó un año y se fue después a Cuba”, explicó.

El doctor Antonio Wasilkouski, un farmacólogo polaco, montó un pequeño laboratorio para producir medicamentos.

“Los estudiantes nos ayudaron para organizar la forma cómo debíamos transformar a Cabo Blanco, primero en un centro de tratamiento al enfermo de lepra, no en un centro de esos de discusión de si debían o no casarse, nada de eso. Lo que íbamos a hacer era organizar a Cabo Blanco como un centro de tratamiento y curación de la enfermedad”, afirmó.

“Hicimos contacto con otros países como Brasil, Filipinas e Inglaterra, que tenía muchas colonias donde habían leproserías. Se determinó que la Diamino-Difenil-Sulfona (el llamado DDS, que era activo contra las microbacterias) era un medicamento básico importante para la curación. Posteriormente agregamos otra droga que era la clofazimina. Con esos dos medicamentos, tratamos a 500 pacientes de la leprosería y en un plazo de dos años, se curaban. Fue una verdadera revolución”, describió el científico de una memoria inagotable y sorprendentemente lúcida.

Convit, que al hablar de sus investigaciones siempre lo hace un plural, aclarando que todo los estudios en su vida han sido producto de un trabajo en equipo, presentó al Gobierno un nuevo plano de cómo debería realizarse el control de la enfermedad.

“Ese nuevo plan, era principalmente tratar a los enfermos en las áreas donde vivían para no separarlos de la familia y evitar esa tragedia que era trasladar a una persona a la fuerza a un hospital abandonando a su familia”, describió.

Con resultados en mano y un placer casi divino, el equipo de Convit se dirigió a las autoridades del, entonces, Ministerio de Sanidad para decirles: “Miren, se está cometiendo un error grave al aislar compulsoriamente a estas personas. Separarlos de sus seres queridos crea una gran tragedia en los grupos familiares y nosotros encontramos una solución”.

La consecuencia inminente de este importante descubrimiento fue el cierre de los dos leprocomios nacionales: la de Cabo Blanco y la de Providencia (Zulia), que albergaban dos mil enfermos. Venezuela fue el primer país en el mundo en cerrar las leproserías, que pasaron a ser, a mediados de los 60, servicios antileprosos nacionales.

El procedimiento ideado por los venezolanos fue la base para desarrollar el tratamiento de lepra en todos los países endémicos.

La pasión de Jacinto era compartida por su esposa Rafaela, una compañera fiel, abnegada y a quien consideraba “cariñosa, madre abnegada y apasionada. Un modelo de mujer que ya no hay”. Con ella también enfrentó un terrible momento de dolor. A los 28 años, su hijo Oscar Miguel, economista administrador graduado en Houston University, falleció en un accidente de tránsito.

“El primer impacto fue tremendo. Me causó un dolor profundo. La mamá estaba muy afectada”, señala Jacinto Convit, quien tuvo que tomar valor y mostrar una actitud serena para guiar a la familia a sobrellevar el dolor inconsolable de una muerte tan pronta, cercana, inesperada y trágica.

Ignacio Moreno considera que este fallecimiento, ocurrido a finales de la década de los 70, impulsó más a Convit a concentrarse en el microscopio, a distraer el dolor con la búsqueda de soluciones para mejorar la vida.

Sus otros tres hijos también han desarrollado el ejemplo trabajador de Jacinto: Antonio es psiquiatra y Rafael es cirujano plástico, ambos viven en Estados Unidos, donde trabajan en el Manhattan Psychiatric Center, y en el Washington Hospital de la Universidad de Washington, respectivamente. Francisco, el padre de Kika, es el único que vive en el país y se ha dedicado al comercio y a una finca donde cría caballos.

Jacinto fue impulsando la importancia de la investigación científica hasta lograr la creación del Instituto de Biomedicina, ubicado en Vargas, el 22 de octubre de 1984. Se trata del anterior Instituto Nacional de Dermatología, que desde siempre ha dirigido Convit.

Cuando se visita el apartamento del doctor Convit o su oficina, en medio de una sorprendente sencillez y los libros de ciencia, llama la atención una figura repetida de mil maneras, materiales y formas: ¡un cachicamo!

También llamado armadillo, el cachicamo es considerado el único animal capaz de infectarse con el mycobacterium leprae, bacteria que provoca la lepra.

Los cachicamos decorativos en madera, arcilla y piedra vienen de las manos de amigos y pacientes que viajan y no pueden evitar relacionarlo con Convit, estudiando los aspectos relacionados a la lucha antileprosa.

El descubrimiento de la importancia de este animal en la investigación fue aporte de la científica norteamericana Elenora Stors, quien descubrió la lepra en un tipo de armadillo en EE UU.

Convit inoculó el bacilo de la lepra en estos animales y obtuvo el Mycobacterium Leprae, que mezclado con la BCG (vacuna de la tuberculosis), produjo lo increíble: la vacuna.

“La vacuna impulsada por el doctor no solo era curativa. También preventiva. Fue el fin de un estigma milenario. Un aporte indescriptible para la sociedad y los pacientes con lepra de todo el mundo”, expresa con una admiración fraternal Elsa Rada, quien guarda, como tesoro, todas las indicaciones que el doctor Convit le enviaba, entonces, en noticas de papel escritas a manos.

Posterior al descubrimiento de la lepra, el hombre, que jamás ha ejercido la medicina privada porque la considera contraria a su carácter, se dedicó a atacar la leishmaniasis, enfermedad zoonótica, cuyas manifestaciones clínicas van desde úlceras cutáneas que cicatrizan espontáneamente, hasta formas fatales con inflamación severa de hígado y bazo.

“Desarrollamos una vacuna compuesta con el parásito de la leishmaniasis, que es la leishmania, con el BCG. El tratamiento se hacía, entonces, con los antimonales pentavalentes, que son medicamentos muy caros. Preparamos esa vacuna y le economizamos al país dos millones de dólares por año”, dijo Convit.

Nunca ha dejado de trabajar. Así de simple lo resumen sus compañeros, amigos y colaboradores.

“Cuando yo llegué aquí, el doctor Convit tenía 77 años. Me advirtieron que me prepara porque trabajaba mucho, sobretodo, trabajo de campo. Yo, sinceramente, vi que era un señor mayor y me dije: ‘¿Será que dará la batalla?’. Pero no solo la daba. Era una energía y una vitalidad increíbles. Era el primero que se montaba en el carro. Nos íbamos a las zonas rurales a hacer chequeo de los pacientes. Visitábamos muchos. Nosotros nos alegrábamos cuando la señora Rafaela nos acompañaba porque ella era la única que se atrevía a regañarlo: ‘Pero Jacinto, ¿tú no piensas dejar denscansar a los médicos?’, le decía”, rememora Héctor De Lima, biólogo que trabaja en leishmaniasis en el área de epidemiología e investigación.

Lo que más sorprende a Héctor es la capacidad de entendimiento de Convit. “Siempre hacemos planes a largo plazo. Hace cuatro años hicimos un plan para dentro de 10 años. Tiene toda la carga administrativa del instituto, los compromisos laborales y además está pendiente de todas las investigaciones que se realizan. Puede estar hablando contigo y firmar un papel para otra cosa y luego atender otra persona que le hablará de otro tema totalmente distinto. A pesar de sus años, nunca se ha pensado en sustituirlo y creo que alguien que lo sustituya como tal no lo habrá”.

El espíritu inagotable, que lleva a cuesta un cuerpo que nunca ha saboreado una calada de cigarrillo, ni tomado una copa de alcohol; causó un revuelo social y médico en 2010, cuando una investigación que había iniciado cuatro años atrás se dejó colar a los medios de comunicación: Convit trabaja en una autovacuna experimental contra el cáncer, enfermedad crónica degenerativa que implica un descontrol en la multiplicación de las células y la responsable del 21% de las muertes anuales en el mundo.

El revuelo por la filtración de la información acaparó la atención de medios, especialistas y pacientes. Su nieta Kika acababa de llegar de Estados Unidos y se unió al grupo de trabajo.

El tratamiento se basa en la combinación de células cancerígenas procesadas e inactivas del paciente, junto con el BCG. “Al aplicarla hemos notado una estimulación inmunológica al organismo para localizar las células tumorales y, en algunos casos, neutralizarlas”, explicó Convit. En medio de críticas y aplausos, el estudio se ha llevado a cabo con un reducido grupo de pacientes en los que ha tenido resultados satisfactorios.

Pero desde el año pasado, el Instituto de Biomedicina ha extrañado la presencia de Convit, próximo a cumplir 99 años.

En mayo de 2011 fue sometido a una cirugía a estómago abierto por una úlcera perforada. Una intervención riesgosa para una persona de cualquier edad.

“El cirujano que lo operó, casualmente, es amigo mío y estaba muy preocupado. Me dijo que tenía miedo por su edad, pero ya a la semana el doctor Convit estaba en su casa”, cuenta Héctor De Lima.

Sin embargo, un mes después recibiría un golpe mucho mayor. Rafaela, su compañera de toda la vida, falleció a los 90 años producto de un enfisema pulmonar. “Creo que eso fue lo que más le pegó al doctor. Ellos eran el uno para el otro. Una pareja ejemplar. Él estaba muy pendiente de ella y ella de él”, señala De Lima.

Kika señala que su abuelo es poco asiduo a hablar de situaciones tristes, por lo que la muerte de su hijo y la de su esposa no son temas de conversación que salgan a flote. “El año pasado fue duro para mi abuelo. Mi abuela era una mujer muy astuta y lúcida. La que recordaba todas las fechas y acontecimientos de la familia. Sin embargo, mi abuelo ha aguantado y está fuerte”, dijo la nieta.

Jacinto continúa, desde su apartamento, firmando los documentos del instituto y reuniéndose con los investigadores para conocer los avances de los trabajos. Pero todos manejan la expectativa de verlo entrar nuevamente a la edificación con el culto a la sencillez, al respeto y al amor que lo caracterizan.

“Para mí es un santo. Nunca le ha cobrado a un paciente ni un céntimo. Al contrario, a veces les daba dinero a los de pocos recursos. Es un honor trabajar con él y haberlo conocido. No creo que vuelva a ver a otro como él, ni siquiera creo nazca alguien igual”, dijo Julio Urdaneta, fotógrafo del Instituto de Biomedicina.

Convit está en su apartamento, como lo ha dicho en otras oportunidades, el premio Nobel no le quita el sueño, la cura contra el cáncer sí.

“Dedicó cuerpo y alma a luchar contra la lepra. Tengo mucha fe en sus investigaciones. Si venció la lepra, seguro que lo hará con el cáncer”, dice Josefina Fernández, una de las pacientes de Cabo Blanco, de esos enfermos por los que Convit era capaz de ofuscarse ante un funcionario de seguridad sanitaria, como lo hizo ante aquella imagen del leproso encadenado que, gracias a Jacinto, ningún venezolano tendrá motivo de presenciar jamás.

Sananes

El poder es una metáfora de la muerte que se instala entre los párpados y le roba a la vida toda su certidumbre. Es un espacio sin vacíos, que revienta todo a su alrededor hasta reventarse a sí mismo. Sólo que cuando eso ocurre otro poder lo sustituye y el ciclo se repite interminablemente, porque no hay aún quien lo detenga. mery sananes

Como mejorar sus frituras

Fuente: www.alimentacion-sana.com

Los alimentos fritos gozan de gran popularidad y tambien de mala fama. ¿Como disfrutar las frituras y no sacarlas del menú?
El arte de freír incorpora mucha sabiduría dependiendo de los preparados y otras características que pretendamos conseguir con la fritura.
Consejos generales para freír:
  • El aceite al ser expuesto a altas temperaturas se oxida, hecho a través del cual pierden sus propiedades positivas para la salud. Por lo tanto primero será importante elegir aceites que toleren bien las altas temperaturas. El aceite de oliva y el de cánola son aceites ideales para freir. Cuando los aceites llegan al punto de humeo -temperatura en la cual liberan un humo blanco- esto significa que el aceite se ha descompuesto, modificando su estructura y generándose productos dañinos. Es tambien importante que el aceite no haya sido utilizado previamente, ya que con el uso se hacen más viscosos y cuanto más viscosos, mayor es la absorción por parte del alimento.
  • Es importante partir del aceite bien caliente para que se forme rápidamente una costra en el alimento y no se absorba un exceso de aceite.
  • Los alimentos deben estar secos (de los contrario, con agua o líquidos salpicará
    fuertemente)
  • Deben tener un tamaño apropiado, evitando las dimensiones excesivas que impidan que la temperatura alcance el centro de la pieza y no se haga bien en su totalidad.
  • No debe taparse el alimento mientras se fríe o tras ser frito.
  • Se recomiendan los recipientes de acero inoxidable o teflón a los de hierro. Son adecuados los recipientes profundos de boca pequeña, utilizando siempre una cantidad suficiente de aceite para que el alimento quede totalmente sumergido en el mismo.
Sugerencias adicionales
Para preparar una nueva sartén, volcá dos cucharadas soperas de aceite en la sartén y llevalo a alta temperatura, justo antes de que comience a echar humo. Dejalo cocinar y luego sacá el aceite y limpia la sartén con un repasador o papel para la cocina.
Cómo evitar las salpicaduras y adherencias:
  • Cuando vayas a freír, calienta siempre la sartén antes de echar el aceite o la mantequilla. Con este método no se pegan ni los huevos.
  • Para evitar las salpicaduras, espolvorea la sartén con un poco de sal.
  • Cuando compres una sartén nueva, primero hierve vinagre en su interior para evitar que la comida se pegue.
  • Cuando frías, pon un colador de metal invertido sobre la sartén. Esto permite que salga el vapor, pero evita que la grasa salpique.
  • Si pones una rebanada de tocino en el fondo de la sartén, la carne no se pegará.
  • Si los panecillos se pegan al molde de aluminio, pon el molde caliente sobre una toalla húmeda. Se despegarán perfectamente.
¿Cómo freír correctamente los alimentos?
Parece sencillo. Pero en realidad entraña su pequeña parte de técnica. Y es que para freír un alimento y que quede bien crujiente y sabroso no es suficiente con introducirlo en aceite y dejar que se haga.
  1. Utilizar, siempre que se pueda, aceite de oliva limpio y sin reutilizar. El exceso de utilizaciones crea en la grasa elementos nocivos para la salud.
  2. No sumergir los alimentos en el aceite hasta que éste se encuentre a la temperatura adecuada. Si el aceite está demasiado frío, los alimentos se empaparán hasta su centro en él y no quedarían crujientes. La inmersión en el aceite muy caliente crea una costrita externa que evita que el aceite penetre hacia el interior y que el vapor de agua salga al exterior, con lo que quedan crujientes y jugosos.
  3. Cuando tengamos grandes cantidades de alimentos a freír, debemos resistir la tentación de echar muchos a la vez. Esto provocará la rápida caída de la temperatura del aceite y la inadecuada fritura.
  4. Siempre que sea posible, los alimentos deben quedar completamente sumergidos en el aceite durante su fritura.
  5. Determinados alimentos ricos en agua, como los pescados, deben ser recubiertos de una película de harina y, si se quiere, huevo y pan rallado; si no, el vapor de agua ocasionaría que no se pudieran dorar y freír adecuadamente. Como norma general, determinados alimentos como el pescadito, croquetas o patatas fritas (cuando queremos que éstas sean crujientes), deben freírse a temperaturas próximas a 180º C. Otros alimentos con mayor contenido acuoso (verduras, pimientos, pescados enharinados, rebozados o empanados) deben freírse a una temperatura ligeramente menos elevada (alrededor de 160º C). Temperaturas más bajas deben emplearse para determinados alimentos que por su grosor tardarán más tiempo en cocinarse o que requieren de una fritura más lenta, éstos se cocinarán a 140º C.
  6. Para saber si el aceite está caliente, se puede echar una miga de pan o, si nos gusta el sabor, un diente de ajo entero. Si nos cae agua en el aceite y empieza a chisporrotear, echamos un poquito de sal que absorberá el agua.
  7. Cuando cocines arroz o fideos, rompé un huevo dentro de la sartén y revolvé ates de agregar el arroz o los fideos. Mezclá bien el huevo. Esto evitará que se pegue.
  8. Pasá el pollo o cerdo por harina antes de freír.
  9. Cuando estás cocinando carne y vegetales, siempre colocá los vegetales primero.
Los mejores huevos fritos
Habría que calificarlos como "plato nacional", pero son más que un plato. Representan un símbolo, una identidad nacional que se extiende en la literatura, en la política y en la historia de España y, sobre todo, en la forma de ser de los españoles. Habría que definirlos como la conjunción interactiva de los huevos y nuestro castizo aceite de oliva. Sin olvidar, las patatas fritas.
Forma de freír un huevo
Freír un par de huevos parece muy sencillo. Pero algo tendrá el asunto cuando algunos de los maestros de la cocina suelen afirmar que un buen cocinero pasa su examen si sabe "freír bien un huevo". La maestra Simone Ortega muestra su mejor ingenio y sabiduría al describir en su excelente libro "1.080 recetas de cocina" la manera de hacer huevos fritos. Dice:
  • Para freírlos bien: hacerlos de uno en uno (si hay que hacer varios, coger varias sartenes): sartén pequeña con bastante aceite.
  • "Cuando echa humo se echa el huevo que se tendrá cascado en una taza".
  • "Con la espumadera se va echando aceite por encima"
  • "Cuando el huevo queda suelto y flotando en la sartén, se saca con la espumadera, quedando a punto de servir".
  • Se deben salar los huevos después de sacados del aceite (pues éste saltaría y podría quemar"
El huevo frito soñado de Ferrán Adrià
Pero si creen que la cosa queda aquí se equivocan. Hasta Ferrán Adrià se ha ocupado del tema. En el libro 70 recetas muy personales (Junta de Andalucía), el maestro mundial da la receta de "El huevo frito soñado". Vean:
Ingredientes: 2 huevos, aceite de oliva, sal.
Preparación:
  • "A uno de los huevos le quito la yema y frío sólo la clara en una sartén con le suficiente aceite de oliva como para que no toque el fondo y se pegue. La dejo que fría bien hasta que queden puntillitas"
  • "La pongo sobre un plato y ahora hago lo contrario con el otro huevo: le quito la clara y frío sólo la yema, pero muy poquito, sólo lo justo para que coja color".
  • "Esta yema la coloco sobre la clara anterior y así consigo el huevo frito soñado por muchos"
Sólo en un laboratorio puede llegar a precisarse una fritura tan perfecta tanto de la yema como de la clara. Gracias Ferrán.
Las deseadas Papas Fritas
Ingredientes:
  • 1 litro de aceite de oliva
  • 1 kilo de buenas patatas (que no sean harinosas ni viejas)
  • Sal
Preparación (patatas fritas finas, redondas, de paja...)
  • Paso 1: Pelar las patatas, cortarlas finas del mismo tamaño, lavarlas bien y dejarlas a remojo una media hora en agua fría. Por último, secarlas muy bien con un paño.
  • Paso 2: Utilizar un sartén honda o freidora. Echar el aceite de oliva. Dejar calentar. Poner la patatas poco a poco en el aceite caliente y freírlas hasta que estén doraditas. Removerlas de vez en cuando.
  • Paso 3: Poner las patatas fritas en un escurridor y espolvorearlas con sal muy fina.
Trucos y secretos para freír las papas o patatas
  1. Cuando las patatas ya estén fritas, pero sin dorar, sacarlas entonces y escurrirlas. En el momento de servirlas se calienta más el aceite se vuelven a echar hasta que estén bien doraditas. Así se consigue que las patatas estén doradas y crujientes en el exterior y blandas en el interior.
  2. No poner excesivas patatas en la sartén. Han de estar holgadas, sin 'nadar' pero cómodas, manteniendo su "individualidad".
  3. Para conseguir que las patatas a rodajas gruesas salgan bien: Poner las patatas en aceite a una temperatura de 100 a 100º. En le momento e ir a comerlas poner el aceite a una temperatura de 180º para dorarlas
Preparaciones fritas
Modo de freír cualquier Pescado
Se escama y se limpia bien el pescado, lavándolo en varias aguas, se sazona con sal y zumo de limón verde y en el momento de freírlo se espolvorea con harina de Castilla, se echa en aceite frito solamente tibio para que el pescado se cocine bien por dentro, debe freírse hasta que quede bien tostado.
Esto merece atención porque la mayor parte de los cocineros creen que el pescado debe freírse echándolo en manteca o aceite muy caliente, pero entonces resulta que el pescado queda muy bonito por fuera pero crudo por dentro.
Tomates Fritos en conserva
Ingredientes:
  • Los tomates que se quieran conservar
  • Aceite de oliva
  • Romero u otras hierbas aromáticas de temporada
Preparación:
Esta receta es aconsejable hacerla usando el termomix, pues si no da bastante trabajo, no obstante es tan rico lo hecho en casa que vale la pena. Se puede aromatizar con ramitas de romero, u otra hierba aromática temporada.
Paso 1: No hace falta pelar la fruta pues se tritura entera y se cuela pasándola por el colador del termomix.
Paso 2: Con el jugo resultante se pone una cazuela honda con aceite y cuando esta caliente se le añade si se quiere el romero o las hierbas, en caso contrario directamente el tomate.
Paso 3: Una vez que se ha reducido el jugo se envasa cerrando bien y al baño maria, los veinte minutos consabidos. Nada de sal.
Pasta frita
Ingredientes:
  • 200 gr. de harina
  • 2 cucharadas soperas de aceite de oliva
  • 2 vasos de agua tibia
  • 2 claras de huevo
  • 5 gr. de levadura (facultativa).
Preparacion:
Se calienta el recipiente en el que se introduce la harina tamizada, se hace un pozo en la harina y se vierte en él el aceite, la sal y el agua tibia (en la que se disuelve la levadura), diluyéndolo todo vivamente con la mano. La pasta debe cubrir las paredes del recipiente (la proporción de agua es variable según la calidad de la harina). Se acumula la pasta en el fondo del recipiente, se cubre éste con un plato y se deja en lugar bastante templado durante 3 o 4 horas. En el momento de utilizar la pasta, se incorporar con cuidado las claras batidas a punto de nieve muy firme.

A ciegas y con alto costo





Cristina Kirchner y Dilma Rousseff, las poderosas presidentes de Argentina y Brasil, aprovecharon la injusta suspensión de Paraguay para agraciar a su maniroto amigo Hugo Chávez forzando la entrada de Venezuela a Mercosur en condiciones donde todos pierden. Para comenzar, pierde Mercosur al salir institucionalmente debilitado, dado que para congraciarse con Chávez se violó el Protocolo de Asunción firmado en 1991, que exige un consenso unánime en las decisiones de la unión. Por una parte, aunque Paraguay fue suspendido transitoriamente (en retaliación a la destitución constitucional del presidente Fernando Lugo que hiciera la mayoría casi absoluta del Congreso de ese país) sigue siendo miembro pleno y, por ende, está vigente la oposición del Senado paraguayo a la entrada de Venezuela a Mercosur. Por otra, según reveló el Canciller de Uruguay a la prensa internacional, la presidente de Brasil habría tenido una intervención “decisiva” en el ingreso de Venezuela a Mercosur, sin darle derecho a pataleo a Uruguay para exponer sus argumentos en contra. Para Venezuela, la entrada a Mercosur sin las previas negociaciones y acuerdos traerá terribles consecuencias para el país, y en especial para su ya menguado sector privado de la economía. Como es lo usual cuando un país se adhiere a alguna instancia de integración regional se negocian producto a producto las condiciones y los aranceles, siendo que la mayoría de las veces se acuerda que éstos deben llegar a Cero a los pocos años y en muchas ocasiones se exceptúan los productos sensibles a la economía del país que ingresa. El caso es que siempre se buscan beneficios mutuos de los integrantes de la unión. Con el apuro, nada elegante ni civilizado, de la entrada de Venezuela a Mercosur, no está claro qué negociaciones se han adelantado, ni qué protecciones se han acordado, de las miles que deberían haberse concretado. La confusión y la desinformación incluso hace que no se conozca con claridad cuál será el plazo para aplicar los aranceles, unos hablan de dos años, otros de cuatro, otros que aplican de inmediato. A ello se le auna la cruda realidad de la Venezuela “revolucionaria”: 1) Un sector productivo derruido que poco exporta y que ni siquiera logra satisfacer su demanda interna, especialmente el de la agroindustria. 2) Una economía soportada en importaciones. Lo que queda claro es que Venezuela enfrentará múltiples amenazas, en una unión que no le es favorable, en especial al sector agroindustrial y a las pequeñas y medianas empresas que, como si no les bastara el cerco político y económico del Gobierno venezolano, ahora deberán enfrentarse con todo un emporio empresarial de Argentina y Brasil. Pensar que el precio para llegar hasta esta orilla, fue abandonar una de las uniones aduaneras regionales más exitosas del mundo como es la Comunidad Andina de Naciones, donde la economía venezolana se complementaba con la de sus pares andinos….Cosas de la visión revolucionaria de Chávez.

Ser venezolano


Por: Laureano Márquez - Nosotros porque ya no lo tomamos en serio, entre otras cosas porque sabemos que esto no es la Alemania nazi, que los métodos de aquella, que en efecto se aplican, están matizados por el trópico que todo lo corroe (lo bueno, pero también lo malo, gracias a Dios. Alguna compensación tendría que tener este caos). Uno sabe que aunque aquí se decidiera la construcción de cámaras de gas para exterminar a esa mitad de la población para hacerle caso a Consultores 21 a la que se considera enemiga de la patria, no venezolana, no humana, la corrupción no permitirá la construcción de cámaras eficientes, que alguien se robará el presupuesto del techo y el gas se escapará por las rendijas mal tapadas, pero tampoco habrá gas venenoso, porque el contratista encargado de suministrar el Ciclón-B, para meterse el doble del billete, llenará las bombonas de aire y al final todos saldremos vivos y fortalecidos de la ducha. Pero además, los encargados de mandarnos a “la solución final”, estoy seguro, se compadecerían de nosotros y nos ayudarían a escapar.

Lo anterior no atenúa la gravedad del comentario. Para que esa mitad de la población que tiene derecho a la vida lo entienda, imagínense que el Dr. Caldera hubiese dicho: “todo el que no es calderista no es venezolano”. ¿Qué creen ustedes que habría pasado?, ¿qué creen ustedes que habrían dicho los que hoy aplauden este comentario desde el gobierno? ¿Qué habría dicho la monja benedictina y doctora en Salud Pública, Teresa Forcades i Vila y la izquierda francesa? ¿Qué habría dicho el que te conté mismo si pudiese viajar en el tiempo y verse ahora desde la futurología del pasado, desde una época en contra de la cual insurgió? ¿Se habría reconocido? Por más que uno sepa que no lo van a exterminar, el genocidio de la palabra también surte su efecto.
La imaginación vuela. Yo saqué mi cédula y la contemplé y pensé: “¿será que me la van a cambiar, que me le van a poner un asterisco o algo?, ¿no es acaso la lista de Tascón nuestra estrella de David?”. Uno sabe que todo es jodiendo: que aquí nadie se va a suicidar con cápsulas de cianuro por el susodicho, perdiéndose el goce de ingentes fortunas mal habidas, que no hay clima para trenes repletos, que no habrá Tubinga, tan solo porque la obvia rima de la echaderita de vaina desarmará el campo antes de que comience. Pero igual entra un friíto. Si no soy venezolano, ¿qué soy? ¿Qué son esos 20 mil votantes de Miami? ¿Qué es ser venezolano en definitiva?
Ser venezolano es ser educado, no insultar a nadie salvo casos extremos de tránsito, donde hasta, seguramente, el Cardenal Urosa suelta un desatino. El venezolano es sensible, compasivo, amable, detesta los privilegios, aunque los use con frecuencia. El venezolano nunca cree que otro venezolano es menos venezolano que él, pensar distinto no es problema. Hace más de un siglo que no nos matamos por pensar distinto. Ser venezolano es tener una mentalidad igualitaria, es pensar que la salsa que es buena para el pavo lo es también para la pava, es reconocer la injusticia, aunque saques provecho de ella.
Ser venezolano es resolver con lo que se consigue, preparar un desayuno con lo que sobró de ayer. Ser venezolano es tener pasión por la música, cantar y bailar sabroso.
Es tomarse una cerveza fría en la mañana para matar el ratón de ayer. Ser venezolano es encomendarse a La Virgen, pedir la bendición, es persignarse antes de emprender algo importante. Ser venezolano es ser contradictorio, es tener un país en los sueños y otro en la práctica cotidiana, también tener la certeza de que todo va a estar bien.
Es criticarnos a nosotros mismos y decir: “bueno, es que somos así, qué vamos a hacer” o “por eso estamos como estamos”. Ser venezolano es creer que somos un país rico, no tolerar al abusador cuando el que no abusa es uno. Ser venezolano es ser sensible ante el dolor ajeno, echarle una mano al otro, ser compasivo, perdonar y no ensañarse con el que está en desventura. Ser venezolano es hablar una lengua diferente, muy parecida al español, pero mucho más rica, llena de gestualidades, de palabras nuestras.
Ser venezolano es vivir con la certeza de que no hay mujeres más bellas que las nuestras, de que tenemos cielo, selva, nieve y playas fabulosas al alcance de la mano. Ser venezolano es contar con el humor, con una gracia característica de esta Tierra de Gracia, que, como en el Jardín de Epicuro, nos permite reír de la insensatez sin que caigamos en la debilidad de odiarla.
…Por lo tanto, venezolanos somos todos, también él, aunque haya quien dude.

Foro-bla-bla


EDITORIAL DE ANALITICA  
Esta semana tenemos en Caracas a una amplia representación de los izquierdistas habladores. Vienen con su misma retórica vacía, volverán a hablar mal de los países que prosperan, se reunirán aquí porque alguien pagó sus pasajes, alguien paga sus habitaciones de hotel y sus comidas Si algo domina la izquierda mundial es la palabrería. Los izquierdosos del mundo son magros en obras pero magos en frases rimbombantes. Hay que reconocerles que al menos los que más hablan suelen tener suerte porque siempre consiguen almas jóvenes entusiastas que los escuchan y algunos mandatarios que encuentran en esa palabrería caminos para hacer creer que ellos, realmente, ayudarán a los más pobres.

Hay que aclarar, de todas maneras, que hay izquierdas e izquierdistas diferentes. Una cosa es la izquierda europea que ha construido exitosos sistemas de bienestar en los países del norte, y otra la izquierda latinoamericana que ha levantado y sostenido tiranías brutales como la de Fidel Castro en Cuba. Una cosa es la izquierda soviética que para defender a los rusos explotados y esclavizados por la aristocracia zarista, encadenó a los mismos rusos explotados para levantar un nuevo imperio militar que se dedicó a esclavizar a otros pueblos para terminar desplomándos e porque con todos sus misiles, satélites, tanques y cañones, jamás supieron cómo alimentar rudimentariamente a los pueblos que dominaron por la fuerza, y otra la izquierda chilena que supo sostener la concertación política y económica para hacer de su país uno de los primeros y más prósperos de América Latina.

Esta semana tenemos en Caracas a una amplia representación de los izquierdistas habladores. Vienen con su misma retórica vacía, volverán a hablar mal de los países que prosperan, proclamarán defensas etéreas de pueblos que según ellos son explotados, culparán a Estados Unidos de todos los males. Son los mismos que se han dejado manejar por un Lula Da Silva que se presenta como uno de sus dirigentes, pero aplicó todas las recetas capitalistas para impulsar al Brasil, incluyendo planes para reducir, de verdad, la pobreza.

Se reunirán aquí porque alguien pagó sus pasajes, alguien paga sus habitaciones de hotel y sus comidas. Volverán a hablar de lo mismo, ¿para qué cambiar una palabrería que les ayuda a hacer turismo y a vivir bien sin tener que marcar horas de llegada y de salida? Después se irán de lo mas contentos mientras en Venezuela la izquierda autóctona no logra electrificar al país.

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Piedras y Colores


aries

Las Piedras de la suerte

Las pietra del signo de Aries son el rubí y el jaspe, pero puede ser utilizado el cristal de roca como calmante. El jaspe es una mezcla de cuarzo, calcedonia y otros minerales colorantes; los antiguos llevaban en el pulgar, (el dedo de Marte) un anillo de jaspe, la piedra parece que sea útil para las enfermedades del hígado y los pulmones. Según muchos esotéricos antiguos, el jaspe tenía el poder de detener la sangre.
Los mayores yacimientos se encuentran en los montes Urales, en India y en el Brasil.
Color: ROJO

tauro

Las Piedras de la suerte

Las piedras amuleto de Tauro son: la esmeralda y la venturina, (dado que los costos excesivos de las piedras preciosas, y siendo la esmeralda muy costosa, también indicamos la venturina y el jade). La venturina es un cuarzo muy parecido al jade, parece curar las patologías de la garganta y las vías respiratorias.
Color: VERDE

géminis

Las Piedras de la suerte

La piedra amuleto de Géminis es la ágata, trae bienestar en el trabajo, en el comercio, en el periodismo y en las comunicaciones en general. También la tortuga es un gran amuleto para los de Géminis. La Ágata es compuesta por óxido de silicio, calcedonia y cuarzo, a menudo presenta estrías debido a la estraficación. Esta piedra tambien era utilizada para aumentar los poderes ocultos, parece dar vigor sexual y es un potente talismán contra la envidia.
Color: GRIS, ROJO, AZUL ELÉCTRICO, BLANCO Y NEGRO BRILLANTE

cáncer

Las Piedras de la suerte

Las piedras amuleto del signo de Cancer son: la piedra de la luna, el ópalo y el cristal de roca, también la perla parece traer suerte a este signo. El cristal es una piedra muy utilizada en magia (la esfera de cristal). En los países de religión islámica se cree que el cristal de roca ayuda en la obesidad y cura los cólicos renales: ayuda en los cambios de humor. Colgado del cuello parece que disuelva las pesadillas.
Color: BLANCO TRANSPARENTE

leo

Las Piedras de la suerte

Las piedras amuleto del signo de Leo son: el topacio, el crisoberilo, el ámbar amarillo, el ojo de tigre, (que ayuda en las patologías del corazón, en el egocentrismo, en la realización de un proyecto). El ojo del tigre es una piedra querida para los frecuentadores del casino. Los antiguos dieron a esta piedra calidad adivinatoria para prevenir los acontecimientos inesperados de la suerte.
Color: BEIGE CON LAS ESTRIACIONES

virgo

Las Piedras de la suerte

La piedra amuleto del signo de Virgo es el cuarzo rosa.
Según creencias antiguas, esta piedra ayuda en las dificultades afectivas, en las peleas con la pareja, en las problemáticas familiares.
Óptimo talismán contra el mal de ojos.
Color: ROSA

libra

Las Piedras de la suerte

Las piedras amuleto de este signo son: el peridoto, el jade y la venturina; son piedras que son identificadas con el artista, la estrella diva, el músico, y en general con el arte y lo bello. Los antiguos, siguiendo sus creencias, utilizaron estas piedras para aliviar las dificultades de la vida.
Color: VERDE

escorpio

Las Piedras de la suerte

La piedra amuleto de Escorpio es el jaspe que es la piedra de Marte. Para los que pertenecen a este signo y quieren encontrar equilibrio, según una antigua tradición, tienen que llevar en la mano izquierda un topacio. El jaspe parece aportar ayuda en los quistes ováricos y en los partos difíciles. Óptima piedra para quien hace parte del sector esotérico.
Color: ROJO

sagitario

Las Piedras de la suerte

La piedra amuleto por excelencia del Sagitario es la Amatista; ella representa la ambición, los viajes, las aventuras, el éxito laboral. Esta piedra es un óxido de silicio. Su nombre deriva de una ninfa de Baco de cual él se enamoró, tratando luego de conseguir los favores. Parece que antiguamente se bebiera en copas de amatista para no emborracharse. La amatista parece paralizar todas las operaciones de magia.
Color: VIOLETA

capricornio

Las Piedras de la suerte

Las piedras amuleto de este signo son todas derivadas del hierro-ver la hematites- pero también la turmalina negra es óptima para este signo, ayuda en el dinero y en la carrera laboral. Por cuánto concierne a la salud, estas piedras refuerzan el equilibrio personal y aumentan las capacidades intuitivas, por ejemplo ayudando en la búsqueda de las cosas que no se encuentran.
Color: NEGRO BRILLANTE

acuario

Las Piedras de la suerte

Las piedras amuleto de este signo son: el ojo de gato, el ópalo irisado, pero sobre todo los lapislásulis (piedra azul con vetas blancas). Esta piedra parece aportar ayuda en las inversiones, en las innovaciones y en la tecnología. En la salud, parece ayudar en los problemas circulatorios y las venas.
Color: AZUL CON VETAS BLANCAS

piscis

Las Piedras de la suerte

Las piedras amuleto para este signo son dos. La primera es la piedra aguamarina, en la edad media fue utilizada para las inflamaciones de la garganta y reducido en fino polvo servía para curar los ojos, actualmente se usa para curar el intestino y el dolor de muelas.
La segunda es la amatista (como para Sagitario).
Color: VERDE AGUA

Fuente: